
La carrera armamentística y el conflicto entre Marruecos y Argelia se acelera a un ritmo frenético. La llegada de cazas de quinta generación podría alterar el equilibrio disuasorio que, hasta ahora, había evitado un enfrentamiento directo entre los dos principales actores del Magreb.
El director del conglomerado estatal ruso de defensa Rosoboronexport, Alexander Mikheyev, confirmó el 10 de febrero –durante la feria Aero India 2025– que el primer cliente extranjero del caza de quinta generación Su-57 recibirá y comenzará a operar su primera aeronave este mismo año. Tres días después, distintos medios aseguraban que Argelia estaba entrenando en Rusia a algunos de sus pilotos para operar este tipo de aviones furtivos, y apuntaron una estimación del pedido: 14 aeronaves que se entregarían a lo largo de 2025.
El frenesí mediático no se detuvo: varios medios utilizaron un vídeo de la Televisión Estatal Argelina donde se veía al general Sebboune participando en la ceremonia de apertura de Aero India como supuesta confirmación del pedido. No obstante, en las imágenes solo se le observa aprendiendo sobre el funcionamiento de las aeronaves, incluido el Su-57, mientras que el periodista narra que el general presencia un despliegue aéreo de estos aparatos.
Aunque no existe una confirmación oficial por parte de Argelia, hay fuertes indicios que nos pueden llevar a pensar que el país será el primero en operar los Sukhoi Su-57. Los rumores empezaron a finales de 2019, y se intensificaron cuando el director de la Comisión Federal de Cooperación Militar y Técnica, Dimitry Shugayev, llego a Argel para reunirse con el jefe de Estado Mayor argelino, Saïd Chengriha.
El medio estadounidense Military Watch Magazine aportó dos indicios circunstanciales de la transacción: primero, una imagen de la televisión argelina que mostraba cómo Shugayev sostenía una maqueta de un caza Su-57; y, segundo, un mural en el Ministerio de Defensa argelino que representaba fuerzas nacionales pilotando este tipo de aviones de combate.
El Estado argelino compra más armas rusas que cualquier otro país, con la excepción de India, y desde principios de siglo lleva adelante un plan de modernización de sus Fuerzas Armadas Populares (ANP). De forma lógica, los SU-57 llegarían para substituir a los ya obsoletos MiG-25 Foxbat de fabricación soviética, a los que Rusia dio de baja en 2013. Argelia fue su primer comprador extranjero en 1978 y, sorprendentemente, estos cazas siguen operativos.
Los tanques T-90SA, los aviones de combate Su-30MKA –diseñados específicamente para Argelia– y Yak-130 y los sistemas de misiles S-350 demuestran que Argelia ha sido siempre un socio preferencial del Kremlin. Por tanto, siguiendo la lógica del precedente, es altamente probable que los Su-57 sobrevuelen el espacio aéreo argelino antes que el de cualquier otro país de la región e incluso del mundo.
Otros candidatos como India e Irán parecen menos avanzados: Nueva Delhi seguía en marzo de 2025 en fase de negociación, e Irán, con su actual aislamiento y retraso tecnológico, difícilmente podrá adquirir estas aeronaves en el corto plazo.
El principal problema de las capacidades bélicas argelinas ⎻todas ellas de fabricación rusa⎻ es su obsolescencia frente a sus rivales. La posible adquisición de estos aviones de combate, junto con otros encargos ya confirmados a Rusia –como los 75 misiles Iskander, 30 aviones Sukhoi Su-30MK y los sistemas de defensa aérea S-400–, busca revertir esta desventaja y reforzar a corto plazo su supremacía aérea, al tiempo que consolida la narrativa argelina arrastrada desde el siglo XX: Argel se mantiene independiente de Occidente y fiel a su alineamiento con Moscú.
Por supuesto, su vecino no se quedará de brazos cruzados. A principios de enero, medios marroquíes aseguraban que Marruecos estaba muy cerca de convertirse en el primer país árabe en adquirir el caza de quinta generación F-35 estadounidense. La información detallaba que Rabat recibiría en cuestión de meses un documento oficial que debía ser rubricado por el Pentágono e Israel para consumar la compra. También se hablaba de una posible adquisición de 32 unidades por un importe de 16.500 millones de euros.
Sin embargo, todo se trataba de meras especulaciones. En términos económicos, la simple adquisición de tal número de unidades de F-35 superaría con creces el presupuesto anual que Marruecos destina a defensa. Pero, por si cabía alguna duda, el analista militar Abdelhamid Harifi, a través del medio marroquí Médias24, lo sentenció: “Marruecos no ha cerrado ningún acuerdo para adquirir los Lockheed Martin F-35”.
Por ahora, Rabat apuesta por vías paralelas que refuercen y actualicen sus capacidades: 30 cazabombarderos franceses Mirage 2000-9, recientemente modernizados en Emiratos Árabes Unidos y aún pendientes de aprobación por parte del gobierno francés. La entrega está prevista para 2027, el mismo año en que la Fuerza Aérea marroquí recibirá 25 aviones F-16 Block 70/72 Viper estadounidenses, adquiridos en 2019.
Marruecos y Argelia, una escalada militar al alza
Todo apunta, incluso sin contar los F-35, a que las capacidades aéreas marroquíes aumentarán un 62% en los próximos dos años. A esta cifra se suma la adquisición de helicópteros de combate Apache, también estadounidenses. Este salto cualitativo hará que la superioridad aérea argelina quede, como mínimo, en entredicho frente al alto grado de desarrollo tecnológico de su homólogo regional.
Ahora bien, ni los Su-57 ni los F-35 deben perderse de vista, ya que una adquisición futura marcará un punto de inflexión. Riccardo Fabbiani, director del North Africa Project del International Crisis Group, lo resume así: “El primero que tenga acceso a ellos gana una ventaja enorme sobre el otro. ¿Por qué? Porque son aviones de última generación con una capacidad tremenda en términos de guerra electrónica, que es hacia donde se orienta el mundo en cuestiones bélicas”.
Argelia, siendo el país africano con el mayor presupuesto de defensa, según el ranking de Global Firepower, no ha hecho más que aumentar su inversión militar durante la última década. Para 2025, su presupuesto crecerá un 10%, situándose en torno a los 24.270 millones de euros. Marruecos, por su parte, invertirá 12.300 millones, un incremento de 7,25% respecto al año anterior. La tendencia general muestra que la diferencia entre Marruecos y Argelia se reduce año tras año.
2023 marcó un punto de inflexión. Argel incrementó su presupuesto de defensa un 91,08% respecto al año anterior, destinando un 8,17% de su PIB a este ámbito. Ese mismo año, su vecino también aumentó su inversión, pero solo en un 1%. Tanto Marruecos como Argelia han dado saltos espectaculares en distintos momentos, siendo el más reciente el del reino alauí.
Tras la "guerra fría" magrebí
El 24 de agosto de 2021, Argelia anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Marruecos, acusándolo de estar detrás de los incendios en la región de Cabilia. La medida vino acompañada del cierre del espacio aéreo argelino al país vecino y de la suspensión del gasoducto Magreb-Europa (GME), vital para el suministro energético regional y europeo.
Las causas de esta escalada de tensiones son múltiples, pero hay tres factores clave. Primero, el conflicto del Sáhara Occidental, agudizado desde diciembre de 2020, cuando la primera administración Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio, ocupado por Rabat desde 1975. Segundo, los Acuerdos de Abraham, que normalizaron las relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel, desencadenando una cooperación tecnológica y militar sin precedentes. Y, tercero, las informaciones que apuntan a que Rabat habría utilizado el software Pegasus para espiar a altos cargos del gobierno argelino.
Tradicionalmente, las tensiones se han manifestado en tres dimensiones. En lo fronterizo: ambas potencias comparten 1.550 kilómetros de frontera, históricamente disputada desde la descolonización y escenario de conflictos como la Guerra de las Arenas de 1963. A finales de 2024, Abdelatif Ludiyi, ministro de Defensa marroquí, declaró que “la vigilancia de nuestras fronteras es una de las principales preocupaciones de nuestras Fuerzas Armadas”. El asunto fronterizo, por tanto, sigue siendo vigente.
En lo ideológico: mientras Marruecos se ha alineado históricamente con Occidente, Argelia ha mantenido posturas antiimperialistas y de afinidad con el sur global, herencia de su guerra de liberación nacional frente a Francia. Actualmente, los intereses ya no son tanto ideológicos –salvo la cuestión saharaui– como transaccionales.
A nivel continental: Marruecos y Argelia compiten por el liderazgo regional, con el Sáhara Occidental como eje de tensión estructural. El conflicto saharaui –que atraviesa las tres dimensiones mencionadas– sigue siendo el punto de fricción irresoluble que perpetúa el riesgo de una escalada.
Argelia es casi el único garante de la supervivencia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), lo que obstaculiza los intereses expansionistas de Marruecos y, al mismo tiempo, limita su diversificación de relaciones en África desde su reincorporación a la Unión Africana en 2017. La gran incógnita es si Argel podrá seguir defendiendo el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui sin provocar una escalada de hostilidades con su vecino.
Según Fabbiani, “Argelia podría proporcionar más armas, sistemas y apoyo para interferir en las señales de los drones, lo que daría cierta ventaja o, al menos, equilibraría mínimamente la situación en el Sáhara y otorgaría algo más de margen a los saharauis. ¿Podría aumentar su apoyo logístico? Sí. ¿Podría implicarse directamente a nivel militar? No. Teme las consecuencias de una escalada contra Marruecos”.
Aliados confiables o cooperantes volátiles
En la pugna por la hegemonía norteafricana, varios actores externos juegan un papel clave. En el caso de Marruecos, el Pentágono ha sido su aliado más fiel, su principal proveedor de armas y su respaldo diplomático, a cambio de la ya concretada normalización con Israel. Esta relación ya rinde frutos: según el SIPRI (marzo de 2024), el Estado hebreo se ha convertido en el tercer proveedor de armas del reino de Mohamed VI, además de haber sido clave en la transferencia de tecnología militar puntera: drones, sistemas antiaéreos y cooperación en inteligencia.
Otro socio estratégico en la región es Emiratos Árabes Unidos, con quien Rabat mantiene una estrecha relación comercial en materia de defensa. A grandes rasgos, la cooperación entre Washington y Rabat refleja un delicado juego de influencias: las aspiraciones expansionistas –tanto de hard como de soft power– marroquíes se ven respaldadas a cambio de poseer un socio fiable en una región cada vez más vinculada económicamente a China y militarmente inestable por la influencia rusa o de milicias próximas a Moscú.
El 27 de enero, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio llamó al ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita. En un comunicado posterior, Washington destacó “la sólida asociación entre Estados Unidos y Marruecos para promover la paz y la seguridad regional y mundial, bajo el liderazgo de Mohamed VI”.

Por su parte, Argelia ha tenido en el Kremlin a su aliado incondicional. Aunque esta alianza no está exenta de tensiones, ha contrarrestado el eje Rabat-Washington, y permite a Vladimir Putin asegurar su influencia en la región. Las relaciones entre Moscú y Argel se han basado, desde la era soviética, en el comercio militar. Con la escalada, este vínculo se ha vuelto más transaccional: Argelia apoya a Rusia como socio estratégico y, al mismo tiempo, aprovecha el alza del precio de los hidrocarburos para ampliar su base de compradores.
Entre tanto, países como Túnez o Mauritania se mantienen expectantes, atentos a lo que ambas potencias puedan ofrecerles. Argelia quiere evitar a toda costa una alianza entre Rabat, Túnez y Tel Aviv, que podría dejarla cercada por una tríada difícil de gestionar. En cuanto a Mauritania, tanto Argel como Rabat han firmado acuerdos comerciales en una lucha por atraer a su vecino del sur.
Marruecos y Argelia, una pesadilla para los analistas
La actual carrera armamentística no invita al optimismo ni a la distensión. La competencia aérea parece orientada a mejorar las capacidades tecnológicas de ambos países, y no hay duda de que el realismo ofensivo cada vez gana más presencia en este embate, teniendo en cuenta que el incremento de capacidades bélicas de Marruecos y Argelia no busca solo contenerse mutuamente, sino maximizar su poder y capacidades respecto al otro. Esta aproximación puede desembocar o bien en un si vis pacem, para bellum, o, contrariamente, en que el más mínimo casus belli desencadene hostilidades a gran escala.
A corto plazo, Argelia aún supera con claridad a su competidor, pero las alianzas le brindan al reino alauí ventajas sustanciales a medio y largo plazo. Se especula con que, en futuros conflictos, los drones, los satélites espía y los sistemas avanzados de defensa podrían desplazar a la artillería, carros de combate y aviación pesada. Sin embargo, esta teoría, muy difundida en los últimos años, ha quedado matizada tras la experiencia de la guerra en Ucrania.
Sea mediante el modus operandi bélico convencional o no, es plausible imaginar que Marruecos se beneficie de una ventaja tecnológica en el futuro, como mínimo en el ámbito aéreo. Aun así, el panorama sigue siendo incierto.
La vuelta de Trump a la Casa Blanca podría modificar las dinámicas regionales, y lo más preocupante es que nadie sabe cómo. Aunque Washington no tenga un interés económico tan marcado como en otras regiones, podría apostar por una distensión entre Marruecos y Argelia, tal como ha intentado en Ucrania y Rusia, o incluso normalizar relaciones con Argelia para alejarla de la órbita rusa y, más en profundidad, de la china.
Fabbiani, sin embargo, ofrece otra perspectiva: “Es muy probable que la administración estadounidense, en un momento dado, alcance un acuerdo sustancial con Marruecos o, en otras palabras, que tome una posición claramente favorable a uno de los dos, alterando el equilibrio regional. No obstante, con Trump solo podemos imaginar, nada más”.
En cualquier caso, nos encontramos ante dos países con un peso geopolítico similar y capacidades superiores al resto de la región. Si la única manera de alcanzar el equilibrio regional y pacificar el conflicto es que uno de ellos se sienta superior –y por tanto, seguro– respecto al otro, el horizonte es poco alentador. La multipolaridad creciente del sistema internacional hace que los intereses puedan desplazarse fácilmente hacia actores en contraposición a gran escala, o, en otras palabras, que la sumisión al adversario no sea una opción contemplable ni beneficiosa para ninguno de los dos contendientes.
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