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Detienen a Ekrem Imamoglu, alcalde de Estambul y principal opositor a Erdogan

La detención de Ekrem Imamoglu, alcalde de Estambul y líder opositor, pone dudas sobre el estado de la democracia en la Turquía de Erdogan.
La detención de Ekrem Imamoglu, alcalde de Estambul y líder opositor, pone dudas sobre el estado de la democracia en la Turquía de Erdogan. Fuente: redes sociales de Imamoglu

La madrugada del 19 de marzo, decenas de vehículos de las fuerzas de seguridad de Turquía se posicionaron frente a la casa del político más reconocible de la oposición y actual alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, con la intención de detenerle. A este le dio tiempo a emitir un video en el que relataba lo que estaba sucediendo, abrochándose la corbata antes de entregarse a la policía.

“La voluntad del pueblo está siendo golpeada”, declaró Imamoglu en la red social X. La detención responde a una investigación en curso sobre supuestos actos de corrupción, a la que, posteriormente, se añadió la de “colaboración con grupos terroristas”, en referencia al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Junto a esta operación policial, la justicia turca también emitió órdenes de detención contra más de 100 personas, lo que incluye alcaldes de distritos de Estambul, políticos, periodistas y empresarios. Los arrestos vinieron acompañados del cierre de varias de las principales calles y avenidas de la urbe, la restricción de acceso a plataformas de redes sociales y la prohibición de manifestaciones durante cuatro días. A pesar de ello, miles de personas salieron a protestar durante todo el día en diversas ciudades de Turquía.

Para ampliar: Turquía se encamina a la segunda vuelta electoral con la victoria de Erdogan

El momento no parece haber sido escogido al azar. Esta misma semana estaba prevista la celebración de primarias en el Partido Republicano del Pueblo (CHP), donde, presumiblemente, se iba a escoger a Ekrem Imamoglu como candidato presidencial para las elecciones de 2028. De hecho, un día antes, la Universidad de Estambul anuló su título universitario, cuya posesión es imprescindible para ser candidato según la Constitución turca. Desde la formación socialdemócrata han asegurado que seguirán con el plan previsto e Imamoglu será elegido este mismo domingo aunque siga detenido.

El que, según la Constitución, no podría presentarse a las próximas elecciones presidenciales es Recep Tayyip Erdogan, quien actualmente cumple su segundo mandato que la ley marca como límite. Aunque en algún momento ha dejado caer que no se postularía a unos nuevos comicios, muchos dudan de sus verdaderas intenciones y figuras tanto de su propio partido como de su socio de gobierno, el Partido de Acción Nacionalista (MHP), le han animado a hacerlo. Para ello podría optar por convocar elecciones anticipadas o por plantear una reforma de la carta magna para la que requeriría el voto favorable de dos tercios del parlamento.

“Turquía está pasando por un golpe de Estado contra el próximo presidente”, declaró el líder del CHP, Ozgur Ozel, tras la detención de Ekrem Imamoglu. Para muchos en Turquía, Imamoglu es la única persona capaz de derrotar electoralmente a Erdogan, a cuyo partido ya venció en las elecciones a la alcaldía de Estambul en 2019 y en 2024.

Estos últimos comicios locales fueron considerados un duro golpe para Erdogan, al perder el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en las ciudades más importantes del país. Esta derrota supuso, por un lado, que desde el AKP empezaran a ver a Imamoglu como una amenaza real a su hegemonía en el poder central, al tiempo que crecía el miedo a no encontrar un sustituto a Erdogan que fuese un verdadero rival para la actual oposición.

Ekrem Imamoglu y el retroceso democrático

La organización de derechos humanos Humans Rights Watch denunció la detención de Imamoglu y los cargos contra él, calificándolos de “motivados políticamente y falsos”. Desde organizaciones como esta llevan tiempo denunciando el retroceso democrático que vive el país, especialmente acelerado desde el intento de golpe de Estado de 2016.

Hace escasas semanas, la policía turca llevó a cabo una macroperación en 51 provincias en la que se detuvieron a 282 personas acusándolos de “presuntos miembros de organizaciones terroristas”, entre las que se encontraban cargos electos o activistas de un alto espectro de organizaciones. A esto hay que sumarle los ataques cada vez más habituales a la libertad de prensa, lo que incluye la detención de periodistas o el cierre de medios de comunicación.

Las críticas internas a este nuevo acto represivo contra Ekrem Imamoglu no se hicieron esperar. El DEM, tercer partido en el parlamento y cuyo líder, Selahattin Demirtaş, también se encuentra encarcelado, convocó una reunión de emergencia en la ciudad de Diyarbakir, llamando a la movilización general y a aumentar “nuestra lucha contra la injusticia y la opresión”. Por su parte, en el plano internacional, las críticas han sido más bien tímidas, aunque Alemania no dudó en calificarlo de “grave revés para la democracia en Turquía”. Otros, como Francia, se han limitado a expresar su “profunda preocupación”.

Para ampliar: Importante derrota del AKP de Erdogan en las elecciones locales turcas

A pesar de las críticas, el gobierno parece haber barajado bien el momento escogido, tanto en el interior del país como internacionalmente. El reciente anuncio del líder del PKK, Abdullah Öcalan, para que esta organización se disuelva y entregue las armas, puede presentarse como una victoria de Erdogan al poner fin a más de cuatro décadas de lucha armada. Sin embargo, se ha cuidado mucho de hacer grandes declaraciones al respecto, consciente del rédito electoral de continuar combatiendo a lo que llaman “terrorismo kurdo” y su instrumentalización contra toda la oposición.

Por otro lado, sabe que la presión europea en su contra va a ser limitada. Desde hace años, la Unión Europea utiliza a Turquía como freno a la llegada de refugiados, factor que Erdogan utiliza como método de presión. A su vez, con la llegada de Donald Trump, Bruselas no puede permitirse perder a un aliado imprescindible que cuenta con el segundo mayor ejército de la OTAN. Por otro lado, Anakara se ha convertido en un actor clave para conservar algo de influencia en Oriente Medio, especialmente tras la caída de Bashar al-Asad y la instauración de un gobierno afín en Siria.

Donde sí podría verse afectado el gobierno turco es en su economía, registrándose una caída del 12% del valor de la lira tras la detención de Ekrem Imamoglu, alcanzando un mínimo histórico de 42 liras por dólar. Cabe recordar que, con anterioridad, Turquía ya enfrentaba una grave crisis económica con una alta inflación y altas tasas de pobreza y desempleo.

Todo esto podría empeorar si, como parece previsible, la tensión e inestabilidad política se acrecienta en los próximos días, produciéndose masivas manifestaciones que podrían acabar en disturbios. Sin duda estas presentarán un gran reto para Erdogan y su futuro como gobernante de Turquía, aunque ya ha demostrado en el pasado su fuerte capacidad de supervivencia y su negativa a ceder ante la presión social.

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