Los militares en la política de Turquía

La historia del pueblo turco es la historia de sus guerras, desde la llegada de los primeros grupos túrquicos a la península de Anatolia en forma de soldados-esclavos, que más tarde fundarían el Imperio Otomano. Imperio siempre expansión o constricción territorial en una dinámica de constantes conflictos bélicos, donde el estamento militar condicionó constantemente las formas y decisiones del estamento político. Desde los jenízaros haciendo de los sultanes marionetas a las que manejar en favor de los intereses de forman que incluso llegaban a subastar el título al mejor postor, como si de la guardia pretoriana en el Imperio Romano se tratase; hasta los últimos estertores de la época otomana con las conspiraciones y los golpes de Estado de los Jóvenes Turcos en pro de una modernización y reforma que evitara el colapso del imperio.

La intervención militar en la administración política de los turcos ha sido recurrente a lo largo de su historia.

¿Pero cuál ha sido la injerencia de las fuerzas armadas turcas a lo largo de la democracia de la Turquía moderna?

Soldados en la plaza Taksim de Estambul el 15 de julio de 2016 – Reuters

“Paz en casa, paz en el mundo” y el Síndrome de Sevres.

Como uno de los llamados “imperios centrales”, el imperio otomano, como actor vencido en la Primera Guerra Mundial vio su sino decidido en pro de los intereses de las potencias vencedoras. Dichos intereses quedaron reflejados en 1920, en el Tratado de Sevres, documento que descomponía por completo los territorios otomanos en zonas bajo control directo o influencia de los estados vencedores de la contienda. Con Tracia y las costas del Egeo bajo dominio griego, la zona de la costa mediterránea bajo administración italiana, la suroriental como dominio francés, la nororiental integrado en el reciente Estado Armenio y las costas del Mar de Mármara y la ciudad de Estambul convertidos en áreas internacionales y desmilitarizadas con un estatus similar al de la ciudad de Tánger en esa época. Esta fragmentación hizo que el territorio otomano quedara limitado a una pequeña región comprendida entre el interior de Anatolia y las costas del Mar Negro.

Sin embargo, frente a la posición del sultán, complaciente con las potencias vencedoras, surgió un movimiento nacionalista, liderado por oficiales militares encabezados por Mustafá Kemal, posteriormente conocido como Atatürk, con un carácter republicano que presentó un frente de batalla con la intención de recuperar los territorios ocupados y, más tarde, instaurar un nuevo régimen sin el sultán.

Tras un cruento conflicto contra las fuerzas de ocupación, especialmente las griegas, estas ambiciones nacionalistas consiguieron alcanzar sus objetivos en 1923, a través del Tratado de Lausana, el cual definiría las fronteras de la actual República de Turquía, con la excepción de la región de Hatay, la cual sería integrada en 1939.

La nueva república turca tenía el gran reto por delante de constituir una nueva nación, surgida de las cenizas del Imperio Otomano, pero con la ambición de alcanzar unos estándares occidentales en términos sociales, educativos y económicos y la guerra solo suponía un obstáculo frente a dichos objetivos.

Retratos de los fundadores de la República de Turquía (representada en el centro) – Propagandopolis

“Paz en casa, paz en el mundo”, palabras de Atatürk que definirían la política exterior de los primeros años de esta nueva República de Turquía. Solo en el primer cuarto del siglo XX los turcos se habían visto inmersos en cinco grandes guerras: ítalo-turca, las dos de los Balcanes, la IGM y la guerra de independencia. Por primera vez en mucho tiempo, la prioridad de los turcos fue la de mantener un periodo de paz, en pro de conseguir la mayor eficiencia posible en el plan de la construcción de una nueva nación. Sin embargo, debido a las experiencias previas, dentro de las élites políticas y militares predominó el pensamiento de que las intenciones de muchos de los vecinos y de ciertos sectores internos eran potenciales enemigos de la nueva república, lo que definió el ferviente carácter defensivo de las fuerzas armadas y el Estado Mayor turco, conocido como el Síndrome de Sevres.

Del unipartidismo a la democracia liberal

En sus orígenes la política turca estuvo completamente controlada por el partido de Atatürk, el Partido Popular Republicano, conocido por sus siglas en turco como CHP. Este partido abogaba por una política exterior neutral y aislacionista, así como una economía dirigida por el estado y unas reformas sociales basadas en la occidentalización, el laicismo y la construcción de la nueva identidad nacional turca. La II Guerra Mundial inevitablemente influyó en la política externa e interna del país y pese a que tanto el Eje como los Aliados intentaron involucrar a Turquía en la contienda, no fue hasta el último año de ésta cuando se posicionó junto a los Aliados, pero sin que sus tropas entraran en combate.

Esto supuso el fin de su aislacionismo internacional, que en el escenario de incipiente Guerra Fría fue posicionándose en favor de los Estados Unidos.

En el año 1946 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas en Turquía, donde el hasta entonces omnisciente CHP se enfrentó a su escisión, el Partido Demócrata o PD, con una línea en favor del atlantismo, en este nuevo contexto de crecientes tensiones globales, y el libre mercado en contraposición al tradicional aislacionismo y proteccionismo del CHP.

Este nuevo partido estaba liderado, por Celal Bayar, antiguo militar, veterano político y uno de los fundadores de la República y por Adnan Menderes, miembro de una familia de ricos terratenientes de la costa del Egeo.

Pese a sus infructuosos comienzos en las primeras elecciones del país, desde las segundas en 1950 y hasta 1957 el Partido Demócrata fue cosechando una mayoría absoluta tras otra en los comicios.

Pero a medida que este nuevo partido consolidaba su posición de liderazgo en Turquía, el ideal constituyente de esta nueva república se veía cada vez más dañado.

En pro de esta nueva apertura, el control sobre los sectores religiosos y otros grupos contrarios al ideario republicano turco se vio reducido. Sin embargo, comenzó una campaña de persecución y censura contra todos los medios y agrupaciones críticos con la autoridad gubernamental.

Uno de los episodios más trágicos de esta administración fue el alentar y permitir, en 1955,  los conocidos como “Pogromos de Estambul”, unas jornadas de violencia callejera dirigida contra las minorías étnicas residentes en la ciudad, especialmente contra la población griega. Las consecuencias fueron tales que gran parte de la población greco-turca de Estambul decidió emigrar a Grecia.

Esta serie de medidas alentaron el descontento de importantes secciones de las fuerzas armadas, que terminó por explotar el 27 de mayo de 1960, cuando una serie de cargos medios del ejército turco detuvieron a los principales miembros del gobierno.

Bajo la acusación de alta traición, Menderes, quien ostentaba el cargo de primer ministro, así como sus ministros de Asuntos Exteriores y Finanzas fueron condenados a la pena capital y posteriormente ejecutados por ahorcamiento.

Premier Menderes detenido en camino a su juicio – TRT World

Una vez ajusticiado el gobierno turco, el general Cemal Gürsel tomó las riendas del país. El año siguiente, en 1961 se aprobó una nueva Constitución para sustituir a la fundacional de 1924. Este nuevo ordenamiento está considerado por muchos académicos turcos con la más progresista y la que más derechos y libertades proponía de la historia constitucional turca.

Enfrentamientos políticos en las cortes y calles

Pese a la redacción y ratificación de la nueva Constitución, el regreso a la normalidad democrática de Turquía fue un proceso que tomó varios años hasta que en 1965 se realizaron de nuevo elecciones libres. Si bien se celebraron elecciones en 1961 en las que el CHP, encabezado por el sucesor de Atatürk, Ismet Inönü, las decisiones del Gobierno seguían estando supeditadas al visto bueno del general Gürsel. De hecho, durante este período, el Talat Aydemir intentó llevar a cabo dos infructuosos golpes de Estado que le supondrían la pena de muerte en 1964.

Con las elecciones libres entró en escena una de las figuras más importantes de la política turca de la segunda mitad del siglo XX, Suleyman Demirel, encabezando el Partido de la Justicia (AP), el cual obtuvo una mayoría absoluta en las elecciones de 1965 y en las posteriores de 1969. En el espectro político este partido se consideraría de derechas favorable al libre mercado en el ámbito económico y con una posición atlantista muy en favor de la política exterior estadounidense.

Sin embargo, la situación en las calles no era buena. La economía turca se encontraba en una notable debacle, del mismo modo que los derechos y responsabilidades de los sindicatos y otras organizaciones obreras se habían visto mermadas. El descontento de los grupos obreros convergió con las protestas de estudiantes universitarios y agrupaciones de tendencia socialista contrarios a la creciente injerencia estadounidense en la política doméstica y exterior turca. Las protestas se fueron multiplicando y convirtiéndose en un fenómeno generalizado y los enfrentamientos de los manifestantes con la Policías dejaron sus primeras víctimas mortales. La situación se fue recrudeciendo hasta el punto de que en junio de 1970 el premier Demirel decretó la ley marcial.

En marzo del año siguiente, los servicios secretos turcos detuvieron el intento de golpe de Estado del general Cemal Madanoğlu, quien fue partícipe en el de 1960, el cual buscaba la instauración de un régimen socialista de partido único.

Pocos días después, el 12 de marzo de 1971, las fuerzas armadas lideradas por el jefe del Estado Mayor, el general Memduh Tağmaç llevaron a cabo un pronunciamiento militar en el que apartaron a Demirel del poder, bajo la acusación de haberse demostrado incapaz de controlar la situación de inestabilidad en la que se encontraba el país. Este pronunciamiento fue visto con buenos ojos por el CHP, principal partido opositor y quien tomaría las riendas del país en 1973, liderados por Bulent Ecevit quien daría al partido en esta época un corte más próximo a la socialdemocracia.

Masacre de la Plaza Taksim 1 de mayo de 1977 – Haberler

Sin embargo, la situación en las calles no paró de empeorar a lo largo de la década de los 70. La violencia política se intensificó de tal manera que los tiroteos entre grupos de extrema derecha (donde destacan los Lobos Grises, relacionados con el Partido de Acción Nacionalista, MHP)  y extrema izquierda (como el Ejército de Liberación Popular Turco) llegaron a ser parte del día a día, al mismo tiempo que en las regiones de mayoría kurda volvían a surgir movimientos independentistas.

En el plano político, esta época destaca por el constante enfrentamiento del CHP de Ecevit y el AP de Demirel y por una sucesión de gobiernos inestables y de corta duración fruto de improbables coaliciones consecuencia de la polaridad política y electoral en la que se encontraba sumida la sociedad turca.

Esta época acabó el 12 de septiembre de 1980, cuando una serie de altos oficiales del Ejército liderados por el general Kenan Evren dieron un golpe de Estado que cambiaría radicalmente la realidad política y social de Turquía.

Kenan Evren y la tabula rasa

La llegaba al poder esta nueva junta militar bajo el liderazgo de Evren fue muy contundente. Se decretó la ley marcial y se llevaron una serie de acciones contra todas las agrupaciones con el más mínimo carácter político. Todos los partidos fueron abolidos, sus líderes detenidos, se aplicó una dura censura sobre los medios de comunicación y el idioma kurdo fue prohibido en cualquier ámbito de la vida pública, hecho que aumentó el apoyo al incipiente PKK en esos años en los que se convirtió en un tema prioritario en lo que respecta a la seguridad nacional turca.

Se produjeron detenciones masivas de todas aquellas personas sospechosas de pertenecer o tener vínculos con alguno de los numerosos grupos armados que habían actuado a lo largo de toda la época anterior, se calcula de que alrededor de medio millón de personas fueron retenidas en las saturadas prisiones del país, donde los casos de tortura y maltrato eran algo habitual.

Ecevit, Demirel y otros líderes políticos fueron puestos bajo arresto domiciliario e inhabilitados de sus cargos y apartados de cualquier actividad política.

 

Carro de combate en las proximidades del parlamento turco tras el golpe – AA Photo

En 1982, con el fin de reconducir la situación del país hacia un nuevo orden democrático y para mejorar la imagen de la junta militar en el panorama internacional, se redactó una nueva Constitución cuya ratificación sería llevaba a cabo por referéndum popular el 7 de noviembre. Con una participación superior al 90% del total del electorado y con un porcentaje similar de los votos en favor de esta nueva Constitución, hechos que fueron vistos por parte de la junta como una legitimación de sus actos. Entre los cambios implementados cabe destacar la barrera del 10% de los votos para que un partido político pudiera tener representación en el Parlamento nacional.

Tras esto, la junta militar preparó el escenario para las que serían las primeras elecciones tras el golpe de Estado. Ante la eliminación de todos los partidos políticos previos al golpe, la junta creó dos partidos políticos, el Partido Popular (HP) y el Partido Nacionalista Democrático (MDP), con el fin de ocupar los espacios del centroderecha y centroizquierda en el espectro político, ambos liderados por generales retirados. Solo un partido de origen civil tuvo el consentimiento de la junta para presentarse a las elecciones el Partido de la Patria (ANAP), debido a que su líder y fundador, el kurdo Turgut Özal fue un tecnócrata que desempeñó importantes cargos en la administración pública durante el tiempo de la junta en el poder.

Para sorpresa de los militares, en las elecciones del 6 de noviembre de 1983, el ANAP obtuvo una mayoría absoluta, evento que se tiene como punto de referencia para la restauración del orden democrático tras el golpe de 1980.

Líderes políticos turcos detenidos tras el golpe – AA Photo.

Toque de atención del laicismo

Pese a la nueva barrera electoral del 10% a lo largo de los 90, se dieron resultados demasiado igualados entre los principales partidos políticos que forzaron a éstos a formar coaliciones de gobierno, a priori, ideológicamente inconcebibles, como sucedió tras las elecciones de 1995.

Tras estas elecciones el Partido del Bienestar (RP) y el Partido de la Senda Correcta (DYP), ambos bastante igualados en número de asientos parlamentarios, formaron Gobierno. El primero liderado por Necmettin Erbakan destacaba por su profundo carácter islamista, en contraposición el DYP de Tansu Çiller tenía una línea de centroderecha liberal.

Entre 1996 y 1997 el cargo de primer ministro fue ostentado por Erbakan. En un período donde una de las prioridades de la política exterior turca era la preparación de su candidatura oficial para su adhesión a la Unión Europea, el primer ministro adoptó un discurso en la dirección contraria. Buscó una aproximación a países con gobiernos de carácter islámico y llevó a cabo declaraciones públicas contrarias a la Unión Europea, bajo la acusación de ser una entidad que buscaba acabar con la identidad islámica de Turquía. A nivel interno, aumentó la influencia de los líderes religiosos y proliferaron los centros educativos de carácter islamista.

Con el pretexto de la defensa de los valores republicanos, especialmente el laicismo, un grupo de generales, el 28 de febrero de 1997 hizo público su descontento con la figura de Erbakan y con el RP en general. Aunque no hicieron ningún cambio directo en el Gobierno ni tomaron el poder, para dejar clara esta declaración de intenciones, tropas y vehículos militares fueron desplegados por las zonas de Ankara donde el RP contaba con más apoyo.

Al año siguiente, Erbakan sería inhabilitado y el RP ilegalizado por su incompatibilidad con los valores fundacionales de la República de Turquía.

 

Carro de combate desplegado en Ankara durante el pronunciamiento de 1997 – Haber7

El golpe que no fue

En 2008, 275 oficiales militares tanto el cargo como retirados, hombres de negocios, políticos, intelectuales y otras figuras de escena militar, política, empresarial, mediática e intelectual turca fueron detenidos y llevados a juicio, en el conocido como Caso Ergenekon. El nombre proviene del legendario valle donde, según la mitología túrquica, dicho grupo étnico fue originado. El cargo del que se les acusaba era el de conspiración y acopio de armas e influencias con el fin de llevar a cabo un golpe de Estado contra el gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), encabezado por Recep Tayyip Erdoğan.

A lo largo de ocho años la acusación presentó miles y miles de páginas de documentos en los que se dejaba constancia de la preparación del golpe y de la implicación de los acusados, sin embargo, por parte de la defensa fueron encontrados fallos tales como que ciertos documentos aportados como pruebas habían sido realizados en formatos de programas informáticos que no estaban disponibles en la fecha de su supuesta redacción.

Policía militarizada en las puertas de la prisión de Silivri, lugar de los juicios – Haber7

El proceso se alargó durante ocho años, sin que al final la acusación fuera capaz de demostrar la veracidad de dicho complot. Pese a esto, la mayoría de los acusados se vieron muy afectados por este juicio, desde daños reputacionales, pasando por la congelación y expropiación de bienes y capitales, hasta el miedo de saber que eran considerados como posibles enemigos por parte del Gobierno. A consecuencia de esto, muchos de los acusados abandonaron la vida pública incluso el país tras este proceso, que es considerado como una de las primeras señas de la deriva autoritaria de la Turquía de Erdoğan.

Gülen contra Erdoğan, Erdoğan contra todos

La noche del 15 de julio de 2016 tropas y vehículos militares ocuparon puntos estratégicos de Estambul y Ankara: el puente del Bósforo, el aeropuerto internacional Atatürk y las sedes de cadenas de televisión como la filial turca de la CNN. En varios puntos se produjeron enfrentamientos entre estos soldados y miembros de la Policía y el mismo edificio del Parlamento fue atacado desde el aire por helicópteros de combate, en las calles de Estambul, vehículos blindados arremetían contra el tráfico.

Sin embargo, al contrario que en situaciones anteriores estas tropas no parecían tener un objetivo claro, la coordinación entre los soldados apostados en los distintos puntos estratégicos era poca o nula y ningún oficial o figura política se había declarado líder de esta sublevación.

Desde el avión presidencial y a través de una videollamada telefónica con un canal de noticias en directo, Erdoğan alentó a la población civil a enfrentarse a los soldados sublevados. Las calles de Estambul y Ankara se llenaron de masas que se dirigían directos hacia las posiciones donde aguardaban estas tropas, muchas de las cuales fueron linchadas por la multitud.Con el amanecer del 16 de julio, todos los soldados golpistas habían sido desarmados y detenidos y algunos pocos huyeron a países vecinos.

Civiles y policía detienen a soldados sublevados en las calles de Estambul – EPA

Pese a la falta de un responsable claro detrás de este golpe de Estado fallido, Erdoğan acusó al influyente magnate y líder religioso Fethullah Gülen de usar sus contactos dentro de las fuerzas armadas para provocar esta intentona de deponer a Erdoğan. Aunque estos hechos aún están por esclarecer hoy en día y es imposible determinar la verdadera naturaleza, objetivo y responsable de este suceso, el mismo le brindó al presidente turco la razón para llevar a cabo masivas purgas entre las fuerzas armadas y el funcionariado con la justificación de detener a los elementos fieles a Gülen y a su supuesta organización conocida como FETÖ.La purga entre los militares fue tal, que, en el caso de las fuerzas armadas, solo una treintena de pilotos continuaron en servicio activo tras las detenciones posteriores al fallido golpe.

¿El fin de la Turquía de los militares?

Como se ha visto a lo largo de este artículo, el estamento político turco siempre ha estado supeditado a la constante vigilancia del estamento militar haciendo valer de su rol como defensores de los valores republicanos para intervenir en la política nacional cuando estos se veían amenazados

 

Alparslan Türkeş, fundador del Partido de Acción Nacionalista (MHP) y del grupo terrorista Lobos Grises arrestado tras el golpe de 1980 – AA Photo

Pero la llegada de Erdoğan ha roto con esto, ya que nunca en la historia de Turquía había concentrado tanto poder y control sobre todos los aspectos del Estado turco, desde el estamento civil, si exceptuamos a la figura de Mustafá Kemal una vez colgó el uniforme.

Asimismo, las purgas consecuencia de Ergenekon y el fallido golpe de 2016 han barrido de líderes críticos con el gobierno a las fuerzas armadas, haciendo que éstas por primera vez están supeditadas al poder político y no viceversa.

Bibliografía consultada:

-Cagaptay, S. (2020). The New Sultan: Erdogan and the Crisis of Modern Turkey (2nd ed.). I. B. Tauris & Company.

-Feroz A. (1993). The Making of Modern Turkey (1.a ed.). Routledge.

-Karaveli, H. (2018). Why Turkey Is Authoritarian: Right-Wing Rule from Atatürk to Erdogan. Pluto Press (UK).

-Mourenza, A., & Topper, I. (2019). La democracia es un tranvía: El ascenso de Erdogan y la transformación de Turquía. Ediciones Península.

-Temelkuran, E. (2019). How to Lose a Country: The 7 Steps from Democracy to Dictatorship (English Edition) Fourth Estate.

 

Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad de Deusto, Bilbao y en la Universidad de Yeditepe, Estambul. Interesado en geopolítica, comercio y seguridad, especialmente en las regiones del Mar Negro, Cáucaso y Asia Central.

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