Las políticas económicas del AKP: clientelismo y autoritarismo

Crisis de la lira turca
Crisis de la lira turca. Fuente: Erste Asset Management

Desde el pasado mes de diciembre de 2021 la moneda nacional de Turquía, la lira turca, ha sufrido continuadas depreciaciones. Pese a los intentos del ejecutivo turco para controlar esta depreciación, la lira turca ha seguido cayendo hasta, cuando se escriben estas líneas, situarse en 18.57 frente al dólar.

Estos últimos desplomes han llevado a la lira a perder un 44% de su valor frente a la moneda estadounidense en comparación con 2021, produciéndose a lo largo de 2022 disminuciones de hasta el 4% y 5%. En este sentido, la depreciación ha colocado una mayor presión sobre el gobierno del Partido de Justicia y Desarrollo (AKP), quien precisa de una lira estable para proseguir implementando su programa de reformas económicas y evitar así el empeoramiento de la situación económica del país. Todo ello en un contexto donde la sociedad turca se halla bastante expuesta a las fluctuaciones económicas, de modo que la situación de los sectores sociales más empobrecidos, cada vez más amplios, se ha vuelto aún más precaria.

Asimismo, esta compleja situación se complementa con el rechazo de Erdogan a aplicar políticas de subida del tipo de interés, una medida que potencialmente podría aliviar la situación monetaria que atraviesa el país. Sin embargo, lejos de ser una actitud irracional por parte del AKP y Erdogan, tales políticas se enmarcan dentro de la línea de actuación que Turquía ha venido desarrollando desde 2002, cuando el AKP llegó al poder. El objetivo de estas estrategias, independientemente del éxito cosechado, ha sido el de reducir el gasto fiscal y disminuir su dependencia económica de los flujos de capital extranjero internacional como vía para proteger y potenciar la industria nacional.

Objetivos y efectos de las políticas económicas del AKP

Inicialmente el AKP puso en marcha un paquete de políticas de liberalización económica que se complementaron con una fuerte vigilancia sobre el sistema financiero. De esta forma, el Estado, en contraste con la situación previa llegada del AKP, adquirió un papel de regulador y árbitro económico. Con ello, las relaciones entre Estado y empresarios, así como entre Estado y sociedad civil, entraron en una nueva fase caracterizada, principalmente, por la incorporación al reparto del poder del Estado de una burguesía media ubicada en el centro de Anatolia, regida por código culturales propios del Islam y surgida al calor de las reformas neoliberales aplicadas por Turgut Özal en la década de los 80.

La incorporación al bloque social dominante de este sector, denominado como los Tigres de Anatolia, de la mano de la llegada del AKP vino aparejada de una reorganización de la estructura económica turca que objetivamente se mostraba ineficaz para inicios del milenio. Así pues, la crisis económica que atravesó Turquía en 2001 sentó las bases y la necesidad para esta remodelación del proceso de acumulación del capital turco. Ejemplificación del escenario en la que el país se encontraba fue el hecho de que las primeras reformas del AKP, dada la situación económica, fueron apoyadas por las principales asociaciones de negocios turcas: TÜSIAD, MÜSIAD y SÍAD.

Las transformaciones afectaron especialmente al sistema financiero, donde hasta 2001 el Estado había jugado una función rentista en tanto que sostén del sistema bancario y núcleo del anterior modelo de acumulación de capital. Este modelo acumulación, si bien anteriormente había permitido a las fracciones del capital alojadas en el poder prosperar a través del endeudamiento, a partir de 1994 comenzó a dar claras muestras de agotamiento, provocando sucesivas crisis que políticamente minaron la base social del proyecto económico del Özal. El descontento, producto de la complejización y empeoramiento de la situación social generada, fue recogido, al principio, por el partido islamista Partido del Bienestar, quien actuando como representante político de los Tigres de Anatolia, comenzó a presionar para un cambio en el rumbo económico y político del país. Sin embargo, este partido fue ilegalizado y desalojado del poder en 1997 por el Ejército dado el perfil de las políticas que puso en marcha, las cuales fueron vistas como una clara amenaza al orden kemalista sobre el que la Repúbica turca se sotenía.

Discurso de Erdogan en la ceremonia de apertura del Consejo de Relaciones Económicas de Turquía
Discurso de Erdogan en la ceremonia de apertura del Consejo de Relaciones Económicas de Turquía. Fuente: Hurriyet Daily

Tal ilegalización dejó al sector social de los Tigres de Anatolia huérfano políticamente. Ello permitió al AKP, heredero del Partido del Bienestar tras su fracaso e ilegalización del Partido, convertirse en el nuevo represante político de esta fracción de la burguesia en ascenso. La agenda del AKP se orientó entonces hacia la inclusión en el Estado de estos mencionados sectores sociales y la reforma económica de Turquía, liberalización mediante. Así, el nuevo modelo de acumulación de capital, denominado como financialización, se articuló sobre el aumento de la competitividad e internacionalización del capital turco, beneficiando especialmente a los sectores del automóvil, la construcción, la tecnología punta y financiero.

Correlativamente, en el aspecto político, el proceso de liberalizacón económica que emprende el AKP resultó en la consolidación de un sistema político clientelista, donde primariamente fueron los sectores sociales vinculados al AKP –empresas u organizaciones civiles– quienes más se beneficiaron del programa económico desarrollado. De esta manera, el AKP reemplazó al Estado en lo concerniente al reparto de las ganancias económicas obtenidas y se creó una red de dependencia entre las empresas beneficiadas directamente por el AKP y el propio partido. Esta situación sentó las bases para el posterior viraje autoritario de Turquía dado la posibilidad de que en caso del AKP sea desalojado del poder y con ello las empresas vinculadas al partido de Erdogan, pudiesen perder los beneficios económicos de los que hasta ahora han estado gozado.

La rupturas entre el Movimiento Gulenistas y el AKP

El mencionado modelo neodesarrollista, organizado en torno al AKP en calidad de mediador o árbitro entre el Estado y la sociedad civil turca y a expensas de aquellos sectores sociales ajenos al AKP, sufre una nueva transformación a partir de 2016. La ruptura entre el AKP y el Movimiento Gulenista materializada en 2013 colocó al AKP en una precaria situación a nivel social en la medida que su vinculación con la sociedad civil se había organizada sobre las estructuras y redes políticas establecidas por el Movimiento Gulenista. Asimismo, la gestión del Estado turco había recaido sobre cuadros políticos del propio Movimiento Gulenista, de manera que una vez se iniciaron las purgas contra este último, la posición del AKP como gestor del Estado y como partido político se vio comprometida.

La salida a esta tesitura fue realizada a través de pactos y acuerdos con el Movimiento de Acción Nacionalista (MHP), partido turco ultra-nacionalisa y cuyos dirigente habían sido encarcelados años atrás por presúntamente intenar orquestar un golpe de Estado contra Erdogan.

Esta nueva alianza, producto de la necesidad ante la amenaza de aislamiento político, obligó al AKP, como no podía ser de otra manera, a transigir con el MHP en diferentes asuntos y cuestiones. Entre ellas, una mayor incorporación de los sectores representados por el MHP al reparto de riqueza y poder que el AKP dirigía. Ello, con una política exterior de expansionismo militar llevó a la constitución de un modelo económico que, sobre las bases del neo-desarrollismo, se apoyó en las intervenciones militares y la reconstrucción de zona afectadas por la guerra para proseguir con el proceso de acumulación de capital. Así, el pacto con el MHP, enmarcado en ese mencionado militarismo, favoreció esencialmente al complejo industrial-militar y al sector de la construcción, quienes fueron los principales ganadores de este nuevo reordenamiento interno del bloque dominante.

Así las cosas, puede entenderse que el viraje autoritario o, más bien, el retroceso de la democracia turca, ha sido el reflejo político del empeoramiento de la situación económica de Turquía y el consecuente desgarramiento de los vínculos entre Estado y sociedad civil a través de sus representates políticas como producto de la agudización de las luchas entre las diferentes fracciones políticas. Ante la reducción del superávit económico y el constreñimiento de la economía, el monto de riqueza que podía ser repartido entre la clase económica dominante se ha visto reducido considerablemente, exacerbando esas luchas entre las distintas fracciones del capital turco con el fin de asegurar una posición preponderante en el reparto de riqueza.

Desde el pasado mes de diciembre de 2021 la moneda nacional de Turquía, la lira turca, ha sufrido continuadas depreciaciones
Desde el pasado mes de diciembre de 2021 la moneda nacional de Turquía, la lira turca, ha sufrido continuadas depreciaciones. Fuente: Ozan KOSE / AFP

En este mismo sentido, debe entenderse que el AKP tampoco es una unidad monolítica, sino que dentro conviven diferentes corrientes políticas representantes de distintas fracciones del capital: un sector del capital financiero turco con presencia en los mercados globales; un sector emergente de la burguesía media que aspira a integrarse en los mercados internacionales; y un sector integrado también por la pequeña y mediana burguesía que opera exclusivamente dentro del mercado nacional y que ha visto su posición amenazada por las inversiones de capital extranjero en Turquía.

Conclusiones

La deriva autoritaria de Turquía y los cambios de las políticas económicas turcas hacia un modelo neodesarrollista son resultado de las políticas clientelistas adoptadas por el AKP y las fricciones políticas que se han desarrollado entre el AKP y otros partidos, así como en el seno del AKP. La posibilidad de ser desalojado para el AKP y la reducción de la tasa de ganancia por parte del capital turco han llevado a Erdogan a desalojar a otras fracciones del capital que hasta ese entonces habían formado parte del bloque dominante. La deriva autoritaria, materializada en la ilegalización de partidos, el aumento de la represión y la concentración de poderes sobre el ejecutivo entre otros, no ha sido más que el camino a través del cual el AKP y el sector del capital al que representa han asegurado su posición dentro del Estado en perjuicio de otras fracciones políticas.


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