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Los aliados cristianos de Hezbolá en Líbano

Gebran Bassil, presidente del Movimiento Patriótico Libre
Gebran Bassil, presidente del Movimiento Patriótico Libre. Fuente: European Comission - bajo CC BY 4.0

En 2013, en pleno conflicto armado sirio y tan solo unos años después de que las milicias de Hezbolá lograsen repeler la tercera invasión israelí de Líbano en la guerra de los 33 días, la cantante cristiana libanesa Julia Boutros –de padre maronita y madre armenia– interpretaba en la ciudad de Tiro una canción basada en una carta enviada por Hasán Nasralá –histórico líder de Hezbolá asesinado en septiembre de 2024 por un bombardeo israelí– a sus combatientes para arengarles en la batalla, la cual contenía estrofas como las siguientes:

“Soy la encarnación de la palabra voluntad. Mi espada os derrota en cada una de nuestras batallas. Cada una de las almas de mi país abraza la resistencia y no se contentarán con menos que la gloria. Vuestra arrogancia fue manchada por la humillación y la derrota cuando el sur de Líbano se levantó y resistió. La historia de la dignidad al fin ha despertado y ella escribirá epopeyas de triunfo”.

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Sin embargo, en el mundo occidental, los cristianos libaneses –como Julia Boutro– o bien son completamente desconocidos o bien son tan solo una rara avis en Oriente Medio, a pesar de que pertenecen a las comunidades cristianas más antiguas y se encuentran en el corazón geográfico de los orígenes de dicha religión. A menudo se asume que, al hallarse supuestamente hostigados por los musulmanes, su destino no puede ser otro que el exilio y, por lo tanto, sus planteamientos geopolíticos estarán siempre en completa sintonía con Occidente.

No obstante, un amplio sector de los cristianos libaneses se ha vuelto más escéptico desde la guerra civil libanesa (1975-1990), quizá por las agresiones israelíes y por la desestabilización de la región impulsada por las potencias occidentales. Son cristianos, pero también son árabes, por lo que han sufrido igualmente las heridas del colonialismo y la humillación de la ocupación de Palestina.

A lo largo del año 2024, eventos como los atentados de los buscapersonas y walkie-talkies en el centro de Beirut, los bombardeos israelíes sobre la población civil libanesa o el cruce de la Línea Azul por parte de los tanques Merkava en el marco de la invasión terrestre no han hecho sino aumentar el sentimiento antisionista, también entre la población cristiana libanesa.

Para comprender esta evolución ideológica de las comunidades cristianas libanesas –maronitas, greco-ortodoxas, greco-católicas o armenias–, hay que remontarse hasta la guerra civil libanesa. En ella, si bien es cierto que la mayor parte de partidos y facciones cristianas –Falanges Libanesas, Fuerzas Libanesas, Guardianes del Cedro, Milicia de los Tigres o Al-Tanzim– se agruparon bajo una ideología sectaria, fenicista y antipanarabista, lo que inicialmente provocó que funcionasen como proxies occidentales y sionistas, pronto acabaron divididas entre la cooperación con Israel o la cooperación con Siria. Estos son los dos vecinos que intervinieron en Líbano respondiendo a intereses geopolíticos regionales.

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Finalizada la Guerra Fría, el mantenimiento de la ocupación israelí al sur de río Litani –hasta que Hezbolá logró su expulsión en el año 2000–, unida a la presencia de tropas sirias satelizando el gobierno de Beirut hasta la denominada Revolución de los Cedros de 2005, provocó que las líneas de fractura de la política libanesa basculasen desde el sectarismo religioso hasta la conformación de dos grandes alianzas interreligiosas: la Alianza 14 de Marzo, prooccidental y prosaudí, y la Alianza 8 de Marzo, prosiria y proiraní, donde se encuentra Hezbolá.

Aunque dentro de la Alianza del 8 de Marzo hay muchos partidos seculares que cuentan con militantes cristianos –como el Partido Baaz, fundado por el cristiano greco-ortodoxo Michel Aflaq o el Partido Comunista Libanés, cuyo histórico secretario general, Georges Haoui, fue también cristiano greco-ortodoxo–, conviene poner el foco en las cuatro formaciones netamente cristianas o, aunque laicas, cuentan con una membresía mayoritariamente cristiana: el Movimiento Marada, el Movimiento Patriótico Libre, el Partido Social Nacionalista Sirio y la Federación Revolucionaria Armenia.

El Movimiento Marada

El Movimiento Marada es un partido cristiano maronita controlado por el clan Frangieh y cuyo feudo es la región norteña de Zgharta, con capital en Ehden. Es un movimiento de corte tradicional –de hecho, el apellido Frangieh remite a los caballeros cruzados franceses– que, al comienzo de la guerra civil libanesa, estaba aliado a las Falanges. Ambos eran fenicistas, es decir, defendían la excepcionalidad identitaria libanesa.

Sin embargo, esta dinámica cambió en 1978, cuando discrepancias políticas entre Antoine Frangieh –líder del Marada– y Bashir Gemayel –líder de las Falanges– llevaron a disputas entre ambos grupos. Se trató de enfrentamientos que culminaron en una matanza atroz conocida como Masacre de Ehden, en la que Frangieh, su esposa, su hija pequeña y varias decenas de sus partidarios murieron a manos de los escuadrones falangistas. A partir de ese momento, Marada trató de buscar la venganza y basculó hacia la órbita siria, tejiendo lazos muy importantes con la familia Al-Asad.

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Desde entonces, la formación, aunque cristiana y conservadora, ha quedado alineada con el Eje de la Resistencia y con una clara línea antisionista, agudizada tras las dos décadas de ocupación israelí y la invasión de 2006. De hecho, entró también a formar parte de la Alianza del 8 de Marzo.

En 2022, Hezbolá apoyó la candidatura de Suleiman Frangieh a la presidencia –por ley, siguiendo un reparto de cuotas entre confesiones que proviene de la misma independencia del país en 1943, el presidente de Líbano debe ser siempre un cristiano maronita–. No obstante, por el momento los esfuerzos de la organización para que sea elegido no han dado resultado.

El Movimiento Patriótico Libre

El Movimiento Patriótico Libre (MPL), liderado actualmente por Gebran Bassil, ha sido el principal partido cristiano de Líbano entre 2009 y 2022, aunque en las últimas elecciones ha sido superado por las Fuerzas Libanesas de Samir Geagea, de la Alianza del 14 de Marzo. Michel Aoun, cristiano maronita, fue uno de los militares libaneses más importantes y, al final de la guerra civil libanesa, intentó aprovechar su prestigio para convertirse en presidente. Finalmente, fue derrocado por facciones rivales –apoyadas por Siria– y tuvo que exiliarse en Francia, donde fundó su partido.

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Sin embargo, nada más regresar a Líbano tras la salida de las tropas sirias, cambió inesperadamente de aliados geopolíticos y se unió, precisamente, a los partidos chiíes de Amal y Hezbolá –vinculados respectivamente a Siria e Irán–, dando lugar al nacimiento de la anteriormente mencionada Alianza del 8 de Marzo.

De esta forma, el antiguo comandante de las Fuerzas Armadas Libanesas consiguió integrar a los antiguos oficiales aounistas. Esta nueva alianza con Hezbolá se justificó ante sus partidarios por el hecho de que el fin de la ocupación siria del país en 2005 con la retirada de las tropas daba por terminado cualquier enemistad con Damasco.

Entre los oficiales aounistas, algunos aceptaron este pacto por razones ideológicas o pragmáticas, pero otros la rechazaron porque percibían a Hezbolá como una amenaza. El sorpresivo movimiento de Aoun al sellar un pacto con Nasralá tuvo su recompensa política y electoral tras la invasión israelí de 2006, lo que hizo que muchos cristianos libaneses –incluso antiguos falangistas– comenzasen a plantearse, al igual que Aoun, que el enemigo real era Israel.

Consecuentemente, ciertos sectores comenzaron a ver a Hezbolá, en cambio, como un movimiento de resistencia patriótico libanés con el que era necesario cooperar, lo que engrosó las filas del MPL.

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El conflicto sirio no hizo sino alimentar dicho crecimiento electoral y la coalición comenzó a ganar elecciones, hasta el punto de que Aoun fue finalmente elegido presidente del país en 2016 con el apoyo de Hezbolá para el periodo 2016-2022. A pesar de que, en los últimos años, tanto la milicia chií como el partido aounista han perdido apoyos debido a la crisis económica de 2019 y la explosión del puerto de Beirut de 2020, la alianza ha sido positiva para ambos.

Hezbolá amplió su base de apoyo entre uno de los grupos cristianos más importantes y el MPL logró estrechar lazos con Irán y Siria. No obstante, la alianza también ha tenido sus riesgos, ya que al salirse de la órbita occidental, el MPL ha comenzado a estar en el punto de mira de Estados Unidos, a tal punto que su actual líder ha sufrido una condena por presunta corrupción en favor de Hezbolá.

El Partido Social Nacionalista Sirio

Nada más producirse la respuesta iraní a los sucesivos ataques israelíes contra Líbano, el Partido Social Nacionalista Sirio emitió el siguiente comunicado en sus redes sociales:

“Esta operación iraní demostró que el martirio de los líderes de la resistencia no debilita a ésta ni disminuye su perseverancia, sino que aumenta su determinación de buscar su camino y sacar inspiración de su gran experiencia, confiados en que la sangre triunfará sobre la espada y que el ojo arrancará el punzón. En este contexto, el partido confirma que los guerreros de las Águilas del Torbellino, junto con sus hermanos de Hezbolá y otras facciones de la resistencia, se encuentran firmes en los campos de batalla y están preparados para infligir una nueva derrota al ejército del enemigo en cualquiera de las batallas que tengan lugar”.

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Para comprender la creciente influencia de este curioso partido dentro de la política libanesa cristiana, debemos retrotraernos hasta el estallido de la guerra de Siria en 2011. A pesar de que en los medios de comunicación occidentales dicho conflicto fue simplificado como una contienda entre un dictador autoritario y una oposición democrática –en línea con la habitual narrativa respecto a las denominadas Primaveras Árabes–, lo cierto es que fue un episodio muy complejo que reavivó el principal foco de tensión de la política siria.

La guerra estuvo marcada por la lucha entre la concepción multiconfesional y laica del Estado baazista y el enfoque islamista-sunní de la opositora Hermandad Musulmana; posteriormente, incluso de grupos abiertamente yihadistas-salafistas, como el Frente Al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, y el Estado Islámico (ISIS). Por ello, la comunidad cristiana siria –principalmente greco-ortodoxa, aunque también formada por melquitas y otros grupos minoritarios–, se vio sometida a una brutal persecución ideológica por parte de los rebeldes islamistas –que contaban entonces con el apoyo de Estados Unidos, la Unión Europea e Israel–.

Ello provocó que muchos cristianos sirios buscaran refugio en Líbano y, allí, los relatos de sus experiencias influyeron en la forma de analizar la geopolítica de muchos de sus correligionarios libaneses, ya que mientras el gobierno laico sirio y Hezbolá protegían a los cristianos, Occidente apoyaba y financiaba a sus perseguidores –e Israel asistía a yihadistas-salafistas del ISIS en sus bases secretas de los Altos del Golán, con el objetivo de volver a insertarlos en Siria–.

La poderosa expansión del ISIS en los años 2014-2016 tras la conquista de Mosul, donde asentaron la capital de su califato, hizo que los yihadistas-salafistas traspasasen incluso las fronteras de Líbano, penetrando en la región de la Bekaa y amenazando la multiconfesionalidad libanesa. Una vez más, fue principalmente Hezbolá la que protegió las cumbres del Antilíbano, a la población cristiana de Baalbek y a su rico patrimonio arqueológico fenicio-greco-romano. Esta postura aumentó el número de cristianos libaneses que veían al Eje de la Resistencia como su único escudo.

Para ampliar: Auge y declive del Partido Social Nacionalista Sirio y su noción de la Gran Siria

Pero, además de Hezbolá, otro de los partidos que contribuyó decisivamente a la defensa de las cumbres orientales libanesas fue el Partido Social Nacionalista Sirio, el segundo partido más importante después del Partido Baaz dentro de Frente Progresista, la coalición gobernante en Siria, y que también se encuentra presente en Líbano, lo que le permitió ganar protagonismo. Fue fundado por el cristiano greco-ortodoxo Antuun Saada, está sustentado principalmente por dicha comunidad religiosa y, bajo un ideario laico, corporativista y pan-sirio, pretende unificar las tierras de Bilad Al-Sham, que incluyen Siria, Líbano y Palestina.

Su brazo armado, las llamadas Águilas del Torbellino, han combatido junto a Hezbolá, no solo en Siria y en el este de Líbano frente al ISIS, sino también en el sur de Líbano frente a Israel. A su vez, Samir Geagea ha estado tratando de alcanzar la presidencia como sucesor de Aoun, pero las sanciones y su enemistad con el resto de grupos políticos se han convertido en un obstáculo, negándose Hezbolá a apoyar su candidatura, y bloqueando él la elección de Frangieh, lo que está generando divisiones dentro del partido.

La Federación Revolucionaria Armenia

Los cristianos armenios constituyen una minoría, no sólo religiosa sino también étnica, en Líbano, pues no son árabes, a diferencia del resto de la población. Su presencia en el país proviene, esencialmente, del período 1915-1920, cuando numerosos armenios encontraron refugio allí huyendo de la persecución turca, fundando ciudades como Bourj Hammoud y universidades como Haigazian.

Desde entonces, los cristianos armenios han contribuido mucho al desarrollo de la economía libanesa y, tras más de un siglo en el país, se encuentran completamente integrados en las diferentes esferas de la sociedad libanesa, teniendo, al igual que el resto de confesiones, sus propios diputados reservados en el parlamento.

Por ello, la Federación Revolucionaria Armenia (FRA), un partido de gran tradición fundado en 1890, tiene también su rama libanesa, aunque sea originario de otro país. Además, la FRA es actualmente la formación mayoritaria dentro de la pequeña comunidad armenia en Líbano y, a pesar de que el conjunto de la población es cristiana –dividida entre armenios ortodoxos y católicos–, buscó mantenerse neutral durante la guerra civil y no apoyar directamente a las Falanges.

Mapa de la invasión israelí de Líbano.
Mapa de la invasión israelí de Líbano. Fuente: Descifrando la Guerra

En 2005, al igual que todos los partidos anteriormente analizados, entró a formar parte de la Alianza del 8 de Marzo. En los últimos años, dicho vínculo prosirio y proiraní se ha estrechado aún más debido a la limpieza étnica que han sufrido sus compatriotas en Nagorno-Karabaj, abandonados por las potencias occidentales y cuyo único aliado regional para resistir a la amenaza turco-azerí –con Rusia en suspense mientras dure la guerra de Ucrania– es, paradójicamente, el Irán de los ayatolás.

Si bien es cierto que existe todavía un fuerte sentimiento antisirio y antiiraní entre algunas comunidades cristianas, así como que las Falanges y otros grupos cristianos fenicistas actuaron como aliados circunstanciales del sionismo durante la guerra civil libanesa –perpetrando las matanzas de Shabra y Chatila en 1982–, no es menos cierto que existen igualmente importantes sectores cristianos que, tras sufrir cuatro invasiones israelíes (1978, 1982, 2006 y 2024), han llegado a la conclusión de que el verdadero enemigo que amenaza la independencia de Líbano es el Estado sionista.

Para ampliar: La resurrección del Eje de la Resistencia

Se percibe que Hezbolá, a pesar de todas las diferencias ideológicas que un cristiano tradicionalista, un cristiano socialista o un cristiano pan-sirio puedan tener con el partido-milicia chií, es el único que, hoy por hoy, defiende la independencia de Líbano. A esta sensación contribuye que el ejército libanés no sea una institución competente y funcional.

Además, muchos cristianos de Oriente Medio –y ciudadanos laicos en general– se sienten doblemente amenazados tanto por el eje occidental-sionista como por el yihadismo wahabbita del golfo Pérsico, lo que les hace pensar que el Eje de la Resistencia –junto a, tal vez, potencias revisionistas como Rusia o China– son los únicos que pueden garantizar su supervivencia.

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