
Las décadas de 1970 y 1980 supusieron para Líbano una época de inestabilidad, especialmente condicionada por las diferencias etno-religiosas, la cuestión palestina y la intervención árabe e israelí.
Entre 1970 y 1971, la Organización para la Liberación Palestina (OLP) fue expulsada de Jordania por sus ataques a Israel y sus aspiraciones revolucionarios contra la monarquía. Tras la derrota de las organizaciones palestinas, estas se trasladaron al Líbano bajo los auspicios del Acuerdo de El Cairo, donde continuaron con su lucha contra el Estado hebreo.
En 1978, Al-Fatah llevó a cabo la masacre de la carretera costera cerca de Tel Aviv, un ataque lanzado desde territorio libanés en el que murieron 38 civiles. En respuesta, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) iniciaron la Operación Litani con el objetivo de eliminar a los grupos palestinos del sur del Líbano. El gobierno israelí, liderado por Menájem Beguín, decidió crear una zona de seguridad entre ambos países, que se extendería hasta el río Litani, sin alcanzar la ciudad de Tiro.
La operación fue un éxito en tan solo siete días, logrando desplazar a las fuerzas palestinas hacia el norte. Además, la masacre se utilizó para justificar la intervención militar en la guerra civil libanesa, apoyando al Ejército del Sur del Líbano, una milicia maronita cristiana con la que acabaría creando el Estado Libre del Líbano –títere y tapón– en el sur del país.
La presión internacional y las resoluciones 425 y 426 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas llevaron a la retirada israelí y a la creación de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (FPNUL), cuya finalidad residía en garantizar el repliegue hebreo, la paz y el control libanés efectivo de la zona. Sin embargo, el éxito de la FPNUL fue limitado; los ataques palestinos desde el Líbano y los bombardeos israelíes en respuesta a continuaron sucediendo.
En junio de 1982, Israel volvió a arremeter contra fuerzas palestinas en territorio libanés, utilizando como detonante el intento de asesinato de su embajador en Londres. Esta vez la intervención de las FDI en la guerra civil libanesa fue a lo grande, con la intención de expulsar a las milicias palestinas del país, crear un Estado maronita favorable a Tel Aviv en Beirut y derrotar a los aliados de Siria que estaban ganando la contienda. Así comenzó la primera guerra del Líbano para Israel, llamada operación Paz para Galilea.
Esta operación avanzó más allá del río Litani y encontró resistencia de las Fuerzas Armadas sirias, infligiéndoles finalmente una dura derrota. El avance continuó hasta llegar a 12 kilómetros de Beirut, ocupando al menos 4,500 kilómetros cuadrados en tan solo seis días. Poco después, las FDI asediaron la capital y tomaron el control de la estratégica carretera Beirut-Damasco, del aeropuerto de la ciudad y de otros puntos clave, logrando la evacuación de múltiples fuerzas palestinas y sirias.
El ejército israelí llegó a ocupar Beirut y permitió la entrada de las milicias maronitas aliadas, que el 16 de septiembre de 1982 perpetraron la masacre de Sabra y Shatila contra refugiados palestinos, asesinando entre 350 y 2.000 personas –la cifra varía según la fuente–. Asimismo, se sucedieron múltiples ataques para resistir la ocupación, entre los que destacan los realizados por un grupo islamista chií que comenzaba a ganar importancia en este contexto: Hezbolá.
Para julio de 1983, Israel comenzó la retirada hasta el río Awali, y en 1985 realizó su último repliegue hacia el sur del Líbano, ocupando definitivamente esta región hasta el año 2000. Este período no se caracterizó por la paz, sino por constantes hostilidades, especialmente entre Hezbolá e Israel. Una de las acciones más destacadas fue la operación Uvas de la Ira en 1996, cuando las FDI bloquearon los puertos de Beirut, Sidón y Tiro, y comenzaron un incesante bombardeo que afectó a numerosos civiles, incluyendo una instalación de la FPNUL en Qana.
Esta operación cesó tras 16 días, después de los cuales se creó un grupo de vigilancia formado por Estados Unidos, Francia, Siria, Líbano e Israel. No fue hasta el año 2000 cuando Israel, ante los ataques de guerrilla de Hezbolá, cumplió con las resoluciones de la ONU y abandonó el territorio libanés, excepto las Granjas de Shebaa. Con el fin de la guerra civil en 1991, las distintas milicias libanesas se desintegraron, si bien Hezbolá consiguió mantenerse activo. No obstante, tras la retirada israelí, el país no recuperó su integridad plena, ya que Hezbolá continuó con sus actividades y las tropas sirias no se replegaron hasta 2005.
En definitiva, Líbano se erigió como un escenario clave en la lucha palestina contra Israel. Sin embargo, debido a esta situación y a las dinámicas internas del país y de los países vecinos, sufrió constantes hostilidades en su territorio, especialmente en el contexto de su propia guerra civil (1975-1990), lo que marcó profundamente la historia y el desarrollo del país como Estado hasta nuestros días. En la actualidad, Hezbolá continúa siendo un actor clave en el sur del país y en la lucha contra Israel.
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