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El Tatmadaw apuesta por una transición controlada en Myanmar

El Tatmadaw emprende una amnistía en Myanmar con el objetivo de legitimar su poder, pero la cohesión interna es cada vez más débil.
El Tatmadaw emprende una amnistía en Myanmar con el objetivo de legitimar su poder, pero la cohesión interna es cada vez más débil. Fuente: Mil.ru - bajo CC BY 4.0

El mandato oficial de Min Aung Hlaing como presidente de Myanmar inicia con una amnistía. En plena festividad del Thingyan –el año nuevo birmano–, el Tatmadaw ha anunciado la liberación de 4.335 presos, la conmutación de la pena de muerte por cadena perpetua, la reducción de la cadena perpetua a 40 años y la reducción en una sexta parte de la condena a un número indeterminado de retenidos. 

Pero los titulares los ha captado Win Myint, quien fue el décimo presidente de Myanmar y el portavoz del Pyithu Hluttaw –el parlamento birmano–. Myint, veterano activista prodemocracia del Levantamiento 8888, desempeñaba un papel fundamental en la estructura política de la Liga Nacional para la Democracia (NLD).

La influencia castrense sobre la Constitución había impedido que Aung San Suu Kyi se pudiera postular al cargo de presidenta de la república. Por ello, Myint ocupaba dicha posición y actuaba como un contrapeso para la lideresa.

Para ampliar: La guerra civil en Myanmar entra en una nueva fase

Nada queda ya de eso. El tándem fue arrestado por las fuerzas armadas durante el golpe de Estado del 1 de febrero de 2021. Aung San Suu Kyi está fuera de juego. Su condena de 27 años ha sido reducida en al menos cuatro años en esta amnistía y se especula que ha sido trasladada de prisión a arresto domiciliario. Poco de eso importa ya.

Octogenaria y con demasiado simbolismo a sus espaldas como para ser liberada en un contexto de guerra civil, Aung San Suu Kyi no se encuentra en condiciones de actuar nuevamente como lideresa de la oposición. Una realidad que redobla la importancia de Win Myint. Pero, ¿por qué impulsar ahora un movimiento de este calibre?

Las razones usualmente aducidas son de tipo legitimatorio. Min Aung Hlaing buscaría con este movimiento institucionalizar la realidad política surgida tras el golpe de Estado de 2021, al mismo tiempo que hace un guiño a las potencias occidentales socavando la posición del débil Gobierno de Unidad Nacional de Myanmar (NUG) en el exilio y entreabre la puerta a una posible ronda de negociaciones de paz con las organizaciones étnicas armadas.

Los riesgos del Tatmadaw

Sin embargo, esa lógica tiene un gran defecto: es el mismo razonamiento que se halla en el origen de la actual guerra civil birmana. En 2010, el Tatmadaw inició lo que se definió como “una hoja de ruta hacia una democracia próspera y disciplinada”.

En esa transición, la oposición fue liberada y se le permitió participar en el juego político nacional y las diferentes organizaciones étnicas armadas o terminaron adhiriéndose o vieron ampliamente reducido su margen de actuación. El problema fue, y sigue siendo, que las fuerzas armadas no cuentan con la cohesión interna suficiente como para controlar la totalidad del proceso.

El proyecto político encabezado por Min Aung Hlaing tiene tres grandes pilares: el ejército; el Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo (USDP); y las milicias Pyusawhti.

El USDP se diseñó para actuar como correa de transmisión de los intereses del Tatmadaw en las instituciones civiles al integrar a una parte sustancial de las élites castrenses entre sus filas. Craso error. La creación del USDP terminó bifurcando los intereses políticos de esta misma facción dominante.  

Para ampliar: Frente oriental en Myanmar: entre el liberalismo y el federalismo

Libres de las rígidas estructuras militares, la cúpula del partido empezó a desarrollar una estrategia política orientada a la consolidación de su propia posición, más que a reforzar al Tatmadaw. Shwe Mann, quien fuera el tercero en la línea de sucesión castrense, terminó siendo el mayor ejemplo de ello. Su enfrentamiento por el liderazgo del USDP con Thein Sein acabó haciéndole pactar con la NLD.

Hoy, tras cinco años de conflicto armado en el que el Tatmadaw se ha visto obligado a retroceder en prácticamente todos los frentes, la correlación de fuerzas interna es aún más delicada.

La guerra ha hecho que el ejército dependa en una mayor medida del USDP. Al eliminar al NLD y entrar en litigio con gran parte de las organizaciones étnicas armadas, los militares se han autorrestringido la capacidad de establecer asociaciones con entes civiles.

En este contexto, el USDP ha ido cooptando cada vez más porciones del tejido administrativo estatal, al mismo tiempo que ha desempeñado un rol crucial en la articulación de las milicias Pyusawhti. 

Min Aung Hlaing, líder de la junta militar de Myanmar.
Min Aung Hlaing, actual líder de la junta militar birmana, en Rusia durante una visita oficial celebrada en 2017. Fuente: mil.ru - bajo CC BY 4.0 DEED

Las recientes elecciones no hacen más que agravar dicha dinámica al otorgarle al USDP una abrumadora mayoría en el legislativo –gracias a la no participación de fuerzas opositoras–.

Esto ha llevado a un pulso entre Min Aung Hlaing y Khin Yi, presidente del USDP, en el que el primero ha logrado colocar a leales como Aung Lin Dwe en cargos clave como el de presidente del Senado. Pero las tensiones internas en el bando militar trascienden las instituciones.

La pacificación de Shan, el mayor logro bélico conseguido por la junta militar –gracias a la intermediación de China– en lo que va de guerra civil, corre el riesgo de estallar debido a las tensiones entre el Ejército de Liberación Nacional de Ta’ang (TNLA) y el Ejército de la Alianza Democrática Nacional de Myanmar (MNDAA).  

Entre el 14 y el 20 de marzo de 2026, los antiguos aliados de la Alianza de las Tres Hermandades se enzarzaron en una serie de hostilidades por el control de la ciudad de Kuktai. Unos combates en los cuales resultó vencedor el MNDAA, el cual tomó posesión de la urbe. No fue una refriega baladí.

Kuktai forma parte de la ruta Lashio-Muse, la cual a su vez es la principal conexión terrestre con China. Fue precisamente ese país el que nuevamente intervino para dictaminar la correlación de fuerzas en una de las regiones más estratégicas del país, un hecho que constata la debilidad del Tatmadaw.  

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