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Qué son las armas nucleares tácticas y en qué se diferencian de las estratégicas

A diferencia de las estratégicas, las armas nucleares tácticas están pensadas para destruir objetivos concretos y poco amplios en una guerra. Fuente: The wub, bajo CC BY-SA 4.0

No todas las armas nucleares son iguales. Evidentemente, todas ellas entran dentro de la categorización de armas de destrucción masiva, y ningún actor se ha atrevido a emplearlas desde que Estados Unidos lo hiciera contra Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Esto ocurre fundamentalmente porque el riesgo de recurrir a ellas –romper el "tabú" nuclear, provocar una carrera armamentística más intensa o desencadenar una escalada sin control hacia un holocausto nuclear o, en un escenario menos catastrófico, el ostracismo del país que las utilice– ha sido suficiente hasta la fecha para contener este impulso.

Pero esta generalidad en el estudio de las armas nucleares no excluye que entre ellas haya ciertos grados en cuanto a tamaño, capacidad destructiva, alcance o utilidad en una guerra. Entre las categorías que las diferencian, quizá la más fundamental sea la que distingue entre armas nucleares tácticas y estratégicas.

Nukes estratégicas

A grandes rasgos, lo que caracteriza a un arma nuclear estratégica es su empleo como herramienta de destrucción a gran escala. Tal como indica su nombre, es un arma usada para lograr un éxito estratégico en el marco de una guerra –como la destrucción de una gran ciudad, de un gran entramado industrial o de un centro de almacenamiento de misiles nucleares–. 

Los ataques estadounidenses contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki emplearon armas con una capacidad de entre 10 y 20 kilotones. En la actualidad, las nukes estratégicas acostumbran a tener rendimientos destructivos superiores a los 100 kilotones y, al mismo tiempo, suelen tener un mayor rango.

Son estas ojivas nucleares las que se lanzarían en misiles balísticos intercontinentales (ICBM), de forma que puedan alcanzar objetivos lejanos al propio país dando un golpe particularmente duro que fuerce al enemigo a realizar concesiones estratégicas.

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El uso de armas nucleares estratégicas se basa en la premisa de que el enemigo, ante la evidencia de tu propia capacidad destructiva y de tu voluntad constatada de hacer empleo de esa misma capacidad, así como ante la expectativa de que una respuesta nuclear generaría una escalada sin fin hacia la destrucción mutua, decida sencillamente rendirse total o parcialmente. Tal fue la consecuencia de la estrategia de Estados Unidos contra Japón en 1945. 

No obstante, aunque efectivamente las armas nucleares estratégicas son por norma general más poderosas que las tácticas, su diferencia central radica en la utilidad que se les da en una guerra.

El objetivo de un arma estratégica es amplio –ya sea en términos poblacionales, de infraestructura industrial o militar, o económicos–, mientras que el de un arma táctica es mucho más limitado.

Qué son las armas nucleares tácticas

Si las armas nucleares estratégicas buscan dañar generalmente la capacidad del enemigo para sostener una guerra, las tácticas pretenden infligir daños específicos sobre objetivos concretos y no particularmente amplios.

Es por esto que acostumbran a ser menos potentes –apenas unas decenas de kilotones– y suelen estar pensadas para ser lanzadas mediante misiles de corto alcance, piezas de artillería, torpedos y otros sistemas similares.

El uso de armas nucleares tácticas se basa en una premisa quizá más simple que la de las estratégicas. Aunque recurrir a ellas podría igualmente conducir a una escalada nuclear y, en el peor de los casos, a un escenario de destrucción mutua, en origen se conciben para un lanzamiento puntual y limitado.

A priori, el uso de un arma nuclear táctica en el marco de una guerra buscaría destruir por completo objetivos específicos de utilidad para el enemigo sin causar una gran descarga radiactiva ni dañar poblaciones o infraestructura más allá de lo fijado como blanco.

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En contraste con un arma nuclear estratégica –concebida, por ejemplo, para destruir completamente una gran ciudad–, una táctica tendría como objetivos lógicos una unidad terrestre de combatientes, un convoy de suministro o un búnker subterráneo.

Inicialmente, el uso de un arma nuclear táctica no buscaría precipitar la rendición del enemigo como consecuencia de infligir un daño “traumático”, sino simplemente causar un daño absoluto a un objetivo específico en el marco de una contienda.

Factores como el riesgo a una escalada nuclear o la capacidad de otras armas convencionales de generar una destrucción cuasi absoluta sobre objetivos específicos han favorecido el no-uso de las armas nucleares tácticas. 

Algunas armas nucleares tácticas destacadas a lo largo de la historia han sido las estadounidenses Mark 7, Mark 90, B83, B85 o la W82, las soviéticas RDS-4 y RDS-9, las británicas Red Beard, Red Snow, WE.177 y Blue Peacock, la francesa TNA, la china Kuangbiao-1 y, más recientemente, la india Shaurya, la pakistaní Nasr y la norcoreana Hwasan-31.

Debido a la ambigüedad en la distinción entre armas nucleares tácticas y estratégicas, algunas presentan una potencia intermedia que permite emplearlas en uno u otro ámbito. Tal fue el caso de la ojiva W89.

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