Portada | América | Michigan, emblema del cinturón del óxido

Michigan, emblema del cinturón del óxido

Donald Trump, candidato del Partido Republicano, y Kamala Harris, candidata del Partido Demócrata. Michigan otorga 15 compromisarios.
Donald Trump, candidato del Partido Republicano, y Kamala Harris, candidata del Partido Demócrata. Michigan otorga 15 compromisarios.

El estado de Míchigan se ubica en el Medio Oeste de los Estados Unidos. Su territorio se compone de dos penínsulas separadas entre sí y rodeadas por los Grandes Lagos, situados en la frontera con Canadá. Tiene una superficie de 250.490 kilómetros cuadrados y una población de algo más de 10 millones de habitantes. Su capital es Lansing, pero la ciudad más poblada es Detroit, famosa por haberse convertido en emblema de la decadencia de la región industrial de Estados Unidos, centro neurálgico del otrora conocido como Cinturón de Acero, que hoy, relegado y en declive, recibe el nombre de Cinturón del Óxido –Rust Belt, en inglés–.

En los años ochenta, este término, de connotaciones peyorativas, empezó a emplearse para contraponerlo al pujante Cinturón del Sol. Míchigan, que perteneció a los Estados Unidos desde su independencia en 1783, se adhirió a la Unión como el vigésimo sexto estado en 1837. Pronto se convirtió en un gran centro comercial e industrial, al que acudieron numerosos inmigrantes europeos en busca de oportunidades.

A partir de principios del siglo XX, comenzó a recibir además a decenas de miles de estadounidenses procedentes de las regiones rurales de los Apalaches –los hillbillies de los que habla JD Vance en sus memorias– y de los estados sureños; en el segundo caso, predominantemente afroamericanos. Muchos de ellos se asentaron en el área metropolitana de Detroit, donde se dispusieron a trabajar en sus fábricas e industrias. Míchigan llegó a ser identificada como el núcleo de la industria automovilística estadounidense, una de las más importantes del mundo.

La desindustrialización

Sin embargo, a partir de los años setenta se inició un lento proceso de desindustrialización, resultante del aumento de la automatización, el declive de la industria del carbón y del acero y la deslocalización de muchas empresas estadounidenses, que trasladaron su producción a países con mano de obra más barata. Este proceso se aceleró con el auge de la globalización tras el fin de la Guerra Fría. En respuesta, los centros industriales ubicados en la costa este del país –Boston, Nueva York, etcétera– diversificaron sus economías, potenciando el sector de los servicios y la alta tecnología.

Por el contrario, Míchigan y otros estados del Medio Oeste, incapaces de adaptarse, han experimentado una fuerte decadencia económica y demográfica, así como un deterioro de sus ciudades y de la calidad de vida de sus habitantes. El aumento del desempleo y la caída del nivel de ingresos de la población se han visto reflejados en el empeoramiento de la mayor parte de los indicadores sociales: delincuencia, alcoholismo, drogadicción, resultados educativos, etcétera.

Para ampliar: Florida, de estado bisagra a feudo trumpista

Míchigan contará con 15 compromisarios en el Colegio Electoral constituido para las elecciones de 2024 –uno menos que en 2020–, consecuencia del lento declive demográfico experimentado desde la década de los setenta, cuando llegó a tener 21 votos electorales. Desde la Guerra de Secesión hasta la Gran Depresión, el estado votó exclusivamente republicano. A partir de entonces, fue alternando periódicamente entre los dos partidos, hasta que, tras una etapa en la que se le consideró feudo del Grand Old Party (1972-1988), pasó a formar parte del conocido como “muro azul”, que, desde la victoria de Bill Clinton en 1992 hasta la de Barack Obama en 2012, votó siempre al Partido Demócrata. 

Ese muro azul, compuesto por otros estados del Cinturón del Óxido –Pensilvania, Wisconsin, Minnesota– y de las costas este y oeste del país, se derrumbó con la irrupción de Donald Trump en 2016, que, desafiando a las encuestas –que predecían una cómoda victoria de la ex primera dama Hillary Clinton–, se hizo con tres de los estados del Rust Belt –Míchigan, Wisconsin y Pensilvania– y llegó a la Casa Blanca. Además, perdió Minnesota por un ajustadísimo 1,52% de los votos.

Trump gana Míchigan

Trump ganó Míchigan por una diferencia de poco más de 10.000 votos (un 0,23% del total), el margen de victoria más estrecho obtenido en aquellas elecciones. Su éxito en los estados del Cinturón del Óxido se atribuyó entonces al apoyo de los ciudadanos blancos de clase trabajadora, residentes sobre todo en las áreas rurales, que llevaban décadas respaldando a los demócratas –muchos de ellos como parte de la Blue Dog Coalition, miembros del partido socialmente conservadores– o sin ejercer su derecho al voto. 

El papel de los conocidos como votantes Sanders-Trump, aquellos que habían apoyado al senador Bernie Sanders en las primarias demócratas de aquel año –dándole la victoria frente a Hillary Clinton, por sorpresa, en Míchigan y otros estados– y que, después, decidieron apoyar a Trump en las presidenciales, es también fundamental para entender el resultado. Según los estudios demoscópicos, estos votantes –de características similares a los de la Blue Dog Coalition, generalmente blancos, mayores y de ideas sociales conservadoras– representaron en torno a un 10% de quienes apoyaron a Sanders en las primarias.

Para ampliar: Texas, un estado clave en plena transformación demográfica

El senador había lanzado una campaña basada en la reducción de las desigualdades socioeconómicas y la defensa de la clase trabajadora que, pese a las bajas expectativas iniciales, había despertado un amplio entusiasmo popular y estado a punto de vencer a Clinton, la candidata del aparato del partido.

Así, en las elecciones presidenciales, muchos de quienes lo habían respaldado, generalmente parte de los denominados left behind o perdedores de la globalización –es decir, aquellos ciudadanos blancos de clase trabajadora que, residentes en áreas rurales o desindustrializadas, se sentían olvidados por el sistema– decidieron darle la espalda a la candidata demócrata, a la que percibían como perteneciente a las élites que los habían abandonado, y optar por una suerte de voto protesta a favor de Trump o, en algunos casos, por la abstención.

En todo caso, el discurso del magnate inmobiliario, que se había pasado buena parte de la campaña hablando de la necesidad de reindustrializar el país y de recuperar los empleos perdidos mediante la imposición de aranceles a las importaciones, resultaba enormemente atractivo para muchos de estos votantes. Sin embargo, en las elecciones de 2020, la movilización contraria a Trump permitió a Joe Biden recuperar el estado para los demócratas.

La participación subió del 63% de 2016 al 71% y el candidato demócrata pasó de obtener 2.269.000 votos a unos 2.804.000. Pero Trump, que había ganado cuatro años antes con 2.279.000 sufragios, llegó en esta ocasión a 2.650.000. De este modo, el margen de victoria de Biden fue de apenas un 2,78%, muy inferior al que habían previsto las encuestas, que le habían atribuido una ventaja de entre 5 y 8 puntos porcentuales.

Para ampliar: Carolina del Norte, de feudo demócrata a estado en disputa

Para ganar Míchigan, Biden hubo de asumir una parte del mensaje de Trump, especialmente en lo referente a la exigencia de sancionar a aquellas empresas estadounidenses que, tras externalizar la fabricación de sus bienes y trasladar centenares de puestos de trabajo al extranjero, tratasen de importar lo producido para venderlo en EEUU. Al final, la victoria de Biden se debió al apoyo de una mayoría de los trabajadores sindicados (un 21% del electorado, de quienes recibió el 56% de los votos) y al incremento de la participación de las minorías étnicas (9 de cada 10 afroamericanos, por ejemplo, votaron demócrata).

Por otra parte, la gobernadora de Míchigan pertenece, desde 2019, a los demócratas, que ostentan además el control de las dos cámaras legislativas estatales. En cualquier caso, las encuestas realizadas a lo largo de la campaña de 2024 indican que Trump tiene serias posibilidades de volver a ganar en Míchigan. La mayor parte de los sondeos muestra una ligerísima ventaja de Harris, inferior a un punto porcentual, que se encuentra dentro del margen de error y, por lo tanto, equivale a una situación de empate técnico

Los problemas de Harris en Míchigan

Además, la campaña de Harris se enfrenta a una serie de problemas que podrían terminar por pasarle factura. En primer lugar, tres cuartas partes de la población de Míchigan se componen de estadounidenses blancos –descendientes en su inmensa mayoría de inmigrantes europeos–, seguidos de los afroamericanos –que suponen un 14% del total y la mayoría de los residentes de ciudades como Detroit o Flint–.

Junto a los hispanos, que escasean en Míchigan, el segundo grupo constituye tradicionalmente uno de los más firmes integrantes de la coalición de votantes demócrata a nivel nacional. Sin embargo, las encuestas para estas elecciones permiten entrever un inquietante descenso de su apoyo a Harris, al menos si se compara con el que habían mantenido hacia anteriores candidatos del partido. Hoy, solo un 78% de los afroamericanos votaría por ella. 

Mapa "Porte de armas en EEUU"
Mapa "Porte de armas en EEUU". Fuente: Descifrando la Guerra

Esta pérdida de votantes negros, apreciable sobre todo entre las nuevas generaciones y el género masculino, se debe a que los ciudadanos parecen votar cada vez más en función de su nivel educativo: mientras que aquellos con titulación universitaria tienden a votar demócrata, quienes no la tienen se inclinan cada vez más por los republicanos.

Y, aunque los demócratas están aumentando sus apoyos entre los blancos urbanitas y con estudios superiores –mientras los republicanos arrasan en las zonas rurales, cuyos habitantes suelen tener menor nivel académico–, Míchigan no les ofrece las perspectivas más halagüeñas, pues solo un 31% de su población cuenta con algún tipo de educación universitaria. 

En efecto, si se ordenan los estados según el porcentaje de su población con formación superior, puede observarse que Míchigan se encuentra entre los 25 de la mitad baja de la tabla y que, curiosamente, está entre los únicos 3 de esos estados donde los demócratas ganaron en 2020. Los otros dos fueron Nevada y Wisconsin, que, no por casualidad, se hallan también entre los estados más disputados en estas elecciones.

Para ampliar: California, baluarte del muro azul demócrata

En este sentido, en el año 2020, el crecimiento del voto demócrata en Detroit y Grand Rapids y sus correspondientes áreas metropolitanas compensó el de los republicanos en las áreas rurales, pero la disminución del respaldo de las minorías y de los residentes en las áreas suburbanas podría quebrar este equilibrio. Por ello, los demócratas están intentando atraer el mayor número de votos posible en algunos de los condados más poblados (Oakland, Washtenaw, Wayne…), mientras que los republicanos intentan incrementar sus apoyos en otros lugares como Macomb County, en los suburbios de Detroit, dando el voto rural por garantizado.

El otro gran problema al que se enfrenta Harris tiene que ver con la comunidad árabe, que, con más de 200.000 integrantes y un 2,10% de la población de Míchigan, es la más numerosa de todo el país. Históricamente demócratas, el apoyo de la Administración Biden al Estado de Israel durante el conflicto en Oriente Medio podría empujar a muchos árabe-americanos a la abstención o a votar por la candidata del Partido Verde, Jill Stein, y favorecer así la victoria de Trump en el estado.

Míchigan comparte con dos de sus vecinos del Cinturón del Óxido –Wisconsin y Pensilvania– el privilegio de haber votado al candidato ganador en cada una de las elecciones celebradas desde 2008, la racha más larga aún vigente. ¿Podrá mantenerla en esta ocasión?

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.