
Dos días antes de elegir a JD Vance como su candidato a la vicepresidencia, Donald Trump había sufrido un intento de asesinato del que había salido prácticamente ileso. Aquella instantánea en la que, desafiante, alzaba el puño al grito de “Fight! Fight! Fight!” mientras la sangre corría por su mejilla, había dado la vuelta al mundo y empujado a muchos analistas a asegurar que las elecciones presidenciales ya estaban decididas: el anciano Joe Biden no tenía nada que hacer frente a un Trump a quien todos percibían como más fuerte y enérgico, y que, desde aquel día, se convertiría ad
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