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Florida, de estado bisagra a feudo trumpista

Donald Trump, candidato del Partido Republicano, y Kamala Harris, candidata del Partido Demócrata. Florida otorga 30 compromisarios.
Donald Trump, candidato del Partido Republicano, y Kamala Harris, candidata del Partido Demócrata. Florida otorga 30 compromisarios.

El estado de Florida ocupa la totalidad de una península situada en la costa sudeste de Estados Unidos. Rodeada en su mayoría por el océano Atlántico y las aguas del golfo de México, limita al norte con Georgia y Alabama.

Con una superficie de 170.310 kilómetros cuadrados, tiene una población de más de 21 millones de habitantes, solo por detrás de California y Texas. Su PIB, de 1,7 billones de dólares, es el cuarto mayor del país, superado por el de California, Texas y Nueva York. Su capital es la ciudad de Tallahassee, pero su principal núcleo de población es el área metropolitana de Miami, que abarca las localidades costeras de Miami, Fort Lauderdale y West Palm Beach. 

La historia de Florida

Propiedad de España durante la mayor parte de su etapa colonial, fue cedida a los Estados Unidos en 1819 a cambio de la resolución de una disputa fronteriza acerca de la soberanía sobre el territorio de Texas. En 1845, se incorporó a la Unión como el 27.º estado. Años más tarde, fue uno de los once estados confederados que decidieron independizarse, temerosos de que la victoria de Abraham Lincoln en las elecciones de 1860 derivase en la abolición de la esclavitud, fundamental para las plantaciones que sustentaban su economía. 

Tras la derrota de la Confederación en la Guerra de Secesión (1861-1865), Florida fue readmitida en la Unión junto a los demás estados rebeldes. Hasta mediados del siglo XX, basó su economía en la agricultura. Uno de los estados sureños menos poblados, casi la mitad de sus habitantes eran afroamericanos, muchos de los cuales emigraron al norte y oeste del país en busca de oportunidades, huyendo del sistema de segregación racial que pervivía en toda la región sur, durante el período conocido como la Gran migración negra (1910-1970).

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A partir de la Segunda Guerra Mundial, el auge del turismo y la llegada de grandes masas de ciudadanos procedentes del Cinturón del Óxido y del nordeste –atraídos por su clima y el bajo coste de vida– multiplicó la población de Florida, que hubo de recibir además a cientos de miles de exiliados cubanos, que abandonaron su país tras la Revolución de 1959. La inauguración de Walt Disney World en 1971, que recibe más de 58 millones de turistas anuales y genera cientos de miles de empleos, ha impulsado enormemente su economía y su crecimiento demográfico.

Durante el siglo XXI, la población de Florida ha continuado creciendo: hoy, es el estado que más migración interna atrae, pero, además, el tamaño de las comunidades latinas ha ido en aumento, espoleado por la llegada continua de cubanos y por el éxodo venezolano, sobre todo a partir de 2015. Según el censo de 2020, apenas el 51% de sus habitantes se definen como blancos, mientras que la población latina alcanza un 26%; los afroamericanos, un 14,5%, y los asiáticos, un 3%. En 1980, tres de cada cuatro residentes en Florida eran blancos, mientras que los latinos no llegaban al 10%. Por el contrario, el porcentaje de población negra sobre el total se ha mantenido prácticamente invariable. 

Evolución electoral: de demócrata a republicana

El incremento del peso demográfico de Florida se ha visto reflejado en el aumento de su importancia electoral: de 8 compromisarios en 1948, pasó a 29 en 2020. En las elecciones de 2024, contará con 30 votos electorales, dos más que Nueva York, que quedará relegada a la cuarta posición. Como la mayoría de los otros estados sureños, Florida se comportó como un feudo demócrata desde la época de la Reconstrucción hasta las elecciones de 1952, cuando dio su apoyo al republicano Eisenhower.

A partir de entonces, se transformó en un estado pendular, cuya población –mucho más diversa que la de otros estados meridionales, fruto de la confluencia de votantes latinos, negros, jubilados, trabajadores del sector servicios y otros inmigrantes de distintas partes del país– representaba para muchos un microcosmos del país en su conjunto. Desde 1928, Florida solamente ha votado por el candidato perdedor de las elecciones en tres ocasiones (1960, 1992 y 2020).

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Por ello, aunque los demócratas solo lograron ganar 5 de las 16 elecciones presidenciales celebradas entre 1952 y 2012, los márgenes de victoria de los distintos candidatos rojos y azules fueron siempre relativamente estrechos. Particularmente relevante fue el caso de las elecciones del año 2000, que dieron la victoria a George Bush –que había perdido el voto popular a nivel nacional– por un margen de 537 sufragios de los casi 6 millones emitidos en Florida (0,009%) y, en consecuencia, le permitieron llegar a los 271 votos electorales necesarios para ser elegido presidente.

Lo cierto es que el resultado inicial había arrojado una ventaja republicana de menos de 2.000 votos, pero, ante la amenaza de que el recuento exigido por los demócratas concediese el triunfo a Al Gore, Bush presentó una demanda ante la Corte Suprema y logró su suspensión, no sin polémica. Bush ganó después las elecciones de 2004, mientras que Barack Obama tiñó el estado de azul en 2008 y 2012.

La inesperada victoria de Donald Trump en las elecciones de 2016, que no supieron prever las encuestas –obtuvo un 49,02% de los votos frente al 47,82% de Clinton–, marcó el inicio de la consolidación del poder republicano en el estado. En 2020, pese a que los sondeos habían vuelto a pronosticar un triunfo demócrata, Trump amplió su ventaja –51,22%, frente al 47,86% obtenido por Joe Biden–. Por último, en las midterm de 2022, el Partido Republicano obtuvo un resultado muy superior al de su media nacional, afianzando definitivamente a Florida como un estado rojo. 

Por otro lado, los demócratas, que habían disfrutado amplias mayorías en la Cámara de Representantes de Florida desde 1874, fueron derrotados en las elecciones de 1996; desde entonces, el Partido Republicano ha sido el mayoritario en la Cámara. Además, la gobernaduría del estado ha estado en manos del Partido Republicano desde el año 1999, que la había ostentado también en los períodos 1967-1971 y 1987-1991.

El actual gobernador, Ron DeSantis, es uno de los grandes líderes del Partido Republicano. Conocido por sus posiciones anti-woke y filotrumpistas en política interior y exterior, llegó al poder en 2018 con una mayoría muy exigua, pero su reelección en 2022 por un margen de casi 20 puntos respecto a su rival –debido en gran parte a la victoria republicana en Miami y Palm Beach y a su éxito entre los votantes latinos– aumentó su prestigio entre las élites del GOP, que trataron de auparlo como candidato a la presidencia.

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De acuerdo con los sondeos, DeSantis había obtenido el apoyo del 65% de los votantes blancos, del 13% de los negros y del 58% de los hispanos (y, entre los últimos, del 69% de los cubanos). Sin embargo, su campaña presidencial fracasó estrepitosamente ante el envite de Donald Trump. 

Para las elecciones de 2024, los estudios demoscópicos conceden a Trump una ventaja aún superior a la de 2020, de entre 4 y 5 puntos porcentuales. Desde 2019, por cierto, Trump reside oficialmente en el estado de Florida, en su mansión de Mar-a-Lago. Y, pese a que existen ciertas zonas donde el Partido Demócrata continúa siendo dominante –como los condados de Hillsborough, Orange y Osceola–, las ganancias republicanas en el área urbana de Miami neutralizan sobradamente sus votos, por lo que se espera que el conocido como estado del sol vuelva a teñirse de rojo este mes de noviembre.

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