
El Sáhara Occidental es el último territorio pendiente de descolonización de África. Ubicado en el extremo noroccidental del continente y con una superficie de 265.000 kilómetros cuadrados, es fronterizo al norte con Marruecos –unos 500 kilómetros de frontera que coinciden con el antiguo dominio colonial español de Tarfaya o Cabo Juby– y Argelia; al este y al sur con Mauritania; y al oeste con el Océano Atlántico y las aguas territoriales españolas de Canarias.
Colonia española durante casi un siglo, las fronteras actuales fueron esbozadas a “a escuadra y cartabón” durante la Conferencia de Berlín de 1885 y delimitadas definitivamente, con posterioridad, entre España y Francia, potencia colonial de Mauritania, Argelia y Marruecos.
Naciones Unidas reconoció el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui en la Resolución 2229 de 1966. La convaleciente dictadura de Francisco Franco, cada vez con mayor presión interna y externa, se había comprometido a realizar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara. No obstante, Rabat, que percibió la debilidad española, reivindicó como propio el territorio apoyándose en la reclamación histórica del Gran Marruecos, que abarcaría –ateniéndose a fronteras históricas– la totalidad del Sáhara, Mauritania y una franja de Mali y Argelia.
Este litigio, al que también se sumó con posterioridad Mauritania, fue llevado a la Corte Internacional de Justicia, que en su opinión consultiva del 16 de octubre de 1975 dictaminó que “no existía ningún vínculo de soberanía entre” el territorio saharaui y Marruecos o Mauritania. Pese a todo, España abandonó la región tras alcanzar el Acuerdo Tripartito de Madrid –declarados nulos de pleno derecho por Naciones Unidas–, que repartía la soberanía del Sáhara entre Marruecos y Mauritania. El 27 de febrero de 1976 fue proclamada la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por parte del movimiento de liberación nacional Frente Polisario. La RASD es reconocida en la actualidad por más de 80 Estados.
La ocupación marroquí del Sáhara Occidental
Este escenario dio lugar a una guerra entre 1975 y 1991. El Frente Polisario combatió contra Marruecos y Mauritania; esta última fue derrotada en 1979 y reconoció a la RASD como Estado, rechazando su reclamo previo sobre el territorio. La contienda hizo que el Polisario, menor en recursos humanos y capacidades militares, tuviese el control efectivo del extremo este –en torno al 20% interior, la zona más desértica–. Marruecos, por su parte, construyó un sistema de muros defensivos a partir de la década de los 80, lo que restringió la capacidad de movimiento del ejército saharaui, consiguiendo hacer un división efectiva del territorio.
En 1991 se alcanzó un alto el fuego auspiciado por la ONU con la condición de que se celebrase un referéndum de autodeterminación en los seis meses posteriores al acuerdo. El plebiscito no se celebró y con el paso del tiempo Rabat rechazaría la consulta como solución, obstruyendo el mando de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) –creada a tal efecto y cuyo mandato continua vigente hasta la actualidad–.
La MINURSO está desplegada tanto en la zona bajo control saharaui como marroquí. Contando con una docena de oficinas inicialmente diseñadas para verificar el censo, en los últimos años ha tenido como función principal velar por el cumplimiento del alto el fuego, roto en noviembre de 2020.
La situación de conflicto generó un cisma en la población del Sáhara. Una parte importante de la misma permanece en los territorios ocupados por Marruecos, donde el reino alauí ha llevado a cabo una política de colonización que ha alterado los equilibrios demográficos. Otra, partió al exilio, estableciéndose en la región fronteriza de Tinduf, Argelia.
Allí la situación de refugio se ha cronificado y ha derivado en una suerte de Estado en el exilio, donde residen unas 200.000 personas en unas condiciones durísimas. En total hay seis campamentos –Rabuni, capital a efectos prácticos; Smara; Ausred; El Aaiú; Dajla; y Bojador–, todos ellos administrados civil y militarmente por la estructura política y castrense de la RASD.
Una última parte de la población del Sáhara reside en la diáspora. Lo dilatado del conflicto ha hecho que sean varias las generaciones de saharauis criadas en terceros países. Existe una colonia de saharauis especialmente numerosa en España, Mauritania o Argelia.
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