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Iran en Asia Central: la era de Raisi y el futuro tras su muerte

El expresidente de Irán, Ebrahim Raisi, en una reunión con su homólogo kazajo Kassym-Jomart Tokayev.
El expresidente de Irán, Ebrahim Raisi, en una reunión con su homólogo kazajo Kassym-Jomart Tokayev. Fuente: akorda.kz

La visión predominante en Occidente de que la política exterior de Irán se centra únicamente en Oriente Medio ha eclipsado el creciente interés del país en Asia Central. Desde el colapso de la Unión Soviética y la reaparición de esta región en el escenario internacional, Teherán ha tenido la oportunidad histórica de consolidarse en este renovado espacio geopolítico, retomando los vínculos históricos y culturales que se habían interrumpido durante el periodo soviético.

Desde entonces, Irán ha sido un actor activo en Asia Central durante más de tres décadas, siendo uno de los primeros países en reconocer la independencia de las repúblicas centroasiáticas y desempeñando un papel especial en su desarrollo. En este contexto, la toma de posesión de Ebrahim Raisi como presidente de la República Islámica en 2021 proporcionó un nuevo impulso, colocando a la región en la vanguardia de las ambiciones geopolíticas de Teherán.

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Entre las razones de la priorización de Asia Central, destaca el potencial de la región como una vía crucial para la maniobrabilidad política y económica de Irán frente a su creciente aislamiento internacional. Sin lugar a dudas, este factor ha sido uno de los más importantes. A nivel global, las negociaciones nucleares entre Irán y Estados Unidos se habían estancado, y la Unión Europea anunció nuevas sanciones contra Teherán debido a su apoyo militar a Rusia, complicando aún más sus relaciones con los países occidentales.

En el ámbito regional, la mejora de los vínculos de Turquía con los países árabes, especialmente con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), así como la firma de los Acuerdos de Abraham en 2020, que dieron un renovado impulso a la normalización de relaciones entre Israel y el mundo árabe, alteraron el equilibrio de poder en la región y pusieron en peligro la posición de Teherán.

Así pues, ante este contexto, el expresidente Raisi designó la mejora de las relaciones con Asia Central como “una de las primeras prioridades de la política exterior de la República Islámica de Irán" en 2022.

Irán en Asia Central: salvavidas económico

Como economía de resistencia, Irán percibe el compromiso con los mercados de Asia Central como una oportunidad para mitigar los efectos de la presión occidental. Esta estrategia no solo le permite expandir el comercio con las crecientes economías centroasiáticas, sino que también le brinda una base para profundizar sus lazos comerciales con India y China.

Esta política de mirar hacia Asia Central ha dado resultados sustanciales. El comercio entre Irán y Tayikistán se duplicó a 248 millones de dólares entre 2021 y 2023. En marzo de 2023, Irán y Uzbekistán reforzaron sus vínculos comerciales acordando alcanzar los 1.000 millones de dólares en volumen comercial para 2025. Asimismo, en junio de 2023, funcionarios iraníes y kazajos redactaron una hoja de ruta para aumentar las transacciones bilaterales de los 521 millones de 2022 a 3.000 millones de dólares, incluyendo inversiones iraníes en desarrollar la fabricación de productos farmacéuticos y la agricultura en Kazajistán. 

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El comercio energético también ha sido una parte importante de la estrategia de Irán en Asia Central. A pesar de contar con las segundas mayores reservas de gas natural del mundo, el país persa sigue importando este hidrocarburo del vecino Turkmenistán. Esta necesidad adicional, impulsada por la creciente demanda interna y una infraestructura obsoleta que impide alcanzar su potencial de producción, ha favorecido que Asjabad se convierta en un socio energético crucial para Teherán. De hecho, el comercio bilateral aumentó de los 301 millones en 2019 a los 450 millones de dólares en 2023.

A pesar del creciente impulso por crear nuevas oportunidades comerciales en la región y de haber alcanzado importantes avances, la realidad es que el comercio entre Irán y Asia Central sigue siendo modesto. Ninguna de las cinco repúblicas se encuentra entre los principales socios comerciales de Teherán, del mismo modo que Teherán no se ha convertido en un socio principal para los países centroasiáticos.

Sin embargo, la progresiva integración de Irán en los principales foros multilaterales de Eurasia puede fomentar esta dinámica. En diciembre de 2023, la Unión Económica Euroasiática (UEE) firmó un acuerdo de libre comercio con Irán, eliminando los aranceles de casi el 90% de los bienes intercambiables con la UEE, de la cual Kazajistán y Kirguistán son miembros. Asimismo, la entrada de Irán en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) puede favorecer este impulso. Aun así, la economía iraní, plagada de sanciones, seguirá siendo un obstáculo que limite el potencial comercial con la región.

Irán, clave para potenciar la economía de Asia Central

Cabe destacar que, a diferencia del potencial limitado en materia comercial, Irán se ha convertido en un activo valioso para las repúblicas de Asia Central en corredores comerciales e infraestructuras de transporte de energía.

Teherán, al igual que otros Estados que buscan oportunidades en la estepa, reconoce que la antiguada infraestructura regional necesita mejoras masivas para desbloquear su potencial económico. Aunque China sigue siendo, con diferencia, el mayor inversor en infraestructuras como parte de su Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI por sus siglas en inglés), Irán ha desarrollado sus propios proyectos con socios regionales: en 2022, Kasim-Yomart Tokayev, el presidente kazajo, y Raisi asistieron virtualmente a la inauguración de un nuevo ferrocarril que une Kazajistán y Turquía, mientras el ferrocarril Kazajistán-Turkmenistán-Irán va aumentando su relevancia.

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Asimismo, en 2023, Tayikistán e Irán reafirmaban su compromiso para acelerar la restauración del túnel de Istiqlol, el cual conecta las regiones del norte y sur de Tayikistán. Además del transporte, Teherán se ha comprometido a desarrollar la infraestructura energética de la región, especialmente la de Tayikistán, a través del apoyo a los cinco contratistas iraníes involucrados en la construcción de la central hidroeléctrica de Rogun, que se espera que sea la más alta del mundo una vez acabada. 

En términos más generales, Irán ha buscado posicionarse como un nodo clave para el comercio euroasiático y, especialmente, para el potencial crecimiento económico de Asia Central. Lo ha hecho a través del Corredor Central y del Corredor Internacional de Tránsito Norte-Sur (INSTC), un proyecto diseñado para conectar Rusia y las repúblicas centroasiáticas con el Golfo Pérsico. Asia Central, como región sin litoral, necesita acceder a los puertos de los países vecinos para expandir su comercio, e Irán es una alternativa atractiva debido a su proximidad. Durante 2022 y 2023, Uzbekistán y Tayikistán han establecido acuerdos con Teherán para acceder al puerto iraní de Chabahar, mientras que otros países de la región están en conversaciones para lograr ventajas similares.

Teherán y la estabilidad regional

Irán también mantiene un interés en la estabilidad de Asia Central, particularmente en lo que respecta a la situación de Afganistán. Aunque ambiguamente alineados durante la ocupación de Estados Unidos, el regreso de los talibanes en 2021 ha provocado renovadas tensiones con Teherán. Los problemas fronterizos relacionados con el narcotráfico, la llegada de refugiados afganos o la gestión hídrica del río Helmand son el motor de estos nuevos agravios.  

Para ampliar: Guerra civil de Tayikistán

Asia Central tiene preocupaciones similares en sus relaciones con Kabul. Este presumible entendimiento entre Teherán y las capitales centroasiáticas motivó un intento de acercamiento en materia de seguridad durante la política de aproximación de Raisi. A pesar de no lograr avances significativos, esencialmente por la política de cooperación de la mayoría de Asia Central para resolver sus tensiones con Kabul, Irán ha logrado revivir sus relaciones con Tayikistán gracias a la ansiedad mutua en seguridad por la vuelta de los talibanes. 

A pesar de los profundos conexiones culturales entre ambos países, los vínculos han sido fríos hasta la llegada de Raisi. Después de la Guerra Civil de Tayikistán (1992-1997), la antigua nomenklatura victoriosa y liderados por el actual presidente Rahmon acusaron a Irán de brindar ayuda a elementos de la oposición islamista, lo que dio lugar a décadas de amargas relaciones. Aunque ambos países acordaron finalizar la tensión aumentando la cooperación en seguridad en 2021, la “guerra fría” Irán-Tayikistán solo finalizó con la visita oficial de Emomali Rahmon a Teherán en 2022.

Imagen aérea del Río Helmand, Afganistán.
Imagen aérea del Río Helmand, Afganistán.

Desde su acercamiento diplomático, la cooperación en seguridad ha ido en aumento: en junio de 2022, ambos países celebraron un Grupo de Trabajo Conjunto de Seguridad, enfocado en coordinar la lucha contra el terrorismo y el tráfico de drogas, lo que fue un claro mensaje para Kabul. Asimismo, Dusambé acoge cada vez más la industria de defensa iraní, en concreto la fabricación de drones Ababil-2.

Si bien la relación está cargada de equilibrios pragmáticos, como la matizada posición iraní frente a la rivalidad de Tayikistán con Kirguistán o la asistencia en seguridad de Estados Unidos a Tayikistán, la renovada relación entre Irán y Tayikistán ha sido uno de los mayores éxitos de la aproximación de Teherán a la región. 

Balance de una era y futuro tras Raisi

La administración del expresidente Raisi, gracias a priorizar Asia Central en sus intereses estratégicos, logró éxitos valiosos para Irán. Aun así, las desventajas estructurales dificultaron su visión para la región. Las sanciones estadounidenses representan un gran obstáculo para el compromiso económico con Irán, no solo por estar detrás de sus competidores en inversión extranjera directa o por la naturaleza complicada de intentar comerciar, sino porque una excesiva aproximación puede hacer peligrar la buena salud de las más lucrativas relaciones de Asia Central con Estados Unidos y la Unión Europea.

Del mismo modo, la identidad como República Islámica hacen que los países de Asia Central, declaradamente seculares y que han tenido que enfrentarse al islam político desde su independencia, sean cautelosos a la hora de asociarse con países como Irán que promueven la gobernanza islámica.

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El accidente de helicóptero que se cobró la vida del presidente Raisi, así como las consecuentes elecciones, han introducido a Irán en una nueva crisis en medio de una agitación regional por los acontecimientos en la Franja de Gaza. Esto evoca dudas sobre cómo la República Islámica navegará en un momento de dificultades internas y externas. 

A pesar de estos desafíos, el potencial de Asia Central como salida diplomática y económica seguirá siendo un atractivo demasiado grande para que los futuros responsables políticos iraníes lo abandonen.

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