
El estado de Arizona, perteneciente al Cinturón del Sol –junto a Georgia, Nevada y Carolina del Norte, otros de los estados clave en estas elecciones–, se sitúa en la región sudoeste de Estados Unidos, bordeado por los estados de California, Nevada, Colorado, Nuevo México y Utah y, al sur, por la frontera internacional con México. Tiene una superficie de casi 114.000 kilómetros cuadrados y una población de algo más de 7 millones de habitantes.
Su capital y ciudad más poblada es Phoenix, cuya área metropolitana incluye en torno a dos tercios de la población total del estado. Hoy en día, es famosa por su clima desértico, por su gran diversidad geográfica y por sus monumentos naturales, entre los que se cuentan el Gran Cañón de Colorado, la sierra volcánica de San Francisco y otras cordilleras, bosques y parques nacionales.
Arizona pertenecía a México, que se la cedió a Estados Unidos tras su derrota en la guerra que enfrentó a ambos países entre 1846 y 1848. En 1912, se incorporó a la Unión como el estado número 48, el último antes de la adhesión de Alaska y Hawái en 1959. Se dice que su economía se ha basado tradicionalmente en las cinco C, que son, por sus iniciales en inglés, la minería de cobre –fundamental en sus orígenes–, el algodón, la ganadería, la agricultura y los productos cítricos, y el clima –en referencia al turismo–.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la inmigración a los estados del Cinturón del Sol propició un enorme crecimiento económico y demográfico, particularmente en torno a los centros urbanos de Phoenix y Tucson, que alberga la sede de la Universidad de Arizona y es uno de los centros del conocido como Corredor Mormón, caracterizado por la elevada presencia de miembros de esta confesión religiosa.
Lo cierto es que este estado es uno de los de mayor diversidad demográfica. Una cuarta parte está ocupada por reservas en las que viven diversas tribus de nativos americanos, como la Nación Navajo, que, con unos 350.000 habitantes, es la mayor de todo el país. Desde la década de 1980, el número de hispanos ha crecido considerablemente debido a la emigración desde México y distintos países de Centroamérica.
Por ello, una parte muy importante de sus habitantes se definen como católicos, aunque el Corredor Mormón –que ocupa la mitad septentrional del estado y se extiende también por los estados contiguos de Utah, Nevada y Colorado– tiene un gran peso sociológico.
A grandes rasgos, en torno a un 56% del electorado de Arizona está compuesto por blancos; un 30%, por latinos; un 5%, por afroamericanos; otro 5%, por nativos indígenas; y un 4%, por asiáticos. En las elecciones de 2024, Arizona contará con 11 compromisarios en el Colegio Electoral. La población del estado, que solo disponía de 4 votos electorales en 1960, se ha triplicado a lo largo del último medio siglo. Aunque votó demócrata a lo largo de la Gran Depresión y en las primeras elecciones tras la Segunda Guerra Mundial, el estado se consideró un feudo republicano entre 1952 y 2016.
En todo este período, los demócratas solamente ganaron en una ocasión, en 1996, favorecidos por la división del voto republicano a consecuencia de la presencia de Ross Perot y su Reform Party, y aun así, lo hicieron por un margen relativamente estrecho, de poco más del 2%. Sin embargo, en 2016, el margen de victoria del candidato republicano –que había sobrepasado los 9 puntos porcentuales en 2012– se redujo súbitamente a un magro 3,5%.
El incremento exponencial del voto demócrata en el condado de Maricopa, donde se encuentra Phoenix, fue fundamental en este sentido. Los republicanos pasaron allí de disfrutar de una sólida ventaja de un 10,7% en 2012 a un escuálido 2,8% en 2016. Cuatro años después, los sondeos pronosticaron la victoria del candidato demócrata por un margen de entre 1 y 3 puntos. Finalmente, Biden ganó el estado por un ajustado margen del 0,3% y poco más de 10.000 votos, la diferencia más escasa en aquellas elecciones.
Pese a las ganancias de Trump en las zonas rurales, el aumento del apoyo a los demócratas en las áreas urbanas de Phoenix y Tucson fue suficiente, aunque por poco, para cambiar el color del estado. No obstante, la victoria de Biden desató furibundas protestas a favor de Trump y una serie de intentos para subvertir el resultado de las elecciones en el estado. Los aliados del entonces presidente llegaron a intentar reemplazar a los compromisarios demócratas a fin de certificar que Trump había ganado los votos electorales de Arizona, hechos por los que el estado de Arizona ha abierto una investigación penal en la que se encuentran imputadas 18 personas.
En definitiva, las transformaciones sociodemográficas han acabado por convertir Arizona en un swing state. El aumento de la población hispana y del número de votantes jóvenes con estudios universitarios, así como el de los jubilados procedentes de estados azules, residentes sobre todo en las áreas urbanas, ha posibilitado el realineamiento ideológico del estado.
Desde el año 2023, la gobernaduría del estado está en manos del Partido Demócrata, la misma formación por la que fueron elegidos los dos senadores que representan actualmente al estado en el Congreso. No obstante, los republicanos mantienen su mayoría en las dos cámaras legislativas estatales.
Los sondeos realizados de cara a las elecciones presidenciales de 2024 apuntan a una ligera ventaja de Trump de aproximadamente 2 puntos, que podría recuperar el estado gracias a la erosión del voto latino al Partido Demócrata y al aumento del voto republicano entre los ciudadanos residentes en las áreas rurales y entre aquellos sin estudios universitarios, tanto blancos como de otras etnias. Los demócratas, por su parte, están tratando de frenar las fugas de votantes hispanos sin educación superior y de ampliar su ventaja entre los jóvenes, los residentes en las áreas urbanas y los blancos con título universitario.
Los temas que más parecen preocupar a los residentes de Arizona son la inmigración a través de su frontera con México, la economía y el control de la inflación, cuestiones en las que la valoración de Trump es más positiva que la de Harris. Por ello, con la celebración de un referéndum sobre la protección del derecho al aborto en la Constitución del estado el mismo día de las elecciones, los demócratas pretenden fomentar la participación del electorado femenino y de los sectores más progresistas.
En todo caso, dado lo ajustado de los datos de las encuestas sobre la carrera presidencial, parece que habrá que esperar a los resultados de las elecciones para saber si Arizona vuelve a teñirse de rojo o se consolida como un auténtico swing state, cada vez más cercano a los demócratas.
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