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Obstáculos y visión geopolítica tras la modernización del Ejército de Marruecos

Bajo la atenta mirada de España y Argelia, el Ejército de Marruecos se moderniza buscando reforzar su poder regional y el apoyo occidental.
Bajo la atenta mirada de España y Argelia, el Ejército de Marruecos se moderniza buscando reforzar su poder regional y el apoyo occidental. Fuente: Royal collection of the United Kingdom

El último barómetro del Real Instituto Elcano, publicado en julio de 2025, refleja que la población española percibe a Marruecos como la principal posible amenaza externa, a más de 20 puntos porcentuales, 55% frente a 33%, de la lejana Rusia.

Son múltiples las eventuales razones que pueden aducirse, más allá del propio Ejército de Marruecos, como los varios dosieres bilaterales abiertos –la cuestión de Ceuta y Melilla o las reclamaciones marítimas cruzadas en el Atlántico Norte–; el peso en el imaginario colectivo de la historia bélica contemporánea entre ambos países –episodios como el Desastre de Annual (1921), la Guerra de Ifni (1957-58) e incluso la crisis del islote Perejil (2002)–; o la cuestión migratoria, sin duda uno de los principales ejes de la política española actual. 

Además, esta percepción se suma a –y quizá en parte se explica por– los habituales titulares, en muchas ocasiones alarmistas, de la prensa española, que destacan la rápida y eficaz transformación de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) de Marruecos.

Esta evolución en el ámbito militar suele interpretarse –de forma más o menos implícita– como una preparación ante un eventual conflicto con España en las inmediaciones del estrecho de Gibraltar. Pero, ¿qué sabemos realmente sobre esta reconfiguración del aparato militar marroquí?

El plan de modernización militar de Marruecos

Lo primero es que, en efecto, el Ejército de Marruecos está atravesando un plan de modernización que, delineado en 2017 y puesto en marcha en 2020, tiene como objetivo lograr un alto nivel de autosuficiencia militar para 2030.

Lo segundo es que, sin perjuicio de las evidentes tensiones estructurales bilaterales entre ambos países, la cuestión española ocupa un importante pero segundo lugar en la actual modernización de las capacidades militares del reino alauita, siendo una confrontación directa un escenario más bien descartable en el corto y medio plazo. 

En cuanto a la visión geopolítica del Estado marroquí, motor de cualquier ambición militar, lo más relevante es su histórica rivalidad poscolonial por la hegemonía regional en el Magreb con su vecina Argelia. Durante la presente década, las tensiones han venido aumentando hasta poder hablar de una verdadera “guerra fría”, con su consecuente carrera armamentística. 

Para ampliar: La ausente integración magrebí y el nuevo contexto político del Sahel

Por otro lado, cabe recordar que las FAR ya se encuentran enzarzadas en una guerra de baja intensidad. Nos referimos a la que se libra en su flanco sur, donde las fuerzas de ocupación marroquíes luchan contra el Frente Polisario por el control del Sáhara Occidental, territorio pendiente de descolonización. El alto al fuego de 30 años de duración llegó a su fin en 2020. La alianza de Argelia con el Frente Polisario ha hecho que la cuestión nacional saharaui quede subsumida en esta lógica de rivalidad regional.

Así, uno de los principales objetivos de Marruecos es acortar la brecha que históricamente lo ha separado del Ejército Nacional Popular de Argelia (ANP, por sus siglas en francés). La intención es afilar los colmillos, ya sea para provocar un efecto disuasorio o para estar adecuadamente preparado ante un posible escenario de confrontación que, a diferencia del caso español, no puede descartarse. 

La tarea no es fácil: un reciente informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) afirma que, en 2024, Argelia fue el Estado africano con mayor gasto militar –21.800 millones de dólares– y el tercero del mundo con mayor proporción del PIB destinada a defensa (8%), solo por detrás de Ucrania e Israel. Para el período 2020-2024, casi la mitad (48%) de las importaciones armamentísticas argelinas provinieron de Rusia, dato representativo de su duradera alianza estratégica. 

Otro de los focos para tener en cuenta al Ejército de Marruecos es el Sahel. En los últimos años se está produciendo en la región un aumento considerable de la presencia y actividad yihadista. Esto no solo plantea la necesidad de contener esta amenaza, sino también, y en base a los cambios políticos acaecidos en la región, presenta la oportunidad de aumentar la influencia marroquí en una región en la que el ámbito de la seguridad es primordial.  

Mapa de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental.
Mapa de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental. Fuente: Descifrando la Guerra

Precisamente, el derrumbe de las estructuras de seguridad occidentales en la región –como la retirada de las tropas francesas de Malí en 2022 o de las estadounidenses de Níger en 2024– ha sido uno de los principales factores que explican el acercamiento entre Marruecos y Occidente en los últimos años. Esta dinámica ha creado el contexto propicio para que la actual modernización de las capacidades militares marroquíes se haya podido llevar a cabo. 

El año 2020 marcó un punto de inflexión: al ya mencionado fin del alto al fuego con el Frente Polisario se sumó el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y la integración de Marruecos en los Acuerdos de Abraham.

Esto no solo implicó la normalización de relaciones con Israel, sino también el acercamiento entre Washington, Rabat y Tel Aviv, y la conformación de un eje geoestratégico con el que el águila estadounidense busca reforzar su influencia en el norte de África y Oriente Medio antes de volcar su atención hacia Asia. 

Evidentemente, la sintonía estratégica con estas dos potencias militares facilita el acceso a dos de las industrias armamentísticas más potentes del mundo. Así, el Memorándum de Acuerdo entre Israel y Marruecos en materia de defensa e inteligencia, firmado en 2021, ha sentado las bases para posteriores contratos entre el Estado marroquí y la Israel Aerospace Industries (IAI), entre otras. Está por ver hasta qué punto desplaza esta nueva realidad al resto de socios armamentísticos marroquíes, entre los que se cuentan, precisamente, Francia y España. 

Otra prueba y consecuencia de este viento de cola occidental es la posición privilegiada de Rabat en los ejercicios militares African Lion. Estos se llevan a cabo anualmente y, liderados por Estados Unidos, se consideran los mayores ejercicios militares ejecutados en el continente africano; su última edición, en abril y mayo de 2025, involucró a alrededor de 10.000 tropas de más de 50 países, incluyendo Israel. Marruecos lleva siendo anfitrión del African Lion desde 2007.

Para ampliar: La "guerra fría" entre Marruecos y Argelia, al límite

La participación destacada en estos ejercicios casa con uno de los principales objetivos del plan de modernización marroquí, que no es otro que la mejora de la interoperabilidad con las tropas estadounidenses y, de forma más general, con las fuerzas de la OTAN. Cabe recordar que, desde 2004, Marruecos goza de la categoría de aliado importante extra-OTAN. 

Esto no ha impedido que las autoridades marroquíes busquen cierta diversificación en sus proveedores de armamento. En este punto han sido particularmente sonadas las adquisiciones de sistemas de defensa aérea chinos, como las 24 baterías Sky Dragon 50 y las 4 baterías FD-2000B –estas últimas versiones de exportación del HQ-9B–, ambos con misiles superficie-aire (SAM), de medio y largo alcance respectivamente. 

Esta diversificación tiene sus ventajas –la reducción de la dependencia occidental– y sus desventajas, como las afectaciones a la interoperabilidad entre el armamento a disposición de las FAR. Sin embargo, sigue sin afrontar uno de los principales retos en el ámbito militar para Marruecos: el desarrollo de una industria de defensa nacional. Es con este objetivo que el Estado marroquí ha establecido un marco legal para favorecer la emergencia de empresas del sector. 

Es por eso también que fue tan sonada la noticia de que Atlas Defence, subsidiaria de la empresa de defensa turca Baykar, establecería un centro de producción de drones en Marruecos. Sin embargo, los últimos reportes apuntan a que será únicamente un centro de mantenimiento para sus drones Bayraktar TB2 y Akinci, recientemente adquiridos por Rabat. 

El coste para la economía de Marruecos

Esto lleva a otra cuestión, que es la afectación en la economía marroquí que puede tener este proceso modernizador. El gasto militar en los países norteafricanos se ha incrementado en un 43% desde 2015. En el caso marroquí, en 2024 alcanzó los 5.500 millones de dólares. Gran parte se destina a las importaciones armamentísticas, de las que Marruecos representa el 34% del subregional total norteafricano para el período 2020-2024. 

A estas hay que sumar el costoso –sobre todo en el caso del material más avanzado– mantenimiento del aparataje militar, la construcción de nuevas bases para su almacenaje y, evidentemente, el adiestramiento y abastecimiento de las tropas. Todo ello plantea dudas sobre la capacidad de la economía marroquí de sostener este esfuerzo.

De hecho, ciertos análisis apuntan a que esto sería imposible sin las estrechas relaciones del Estado marroquí con las monarquías prooccidentales del Golfo, que estarían ayudando financieramente en este proceso modernizador.

Sea esto cierto o no, es evidente que este importante bloque regional no ve con malos ojos la mejora de las capacidades militares marroquíes. Los reportes de que Emiratos Árabes Unidos transferirá una parte significativa de sus actualizados cazas Mirage 2000 9E a Marruecos se enmarcan en este contexto.

Tropas estadounidenses y marroquíes llevan a cabo ejercicios militares conjuntos en el marco de los 'African Lion'. 2021.
Tropas estadounidenses y marroquíes llevan a cabo ejercicios militares conjuntos en el marco de los 'African Lion'. 2021.

En todo caso, esta modernización, si pretende ser efectiva, no solo deberá incluir una actualización del equipo militar disponible, sino también resolver los principales problemas estructurales de las FAR. Los dos intentos de golpe de Estado de 1971 y 1972, ambos con participación militar, sembraron la desconfianza del rey Hassan II –padre del actual Mohammed VI– hacia el propio Ejército de Marruecos. 

Esto resultó en la supresión del ministerio de Defensa. La medida perdura hasta el presente, cuando lo más parecido es la Administración de Defensa Nacional, entidad de menor envergadura que un ministerio al uso.

Esta es gestionada por un Ministro Delegado, actualmente Abdeltif Loudyi, que responde formalmente ante el Jefe del Gobierno y que es una figura más técnica y con menos carga política que la asociada a un ministro ordinario. Ello responde a la voluntad de asegurar un control del Ejército de Marruecos más directo por parte del rey, que sigue siendo el jefe de las Fuerzas Armadas. Pero también propició una creciente atomización del organigrama y la estructura organizativa de las FAR.

Esto se aprecia claramente en su rama terrestre que, pese a su envergadura –alrededor 175.000 militares– contaría en 2018 con sólo seis brigadas, estando gran parte de sus unidades encuadradas en grupos operativos menores como regimientos y batallones, con reducida autonomía y capacidad de coordinación. El objetivo de esta atomización, promulgada des de la corona, es coartar o anticipar cualquier motín militar contra la monarquía. 

La lealtad en el Ejército de Marruecos

No obstante, mucho ha llovido desde la década de 1970 y, tanto Hassan II como posteriormente Mohammed VI han tratado de subvertir estas tendencias. La garantía de la lealtad del Ejército de Marruecos no se ha conseguido sin las múltiples acusaciones de prácticas clientelares, e incluso corruptas, que presumiblemente otorgan manga ancha a los altos rangos de las FAR a cambio de su adhesión al statu quo monárquico.

Esto parece especialmente feroz en el Sáhara Occidental, donde las élites militares que materialmente ejecutan la ocupación son las más beneficiadas de la explotación de sus recursos naturales

En todo caso, parece que el objetivo de reacercamiento se ha cumplido. Durante la pandemia, la estrecha colaboración de los estamentos militares con las autoridades civiles, así como su despliegue en zonas urbanas, se percibió como una prueba de este retorno de la confianza en el Ejército de Marruecos. 

Para ampliar: El Magreb, nuevo teatro de competición geopolítica

También lo es la vuelta del servicio militar obligatorio, reestablecido en 2019. Esta medida ha salido adelante pese a la persistencia de uno de los principales riesgos que precipitaron su supresión en 2007: la posible infiltración en el Ejército de Marruecos de células vinculadas al salafismo yihadista. Y es que Marruecos ha sido de los países más afectados por el surgimiento de este tipo de núcleos, especialmente tras el establecimiento del Estado Islámico en 2014. 

Sin perjuicio de la gran utilidad de la profundidad cuantitativa de tropas que ha demostrado la guerra ruso-ucraniana, las razones de la vuelta del servicio militar obligatorio parecen responder en mayor medida a cuestiones políticas internas.

Concretamente, a una voluntad de exacerbar el sentimiento nacionalista en un contexto marcado por las protestas en el Rif y el descontento generalizado por unas desigualdades socioeconómicas que afectan especial y precisamente a la población joven. 

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