
En plena reactivación de las negociaciones que podrían allanar el camino hacia un nuevo acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos, Teherán ha optado por recurrir a un mediador con el que mantiene una relación histórica: Omán. Mientras Washington habría mostrado su preferencia por que ese papel recayera en Emiratos Árabes Unidos, la República Islámica ha reafirmado su inclinación por Mascate como interlocutor confiable.
Esta elección no es casual ni meramente protocolaria. Refleja una lógica diplomática arraigada en la memoria estratégica iraní, que valora la discreción, neutralidad y coherencia que Omán ha demostrado a lo largo de las últimas décadas. Frente a ello, la propuesta de Washington de involucrar a Emiratos choca con una profunda desconfianza cultivada en Teherán, que percibe a Abu Dabi como un actor alineado con los intereses estadounidenses e israelíes en la región.
Omán y la política del sultán Qaboos
Las relaciones entre Irán y sus vecinos del golfo Pérsico han sido, y continúan siendo, un pilar fundamental en la política exterior de la República Islámica. A lo largo de los años, estos vínculos han estado marcados por factores diversos, tales como las ideologías enfrentadas, las rivalidades regionales y las dinámicas de cooperación económica a nivel global. Sin embargo, dentro de este entramado, los lazos entre Irán y Omán emergen como una excepción notable.
El territorio de Omán ha mantenido vínculos con Irán desde tiempos remotos, pero fue en la década de 1970, bajo el liderazgo del sultán Qaboos, cuando se consolidó como un Estado-nación. A lo largo de su historia, los lazos entre ambos países han transitado desde la anexión del territorio por Irán hasta una relación caracterizada por la cooperación. Este artículo se enfoca en el período posterior a la independencia moderna de Omán, iniciada con el golpe de Estado del sultán Qaboos en 1970, y cubre desde la última etapa del gobierno de Mohammad Reza Pahlavi hasta la actualidad.
Antes de 1970, Omán no contaba con una política exterior definida según los parámetros actuales. Su acción exterior estaba influenciada por las disputas de las potencias en el golfo Pérsico y el océano Índico, donde participaba frecuentemente. Los líderes omaníes de esa época, ajenos a los intereses de los países árabes y del golfo, buscaban un sistema regional propio para los árabes, centrado en la descolonización y el no alineamiento con Oriente u Occidente, con una fuerte identidad árabe.
Con la llegada al poder de Qaboos en 1970, Omán adoptó nuevos principios de política exterior basados en factores internos y externos, guiados personalmente por el sultán. Los principios básicos de su estrategia se basaban en una planificación estructurada y un enfoque pragmático orientado a resultados, combinando la moderación y el equilibrio con un firme compromiso con la identidad cultural, religiosa y la autenticidad árabe.
Al aceptar la realidad geoestratégica y aprender de la historia, promovía el diálogo y la negociación como vías para defender derechos, al tiempo que pretendía impulsar la cooperación colectiva en asuntos clave. Esta estrategia se articulaba desde una neutralidad activa en las crisis regionales, reafirmando su identidad y valores sin renunciar a la eficacia diplomática. Estos principios han guiado la política exterior omaní desde el ascenso del sultán Qaboos.
Omán adoptó una "neutralidad positiva" en su enfoque hacia los asuntos internacionales. Aunque no condenó el Acuerdo de Camp David, siempre destacó su apoyo al pueblo árabe en la lucha por sus intereses. Además, intentó desempeñar un papel clave en la restauración de la posición de Egipto en el mundo árabe, particularmente cuando el gobierno de Anwar Sadat fue severamente criticado tras su visita a Jerusalén y la firma del tratado.
En relación con la ocupación de Kuwait por Irak en la Segunda Guerra del Golfo (1990-1991), Omán adoptó una postura de moderación y neutralidad, lo que le permitió liderar las negociaciones entre las partes implicadas. Este enfoque equilibrado preservó el papel de Bagdad en el mundo árabe, al tiempo que subrayó la necesidad de liberar Kuwait. La política del sultán Qaboos llevó a algunos analistas árabes a interpretar que Omán no mantenía una posición fija en política exterior, sino que cultivaba relaciones con todos los países.
Las relaciones Irán-Omán hasta 1979
Tras el golpe de Estado de 1970 y el ascenso de sultán Qaboos al trono, comenzó una nueva fase en las relaciones entre Irán y Omán. En septiembre de 1970, Qaboos envió un telegrama al Shah de Irán solicitando apoyo en los cambios políticos y sociales que atravesaba Omán. Como resultado, Irán fue el tercer país, después de Reino Unidos y Estados Unidos, en reconocer oficialmente al nuevo gobierno omaní.
Uno de los principales objetivos de la política exterior bajo Qaboos fue abrir canales de comunicación con países vecinos, especialmente Irán. Esto llevó a un rápido acercamiento entre ambos. El embajador iraní en Kuwait fue enviado a Omán el 5 de octubre de 1970 para entregar el mensaje del Shah a Qaboos, marcando el primer contacto diplomático tras años de estancamiento.
El 26 de agosto de 1971, Irán anunció oficialmente el establecimiento de relaciones diplomáticas con Omán, lo que incluyó el intercambio de embajadas. En 1972, Behnam Zand se convirtió en el primer embajador iraní en Mascate, mientras que Omán designó a Ismail Khalil al-Rassasi como su representante en Teherán en 1973.
El punto álgido de las relaciones entre el gobierno de Pahlavi y Omán se dio cuando el sultán Qaboos solicitó la ayuda de Irán para sofocar el movimiento comunista en Dhofar, petición que fue aceptada por Mohammad Reza Shah. Aunque la necesidad de esta intervención puede ser debatida, este episodio subrayó que Qaboos, al rechazar la oferta de ayuda de Arabia Saudí, tenía una visión particular: priorizar su relación con Teherán frente a otros actores regionales.

En el otoño de 1972, el Shah Reza Pahlavi autorizó el envío de 150 efectivos de las fuerzas especiales iraníes a Omán, marcando el inicio de una intervención que culminó con el despliegue de una brigada completa para apoyar a las Fuerzas Armadas del Sultanato (SAF) en su lucha contra el Frente Popular para la Liberación de Omán (PFLO) en Dhofar. Entre 1972 y 1979, alrededor de 15.000 soldados, marineros y aviadores iraníes fueron desplegados en Omán, con más de 700 militares iraníes muertos en combate.
Esta participación reflejó la profunda relación política y estratégica entre Irán y Omán durante el reinado del sultán Qaboos, especialmente en el marco de las dinámicas geopolíticas regionales, donde Irán buscaba ampliar su influencia en la península arábiga.
Las relaciones tras la Revolución Islámica
Tras la Revolución Islámica de Irán en 1979, Omán fue uno de los primeros países en reconocer la nueva República Islámica y buscar establecer relaciones diplomáticas. Esto se materializó en la visita de Yusuf bin Alawi, viceministro de Asuntos Exteriores, a Teherán en julio de 1979, donde se reunió con el ayatolá Khomeini.
Sin embargo, Omán, al igual que otros países árabes del golfo Pérsico, fue duramente criticado por la República Islámica, que lo consideraba un representante del "reaccionarismo" en la región. Esta postura, sumada al apoyo iraní a los opositores de Qaboos –como el Frente de Liberación de Dhofar–, provocó una respuesta propagandística por parte de Omán contra Irán y favoreció un acercamiento con Irak, a pesar de las tensiones históricas y el apoyo del régimen baazista a la rebelión en Dhofar.
Omán y su rol como mediador
El papel diplomático de Omán quedó patente ya en 1979, durante la crisis de los rehenes en la embajada de Estados Unidos en Teherán. En aquel momento, Mascate facilitó la liberación y traslado de los diplomáticos estadounidenses, consolidando su perfil como actor neutral en la resolución de conflictos. Este episodio se considera uno de los primeros ejemplos del rol de Omán como mediador entre Irán y Estados Unidos en el escenario internacional.
Por otro lado, Omán jugó un papel clave en la diplomacia durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988) gracias a su política exterior pragmática. Mientras que la mayoría de los países árabes se alinearon con Bagdad, Mascate adoptó una postura neutral, buscando mantener relaciones amistosas con los dos contendientes. Esta estrategia le permitió convertirse en mediador y actor fundamental en las negociaciones de paz durante el conflicto.
A pesar de sus relaciones con Irán, Omán no se alineó con Teherán ni siguió los llamados internacionales para cortar lazos bilaterales. Al mismo tiempo, mantuvo su apoyo a Irak como nación árabe hasta el final de la guerra. En 1987, Omán intentó organizar una reunión en Mascate entre Irán e Irak para tratar de poner fin a la contienda, aunque no logró los resultados esperados.
Desde el fin del conflicto en 1988, las relaciones entre Irán y Omán han avanzado significativamente, alcanzando el nivel de asignación de embajadores: Omán ha sido el único país de la península arábiga que ha mantenido de forma ininterrumpida un representante diplomático en Teherán desde 1989.
En marzo de 1991, Omán organizó una reunión en la que se restablecieron las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí e Irán –que volverían a romperse en 2016–. En septiembre de 1992, esto dio lugar a un acuerdo entre Omán e Irán para aumentar el comercio y la cooperación económica. En junio de 1998 se firmó un memorando de entendimiento para combatir las actividades de contrabando a través del estrecho de Ormuz. Desde la década de 1990, las visitas oficiales a nivel ministerial y de rango inferior entre los dos países se llevan a cabo de manera quincenal.

Entre los países del golfo Pérsico, Omán es el que mantiene los intercambios más frecuentes con Irán. Las visitas continuas de funcionarios políticos, económicos, parlamentarios, educativos y comerciales han aumentado en los últimos años. Destacan las visitas de los presidentes Mohammad Khatami, Mahmoud Ahmadinejad y Hassan Rouhani, así como la de Ali Larijani, expresidente del parlamento iraní. Por parte de Omán, se han realizado visitas de alto nivel, como la del vicepresidente del sultanato y el presidente del Consejo Nacional.
El papel de Omán como intermediario entre Estados Unidos e Irán continuó en 1999, cuando el presidente Bill Clinton envió una carta al entonces presidente iraní Mohammad Khatami, buscando respuestas sobre la implicación de Irán en el atentado de las Torres Khobar en Arabia Saudí en 1996. La misiva fue entregada al sultán Qaboos en su residencia cerca de París y, posteriormente, trasladada a Teherán por el ministro de Relaciones Exteriores, Yousef Bin Alawi.
Durante la administración de Barack Obama, Omán también desempeñó un papel clave, facilitando la liberación de excursionistas estadounidenses detenidos en la frontera del Kurdistán iraquí. Sin embargo, su mayor logro diplomático fue la mediación en las negociaciones secretas que dieron lugar al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015, el histórico tratado que limitó los avances nucleares de la República Islámica a cambio de un alivio de las sanciones internacionales.
En 2023, Omán organizó varias rondas de conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán. Además, fue un actor clave en el intercambio de prisioneros entre ambos países y en la transferencia de 6.000 millones de dólares en fondos iraníes desde Corea del Sur a Catar en septiembre de aquel año. Finalmente, Omán también medió entre Irán y Arabia Saudí: los funcionarios omaníes en Mascate, junto con sus homólogos en Bagdad y Pekín, facilitaron el acuerdo de normalización entre ambos países, que fue firmado el 10 de marzo de 2023.
Desde el punto de vista económico, Omán ha incrementado su dependencia de Irán, especialmente en el sector del gas, lo que le ha dado un interés particular en mantener buenas relaciones con Teherán. En mayo de 2006, ambos partes firmaron acuerdos de cooperación en petróleo y gas, que incluyeron la inversión omaní en el sector energético iraní, la construcción de un gasoducto, el desarrollo conjunto del campo de gas Henjam/Bukha y la creación de una empresa de petróleo conjunta.
En las actuales negociaciones entre la República Islámica y Estados Unidos, Omán está manteniendo una postura clara y consistente, confiando en que el programa nuclear de Irán tiene fines pacíficos. El sultanato ha señalado que cualquier acuerdo deberá equilibrar los intereses de ambos países: garantizar que Irán no desarrolle armas nucleares y, a la vez, permitir el levantamiento de las sanciones y la preservación del programa nuclear civil iraní.
La desconfianza iraní hacia Emiratos Árabes Unidos
Esta relación privilegiada con Omán, forjada a lo largo de varias décadas, contrasta notablemente con la desconfianza que persiste entre Irán y Emiratos Árabes Unidos, en gran parte debido a los lazos políticos que Abu Dhabi mantiene con Israel.
En 2020, Emiratos Árabes Unidos protagonizó un giro estratégico al normalizar sus relaciones con Tel Aviv. Junto con Bahréin, se convirtió en el primer país árabe en establecer lazos diplomáticos formales con el Estado hebreo desde los tratados de paz firmados por Egipto y Jordania en 1979 y 1994. Los llamados Acuerdos de Abraham situaron a Abu Dhabi como un aliado prioritario de Israel a ojos de Teherán, profundizando la brecha entre ambos.
Asimismo, pese a los intentos de distensión, Irán y Emiratos Árabes Unidos mantienen sin resolver una antigua disputa territorial sobre tres pequeñas islas del golfo Pérsico –Abu Musa y las Tumb Mayor y Menor– que la República Islámica considera parte inalienable de su soberanía.
Aunque en los últimos años se han producido gestos diplomáticos entre ambos, Abu Dabi sigue denunciando el papel regional de Irán y su influencia sobre actores no estatales agrupados en el llamado Eje de la Resistencia. Esta red, que Teherán defiende como una alianza de movimientos legítimos frente a la injerencia extranjera y la ocupación, es vista con desconfianza por las monarquías del golfo.
Las tensiones también se reflejan en el conflicto de Yemen, donde ambos países han respaldado a bandos enfrentados: Teherán apoya a Ansarallah, conocidos como los hutíes, mientras que Emiratos Árabes Unidos ha financiado y armado a grupos opositores, como el Consejo de Transición del Sur.
En conclusión, Irán ve a Omán como un socio serio, neutral y confiable, que ha mantenido una postura respetuosa y de apoyo hacia las líneas rojas estratégicas de la República Islámica durante las negociaciones, especialmente en cuanto a la preservación de su programa nuclear civil, el desarrollo de su sistema de misiles y su política regional.
Mascate ha respaldado de forma constante a Teherán en estos temas clave, incluso en momentos de máxima presión internacional, como las conversaciones con Estados Unidos. Esta relación privilegiada se diferencia de la que Irán mantiene con Emiratos Árabes Unidos, país que considera poco confiable, especialmente debido a sus vínculos con Israel, percibidos por Teherán como una amenaza a la estabilidad regional.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







