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Rumanía anula las elecciones presidenciales por "injerencia extranjera"

Klaus Iohannis, presidente saliente de Rumanía, da la bienvenida a soldados rumanos desplegados en Afganistán.
Klaus Iohannis, presidente saliente de Rumanía, da la bienvenida a soldados rumanos desplegados en Afganistán. Fuente: redes sociales de Iohannis

Importante novedad en el mes electoral de Rumanía, que ya venía generando titulares y prometía una recta final aún más tensa. Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales el 24 de noviembre, el candidato independiente Călin Georgescu quedó en primera posición.

Con un discurso controvertido, Georgescu sorprendió ante el previsible fallo de las encuestadoras, que daban márgenes muy diferentes, sobre todo al entorno del partido de extrema derecha, Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR). La Corte Constitucional está decidida a poner fin a sus aspiraciones ante el riesgo de desestabilización de la línea euroatlántica imperante en el país.

Las extremas derechas crecen en Rumanía

Georgescu, exmiembro del AUR, ha mantenido una narrativa fuertemente marcada por la priorización de Rumanía por encima de las élites de la OTAN, la Unión Europea y Ucrania. Sin embargo, su discurso parecía ser más duro que el de George Simion, el líder oficial de la candidatura apoyada por el AUR. Simion ha criticado la actuación rusa en Ucrania pero, a su vez, ha mantenido cuitas personales con el gobierno ucraniano, que quiso dificultar su visita y era crítico con su discurso en favor de la paz.

Las encuestas contemplaban que Simion sería el líder del sector de la extrema derecha. Sin embargo, su formación ya contaba con dos escisiones. En las elecciones parlamentarias, una semana después de las presidenciales, se vio que ambas despuntaron: SOS Rumanía, de la eurodiputada Diana Şoșoacă; y el Partido de la Juventud (POT), de Anamaria Gavrilă.

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Ambas políticas profundizaron el discurso de AUR y lograron entrar en la Cámara Baja con un 7% y un 6% de los sufragios, respectivamente. El POT, de hecho, ha destacado por crecer al calor del mismo Călin Georgescu, ya que recibió su apoyo antes de que este adquiriese la notoriedad de la que hoy goza.

Y, lejos de restarse voto, entre los tres alcanzaron el 30% de los apoyos en las parlamentarias, alcanzando el AUR la segunda posición en el país, creciendo desde un 9% hasta un 18% y quedando a solo 4 puntos de liderar los comicios. Ya de por sí, Simion causaba estupor en algunos sectores del establishment rumano, con un discurso ultranacionalista e incluso irredentista para con los rumanos moldavos y, según se teme en esos círculos, con los rumanos ucranianos de Chernivtsí.

Sin duda, el desgaste de los partidos del gobierno, con un cierre de filas en torno a la OTAN, la Unión Europea y Ucrania puede haber ayudado a que la alternativa se apoye en discursos rupturistas sobre estos aspectos. La primera gran prueba de fuego fue la reacción judicial contra la candidata de SOS Rumanía: Diana Şoșoacă.

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Esta mujer ha destacado por su excentricidad y su discurso incendiario en Rumanía y Europa. Fue expulsada del Parlamento Europeo tras proferir gritos contra el aborto clamando a Dios y ponerse un bozal. Una posible clave para entender el crecimiento del apoyo a Georgescu precisamente viene de que Diana Şoșoacă fue inhabilitada por cuestiones ideológicas –no basadas en condenas de ningún tipo– para presentarse a las elecciones presidenciales.

A pesar de que en las encuestas Şoșoacă apenas alcanzaba unos 6 puntos de intención de voto, ella denunció la nulidad del proceso y lo volvió a señalar tras la anulación de la Corte Constitucional del 6 de diciembre. La polémica en torno a la descalificación de Şoșoacă ya obtuvo críticas, pues podría dar la imagen de que no se buscaba su derrota en las urnas, sino en los tribunales, pero se consideró que sus ideas eran más prorrusas que las de Simion, antioccidentales e incluso antisemitas.

El propio Georgescu no se quedaba atrás, pues había hecho discursos abiertamente reivindicativos de figuras como Ion Antonescu, el colaboracionismo con los nazis y la Guardia de Hierro fascista.

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Simion, por su parte, aprovechó la caída del resultado de Georgescu por orden judicial para criticar el “golpe” y llamar a que no se desborde la movilización en las calles, sino en las urnas, sabiendo que, en una eventual repetición, él sería la cabeza visible de la extrema derecha. Y que, previsiblemente, la suspicacia de una parte significativa de los votantes ante una decisión tan controvertida les podría inducir a una mayor participación electoral.

El gobierno celebra la decisión

El primer ministro rumano, Marcel Ciolacu, es el más beneficiado. El presidente saliente, Klaus Iohannis, parecía haber sellado el destino de Rumanía antes de los comicios. Tras años de crisis políticas en el país, logró promocionar un acuerdo de gran coalición entre el Partido Social Demócrata (PSD) de Ciolacu y el Partido Liberal Nacional (PNL) de Nicolae Ciucă, líder de la derecha conservadora. Ciucă y Ciolacu se turnaron en el puesto de primer ministro y se repartieron cargos de liderazgo parlamentario.

La siguiente página debía ser que uno de ellos llegase a la presidencia tras la salida de Iohannis por su final de mandato. Aunque estos sectores han sido rivales históricos, hace una década se pudo ver colaboración en torno al ex primer ministro, Victor Ponta, y su unión socioliberal.

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Iohannis, por lo tanto, medió para que el pegamento del nuevo gobierno fuera claro: la defensa del libre mercado, el europeísmo y la OTAN. En cuanto la cuestión ucraniana saltó a la palestra, el apoyo casi incondicional también llegó a ser intocable en la coalición. De hecho, el presidente saliente intentó marcharse a liderar la OTAN, pero fracasó ante el neerlandés Mark Rutte.

Y, por lo tanto, lo previsible era que el primer ministro Marcel Ciolacu pasase a la segunda vuelta presidencial, ya que según las encuestas estaba mejor posicionado que Ciucă. Sin embargo, por un estrecho margen de 3.000 votos, Ciolacu cayó a la tercera posición ante la candidata liberal, Elena Lasconi. De hecho, Ciolacu ofreció su dimisión al frente de su partido. Y una semana después, en las parlamentarias del 1 de diciembre, el PSD perdió 7 puntos en la cámara, quedando en torno a su peor resultado histórico.

Los conservadores también fracasaron al ir por separado con Nicolae Ciucă, que quedó quinto en las elecciones presidenciales y perdió 12 puntos en las parlamentarias. Cabe señalar que PSD y PNL llegaron a presentarse juntos a las elecciones europeas, por lo que la coalición había mostrado grandes signos de solidez. Tras la anulación electoral, Ciolacu ha señalado que es “la solución correcta”, mientras que Ciucă ha señalado lo histórico de la decisión sin precedentes y el partido ha pedido que se expliquen bien los motivos.

Resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Rumanía.
Resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Rumanía. Fuente: Cdrei - bajo CC BY 4.0

Elena Lasconi es la otra gran protagonista de la crisis. La candidata de la Unión Salvar Rumanía (USR) había logrado entrar en la segunda vuelta presidencial junto a Georgescu. Este partido liberal también forma parte de la ideología dominante en Rumanía, pero había quedado excluido del poder en varias negociaciones previas a la llegada de la gran coalición entre disputas partidistas.

El hecho de que el apoyo a Lasconi fuera la única barrera de contención que le quedaba a los partidos de gobierno para evitar una presidencia de Călin Georgescu era un problema serio para el PSD, que podía verse sustituido a largo plazo. La cuestión del desgaste del gobierno parecía más seria de lo que las encuestas habían mostrado.

La injerencia extranjera en Rumanía

Es por ello que la decisión del Tribunal Constitucional rumano beneficia sobre todo al gobierno, que sería el encargado de reorganizar el proceso, y a Marcel Ciolacu en particular, por su presupuesta posición como nuevo dique de contención ante la extrema derecha y la anomalía de Lasconi en noviembre. El éxito de la liberal tampoco está escrito en piedra; su partido perdió 3 puntos en las parlamentarias ante el empuje de las extremas derechas. Por ello también ha criticado la suspensión electoral.

De hecho como parecía necesario para evitar el auge de las extremas derechas, se anunció que se había alcanzado un acuerdo a cuatro bandas con los dos partidos de gran coalición (PSD y PNL) junto a los liberales (USR) y la formación de la minoría húngara (UDMR). De nuevo, los grandes partidos rompían otro tabú. Aunque no es extraña la colaboración con los húngaros, su participación en decisiones relevantes ha sido siempre objeto de polémica.

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Los partidos tradicionales se han acusado permanentemente de apaciguamiento y traición a la patria cada vez que se alcanzaba un pacto con el partido húngaro ante el riesgo de que alguien se viera tentado a aprobar una autonomía en Transilvania para este grupo étnico, el Szekely Land. No era tampoco algo ajeno lanzar acusaciones contra el nacionalismo húngaro y el entorno de Viktor Orbán por injerencias extranjeras en Rumanía. Con esta decisión, el cordón sanitario parecía completarse.

Pero esta crisis no se limita a ilegalizar candidaturas o suspender elecciones, incluso cuando no hay sombra de fraude y los resultados eran definitivos. De hecho, se había solicitado un recuento de los votos con el que, el día 2 de diciembre, la Justicia ya había determinado la validez de los comicios. Y aunque las encuestas han fallado notablemente, se indicaba que Georgescu tenía serias opciones de ganar la presidencia, puesto que en Rumanía no es meramente ceremonial.

También saltaron las alarmas por la necesidad de controlar el discurso público en las redes sociales. Y es que Călin Georgescu había logrado una enorme notoriedad como candidato independiente gracias a su popularidad en TikTok. Después de conocerse los resultados de la primera vuelta presidencial, enseguida se movió el foco hacia TikTok ante la sospecha de que haya promovido narrativas antioccidentales o prorrusas y se planteó una investigación.

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La cuestión de la anulación y la promoción en TikTok miraba, a su vez, en la misma dirección: Moscú. Enseguida empezaron a surgir reacciones tras la unanimidad que había suscitado en la Corte Constitucional rumana la acusación de que el resultado había quedado comprometido por interferencia extranjera durante la campaña. La financiación de Călin Georgescu y su campaña en redes debía ser escrutada, pero la irregularidad se impugnaba solo tras haberse producido el voto y su confirmación.

El tribunal se apoyó para defender estos tiempos en la desclasificación de informes secretos de los servicios de inteligencia rumanos que habrían demostrado “la participación rusa en una campaña de propaganda antioccidental en apoyo a Georgescu”. Asimismo, recogiendo la acusación previa, se señaló a TikTok de haber favorecido esta campaña a pesar de la regulación europea en torno a la publicidad política en plataformas como esta.

En medio de esta crisis también surgieron acusaciones similares sobre las elecciones parlamentarias del día 1 de diciembre, pues los partidos que habían empleado una retórica similar habían logrado en torno a un tercio de los votos. El presidente Klaus Iohannis salió a corroborar cuál sería la hoja de ruta a partir de ese momento: él permanecería al cargo de la presidencia hasta que el nuevo gobierno de gran coalición se forme y este, ya en ejercicio, organice unas nuevas elecciones presidenciales.

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Iohannis volvió a garantizar a la Unión Europea y la OTAN que “Rumanía seguirá siendo un socio fiable y sólido”, tras explicar que Georgescu había recibido financiación de un país extranjero. Efectivamente, hay un gran riesgo para el establishment rumano en que este tipo de discursos calen en el público, ya que la línea oficial está fuertemente marcada en la dirección opuesta.

Pero también acarrea un marcado riesgo que las instituciones muestren una imagen de sesgo ideológico a la hora de validar qué se puede votar y qué no. Y más si se ve que esto pueda afectar a las redes sociales, cuya regulación es controvertida. George Simion también goza de popularidad en TikTok. Aunque su discurso pueda ser menos radical que el de Georgescu o Şoșoacă, existe la duda de hasta dónde se pretende intervenir con la regulación ideológica de los candidatos. Puede ser un arma de doble filo.

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