Rumanía forma gobierno. ¿Fin de la inestabilidad crónica?

Parlamento de Rumanía con bandera sobreimpresionada. Fuente: Edición propia de Abariltur.

El país de los Cárpatos aparenta un perfil bajo en la política europea pero realmente vive unas turbulencias internas dignas de sistemas de política veloz e inestable como Italia. La caída del gobierno de Florin Cîțu en 2021 sigue a un importante número de crisis de gobierno en Rumanía. La conformación de una coalición entre los dos principales partidos requiere echar la vista a los tiempos de unión socio-liberal, como solían llamar a la unión de los partidos que conformarían el gobierno en la Rumanía de 2022. Tras la vieja unión, los tiempos de Victor Ponta –principal valedor- terminaron y dieron paso a las legislaturas de la inestabilidad de los dos partidos por separado. Primero llegarían los fallidos intentos del PSD; los del PNL después.

Klaus Iohannis, el presidente con muchos gobiernos

Durante la presidencia de Klaus Iohannis, este ha reconocido la primacía del Partido Socialdemócrata (PSD) –socio-liberal- en varios momentos políticos. Aunque formalmente independiente, Iohannis llegó a la presidencia dando el salto de la política local como representante de la minoría germana en una localidad de Transilvania, Sibiu. En 2014 llegó a la jefatura del Estado tras su salto al Partido Nacional Liberal (PNL), del que sería presidente durante ese año.

Iohannis logró así mantenerse en dicho puesto tras ganar las elecciones presidenciales en 2014 y 2019 por 5 años cada uno, venciendo a dos pesos del PSD: Victor Ponta y Viorica Dăncilă. El arco parlamentario ha estado dominado por los socio-liberales en este periodo, con Ponta como el último político que logró un mandato de gobierno más o menos prolongado en Rumanía: 3 años y medio entre 2012 y 2015.

Victor Ponta, el primer ministro que permaneció

El Primer Ministro Ponta no estuvo para nada ajeno de crisis políticas pero su mayor punto pudo ser el referéndum para destituir al entonces Presidente Traian Băsescu. Aunque tensionó a la sociedad y se sucedieron las protestas por todo el país, Victor Ponta logró temporalmente la destitución del Presidente Băsescu para situar a su socio de coalición, Crin Antonescu (PNL), en la jefatura del Estado. El referéndum no alcanzó el 50% de participación y fue invalidado. Aunque Ponta no logró su objetivo, mantuvo en su facción a gran parte del espectro parlamentario unido bajo su mando. Su coalición, la Unión Social-Liberal incluía a su partido socio-liberal, el PNL liberal-conservador y otros partidos conservadores y socio-liberales. Esta unión le mantendría en el gobierno hasta 2014, cuando el PNL rompería con él ante la negativa de impulsar a Klaus Iohannis.

Y este distanciamiento, que posteriormente se daría también con otros socios liberales de la coalición, le llevaría a varias reformas de gobierno, apoyándose en la minoría húngara. Ponta decidió enfrentarse a Iohannis en las elecciones presidenciales y fracasó en segunda vuelta.

Victor Ponta (izquierda) y Traian Băsescu (derecha). Fuente: Stirileprotv.

Iohannis sustituía así a Băsescu y se encontraba en aquel momento con el favor de los liberales y conservadores. Mientras las protestas tumbaban a Ponta y algunos de sus aliados de derecha cambiaban de bando, el Presidente proponía el gobierno a un independiente tecnócrata, Dacian Cioloș, que lograría sostener un gobierno con los dos principales partidos hasta las elecciones parlamentarias de 2016.

Liviu Dragnea, el hombre fuerte sin gobierno

Aun con la turbulenta etapa de Ponta, el PSD logró mejorar su representación en las cámaras parlamentarias. Lejos de ellos quedaban el PNL, el tercer partido, Unión Salvar Rumanía, y la alianza de la minoría húngara en cuarta posición. Tras ellos había otros partidos liberales y democristianos que tendrían importancia más adelante. Sin embargo, el nuevo líder socio-liberal, Liviu Dragnea, ex Viceprimer Ministro de Ponta, trató de controlar los subsecuentes gobiernos que articuló su partido. Dragnea no pudo formar gobierno debido a una condena por fraude electoral en 2016 pero accedió a la Presidencia de la Cámara de Diputados (cámara baja).

La primera opción de Dragnea para el liderazgo del gobierno fue rechazada por Klaus Iohannis, así como su propia figura desde el momento en que se le había condenado. Dragnea amenazó con un enfrentamiento con Iohannis pero admitió una segunda opción que resultó en el gobierno de Sorin Grindeanu. La intención de Dragnea de controlar el partido, le llevó a un choque con su propio PM, Grindeanu. Apenas unos meses después de su investidura en 2017, Grindeanu sería derribado en una moción de no-confianza promovida desde su partido y la dimisión de su gabinete. Ante la negativa del PM a dimitir, sería expulsado del partido. Y junto a él, apareció de nuevo Victor Ponta, que también sería expulsado tras brindarle su apoyo en el gobierno y la moción de confianza.

Como el proceso de la moción no es constructivo, a diferencia de las mociones de censura, la prerrogativa volvería al Presidente Iohannis. El elegido por el PSD, que seguía teniendo un amplio control del parlamento a pesar de la lucha interna, fue Mihai Tudose, Ministro de Economía con Ponta y con Grindeanu. Sin embargo, su gobierno también duró apenas unos meses hasta que su partido, con Dragnea a la cabeza, le retiró también el apoyo entre acusaciones de plagio y sus duras palabras contra la autonomía y los símbolos de la minoría húngara. Tudose caería en enero de 2018.

Viorica Dancila, la primera mujer

El Presidente Iohannis terminó retornando el mandato democrático a los socio-liberales a pesar de que, incluso con la falta de una fuerte oposición, habían sido incapaces de articular gobiernos sólidos desde que ganaran las elecciones. Tras los fracasos de Dragnea con Sorin Grindeanu y Mihai Tudose, su papel indiscutible en el partido había dado lugar a concesiones para sus contrapesos orgánicos. Un Dragnea más debilitado y un PSD contestado por las protestas, como las desatadas tras su decreto ley suavizando las penas por corrupción, se encaminaban al tercer intento de la legislatura. El Presidente había nombrado al Ministro de Defensa, Mihai Fifor, como Primer Ministro interino hasta que se solventasen las disputas internas del partido. Esta figura fue necesaria al tratarse de una dimisión y no de la caída por una moción de no-confianza parlamentaria, que le habría permitido seguir en el cargo hasta la nueva investidura.

Viorica Dăncilă y Liviu Dragnea. Fuente: Digi24.

Finalmente Dragnea apostó por una mujer, la primera de la historia en Rumanía, de su confianza: la eurodiputada Viorica Dăncilă. El perfil de Dăncilă serviría para acercar posturas con Bruselas, dada la irregular relación tras reformas judiciales que limitaban el peso de fiscales y estaban siendo cuestionadas desde la Unión, siguiendo la estela de Polonia y otros países del este. La oposición a Dăncilă aseguró que buscarían elecciones anticipadas pero el PSD seguía contando con su socio liberal menor. Así que Viorica Dăncilă logró mantenerse en el gobierno casi 2 años, desde enero de 2018 hasta noviembre de 2019 después de que, como sus predecesores, fuera derribada. Una moción de no-confianza terminaría con el tercer gobierno socio-liberal de una legislatura dominada ampliamente por ellos. Sin embargo, aunque su partido no tratase de derribarla, su supuesto bajo peso político fue criticado por Klaus Iohannis, quien pidió su dimisión y acusó al partido de controlar su débil gobierno.

Ludovic Orban, el paso del socio-liberalismo al conservadurismo

En octubre de 2019 volvería la crisis política sin fin a Rumanía. La moción de no-confianza contra Dăncilă acabó con los sucesivos intentos del partido socio-liberal de conformar un gabinete estable. En esta ocasión, Klaus Iohannis apostó por un líder conservador. El líder opositor desde 2017 era Ludovic Orban, sucesor de Klaus Iohannis al frente del PNL después de un par de liderazgos menores a los 2 años. Orban sería el primer líder en consolidarse al frente del partido desde Crin Antonescu en la época del pacto socio-liberal con Victor Ponta. Viorica Dăncilă continuaría en el cargo hasta la investidura de Ludovic Orban en noviembre de 2019, que contó con el apoyo de los liberales de Unión Salvar Rumanía y la minoría húngara. A pesar de que tradicionalmente se había asociado a los húngaros con el PSD, la relación se torció especialmente con las agresivas declaraciones del gobierno de Sorin Grindeanu.

El PSD trató de aprovechar la proyección de la recientemente destituida Viorica Dăncilă para enfrentarse a Klaus Iohannis en las elecciones presidenciales de 2019, después de sus choques durante su gobierno. Dăncilă incluso había sido investigada por alta traición tras tratar de mover la Embajada en Israel a Jerusalén, siguiendo la directriz de Donald Trump –la investigación desestimó los cargos-. Como se comentó, Iohannis venció a su segundo rival socio-liberal tras Victor Ponta pero la victoria fue aún más aplastante (65% en segunda vuelta) que contra Ponta (54%) ya que Dăncilă había tenido un perfil notoriamente más débil, calificada por sus detractores como “designada” por Dragnea, mientras que Ponta mantuvo una dureza que tambaleó a su partido. Tras el nuevo fracaso de Dăncilă, un sector del partido trató de moverla pero ante su negativa se convocó un comité especial del partido donde se la relevó en favor de Marcel Ciolacu, Viceprimer Ministro con los antecesores de Dăncilă: Mihai Tudose y su sucesor interino, Mihai Fifor.

En 2018 Victor Ponta había regresado con otro partido, PRO Rumanía, que buscaría representación en las elecciones de 2020. Mientras tanto, el PSD y PRO Rumanía apostaron por boicotear la investidura de Ludovic Orban, no asistiendo a la sesión para que se invalidase por falta de quórum. Sin embargo, la ruptura de la disciplina de partido hizo que varios diputados acudieran a la sesión e incluso apoyasen el nombramiento de Orban, quien señalaba a 2020 como fecha clave ya que a su gobierno en supuesta minoría parlamentaria solo le restaba 1 año de legislatura. Orban quería emplear ese año como escaparate de cara a 2020 para restaurar lazos con Bruselas a nivel geopolítico y judicial, así como reparar el “daño” económico de los gobiernos del PSD.

El PSD no puso nada fácil ese año de gobierno a Ludovic Orban. Apenas 3 meses después de su investidura, el Primer Ministro tuvo que enfrentar una moción de no-confianza. En febrero de 2020 caía Orban pero aunque Iohannis pretendía volver a nominar a un candidato conservador, el mismo Orban regresaba a su plenitud de funciones en marzo tras recibir un apoyo de urgencia ante la necesidad de un gobierno durante la pandemia de COVID-19. En principio se barajó al Ministro de Finanzas de Orban, Florin Cîțu, como relevo. Pero Orban recuperó la iniciativa. Poco después de su regreso, una legislación a favor de la autonomía de Szekely Land (la Transilvania húngara) incrementó la tensión entre los partidos. El Presidente Iohannis acusó al PSD de tener un acuerdo secreto con el húngaro Viktor Orban para la devolución de Transilvania a Hungría. Sin embargo, su aprobación había sido automática por no convocarse a tiempo el debate para su rechazo y el PSD se mostró en contra de dicha autonomía, por lo que no fue ratificada en el Senado y terminó decayendo. En agosto, Orban tuvo que enfrentarse a una nueva moción de no-confianza, la recurrieron al Constitucional acusando a los socio-liberales de buscar “envenenar a Rumanía” pero finalmente fracasó ante la falta de quórum. El PSD anunció la expulsión de sus miembros que propiciaron con su absentismo el fracaso de la moción, así como anunció que no buscarían nuevas fechas.

Las esperadas elecciones de 2020

A pesar de lo accidentado de las etapas del PSD, el Partido Socialdemócrata mantuvo el liderazgo en las elecciones parlamentarias de 2020, pero perdiendo peso del 45% que le permitía dominar la cámara hasta el 29%. Es muy reseñable el desgaste que el PSD seguía sufriendo incluso desde fuera del gobierno a causa de sus desastrosas experiencias en el poder durante la legislatura. El PNL quedó en una cercana segunda posición con un 25%, ya lejos de la época en que ambos partidos formaban una gran coalición. PRO Rumanía de Victor Ponta no conseguía representación, terminando con sus aspiraciones políticas. También el tecnócrata liberal Dacian Cioloș trataría de volver con el Partido Libertad, Unidad y Solidaridad (PLUS). De cara a estos comicios, el PLUS de Cioloș se unió al tercer partido, Unión Salvar Rumanía (USR), conformando USR-PLUS, que alcanzaría el 15%. En cuarta posición entraba un partido nacionalista e irredentista de Rumanía y Moldavia, Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), con un 9%. A la caída de Ponta, se sumaba la de Liviu Dragnea. Entre 2019 y 2021, Dragnea permanecería en prisión por su implicación en un caso de abuso de poder, aunque había sido investigado ya por lavado de dinero y fraude electoral anteriormente, no pudiendo ocupar cargos públicos hasta 2024. El puesto de Liviu Dragnea al frente de la Cámara de Diputados fue sucedido por el nuevo líder del PSD, Marcel Ciolacu, entre 2019 y 2020.

Junto a los cuatro partidos nacionales, la desaparición de las escisiones de los partidos socio-liberales previas y la unión de los liberales, se mantenían los partidos étnicos con la porción que les correspondía en el Congreso, 21 escaños para la importante población húngara y 1 representante para cada minoría étnica: alemanes, griegos, ucranianos, macedonios, gitanos, turcos, polacos, búlgaros, rusos, checoslovacos, serbios, croatas, italianos, armenios, tártaros, rutenos y judíos. En el Senado son los húngaros los únicos con representación junto a las 4 fuerzas principales. La participación prosiguió su caída libre desde el fin del socialismo, alcanzando un mínimo del 32%.

Florin Cîțu, la derecha aparentemente fuerte

Aunque el PNL consiguió mejorar notablemente sus resultados y la aritmética le permitiría formar gobierno, Ludovic Orban no logró continuar al frente del mismo como consecuencia del fracaso para convertirse en primera fuerza. Su figura había servido para mantener el gobierno hasta estos comicios y para mejorar ostensiblemente su fuerza pero es cierto que con el turbulento periodo de mociones de no-confianza, se había desgastado a nivel político. Se llegó a un acuerdo por una coalición de derechas, USR-PLUS había pedido Ministerios de peso para realizar sus reformas y el partido húngaro reclamó un cordón sanitario contra la AUR de derecha nacionalista rumana por considerarles “chovinistas y anti-húngaros”.

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Ludovic Orban (izquierda) y Florin Cîțu (derecha). Fuente: Newsbeezer.

Ante el acuerdo de coalición parece que Orban quería volver a ser nominado por Iohannis y este se habría negado, produciéndose la dimisión de Orban, quien aún podría haber continuado hasta la investidura. Tomó el relevo Nicolae Ciucă, Ministro de Defensa de Orban, como Primer Ministro interino hasta que se lograse la aprobación de un nuevo perfil que debía negociarse al tiempo que los miembros de la coalición futura. El resultado fue un gobierno liderado por Florin Cîțu, Ministro de Finanzas con Orban, junto a los liberales de USR-PLUS y la fuerza húngara. A finales del año 2020, Cîțu llegaba al gobierno con la mitad de su gabinete en manos de sus socios y un Viceprimer Ministro de cada partido aliado. Ludovic Orban pudo acceder a la presidencia de la Cámara de Diputados, tras el periodo del líder del PSD, Marcel Ciolacu.

El gobierno de Cîțu, sin embargo, no lograría aguantar ni un año en plenitud de funciones. La destitución del Ministro de Justicia, que dependía de USR-PLUS, propició la ruptura de la coalición con este socio. Poco después se presentó una moción de no-confianza contra Cîțu y fue aprobada al haber quedado el PNL en minoría. El todavía Primer Ministro en funciones se reafirmó en la decisión, asegurando que “debería haberles despedido mucho antes” por “incompetentes”.

Aunque la caída de su gobierno se produciría en octubre de 2021, Cîțu había logrado solo un mes antes el relevo oficial del liderazgo del PNL, en sustitución de Orban. El abrupto final de su etapa de gobierno podía no suponer el cierre del periodo si volvía a ser nominado y renegociaba una coalición. Sin embargo, el Presidente Iohannis apostó por ofrecer la nominación a Dacian Cioloș, ex Primer Ministro tecnócrata tras la caída de Victor Ponta antes de la llegada de Sorin Grindeanu en 2017, recientemente elegido líder de la unión USR-PLUS (a partir de entonces solo USR) por una sola décima unos días antes del mes de octubre. Por lo tanto Iohannis estaba proponiendo para Primer Ministro a un líder de una fuerza que no estaba entre las dos principales pero tendría la labor de articular mayorías con unos números modestos en representación parlamentaria. Pero tanto el PSD como el PNL habían demostrado sucesivos fracasos para formar gobiernos estables aun contando con mayorías parlamentarias bastante amplias.

La salida de por Florin Cîțu del liderazgo interino no sería tan sencilla, animando a Cioloș a conversar con los partidos con los que se asoció en la moción contra él: el PSD socio-liberal y la AUR nacionalista. Sin embargo, estos se mostraron en contra. La AUR propuso un gobierno tecnócrata y los húngaros propusieron un candidato que aguantase 6 meses para gestionar la pandemia. No estaba claro el regreso de Cioloș al gobierno 5 años después. El desplome del PNL en las encuestas aupaba los anhelos de USR y de AUR para convertirse en las hegemónicas en la derecha en función de cómo este nuevo gobierno enfocase la carrera hacia 2024-2025 o en un eventual adelanto electoral. La moción que tumbó a Cîțu sirvió para abrir un panorama de crítica generalizada a la gestión del gobierno y su victoria frente a Orban el mes anterior había abierto grandes heridas personales en el PNL a nivel orgánico interno.

Klaus Iohannis (izquierda) y Dacian Cioloș (derecha). Fuente: AFP.

Nicolae Ciucă. ¿Un nuevo gobierno?

Sin embargo, la novedosa nominación de una tercera fuerza para liderar el gobierno no logró el apoyo ni de los salientes ni de los que propiciaron la moción contra Cîțu y la candidatura de Dacian Cioloș decayó al obtener 88 votos de los 234 requeridos para su investidura. Si se daba un segundo fracaso, el Presidente Iohannis obtendría la potestad para disolver la cámara y convocar elecciones anticipadas, previstas como tarde para 2025. Así que al día siguiente Iohannis retomaría las conversaciones con los partidos y propondría un nuevo candidato a Primer Ministro. Se esperaba que retornara el mandato a un candidato conservador del PNL, por eso el PM en funciones, Florin Cîțu, aseguró estar dispuesto a negociar con todas las fuerzas, incluyendo a los ex socios que le tumbaron y a los opositores socio-liberales, con la salvedad de los nacionalistas de AUR, sobre los que existía un cordón sanitario. No obstante, el partido de Cioloș, la USR, se mostró dispuesto a volver a pactar con PNL y húngaros solo si eliminaban a Florin Cîțu del gobierno, tras sus sonados desencuentros.

Y así fue, el Presidente Iohannis propuso un perfil testado del PNL pero que no satisfizo a nadie: Nicolae Ciucă, quien había sido ex Primer Minsitro interino tras la dimisión de Orban. Ciucă venía de la carrera militar, lo cual no gustaba a Dacian Cioloș y su USR, y del Ministerio de Defensa –entonces en funciones- del gabinete de Orban y Cîțu. A pesar de darse la demanda de los liberales de eliminar a Florin Cîțu del gobierno, Cioloș se mantuvo en contra porque querían entrar en la coalición de nuevo. De modo que la propuesta de Ciucă sería un gobierno en minoría con el partido húngaro y apoyos parlamentarios. También el ex PM Ludovic Orban anunció su voto en contra del candidato Ciucă, de su propio partido, y su marcha del grupo parlamentario. Junto con Orban, se marcharían hasta 9 parlamentarios del grupo del PNL para ingresar en una nueva bancada liberal. El partido anunció que se les expulsaría.

Sin embargo, Nicolae Ciucă renunció a su mandato de investidura antes de llegar a la votación para evitar la derrota que abriría el camino a que el Presidente Iohannis disolviera la cámara. La renuncia llegó tras no lograr torcer las demandas de la USR y contar con la oposición del PSD y de AUR. Tras el final de su aventura de la semana, el PNL se abrió a pactar con el PSD si era necesario, lo cual era visto con buenos ojos por los de Marcel Ciolacu si les permitía retomar el poder. Tras sendas votaciones internas, el PSD aprobó por unanimidad abrirse a negociaciones con los conservadores, mientras el PNL se mantuvo dividido entre los partidarios de pactar con PSD y los partidarios de pactar con USR. Entre los reacios a la gran coalición a nivel interno se encontraba el propio Ludovic Orban, que votó en contra –aún dentro del partido- y calificó la opción de un “fraude político sin igual” que quería consumar el PNL. Según el medio rumano Libertatea, el mismo Florin Cîțu se habría mostrado a favor de expulsar a Orban del partido tras la crisis orgánica que llevó a su salida del grupo parlamentario. El convidado de piedra en todo esto, la USR liberal, quería restaurar la coalición con el PNL y se refirió al gobierno conjunto PSD-PNL como una “coalición de ladrones”. Finalmente, Orban sería expulsado y, junto a él, se irían otros 15 parlamentarios a la espera de que el ex PM conformase su nueva fuerza política.

La primera demanda del PNL para negociar con el PSD era el liderazgo del gobierno, con un perfil liberal que no aumentase los impuestos, un Estado colaborativo con las estructuras de mercado y el mantenimiento de la senda europeísta y atlantista, con importantes vínculos con Estados Unidos. Aunque los comentarios públicos hacían ver que se trataría de un gobierno operativo para la emergencia sanitaria, con Rumanía como uno de los países más sufridores del COVID-19 en Europa en aquel momento, la intención era mantener el gobierno hasta las elecciones parlamentarias de 2024.

Nicolae Ciucă. Fuente: Playtech.

Pronto la propuesta iniciaría su recorrido, con la apuesta por un perfil como el de Nicolae Ciucă, que no lideraba ninguno de los partidos, aunque llegaba del lado del PNL. El acuerdo para el retorno a la candidatura de Ciucă implicaba una coalición tripartita con los dos partidos de la época socio-liberal y los húngaros, así como una rotación de PM para que el PSD ocupe el puesto de nuevo a partir de mayo de 2023. La intención, de nuevo, era lograr al fin un gobierno de largo recorrido. Antes de terminar noviembre de 2021 se aprobaba el nuevo gobierno, con 9 Ministros para el PSD, 8 Ministros para el PNL y 3 para la minoría húngara UDMR. Marcel Ciolacu, líder del PSD fue muy crítico durante el debate pero pasó a ser la cabeza de la Cámara de Diputados, mientras que Florin Cîțu hacía lo propio en el Senado. A su vez, el ex PM de la época del PSD en el gobierno, Sorin Grindeanu, volvía al ejecutivo como Viceprimer Ministro. El gobierno apenas contó con 1 mujer, logró renegociar el presupuesto –uno de los grandes compromisos- pero había muchas reticencias a la reforma del paquete para los fondos europeos.

Al menos los plazos firmados hacían ver que se apostaba por una coalición de gobierno a largo plazo. Un reto muy difícil incluso para una mayoría parlamentaria tan amplia, ya que ambos partidos habían fracasado previamente en sostener largos gobiernos aun contando con el control de las cámaras. Finalmente Victor Ponta vería el retorno de su unión socio-liberal. Pero la estadística y la hemeroteca no estaban de su lado.


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Antropólogo, profesor y biólogo especializado en gestión de socioecosistemas. Ahora me dedico al análisis de política internacional.

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