
El sábado 26 de octubre, la República de Georgia acude a las urnas para renovar los 150 escaños de su parlamento. Sin embargo, la forma en la que se han planteado los comicios por parte de todos los actores en liza se acerca más a un plebiscito sobre la política exterior del actual gobierno que a un concurso sobre el poder legislativo. El país caucásico se decidirá, finalmente, entre mantener la ambigüedad con respecto a Occidente o por una apuesta definitiva por la Unión Europea y la OTAN.
La campaña electoral, que comenzó en septiembre, ha estado marcada por el duro tono del partido oficialista, Sueño Georgiano, hacia la oposición. En el primer comunicado oficial en periodo electoral, la formación del primer ministro, Irakli Kobajidze, amenazó con ilegalizar a las "fuerzas políticas criminales" una vez hayan concluido las votaciones. Pero, ¿qué ha llevado a este punto a un país que recoge la integración europea y atlantista en su propia Constitución?
La guerra de Ucrania
La invasión rusa de Ucrania supuso un punto de inflexión tanto en el día a día de los georgianos como en el discurso político del país. De un día para otro, 100.000 ciudadanos de la Federación Rusa cruzaron la frontera del Cáucaso para asentarse en Georgia, especialmente en su capital, Tiflis. Los efectos no se hicieron esperar y, ante la abultada demanda de vivienda, los precios de los alquileres vivieron una subida histórica.
Sin embargo, la mayor oleada de expatriados llegó en septiembre de 2022, cuando Vladimir Putin anunció una movilización parcial de jóvenes rusos para nutrir las trincheras en el Donbás. Según el Ministerio de Asuntos Interiores georgiano, más de 200.000 personas provenientes de Rusia llegaron a Georgia únicamente ese mes. Al igual que en marzo, esto provocó una subida de más del 200% de los alquileres en Tiflis, en comparación al mismo periodo del año anterior.
A diferencia de en España, donde los efectos del conflicto se notaron especialmente en los precios de la luz, del gas y de la gasolina, aquí en Georgia "no tenemos ese problema, porque el gas natural lo traemos de Azerbaiyán", comenta un local, "pero donde sí se ha notado ha sido en los alquileres, y también en los supermercados".
Toda esta situación llevó a una parte de la población a exigir un régimen de visado excepcional con Rusia, lo que fue inmediatamente descartado por el gobierno del país. Primeramente, porque acudiendo a datos macroeconómicos, el PIB de Georgia aumentó un 10% en 2022, atribuyendo un quinto de dicha subida únicamente al influjo de personas desde el norte. Segundo, porque los georgianos disfrutan de una situación especial en relación con su pasaporte, de la que pocos países pueden presumir: no necesitan visado ni para acceder a territorio europeo ni para entrar en Rusia.
De hecho, ni siquiera lo necesitan para viajar a China. Imponer restricciones a los ciudadanos rusos habría incentivado a Moscú a hacer lo mismo con los georgianos, y la economía georgiana no se lo puede permitir –Rusia es el segundo socio comercial de la república caucásica, solo por detrás de Turquía–.
El número de rusos en Georgia comenzó a descender a principios de 2024, siendo actualmente de unos 100.000, lo que también ha aliviado levemente la presión sobre los alquileres –junto a la constante construcción de bloques nuevos–. Sin embargo, la sensación entre los locales todavía es de excepcionalidad, y esperan con ganas que los precios vuelvan a los niveles anteriores a la guerra.
El aumento del coste de vida, que todo el mundo achaca al conflicto, ha provocado que se cuelen en los programas electorales una miríada de propuestas para solucionar el problema. Desde un aumento de las pensiones y de los salarios de los funcionarios, como defiende el gobierno, hasta una reforma económica que eleve el salario promedio a los 1.200 euros, como promete la oposición.
El conservadurismo
Georgia no era un país acostumbrado a las "guerras culturales" que inundan el debate político en Occidente. Es una nación conservadora, con una fuerte influencia de la Iglesia Ortodoxa –como curiosidad, es común verles santiguándose cuando pasan cerca de un templo, también a los conductores– y muy tradicional. Similar a otros países de Europa oriental miembros de la Unión Europea, como Bulgaria.
Sin embargo, desde hace un par de años, las menciones a los "valores tradicionales" han aumentado en la propaganda del partido gobernante. Además, en los últimos dos años se ha recrudecido el tono contra el colectivo LGBT, habiéndose aprobado a mediados de septiembre una reforma constitucional que, entre otras cosas, prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo, la propaganda de relaciones no heterosexuales, la transición de género –tanto quirúrgica como documental– y el contenido relacionado con temática LGBT en los medios públicos.
La presidenta, Salomé Zurabishvili, anunció que vetaría la propuesta. Batalla perdida, pues al igual que ocurrió con la Ley de Agentes Extranjeros, el gobierno cuenta con los votos suficientes en el parlamento para tumbar este veto.
Ante las acusaciones de retrocesos democráticos y de represión por parte de la oposición, el gobierno ha convertido la "defensa de los valores tradicionales" en su máxima principal durante las elecciones. Frente a las "pseudo-ideologías liberales", argumentan que sus medidas son necesarias para proteger el estilo de vida tradicional en el país.
Esta amenaza del progresismo se entrelaza con la teoría del "partido global de la guerra", una conspiración que defienden sectores cercanos al actual primer ministro. Según Kobajidze, el departamento de Estado de Estados Unidos, el Parlamento Europeo, los medios occidentales y el Movimiento Nacional Unido –principal partido opositor– "actúan coordinados para arrastrar a Georgia hacia la ucrainización".
Esta manida entidad, a la que también acusó de estar detrás de los intentos de asesinato de Robert Fico y de Donald Trump, es lo que, para el gobierno, justifica la promulgación de la Ley de Agentes Extranjeros y la propuesta de ilegalización de los partidos opositores.
La cuestión territorial
Los paralelismos con la historia reciente de Ucrania son evidentes, tanto para los analistas extranjeros como para los locales. Hace unas semanas, se estrenaron varios carteles que comparaban la destrucción de Kiev y de Járkov con imágenes de Tiflis, amenazando de "lo que podría pasar de repetir la historia de hace dieciséis años".
El fundador de Sueño Georgiano, Bidzina Ivanishvili, ha dejado claro que la guerra con Rusia fue consecuencia de las "políticas atlantistas" de Saakashvili, que ignoraron las advertencias de Putin sobre sus acercamientos a la OTAN. Ivanishvili, el hombre más rico de la república y, para muchos, líder en la sombra de Georgia desde 2012 –a pesar de solo haber servido un año como primer ministro desde entonces– se convirtió hace un par de semanas en blanco de durísimos ataques por los partidos opositores. La razón: su disculpa implícita con Rusia por la guerra de Osetia.
El gobierno se defiende argumentando que buscan una "reunificación pacífica con Abjasia y Osetia del Sur". Su posición es que, si Georgia evita mostrarse como un país enemigo de Rusia y aliado de Ucrania y de la OTAN, los vecinos del norte aliviarán la presión sobre las repúblicas separatistas y permitirán entran en negociaciones para la restauración de la integridad territorial del país. Lo cierto es que desde Rusia sí se han dado movimientos estos últimos meses, como la cancelación de la ayuda económica a Abjasia, que supone acabar con el único sustento del que dispone Sujumi.
Los contrastes entre las capitales de las regiones autónomas de Georgia son evidentes. Batumi, la segunda ciudad más importante del país, se ha convertido en menos de una década en una de las ciudades portuarias más importantes del Mar Negro, recibiendo incluso el sobrenombre de "la Dubai del Cáucaso". La capital de la región de Ayaria, icono multireligioso del país –casi el 40% de sus habitantes son musulmanes–, ha combinado cuantiosas inversiones internacionales con los recursos que el gobierno nacional otorgaba para su desarrollo. Irónicamente, la presencia económica rusa es mayor en Batumi que en la también portuaria Sujumi.

Al aislamiento de Abjasia hay que sumarle el desplome demográfico que sufre desde 1989, habiendo perdido más de la mitad de su población en los últimos 30 años, en su mayoría georgianos desplazados durante la guerra. El estancamiento resultante ha "congelado" a la región en la década de los 90, de forma similar a lo que ha ocurrido en Transnistria. Como ejemplo, la antigua ciudad-balneario lleva casi tres décadas sin utilizar el Palacio del Consejo de Ministros, por no poder hacer frente a su renovación. La situación es similar en Tsjinvali, aunque el tamaño de la capital suroseta es sustancialmente menor al de Sujumi.
Sin embargo, el potencial abjasio reside en su ubicación estratégica, máxime cuando la armada rusa lleva meses bloqueada en Sebastopol desde que Ucrania consiguiera la superioridad operativa en el mar Negro. En un intento de mover la situación a favor de su aliado, el gobierno de Abjasia anunció en octubre del año pasado su intención de construir una base naval en Ochamchira desde la que poder abastecer a los buques rusos. Para la tranquilidad de Tiflis, el agosto pasado el ministro de Asuntos Exteriores separatista descartó finalmente la idea.
En la línea de reducir las tensiones y mostrarse como un actor de buena voluntad, el gobierno georgiano ofrece sanidad gratuita a los abjasios y osetios que acudan a operarse dentro del territorio que controlan de facto. Una de las medidas con la que buscan ganarse el favor de la población hacia una eventual reunificación, que aún se percibe lejana a ambos lados de la frontera, para disgusto de Sueño Georgiano.
La oposición, por su parte, considera que el relato que trata de vender el gobierno es un insulto a las víctimas de las guerras de 1992 y de 2008 y un ataque al orgullo nacional. Si el apaciguamiento no funcionó en Ucrania, se preguntan, ¿por qué sí lo haría en Georgia? A su juicio, es una estrategia para dar falsas esperanzas de cara a las elecciones con una realidad que no nadie espera: que Rusia abandonará voluntariamente ambas regiones.
La integración europea
"A Europa, pero con paz, dignidad y seguridad", rezan los carteles electorales del partido gobernante, omnipresentes en las calles de la capital. Hace unos meses, este lema hubiera definido bien la imagen pública de Sueño Georgiano. Un partido nominalmente proeuropeo, pero desde una posición soberanista y socialmente conservadora.
Sin embargo, para una parte de la población, el rumbo que tomó desde enero busca directamente sabotear el proceso de integración europea. La Ley de Agentes Extranjeros, la réplica de leyes conservadoras rusas o la crítica al apoyo occidental a Ucrania se han saldado con la congelación del estatus de candidato y la votación en el Parlamento Europeo sobre la cancelación del régimen de libre visado que el país disfruta desde hace años.
Una de sus principales propuestas electorales del gobierno es una difusa "iniciativa constitucional para defender la identidad georgiana y los valores nacionales", con el objetivo de adecuar la legislación a la "nueva realidad de gobierno", lo que para la oposición supone, tácitamente, eliminar el mandato de integración europea de la carta magna del país. Una estrategia, dicen los críticos, de enfrentar el fuerte sentimiento patriótico de los georgianos con la también unánime voluntad de avanzar hacia la Unión Europea.
Lejos de limitarse a los mítines, la campaña electoral también la libran las encuestadoras, que se han dividido firmemente en dos campos. Por un lado, las que anuncian una victoria histórica del gobierno, superando los resultados de 2022 y quedándose alrededor de la mayoría absoluta. Por el otro, las que pronostican una mayoría de los distintos partidos que conforman la oposición. Entre acusaciones hacia el gobierno de estar preparando el terreno para manipular los resultados, y ante la duda de si el daño al proceso europeo será solucionable después de octubre, la campaña hacia las legislativas continúa.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







