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Rusia y China en Georgia: la sombra de la guerra y el poder económico del gigante asiático

Frontera entre Rusia y Georgia en Dariali Gorge.
Frontera entre Rusia y Georgia en Dariali Gorge. Fuente: Kober

Una larga historia de rivalidades imposibilita una estrecha cooperación entre Rusia y Georgia, sirva como ejemplo la invasión que Rusia emprendió contra su vecino durante la guerra del 2008. A pesar de ello, el gobierno georgiano, bajo el liderazgo de Sueño Georgiano (SG), ha apostado por estrechar en la medida de lo posible los lazos con Moscú, manteniendo una relación cordial que evite provocar una respuesta agresiva por su parte. Este acercamiento se ha dado en términos bastante tímidos, manteniendo siempre una imagen de mayor cercanía con Occidente. Una de las razones más importantes para ello es que la población no ve con buenos ojos pertenecer a la esfera de influencia rusa, pero se muestra favorable a la integración de Georgia en las estructuras occidentales. Si el partido del gobierno quiere mantenerse en las instituciones, debe evitar enfadar a occidente o que su acercamiento a Moscú sea visto con malos ojos por una sociedad que aún tiene muy reciente en su memoria la derrota militar del 2008.

A su vez, las relaciones con Rusia están condicionadas por el apoyo que brinda éste a las autoproclamadas repúblicas de Abjasia y Osetia del Norte, unos territorios independizados de facto durante los años 90 y que el Kremlin reconoció como independientes tras el 2008. Georgia continúa reclamando la soberanía sobre esos territorios, aunque para no enfadar a su vecino, estas reclamaciones son muy tímidas. Los acercamientos entre Moscú y las autoridades de las repúblicas autoproclamadas han sido respondidos en un tono muy suave por Tiflis, quien ha tratado de mantener el favor de las autoridades rusas en un momento en el que éstas necesitan aliados en la región.

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Aunque menos publicitadas que las relaciones con Moscú, han ido ganando importancia en los últimos años los lazos con Pekín. La cooperación entre ambos países ha sido de naturaleza mayormente económica, mediante una gran inversión china en la transformación de la infraestructura logística de Georgia, como manera de integrarla en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda. Estos contactos se han dado con un perfil muy bajo, ya que ambos gobiernos mantienen unas relaciones diplomáticas frías. Pero sin grandes titulares ni eventos masivos, la influencia china en la república del Cáucaso ha aumentado considerablemente durante los últimos años.

El temido acercamiento a Rusia

Uno de los puntos principales del programa de Sueño Georgiano era una apuesta por mantener relaciones de cordialidad con el Kremlin, un vecino molesto y temido a partes iguales. Aunque esta cordialidad haya sido interpretada como una especie de alianza con Rusia por parte de algunos socios occidentales, esto dista mucho de la realidad, ya que continúa existiendo una gran desconfianza entre la población e intereses contrapuestos entre ambos países. La cuestión de Abjasia y Osetia del Sur evidencia esta cordialidad sin alianza: unos territorios que Tiflis no va a ceder a Rusia, aunque no se atreva a exigirlos directamente, en un momento en el que Moscú continúa estrechando su cooperación con las autoridades autoproclamadas. Ante esta situación, el gobierno ha respondido con tímidas acusaciones, tratando de mantener el tipo ante su población y la comunidad internacional, pero sin tratar de escalar la situación o confrontar directamente con el Kremlin.

Esta postura de cordialidad ha sido interpretada como sumisión por la oposición occidentalista doméstica, que ha acusado al gobierno de mantener un trato demasiado estrecho con el vecino en cuestiones como la laxitud en los controles fronterizos. La situación se convirtió en tópico de discusión a finales de septiembre del 2022, dentro del contexto de la movilización anunciada por Rusia. Agrupaciones opositoras señalaron la permisividad del gobierno como un peligro para la seguridad nacional, ante lo cual las autoridades trataron de calmar los ánimos tachando a la oposición de alarmista.

Esta laxitud en cuanto a los controles fronterizos no responde únicamente al interés por mantener una relación de cercanía con Moscú: lo más probable es que el gobierno persiga intereses económicos al no erigir trabas en el libre tránsito de personas y bienes, ya que desde el comienzo de la guerra se ha dado un aumento de empresas rusas operando en Georgia, que además continúa dependiendo de su vecino a la hora de exportar e importar distintos bienes y servicios.

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Una de las razones principales para que las relaciones entre ambos países no puedan ser de absoluta cercanía es la desconfianza ante un vecino expansionista, ya que la población georgiana teme que Moscú interceda en las cuestiones nacionales de una manera u otra. La oposición moviliza esta preocupación tachando al partido de gobierno de agente del Kremlin, hablando de su fundador, Bidzina Ivanishvili, como un agente del gobierno ruso. Más allá de las acusaciones retóricas, desde la oposición se ha tratado de llevar a cabo una investigación parlamentaria que indagase más a fondo las vinculaciones entre el servicio secreto ruso y el georgiano. Aunque esta proposición no saliese adelante, demuestra que el temor a la infiltración rusa en el país es real, un temor presente mayormente entre las agrupaciones opositoras.

Las repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur

Las relaciones con Moscú están estrechamente condicionadas por la situación de los territorios de Abjasia y Osetia del Sur, aliados del Kremlin. Recordemos que estos territorios lograron independizarse de facto tras las guerras que vivió el país durante la década de los 90 y lograron cierto reconocimiento internacional tras la guerra ruso-georgiana del 2008. Respecto a su dimensión internacional, conviene mencionar que el apoyo de Moscú a las repúblicas se expresa con un número incierto de tropas rusas estacionadas en el territorio como parte de un contingente de paz. A pesar de que Sueño Georgiano mantenga una relación de cierta cordialidad con el Kremlin, no puede ignorar la problemática de las repúblicas, ya que además de una cuestión central en la identidad nacional, debe ponerse en perspectiva que estos territorios combinados representan el 20% del territorio reconocido georgiano. Por ello, el gobierno puede variar la manera en la que aborda la cuestión, pero no puede ignorarla, ya que constituye un elemento central de sus relaciones con su vecino.

Centrándonos en cada una de las repúblicas, Osetia del Sur se encuentra desde hace años tratando de llevar un acercamiento a Rusia en aras de terminar por integrarse en el país vecino. Existía proyectado un referéndum de anexión para junio del 2022 que no terminó de llevarse a cabo por un cambio de gobierno en la república, aunque Tsjinvali se ha mostrado interesado en continuar estrechando sus lazos con el Kremlin. Este interés parece ser más tibio por parte de Moscú, quien aún continúa analizando los cambios en la política exterior georgiana a principios del 2023, ya que parece mostrar interés en una mejora de las relaciones con Tiflis, como evidencian la oferta de la reapertura de los vuelos directos entre Rusia y Georgia. La integración de Osetia del Sur en la Federación Rusa parece estar bloqueada a principios del 2023, y la república autoproclamada deberá esperar a que se den nuevos movimientos por parte de Tiflis o Moscú para tratar de avanzar en su proyecto de adhesión. 

El caso de Abjasia es diferente, ya que el país ha llevado a cabo una serie de importantes movimientos diplomáticos durante 2022. La república autoproclamada volvió a ser noticia con la visita de Lukashenko a finales de septiembre de 2022, donde se trataron cuestiones con una importancia capital, siendo especialmente relevante la problemática de su reconocimiento por parte de Minsk. Aunque los detalles sobre las reuniones son escasos, conviene apuntar que el reconocimiento tiene una gran relevancia ya que posibilitaría la integración de Abjasia en el Estado de la Unión, una entidad supranacional fundada entre Rusia y Bielorrusia. Esta integración es actualmente únicamente un rumor, ya que, aunque las autoridades bielorrusas han señalado veladamente la posibilidad de que eso ocurra, las intenciones de Minsk y Moscú con respecto a la república continúan siendo un misterio.

Rusia también llevó a cabo un gesto de acercamiento a Abjasia con la visita realizada por el presidente de la Duma rusa a la república autoproclamada a principios de diciembre. A pesar de que el Kremlin haya llevado a cabo gestos de acercamiento a Abjasia durante el 2022, debe tenerse en cuenta que a principios del 2023 también ha mostrado cierta presteza para colaborar con Tiflis, con lo cual tendrá que reajustar su aproximación a Abjasia. Georgia ha tratado de mantener un perfil muy bajo ante las dos visitas diplomáticas a Abjasia, ya que aunque ha respondido a ambas acciones acusándolas de quebrantar la legalidad internacional, la réplica no ha ido más allá de una tímida denuncia. 

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En lo referente a la actualidad interna de Abjasia, el traspaso de Pitsunda a Rusia se ha convertido en su principal problemática. Aunque su independencia se vea asegurada de facto por el apoyo ruso, Sujumi ha tratado de mantener una verdadera independencia con respecto a su socio, a diferencia de Osetia del Sur, que se ha mostrado dispuesta a su integración en la Federación Rusa. Esto se debe, por lo menos parcialmente, a la importancia de la pertenencia a la tierra dentro de la identidad nacional abjasia, es por ello por lo que la Constitución prohíbe la venta de terrenos a extranjeros. La transferencia a Rusia de Pitsunda, una dacha estatal, sería visto como una traición a esta pertenencia a la tierra. Esta dacha o casa de campo fue edificada en tiempos de la Unión Soviética y ha sido utilizada para alojar a distintas personalidades políticas.

Con la disolución de la Unión Soviética, esta casa de campo terminó en territorio abjasio y aunque desde entonces ha sido utilizada por autoridades rusas, se ha considerado parte de Abjasia. A principios del 2022, Moscú solicitó a Sujumi el traspaso del complejo de edificios a Rusia, con lo cual el parque de edificios pasaría a estar controlado por el Ministerio del Interior de la Federación Rusa. Las autoridades planearon llevar a cabo el trato en secreto, pero a lo largo del 2022 los documentos terminaron filtrándose al público. Ante esta situación, la población abjasia ha respondido contundentemente negándose al traspaso por considerarlo un insulto a la independencia del país y a la identidad de su tierra. La falta de aprobación por parte del parlamento ha hecho que el trato se encuentre paralizado desde julio, aunque Moscú ha tratado de presionar a las autoridades abjasias amenazando con el recorte o la retirada de su apoyo económico y militar en el caso de que no se apruebe la cesión.

Mapa de Georgia y de los territorios de Abjasia y Osetia del Sur, aliados de Rusia.
Mapa de Georgia y de los territorios de Abjasia y Osetia del Sur, aliados de Rusia. Fuente: Ssolbergj – bajo CC BY-SA 3.0

Las relaciones entre Rusia y Georgia distan mucho de ser las de completa sumisión y cooperación que algunos periodistas o personalidades occidentales tratan de mostrar. A pesar de ello, es evidente que el actual gobierno ha llevado a cabo una política de acercamiento a las autoridades del país vecino, tratando de mantener un nivel bajo en las cuestiones donde hay intereses contrapuestos tratando de no enfadar al Kremlin. Esto ha sido visto por desconfianza por las autoridades occidentales en un momento de polarización y división creciente en la escena internacional, una desconfianza que puede volverse en contra de un gobierno que necesita del apoyo de una población marcadamente prooccidental. 

Las grandes inversiones chinas en Georgia

El caso de las relaciones con Pekín es radicalmente distinto, ya que, aunque apenas logran ninguna atención en la agenda política, tienen una gran importancia en la reconfiguración económica que está viviendo Georgia. Su posición estratégica como punto de paso entre Asia y Europa ha hecho que la potencia asiática trate de impulsar el desarrollo de su infraestructura dentro del plan de la Nueva Ruta de la Seda, especialmente después de que las sanciones contra Rusia obstaculizasen la conexión del norte. A pesar de la posición privilegiada que ocupa Georgia, su geografía montañosa continúa siendo una dificultad a batir para tener un tráfico fluido de mercancías, es por ello que diferentes compañías chinas están llevando a cabo grandes inversiones en el país, buscando mejorar su infraestructura y renovar la red de carreteras. Aun así, el estrechamiento de lazos económicos no se traduce en una cercanía diplomática, ya que las autoridades públicas tratan de evitar gestos públicos de afinidad, haciendo que las relaciones entre ambos países pasen por debajo del radar de la opinión pública.

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Aunque estas inversiones y la revolución logística que supone la mayor integración de Georgia en las redes internacionales de tráfico mercantil puedan parecer una gran oportunidad económica para el país, la verdad es que la mejora se está haciendo esperar. Por un lado, se ha señalado que en la adjudicación de estos contratos a las firmas chinas se han dado casos de corrupción y tráfico de influencias, donde los contratos de mejora de infraestructura han sido asignados a dedo. Por otro lado, la integración en estos circuitos globales de comercio como zona de paso exige una liberalización económica a nivel legislativo que permita agilizar el comercio y el paso de mercancías.

A pesar de que los indicadores económicos muestran una mejora continua mejora del país, el desempleo y el precio de la vida continúan siendo los problemas principales señalados por la ciudadanía georgiana. Las relaciones con China pueden suponer una manera de mejorar la situación política de Georgia, pero aún es demasiado pronto para afirmar que esto vaya a ocurrir y sería arriesgado aventurar que esta mejora vaya a distribuirse equitativamente entre la ciudadanía, ya que la liberalización y desregulación económica dejan la puerta abierta al aumento de las desigualdades

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