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El “gran juego” de las Islas del Pacífico

Los líderes de las Islas del Pacífico se reúnen en la cumbre del PIF celebrada en Nuku'alofa, Tonga.
Los líderes de las Islas del Pacífico se reúnen en la cumbre del PIF celebrada en Nuku'alofa, Tonga. Fuente: redes sociales del PIF

El Pacífico Sur se consolida como un espacio de competencia geopolítica. Pese a ser relegado de las grandes pulsiones globales tras la Segunda Guerra Mundial debido a la omnipresencia de Estados Unidos, un tardío proceso de descolonización y la concentración del poder a orillas del Atlántico, en la actualidad esta región emerge como un espacio crucial en el sistema internacional. En este contexto, las naciones de Oceanía enfrentan los embates de la pugna entre Washington y Pekín con serias fallas estructurales en sus diseños estatales.

Son estas debilidades las que han sido protagonistas de la última edición del Foro de las Islas del Pacífico (PIF) celebrada en Nuku'alofa, capital de Tonga. Una reunión a la cual han asistido, entre otros, 14 Estados soberanos, 4 territorios autónomos –Islas Cook, Nueva Caledonia, Niue y la Polinesia Francesa–, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, y delegaciones de Estados Unidos y China. Durante el encuentro, se ha vivido un breve pulso por la hegemonía regional.    

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Pekín movía ficha a través de su embajador para el Pacífico, Qian Bo. El representante expresó el descontento del gigante asiático con un comunicado realizado por el PIF en el que se descarta la posibilidad de dejar de reconocer a Taiwán como un socio preferencial para el desarrollo regional. Sin embargo, las presiones internas –presumiblemente provenientes de las Islas Salomón y Kiribati– lograron que este punto fuera finalmente eliminado. 

La victoria china adquiere un tinte pírrico con la contestación de Washington. La superpotencia norteamericana lograba que Guam y la Samoa Americana, ambos territorios no incorporados y gobernados por miembros del Partido Demócrata, ascendieran a la categoría de Estados asociados, lo que les permite intervenir en las sesiones plenarias y nominar miembros para los grupos de trabajo. De esta forma, la Casa Blanca frena momentáneamente la nueva ofensiva diplomática china y establece una “línea directa” con el PIF.

No obstante, la influencia de Pekín en la región no para de crecer. Ejemplo de ello es que ha conseguido reducir el reconocimiento de Taiwán a Palaos, las Islas Marshall y Tuvalu. Asimismo, está consolidando su presencia policial en el archipiélago y afianzando su poder en Kiribati –país que rompió relaciones diplomáticas con Taipéi en 2019– a medida que Taneti Maamu, su presidente, extiende su influencia por las instituciones regionales.

El papel de los actores regionales

En esta coyuntura geopolítica, las potencias medias y los jugadores regionales maniobran para mantener y expandir sus respectivas cuotas de influencia. Un claro ejemplo de esta dinámica es Nueva Caledonia. Las tensiones estallaron en mayo de este año, dejando un reguero de muertos tanto en las filas independentistas como entre las autoridades francesas. Desde ese momento la coyuntura se ha tornado más crítica.

El bando independentista se halla dividido entre moderados y radicales, lo cual está llevando a la fragmentación del Frente de Liberación Canaco y Socialista (FLNKS) y a un aumento de las declaraciones incendiarias. Por su parte, la política del hexágono francés ha mantenido al Estado ausente. Como agravantes de la crisis destacan el cierre de la mina de níquel Koniambo y la inminente liquidación de la Société Immobilière de Nouvelle-Calédonie (SIC), el principal proveedor de viviendas sociales de la isla. 

Frente a la posibilidad de un nuevo estallido, los actores involucrados tratan de fomentar una pacificación que favorezca sus intereses. Emmanuel Macron, con su nombramiento de Michel Barnier como primer ministro, asume una postura claramente favorable a la población caldoche y abre la puerta a una redefinición de las relaciones entre Nouméa y París. No obstante, esto no parece calmar las inquietudes de los miembros del PIF, quienes durante la última reunión han acordado el envío de una misión diplomática que será encabezada por los líderes de las Islas Salomón, Fiyi, Tonga e Islas Cook.

Para ampliar: Nueva Caledonia estalla en disturbios y saqueos por la revisión constitucional

El mantenimiento de la paz y la estabilidad internas se está transformando en una herramienta de proyección de poder y construcción de liderazgos. Las Islas Cook y las Islas Salomón actúan en la práctica como “enviados informales” de ambas superpotencias. Simultáneamente, en Suva y en Nuku’alofa el mero anuncio de este viaje supone un espaldarazo mediático para la consolidación del poder de Sitiveni Rabuka en Fiyi y legitima al rey Tupou VI de Tonga por encima del primer ministro Siaosi Sovaleni en su enfrentamiento por el control del ejecutivo. 

Dicha estrategia no se limita a superpotencias y actores locales, sino que son Australia y Nueva Zelanda quienes la encabezan. Canberra apuesta por el hard power. Anthony Albanese, primer ministro, ha logrado el consenso total en el PIF alrededor de su propuesta de crear una policía regional, que estaría íntegramente financiada y entrenada por el país anglosajón.

Wellington opta por el soft power. La oportunidad la han encontrado en Bougainville, una ínsula perteneciente a Papúa Nueva Guinea, que mantiene un pulso por la independencia. En este contexto, la diplomacia kiwi ha conseguido que Port Moresby elija como negociador en jefe a Jerry Matepare, un político neozelandés de origen maorí. 

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