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Oleada de juicios políticos en Tailandia

El primer ministro Strettha Thavisin, cuya facción política se ha visto envuelta en la oleada de juicios políticos que atraviesa Tailandia.
El primer ministro Strettha Thavisin, cuya facción política se ha visto envuelta en la oleada de juicios políticos que atraviesa Tailandia.

Tailandia hace historia y se convierte en el primer país del Sudeste Asiático en aprobar el matrimonio igualitario, erigiéndose en un referente regional para la comunidad LGTBIQ+. Sin embargo, este hecho no es solo un triunfo de dicho colectivo, sino que amaga tras de sí un intenso duelo político por la definición del modelo de país.  

El avance en materia de derechos sociales es interpretado como una victoria del primer ministro Strettha Thavisin en pleno juicio del Tribunal Constitucional contra su facción política. Y es que Bangkok asiste con práctica simultaneidad a la apertura de diligencias contra Thavisin, el ex primer ministro Thaksin Shinawatra y el Partido Avanzar, todos por difamación a la casa real. La acusación de “injurias contra la corona” es equivalente a la expulsión del juego político del condenado, por lo que los mencionados hechos representan una nueva etapa del sempiterno enfrentamiento de la política tailandesa entre “rojos” y “amarillos”. Una etapa definida por la mayor virulencia de un sector conservador que teme verse excluido.

Para ampliar: Tailandia (I): Rojos contra amarillos

Los primeros, sentados en el banquillo de los acusados, representan a la burguesía sino-thai, cuyo mayor exponente ha sido durante décadas la dinastía Shinawatra. Actualmente bajo las siglas del partido Pheu Thai, gobiernan con un pacto con la facción militar Buraphapayak. Quienes otrora fueran sus enemigos y autores intelectuales del golpe de Estado de 2014, ahora mantienen el gobierno de Thavisin, considerado un “delfín” de los Shinawatra, mediante los partidos de extrema derecha: Palang Pracharath y el Partido de la Nación Tailandesa Unida. A cambio de este acuerdo, que permitió el regreso de Thaksin Shinawatra de su exilio, se mantuvo el “cordón sanitario” al Partido Avanzar, surgido en 2018 de entre la nueva burguesía tailandesa y la clase media urbana en contra de la junta militar de Prayut Chan-o-cha.

Los segundos hacen de acusación. Compuestos por la familia real Chakri, la tradicional aristocracia thai, la facción militar Wongthewan –principal competidora de la Buraphapayak– y el budismo político. Dicho bando se halla en un proceso de aglutinación en torno de la figura del rey Rama X, quien en recientes años ha impulsado la progresiva desaparición de las restricciones de su poder, al tiempo que se veía acosado por escándalos personales de todo tipo. 

Por el momento, el pulso político, trasladado al terreno judicial, se ha saldado con la victoria de los “rojos” tras la puesta en libertad bajo fianza de Thaskin Shinawatra. No obstante, el proceso está lejos de resultar inconcluso. La sentencia que amenaza con forzar la dimisión del actual primer ministro ha sido postergada para julio, misma fecha en la cual se resolverá el juicio contra el Partido Avanzar, cuyo resultado puede ser su ilegalización.    

Finalmente, las tensiones internas repercuten directamente en el encaje geopolítico de Tailandia en el teatro de Asia-Pacífico. El papel de Bangkok en el escenario internacional ha establecido históricamente una relación de retroalimentación con las sucesivas coyunturas internas. Así, este país asiático ha sido empleado activamente por las diversas potencias regionales como un punto de anclaje sobre el cual operar a través de una base políticamente estable. De este modo, Tailandia lo ha sido todo: Estado colchón entre los imperios francés y británico, aliado del Japón imperial y firme aliado anticomunista de Estados Unidos. Hoy, los planes estratégicos de “rojos” y “amarillos” se entrelazan con la intensificación de la guerra civil en Myanmar y con la pugna entre Washington y Pekín. 

Para ampliar: Tailandia (II): De monarcas y militares

El éxito de la Ofensiva 1027 abre un nuevo debate entre las corrientes antagónicas tailandesas. En este, las posturas de Srettha Thavisin están virando hacía un mayor grado de entendimiento con los grupos étnicos insurgentes, especialmente con el Ejército de Liberación Nacional Karen (KNLA), mientras que desde la oficialidad militar y los sectores conservadores se apuesta por la colaboración con Naypyidaw en pos de evitar un “contagio” del caos en el país vecino.  

Mayor complejidad si cabe se presenta en la postura de Tailandia frente a la emergencia del mundo multipolar. La necesidad de dinamización de la economía nacional empuja al país a las puertas de los dos órdenes internacionales. De esta manera, la nación asiática aspira a integrarse en los BRICS durante la próxima cumbre en octubre, al tiempo que se postula como candidata a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Bangkok se balancea entre la unipolaridad estadounidense y la multipolaridad euroasiática.

La inclinación hacia alguna de las mencionadas posturas en ambos casos dependerá de las correlaciones de fuerzas resultantes del choque jurídico-político, y por ende, éstas condicionarán la disputa geopolítica por el siglo XXI.   

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