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La carrera mundial por las materias primas críticas

Imagen satelital de una mina de litio, una de las materias primas críticas más relevantes, en Bolivia.
Mina de litio, una de las materias primas críticas más relevantes, en Bolivia. Fuente: Coordenação-Geral de Observação da Terra/INPE - bajo CC

En su discurso del Estado de la Unión Europea en septiembre de 2022, la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen declaró que “el litio y las tierras raras [pronto] serán más importantes que el gas y el petróleo”, resaltando el rol de estas y otras materias primas en las transformaciones ecológica y digital. Tanto las tierras raras como el litio forman parte de las materias primas críticas (MPCs), que son aquellas que aúnan dificultades de suministro con una gran importancia para sectores clave de la economía.

Dentro de este grupo, las tierras raras llevan un tiempo atrayendo la mayoría de la atención. Sin embargo, no son las únicas. La Comisión Europea identificó en un análisis publicado en 2020 hasta 30 materias primas catalogadas como estratégicas, 19 más que en el informe elaborado en 2011. De todas estas, además de las tierras raras, la que más interés genera es el litio al ser un componente esencial para la fabricación de baterías eléctricas modernas. En un contexto marcado por la transición verde, es previsible que la demanda aumente considerablemente –multiplicándose por siete hasta 2030 en el caso del litio y  por cinco en el caso de las tierras raras de imán permanentes–, empujada especialmente por el despliegue de las energías renovables y la movilidad eléctrica.

Para ampliar: Geopolítica mínima: semiconductores y tierras raras (II)

Por otro lado, existe un riesgo añadido para Bruselas: China es el primer proveedor de muchas de las materias primas críticas y controla el resto de la cadena de valor en aquellas en las que no cuenta con una gran actividad extractora, como en el caso del litio donde es líder en la capacidad de refinado y en la transformación de baterías. La complejidad de muchas de estas cadenas y el aumento de las tensiones geopolíticas con Pekín alimentan el miedo de poder experimentar cortes de suministro si las dinámicas globales se agravan en un futuro.

En este escenario, los gobiernos de todo el mundo se están movilizando para asegurar el acceso a las materias primas con el objetivo de asegurar el abastecimiento necesario para alimentar a los sectores estratégicos y potenciar las bases industriales.

Estados Unidos: cadenas de suministro y vieja minería

En Estados Unidos la problemática de las materias primas críticas se percibe como una cuestión de seguridad nacional. El dominio de China en muchas MPCs –en particular en la cadena de valor de tierras raras-imanes permanentes– es vista como un grave punto débil para las Fuerzas Armadas debido al riesgo existente de sufrir cortes de suministro en caso de producirse un conflicto con el país asiático. Tal es la magnitud que en septiembre de 2022 el Pentágono paralizó la entrega de varios F35 –considerado por muchos el caza más avanzado del mundo– tras detectar la presencia de imanes de tierras raras de fabricación china en las turbinas pese a que no presentaban ninguna amenaza o riesgo para el correcto funcionamiento de las aeronaves.

Desde que la administración Trump llevó a cabo una política mucho más agresiva respecto a China, el Departamento de Defensa ha incrementado su preocupación por la dependencia de países no aliados y ha invertido varios cientos de millones de dólares en establecer una cadena de suministros de tierras raras independiente, especialmente bajo la Ley de Producción de la Defensa y el programa de Análisis y Sostenimiento de la Base Industrial

Con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, el foco se ha expandido para tener en cuenta otras materias primas críticas –p.ej. el litio– y otros sectores económicos como la movilidad eléctrica. Nuevas acciones legislativas como la Ley Bipartita de Infraestructuras o la Ley de Reducción de la Inflación –IRA, por sus siglas en inglés– han dado múltiples nuevos incentivos a la producción doméstica de MPCs –en la forma de ayudas directas para la minería y la manufactura, subsidios y exenciones de impuestos en los productos finales, etcétera–. En paralelo, el Departamento de Defensa sigue invirtiendo en la consolidación de una cadena de suministro nacional de tierras raras.

Estas políticas parecen estar funcionando. En 2017, la compañía MP Materials adquirió los derechos de explotación de la mina Mountain Pass, ubicada en California. Esta mina era la fuente de producción de la abrumadora mayoría de la producción global de tierras raras, hasta que la competencia china de bajo coste la expulsó del mercado. Con el control de este importante yacimiento, y decenas de millones en financiación desde el Departamento de Defensa, MP Materials está preparándose para asentar en Estados Unidos la totalidad de la cadena de valor de tierras raras-imanes permanentes: minería, refinado y separación –de tierras raras tanto ligeras como pesadas–, producción de la aleación base y fabricación de los imanes finales

Cadenas de suministro simplificadas de dos materias primas críticas: a) tierras raras-imanes permanentes y b) litio-baterías.
Cadenas de suministro simplificadas de a) tierras raras-imanes permanentes y b) litio-baterías. Fuente: elaboración propia.

Con esto, MP Materials se convertirá en el primer productor de imanes permanentes en lograr la integración vertical de toda la cadena de valor. También cumplirá los objetivos estratégicos del Pentágono: el consumo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos es pequeño en comparación al mercado total, y podrá ser completamente satisfecho por las operaciones de la compañía.

Para ampliar: Tensión entre la Unión Europea y Estados Unidos: ¿hacia una guerra comercial?

Asimismo, la minería de litio también está despegando en el país, con nuevos proyectos en distintos estados de tramitación alimentados por los paquetes legislativos aprobados por la administración Biden. El gobierno federal estadounidense, asimismo, está invirtiendo en nuevas fuentes de materias primas críticas, como el litio de sales geotermales o el reciclado de imanes de tierras raras.

Unido a las amplias ayudas para la expansión de la industria verde de la IRA, Washington está en buen camino para reestablecer el dominio doméstico en las principales MPCs, aunque éstas probablemente no puedan suministrar la totalidad de las necesidades de la industria nacional. Por ello, la cuota de materias primas y manufactura local que establece la IRA para acceder a los subsidios que ofrece para vehículos eléctricos incluye tanto la producción interna como la procedente de países que cuentan con un tratado de libre comercio con Estados Unidos –México y Canadá–. Esto ha causado gran preocupación en los aliados europeos que temen que las grandes ayudas desplacen la inversión industrial verde hacia Estados Unidos al estar las manufacturas europeas excluidas de los subsidios.

El papel de Europa

Los últimos desarrollos por parte de Washington son vistos con creciente preocupación al otro lado del Atlántico. La Unión Europea y sus Estados miembros han centrado sus ambiciones industriales y de materias primas no en la seguridad nacional, sino en sectores clave de la economía, como el del automóvil, que se está preparando para la transición al vehículo eléctrico. En este contexto, la nueva estrategia estadounidense ha elevado la competencia en esos sectores, evidenciando la necesidad europea de potenciar su propia base industrial y, en particular, en lo que respecta a las MPCs y sus cadenas de suministros.

Europa, al igual que Estados Unidos, cuenta con importantes reservas de minerales de varias materias primas críticas, como depósitos significativos de litio en España y Portugal o el reciente descubrimiento de un gran depósito de tierras raras en Suecia. En lo que respecta a la cadena de suministros de las baterías de litio, gracias a los fondos NextGeneration EU –establecidos a raíz de la pandemia del Covid-19– Bruselas está en camino de igualar e incluso superar la capacidad productiva de Estados Unidos –exceptuando inversiones no anunciadas– para finales de la década, con nuevas gigafactorías anunciadas y en planificación por todo el continente. 

Sin embargo, en el ámbito de las tierras raras la Unión Europea parte con desventaja puesto que no tiene experiencia significativa en la actividad minera –como sí tiene Estados Unidos con el legado de Mountain Pass– y carece de un actor dinamizador que juegue un papel similar al realizado por el Departamento de Defensa estadounidense.

Asimismo, una nueva mina requiere años de trámites administrativos, medioambientales y legales, y esto es particularmente tedioso en el caso de las minas de tierras raras, cuyos métodos de extracción y procesado pueden ser particularmente contaminantes. Si bien las nuevas minas estadounidenses experimentarán los mismos retrasos, Mountain Pass lleva operando desde 2012 y su actividad –aunque actualmente exporta el material a China para su procesado– da garantías de producción doméstica, ayudando en última instancia a coagular la cadena de valor completa.

Por estos motivos la Unión Europea se enfrenta a problemas más severos para construir una cadena de suministros integrada para sus tierras raras, aunque se están registrando avances. La compañía canadiense Neo Performance Materials va a invertir –gracias a unos 19 millones de euros del Fondo de Transición Justa de la UE– en la producción de imanes de tierras raras junto a una planta de separación de tierras raras en Estonia. En paralelo, se está estableciendo una cadena de suministro completa entre Canadá, Suecia y Noruega, y Bruselas está canalizando muchos fondos para la investigación en la sustitución de MPCs y su extracción de fuentes no convencionales a través de su programa I+D Horizon Europe.

Para ampliar: Las tecnologías cuánticas: la nueva frontera tecnológica de las potencias globales

Sin embargo, el caso de la cooperación Canadá-Suecia-Noruega es ejemplo de la que tendrá que ser, por fuerza, la estrategia europea en los próximos años y décadas. La Unión Europea, junto con los países de su órbita económica como Noruega, está obligada a sellar acuerdos de suministro con actores extranjeros líderes en la producción de las distintas materias primas críticas. Desde Bruselas han bautizado a esta política como “autonomía estratégica abierta”: cooperar multilateralmente siempre que sea posible, manteniendo la capacidad de actuar independientemente cuando se deba. En el contexto de las MPCs, esto significa admitir que la gran mayoría de los recursos deberán ser importados –preferiblemente de naciones amigas–, pero mantener un mínimo de producción y capacidades domésticas para cubrir los sectores más críticos en caso de necesidad. 

Porcentaje de suministro importado del primer suministrador de cada materia prima crítica a la UE (* indica porcentaje sobre producción mundial). Fuente: Comisión Europea, 2020.

Para promover la búsqueda de soluciones a los problemas alrededor de las MPCs –tramitación de nuevas minas, establecimiento de reservas estratégicas, seguridad de las inversiones, etcétera–, la Comisión Europa presentará en breve una Ley Europea de Materias Primas Críticas a fin de armonizar la legislación de los Estados miembros y diseñar una estrategia europea completa a este respecto. De este proyecto de ley y los esfuerzos para asegurar flujos de suministros desde países aliados –como Canadá o Australia– dependerá en buena parte el éxito de la estrategia europea.

Competencia en aumento

El resto del mundo también está trazando sus planes. China, por supuesto, tratará de mantener su dominancia sobre las cadenas de suministro que controla. Recientemente, por ejemplo, llevó a cabo la fusión de sus tres principales empresas mineras de tierras raras –todas ellas bajo supervisión estatal, controlando un 70% de toda la producción nacional– a fin de consolidar el mercado y afianzar su supremacía. Por otro lado, Japón –el segundo mayor productor actual de imanes de tierras raras– está planificando la extracción de tierras raras de lodos submarinos de sus aguas territoriales, y países productores de materias primas como Chile intentan extender su industria hacia la manufactura de los productos finales. 

En conjunto, con una demanda mundial en explosión y una producción que tendrá dificultades en expandirse lo suficiente, actores geopolíticos como Estados Unidos y Europa –con reservas locales limitadas– no serán capaces de satisfacer la totalidad de su demanda con fuentes domésticas y tendrán que contentarse con garantizar una fracción del total –con minas nacionales o mediante un proceso de reciclaje– que permita el suministro de los sectores más estratégicos, como la defensa o las energías renovables. Las cartas están repartidas y la competencia será feroz. 

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