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El retroceso de la extrema derecha en las elecciones de Suecia abre la puerta a un difícil gobierno socialdemócrata

En las elecciones de Suecia, ha retrocedido la extrema derecha y la socialdemocracia ha obtenido su peor resultado desde 1908.
En las elecciones de Suecia, ha retrocedido la extrema derecha y la socialdemocracia ha obtenido su peor resultado desde 1908. Fuente: Frankie Fouganthin, bajo CC BY-SA 4.0

Pasadas las elecciones en Suecia, la socialdemocracia de Magdalena Andersson queda en una posición más favorable que el bloque conservador, pero las diferencias entre sus posibles aliados hacen que la formación de un Ejecutivo se complique. Al otro lado, los Moderados y la extrema derecha de Demócratas de Suecia conservan buena parte del espacio electoral de la derecha, aunque ya no cuentan con los números que han permitido gobernar a Kristersson.

La frontera de los 175 diputados vuelve a ser determinante. Ninguno de los dos grandes espacios dispone por sí mismo de los escaños necesarios para gobernar con comodidad y las posibles alianzas atraviesan líneas rojas que los partidos han defendido durante toda la campaña.

Liberalerna ha sobrevivido, pero la derecha no suma

Uno de los resultados más reseñables de las elecciones en Suecia ha llegado desde un partido que las encuestas daban prácticamente por desaparecido. Los liberales han logrado superar holgadamente el umbral del 4% y ha obtenido 19 representantes, tres más que en la anterior legislatura.

Los sondeos llegaron a situar a Liberalerna fuera del Parlamento, pero en última instancia su supervivencia no solo garantiza al partido un papel en la nueva legislatura, sino que modifica las posibilidades de ambos bloques. La ausencia de los liberales habría dejado un escenario mucho más favorable para la socialdemocracia. Con ellos dentro de la Cámara, la diferencia entre los dos grandes espacios se estrecha considerablemente.

Ninguno de los principales partidos de la derecha sueca ha sufrido un desplome y, de hecho, tres de ellos incluso han aumentado su representación, pero el conjunto que permitió a Kristersson alcanzar el poder en 2022 ya no dispone de suficientes escaños para continuar sin cambios.

Para ampliar: El mito de la neutralidad sueca

Moderaterna avanza hasta los 70 diputados, dos más que en la anterior legislatura. Los democristianos alcanzan los 22 y los liberales 19. Todos ellos crecen, pero el bloque pasa de 176 a 174. La pérdida se concentra en los Demócratas de Suecia. Sverigedemokraterna retrocede alrededor de tres puntos porcentuales y pierde 11 diputados, aniquilando las opciones de continuismo conservador.

Por su parte, Centerpartiet, un partido de corte liberal, podría proporcionar a la derecha una vía matemática para alcanzar el gobierno, pero llevan años manteniendo una posición incompatible con esa fórmula. Su rechazo a cualquier acuerdo que dependa de los Demócratas de Suecia ha sido precisamente uno de los elementos que los ha mantenido alejados del Ejecutivo y les ha colocado como parte de la oposición a Kristersson.

Convencer a los centristas de aceptar una estructura política que implicaría convivir, directa o indirectamente, con la extrema derecha, se antoja imposible.

La (no) mayoría socialdemócrata

La socialdemocracia, que ha logrado su peor resultado desde 1908, tiene el camino más despejado, pero tampoco posee una llave que pueda abrir directamente las puertas de Rosenbad. Magdalena Andersson necesita construir una mayoría a partir de partidos que han compartido oposición, pero que mantienen diferencias importantes sobre el tipo de Gobierno que debería sustituir a Kristersson.

Tras estas nuevas elecciones en Suecia, la suma más evidente reúne a socialdemócratas, izquierda, verdes y centristas. Los cuatro grupos alcanzarían 176 escaños, uno por encima de la mayoría absoluta, y han sido los cuatro grupos de la oposición desde 2022. Aritméticamente, tiene sentido. Políticamente, es una combinación mucho más complicada.

La izquierda de Vänsterpartiet quiere participar en el Ejecutivo y obtener una cuota de poder proporcional a su apoyo parlamentario. El problema es que la entrada de este sector en el gabinete podría hacer que los centristas no den el OK al Partido Socialdemócrata. 

Los centristas, a su vez, pueden aceptar apoyar a Andersson desde fuera, pero eso no significa que estén dispuestos a compartir gobierno con la izquierda o con los verdes. Es más: los verdes de Miljöpartiet añaden un tercer elemento a esta ecuación. Su apoyo también resulta necesario en la combinación de 176 diputados para un gobierno de centro-izquierda, lo que convierte cualquier negociación en un proceso a cuatro bandas.

Para ampliar: Cómo la socialdemocracia de Suecia perdió su hegemonía

Una opción sería que la socialdemocracia intentase gobernar en solitario y negociase caso por caso con sus potenciales socios. Esta fórmula permitiría mantener fuera del gabinete a los partidos más difíciles de conciliar, pero no resolvería el problema fundamental: cada votación importante dependería de acuerdos entre fuerzas con intereses distintos.

Y ni siquiera esa alternativa es sencilla. La izquierda debería aceptar que Andersson gobierne sin concederle ministerios, mientras los centristas tendrían que aceptar que el mandato de la líder socialdemócrata estaría influenciado por la izquierda.

Conviene, no obstante, apuntar una particularidad del sistema político sueco que juega a favor de los socialdemócratas. Para que un candidato sea electo primer ministro no necesita una mayoría absoluta de “síes”, sino la no existencia de una mayoría absoluta de “noes”.

Incluso si toda la derecha rechaza el nombramiento de Andersson –esto supondría 173 “noes”–, el Partido Socialdemócrata no necesitaría un número mayor de “síes”. Necesitaría, fundamentalmente, que ningún otro partido la rechace activamente. Cualquier combinación sería válida si centristas, verdes e izquierda votan “sí” o se abstienen.  

La alternativa por la derecha

Si ninguna de las alianzas anteriores funciona, todavía quedan combinaciones capaces de producir una mayoría, aunque cada vez más difíciles de imaginar.

Una de ellas sería prescindir de Vänsterpartiet y construir un acuerdo que incluyera a socialdemócratas, centristas, verdes, democristianos y liberales. El punto de partida serían los 125 diputados de socialdemócratas y Centerpartiet, por lo que habría que incorporar a las otras tres fuerzas para alcanzar la mayoría.

En este caso, el Partido Socialdemócrata tendría que decidir qué partidos entrarían en el Gobierno y cuáles se limitarían a garantizar su investidura. En un escenario tan heterogéneo, incluso alcanzar un acuerdo programático mínimo podría resultar más complicado que alcanzar los 175 diputados.

Otra posibilidad sería una gran coalición entre socialdemócratas y moderados, pero acarrea dos grandes dificultades. En primer lugar, que tampoco alcanzarían por sí solos la mayoría. En segudo lugar, que necesitarían la participación de otra fuerza de derechas, probablemente democristianos o liberales, para completar la ecuación. Ni el electorado socialdemócrata ni el moderado parece dispuesto a aceptar este esquema.

Resultados preliminares de las elecciones en Suecia. Fuente: Valmyndigheten

La izquierda quiere influencia institucional; el centro mantiene su distancia respecto a ella y respecto a la extrema derecha; los verdes son necesarios para varias de las combinaciones posibles; y los partidos de centro-derecha necesitarían encontrar una fórmula que mantenga a los Demócratas de Suecia dentro de la ecuación sin espantar a Centerpartiet.

A la luz de los resultados en estas elecciones en Suecia, la socialdemocracia tiene nuevamente la mayor fuerza individual y Magdalena Andersson es quien parte con más posibilidades de regresar al poder, pero la victoria electoral no le ha entregado una mayoría política clara.

Si Andersson incorpora a la izquierda, arriesga perder al centro. Si prioriza al centro, puede quedarse sin el apoyo de la izquierda. Si intenta gobernar sola, necesitará acuerdos permanentes con ambos. Si busca una mayoría más amplia, tendrá que sentar en la misma mesa a partidos que apenas comparten puntos de encuentro.

De fondo, como suele ser habitual en Europa, la sombra de la repetición electoral, un escenario atractivo para la izquierda y los verdes, que no tienen particular urgencia en que se resuelva esta situación. 

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