
El actual presidente de Uganda, Yoweri Museveni, se ha hecho con la victoria en las elecciones del pasado 15 de enero. Según los datos revelados por la Comisión Electoral, el líder del Movimiento de Resistencia Nacional ha obtenido 7,9 millones de votos (71,6%), con lo que evita tener que competir en una segunda vuelta.
Su principal rival, el cantante Robert Kyagulany, conocido como Bobi Wine, ha cosechado 2,7 millones de sufragios (24,7%). De este modo, Museveni obtiene su séptimo mandato consecutivo.
Ya desde antes de hacerse públicos los resultados, el líder opositor anunció que no los iba a reconocer, afirmando que se había producido un “fraude masivo”. “Después de detener a casi todos nuestros agentes electorales, manipular las urnas y cortar el internet, el régimen está intentando amañar las elecciones una vez más”, afirmó Wine. A su vez, llamó a la población ugandesa a movilizarse de manera pacífica.
Las protestas no se hicieron esperar y, nada más publicarse los resultados, las calles de las principales ciudades del país se llenaron de manifestaciones de rechazo. La policía reprimió duramente las concentraciones, incluso usando munición real y provocando la muerte de al menos siete personas. Sin embargo, según organismos de derechos humanos y fuentes de la oposición, es posible que la cifra sea mucho mayor.
Por otra parte, más de 100 miembros del partido opositor Plataforma de Unidad Nacional (NUP) fueron detenidos y acusados de delitos como reunión ilegal, conspiración o posesión ilegal de material electoral.
Desde la organización, en cambio, aseguran que eran agentes electorales que fueron arrestados para evitar que asistieran a los colegios. Esta acusación de manipulación viene a sumarse a otras como las de la misión de observación de la Unión Africana, liderada por el expresidente nigeriano Goodluck Jonathan, quien criticó estas detenciones al “infundir miedo y erosionar la confianza pública en el proceso”.
A pesar de ello, aunque reconoció que el cierre de internet “dificultó el seguimiento efectivo” y que hizo aumentar las sospechas, aseguró que no habían recibido ninguna prueba concreta de manipulación de votos o actas electorales.
En este contexto de fuerte tensión postelectoral, el líder del NUP, Bobi Wine, denunció que fuerzas de seguridad ugandesas habrían asaltado su domicilio para detenerle, afirmando en un video que había escapado y se encontraba en un lugar seguro.
La policía rodeó su vivienda a las afueras de Kampala, cortó el suministro eléctrico y restringió el acceso a sus simpatizantes, lo que Wine denunció como un intento de “silenciarnos y aterrorizarnos”.
La policía, en cambio, negó que se tratara de un arresto, asegurando que era una medida de seguridad para evitar que su vivienda se convirtiera en el lugar de reunión para “incitar a la violencia”.
Bobi Wine pone en aprietos a Museveni
Wine se ha ido consolidando en los últimos años como el principal símbolo de oposición ugandesa. Cantante y activista social, irrumpió con fuerza en la vida política presentándose como la voz de los más jóvenes contra la corrupción, la represión política y los altos niveles de desempleos, lo que le granjeó una gran popularidad entre un amplio sector de la población que no ha conocido a otro presidente que no sea Museveni.
Diputado desde 2017, Wine ha sido detenido varias veces por diversos motivos, siendo escogido como líder del NUP en 2019 y posteriormente candidato presidencial para las elecciones de 2021.
A pesar de las esperanzas despertadas, Wine no logró pasar a la segunda vuelta, aunque su irrupción consiguió que Museveni obtuviera uno de los porcentajes de votos más pequeños de su carrera política. Estos comicios también fueron calificados de fraudulentos, estando marcados por la violencia y la represión de sus actos de campaña en los que fallecieron varios de sus simpatizantes.
Aunque se espera que las protestas continúen –la oposición ya ha llamado a crear un clima de movilización constante–, por el momento no parece que se den las condiciones para que estas puedan derivar en una caída del gobierno. Museveni lleva en el poder desde 1986, cuando se hace con las riendas del país tras varios años de lucha guerrillera.
Al principio se presentó como un líder reformista que iba a traer estabilidad al país, aunque pronto mostró su carácter autoritario concentrando el poder y eliminando el límite de mandatos de la Constitución. No será hasta 2005 cuando introduzca un sistema multipartidista, aunque los comicios llevados a cabo desde entonces se han visto envueltos en acusaciones de fraude.
A sus 81 años, ahora Museveni seguirá gobernando el país por cinco años más, existiendo importantes dudas sobre la continuidad de un sistema político fuertemente personalista cuando deje el poder.
La edad de Museveni puede ser vista por la oposición como una oportunidad para intensificar las protestas y crear un clima de fuerte contestación social y política para exigir ciertos cambios, siendo impulsadas por una población muy joven que ha visto como el crecimiento económico de los últimos años se ha estancado y son ellos los principales damnificados.
Aunque a corto plazo no parece probable una caída de Museveni, si la oposición consigue mantener un clima permanente de protestas es posible que ponga en serios aprietos a una élite política preocupada por la futura sucesión, lo que podría derivar en importantes reformas para intentar acallarlas.
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