
Soplan vientos de cambio en Hanói. El fallecimiento del secretario general del Partido Comunista de Vietnam (PCV), Nguyen Phu Trong, ha traído consigo un cambio de paradigma en la política interna. El ascenso de To Lam al poder y la acumulación de este en su persona han desbancado definitivamente a la tradicional pugna entre las facciones tecnócrata y purista. Reina la incertidumbre. Frente a ella, la consolidación de su poder transita por su capacidad de emitir una imagen de líder estabilizador.
Dicha percepción se pretende alcanzar mediante el establecimiento de un equilibrio de poder entre la policía y el ejército mediante el previsible nombramiento como presidente de la república del militar Luong Cuong; y la profundización del alcance de la narrativa estratégica vietnamita. Marcados por la cercanía a China, el colonialismo y la guerra con Estados Unidos, los legisladores vietnamitas han desarrollado durante décadas una cosmovisión de las relaciones internacionales basada en los principios de: autonomía estratégica, multilateralización y diversificación de socios. A esta fórmula es a la que se está adhiriendo Lam.
El verano de 2024 se ha caracterizado por la aproximación a China y Rusia, al tiempo que se matizaban sus compromisos con naciones hostiles a las mismas. Junio traía consigo la visita de Vladímir Putin, mientras que agosto lo protagonizaría China, con el viaje de Lam a Pekín para reunirse con Xi Jinping, y las desavenencias públicas con Filipinas sobre la cooperación entre ambos países. Todo ello no ha impedido en ningún modo que el nuevo apoderado haya realizado una gira por Estados Unidos y Francia.
La máxima autoridad de Vietnam ha pisado su antigua metrópolis por primera vez en más de 20 años. Y no lo ha hecho en vano. El viaje ha dado como resultado el establecimiento de una Asociación Estratégica Integral (AIE) con el país galo, lo cual implica que Francia se encuentra ahora en la cúspide de la jerarquía diplomática de Hanoi.
Cooperación en el mantenimiento y desarrollo de infraestructuras estratégicas, creación de proyectos estructurales conjuntos en materia militar y ayuda al desarrollo de la energía nuclear son solo algunos de los aspectos del tratado que convierten a París en el octavo socio estratégico de Vietnam, a la altura de Pekín, Moscú, Nueva Delhi, Seúl, Washington, Tokio y Canberra.
El movimiento diplomático empuja la coyuntura en Asia-Pacífico hacia una faceta multipolar. Vietnam, además de lograr un socio económico y militar, emite un mensaje en dirección a China: “No estamos alineados con Estados Unidos pese a los recientes acuerdos con este y sus países socios”. Por ello, se esperan tratados similares con Indonesia y Singapur. En paralelo, el Elíseo, sumido en una crisis en Nueva Caledonia y con una creciente pérdida de influencia en la región, logra resituarse en la competencia geopolítica, abriendo un abanico de posibilidades para eventuales pactos de esta índole en el Indo-Pacífico.
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