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Victoria contundente del Partido Laborista en Australia 

La victoria del Partido Laborista en Australia permite a Anthony Albanese consolidar su agenda tanto en el ámbito interno como en el exterior.
La victoria del Partido Laborista en Australia permite a Anthony Albanese consolidar su agenda tanto en el ámbito interno como en el exterior. Fuente: redes sociales de Albanese

El Partido Laborista de Australia (ALP), la formación política más vetusta del país, ha vencido las elecciones federales con el mejor resultado en décadas: 86 diputados. Frente a ellos, el Partido Liberal de Australia (PL) obtuvo 39 diputados, siendo este el peor resultado de toda su historia. Situación paralela a la de los Verdes, que han perdido su representación en la cámara baja del legislativo. 

Anthony Albanese renueva su mandato como primer ministro y cierra categóricamente una década de malos resultados. Solamente el número de diputados independientes, que ha pasado de 15 a 10, no ha sufrido un descalabro. El Partido Laborista de Australia ha renovado su dominio de las áreas urbanas, suprimiendo la amenaza que suponían los Verdes, y ha conseguido incursionar en zonas rurales.

Las claves de la victoria laborista en Australia

Los motivos del aplastante éxito laborista responden a dos grandes dinámicas: el asentamiento de la popularidad de la actual administración y la ausencia de una estrategia bien definida por parte de sus rivales. Italo-australiano y proveniente de un entorno de clase baja, el gobierno de Anthony Albanese se ha caracterizado por un fuerte enfoque en la política económica. Medidas como la promoción de la construcción de vivienda, la reducción de impuestos y la consecución del superávit en los presupuestos federales le han granjeado una imagen de buen administrador. 

Contrariamente, la bancada liberal no ha sido capaz de deshacerse de la polémica e impopularidad de su anterior líder, Scott Morrison. Su ejercicio del cargo del ex primer ministro liberal se vio marcado por las irregularidades cometidas durante la pandemia de COVID-19. En plena emergencia sanitaria, el mandatario se autodesignó de forma secreta como el responsable último –el ministro de facto– de hasta cinco carteras ministeriales.  

El sucesor de Morrison, Peter Dutton, quien fue ministro de Inmigración entre 2014 y 2017 y autor intelectual de la política de prevención de llegada de migrantes mediante la construcción de campos de detención en los países vecinos, no ha sabido conectar con su electorado. Tildado de autoritario y cercano a la administración Trump, el candidato liberal no ha sabido realizar propuestas que perfilaran un proyecto alternativo al laborista. Hecho al que se le suman las tensiones internas en su formación política.  

Para ampliar: Australia reforma su estrategia de defensa motivada por la competición con China

Por su parte, los Verdes han sucumbido ante la problemática proveniente de su propio modelo socio-demográfico. Estructurados de forma descentralizada alrededor de una serie de líderes regionales, la formación debía competir al mismo tiempo con los grandes partidos del bipartidismo que estructuran sus argumentos en clave nacional y con los candidatos independientes cuyos discursos se centran en el ámbito local. Así, pese a no haber sufrido un hundimiento en número de votos, sí lo han hecho en escaños.   

Finalmente, la votación no solo representaba una elección sobre el modelo de país, sino que también era una disyuntiva entre dos formas de entender el proyecto geopolítico australiano. De un lado, la sombra de Morrison encarnaba una visión de la geopolítica estrictamente alineada con Washington, abiertamente hostil con Pekín y que prioriza los “grandes asuntos geopolíticos” a la carrera por el Pacífico Sur.  

Del otro lado, Albanese representa una equidistancia pragmática. Sus tres años de gobierno han visto una reparación de las relaciones con China y Francia, así como, sobre todo, una ofensiva diplomática a lo largo y ancho de Oceanía y el Sudeste Asiático con vistas a consolidar a Canberra como una potencia media capaz de establecer su propia esfera de influencia. El dilema queda resuelto con esta votación. 

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