
El conflicto entre Venezuela y Guyana por el territorio del Esequibo podría entrar en una nueva fase a partir del domingo 25 de mayo. En esta fecha está prevista la celebración de unas nuevas elecciones regionales en la República Bolivariana de Venezuela en las que el territorio en disputa entre ambos Estados sudamericanos jugará un papel central.
El gobierno de Venezuela, liderado por Nicolás Maduro, había confirmado un hecho de gran calado para esta disputa territorial: la incorporación del Esequibo en los comicios regionales. Como parte del proceso electoral del último domingo del mes de mayo, el Estado venezolano ha asegurado que será elegido un gobernador de la denominada provincia de la Guayana Esequiba.
Desde el referéndum del año 2023, en el que aproximadamente la mitad de la población venezolana habría participado para ratificar mayoritariamente el reclamo venezolano sobre el territorio guyanés al oeste del río Esequibo –territorio que representa aproximadamente dos tercios del territorio internacionalmente reconocido como guyanés–, Venezuela ha intensificado su agenda soberanista. Este impulso se correspondía con la creciente presencia de activos e intereses estadounidenses –tanto petrolíferos como militares– en la vecina Guyana.
La posición internacional de Caracas se ha complicado en los últimos meses por dos factores: en primer lugar, el desreconocimiento que numerosos gobiernos –tanto a nivel regional como internacional– hicieron de su proceso electoral y de los resultados comunicados por el Consejo Nacional Electoral; en segundo lugar, como consecuencia del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca y la nueva estrategia de su administración, cuyo secretario de Estado Marco Rubio ha apostado por un enfoque más agresivo con los gobiernos “hostiles” en América Latina.
El conflicto entre la República de Guyana y la República Bolivariana de Venezuela por el territorio del Esequibo no es nuevo, sino que se remonta a dinámicas propias de sus respectivos procesos de descolonización –frente a los imperios británico y español, respectivamente–.
Sin embargo, la actual fase de conflictividad sí es en cierta medida una novedad. Durante décadas, incluso a lo largo del gobierno de Hugo Chávez y de buena parte del gobierno de Nicolás Maduro, Venezuela y Guyana sostuvieron relaciones amistosas que permitieron dejar de lado la disputa por el Esequibo, aunque ninguno de los dos actores renunciaba a su reclamo de soberanía.

Las elecciones regionales en Venezuela podrían definir una nueva fase en el conflicto. En el caso de que efectivamente Venezuela, que se anexó formalmente el territorio de la Guayana Esequiba y lo incorporó oficialmente a su mapa nacional, determine un “gobernador” de la región, ello significaría con toda probabilidad el primero de varios pasos mediante los cuales la administración de Nicolás Maduro buscará elevar la disputa territorial a instancias internacionales.
A su vez, la reacción del gobierno guyanés de Ifraan Ali contemplará, previsiblemente, la condena de la decisión venezolana. Considerando los firmes lazos que unen a la República de Guyana y a Estados Unidos, es esperable también una respuesta –quizá escalatoria– por parte de Washington, en mayor medida si se tiene en cuenta la nueva perspectiva intervencionista que el la administración Trump ha buscado imponer sobre América Latina.
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