
El pueblo saharaui se encuentra en una encrucijada en torno a su futuro. Y desde el ámbito de la cooperación se está pudiendo ver el reflejo de ese dilema. Si bien algunos ancianos eran reacios al notable proceso de asfaltado de las carreteras que unen las provincias –wilayas– y campamentos saharauis en Argelia, la cuestión va más allá de abandonar el precario terreno desértico. En la actualidad, se trata de tomar una decisión muy simbólica: dejar atrás la temporalidad.
Los proyectos de cooperación se han centrado hasta ahora en el aspecto humanitario, pero pueblos como el haitiano, el palestino y el saharaui se aproximan hacia un estado de “conflicto permanente” a ojos de la cooperación. Por ello se acaban priorizando proyectos puramente humanitarios, de alivio inmediato de las condiciones de emergencia, con un ligero componente de desarrollo, lo que en el caso saharaui se traduce en una perpetuación de su estacionalidad en Argelia.
Además, la ayuda humanitaria para el pueblo saharaui se está desplomando. Nos hemos desplazado hasta la wilaya de Rabuni, al sur de Argelia, para hablar con Mohamed Fadel, el director de coordinación con las oenegés en los campamentos saharauis y el movimiento asociativo de apoyo a la cooperación.
Fadel denuncia que desde el año 2019 se ha contraído la financiación para la cooperación en un 30% y que la situación continúa deteriorándose. De hecho, lamenta que podría alcanzar una caída acumulada del 40% en 2025, afectando a todos los sectores donde se hallan necesidades acuciantes. Pero en el caso de la ayuda que sí llega, se ha abierto el debate sobre la necesidad de transitar de proyectos meramente humanitarios hacia iniciativas de desarrollo con el objetivo de mejorar las condiciones de vida en el lugar donde se habita.
La mejora de los campamentos saharauis
Esta perspectiva tiene fuertes connotaciones identitarias y materiales, puesto que implicaría centrar recursos en instalar a la población de manera permanente en el exilio, cuando una de las principales conversaciones que surgen al hablar con perfiles de cualquier adscripción gremial es, precisamente, el deseo por el regreso a su tierra. Incluso se llegan a hacer comparaciones con la inexistencia de una agencia de refugiados ad hoc para el pueblo saharaui, como la UNRWA con el pueblo palestino, ya que entre sus reconocimientos se incluye el del derecho al retorno.
Siguiendo el ejemplo de la pavimentación o el asfaltado de carreteras, no ha sido hasta el año 2016 cuando se han desarrollado importantes obras para construir infraestructura eléctrica, dejando atrás la precariedad de los generadores. El proyecto comenzó de manera significativa en Dajla y aún quedaría concluir con su desarrollo en otras wilayas como la de Bojador.
Por si fuera poco, la luz que arroja el proyecto que nos comenta Fadel tiene una connotación aún mayor: es Argelia quien está sufragando de manera directa la electrificación de los campamentos saharauis. La población no vive generalmente en jaimas, e incluso muchas viviendas ya no se hacen de adobe, las cuales quedaban seriamente dañadas ante temporales.
Asimismo, con la llegada de la electricidad y las carreteras asfaltadas, se vivió una necesidad creciente de mejorar las capacidades de protección civil. En este sentido, hemos podido visitar al único jefe de bomberos de los campamentos saharauis, Ali Rahel. Los accidentes y los incendios hacen que los bomberos puedan cumplir una función necesaria en el Sáhara, con un parque abierto en Rabuni, otro en Ausred y otro en marcha en Smara.
La protección civil a través de los bomberos en todas las wilayas depende de estas capacidades y, en caso de posibilidad, de Argelia. Sin embargo, Rahel nos ha explicado que hace falta mucho material y este es dependiente de la cooperación –en este caso a través de la ONG AIRE– y de donaciones de distintos lugares del mundo. Aunque en esta ocasión provienen de A Coruña, en los campamentos es notable la contribución de diversas regiones de España, así como las capacitaciones cubanas y el material procedente de países europeos como Italia.
También hemos podido ver algunos sistemas de saneamiento modernizados. La urbanización es hermana del asentamiento. Y los saharauis, sea por antiguas tradiciones nómadas, o por el deseo de que su presencia en Argelia sea temporal y retornar al Sáhara Occidental, acogen con división el hecho de asentarse definitivamente en el país que les acoge.
La dependencia de Argel se agudiza ante la disminución de la ayuda humanitaria. Pese a la caída experimentada, Fadel nos cuenta que España sigue siendo el país más destacado tanto en cercanía como en participación. Por si fuera poco, desde el lado saharaui y el tejido asociativo afectado, se denuncian “presiones” marroquíes destinadas a reducir aún más esta asistencia.
Aun con todo, el director de coordinación saharaui para las oenegés considera que, después de 50 años, es “insostenible” seguir anclados en la ayuda únicamente de componente humanitario. Por ello, asume tanto las luces como las sombras que implica avanzar hacia el asentamiento y fomentar la cooperación para el desarrollo.
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