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Tailandia: tensiones con Camboya y crisis de gobierno 

La crisis fronteriza con Camboya ha desencadenado una grave inestabilidad en el gobierno de la primera ministra Shinawatra en Tailandia.
La crisis fronteriza con Camboya ha desencadenado una grave inestabilidad en el gobierno de la primera ministra Shinawatra en Tailandia. Fuente: Hun Manet

La crisis entre fuerzas de Tailandia y Camboya en las inmediaciones del disputado templo de Preah Vihear se ha enquistado. Pese a los llamados mutuos a la pacificación, la coyuntura se desliza en sentido contrario. Paradójicamente, dicha dinámica emerge de las propias conversaciones de paz. 

Durante las reuniones del 14 y 15 de junio de 2025 de la Comisión Conjunta de Fronteras (JBC), Camboya propuso a su contraparte que ambos países presentaran ante la Corte Internacional de Justicia las cuatro áreas limítrofes en disputa y que estas no fueran incluidas en futuras conversaciones de delimitación de fronteras. Ante ello, Bangkok se negó en rotundo. 

Desde ese momento, las tensiones se han disparado. Tailandia restringió el horario de apertura de los principales cruces fronterizos y llegó a amenazar con cortar el flujo de electricidad e internet en las provincias jemeres limítrofes. La escalada forzó la intervención de Hun Sen, padre del actual primer ministro Hun Manet y hombre fuerte de la política camboyana. Bajo sus órdenes se prohibió la reproducción de películas tailandesas y una importante conexión terrestre entre Tailandia y Vietnam fue bloqueada. 

Para ampliar: Tensiones fronterizas entre Tailandia y Camboya 

La presión camboyana se incrementa con el paso de las horas. El gobierno organizó en la capital, Nom Pen, una protesta de corte nacionalista en respaldo a su política vecinal. Paralelamente, las importaciones de vegetales tailandeses fueron prohibidas. La situación ha seguido escalando con el cierre de la mayoría de los pasos fronterizos por parte tailandesa y la suspensión de importaciones de gas y combustible por parte camboyana.   

El motivo del empecinamiento jemer en esta cuestión se puede resumir en una sola locución: unidad nacional. En los dos años de gobierno de Hun Manet, la administración no ha cosechado ningún hito importante, algo que en un modelo político basado en la legitimidad vía resultados representa una amenaza estructural. Así, el clan Hun apuesta por una victoria frente a un enemigo exterior para obtener legitimidad y desactivar a los movimientos opositores de corte nacionalista.   

La crisis con Camboya afecta al gobierno de Tailandia

Si en Camboya el enfrentamiento es una cuestión de unidad nacional, en Tailandia está generando la reacción contraria. El país vive bajo un crónico enfrentamiento interno entre sus tres grandes facciones: los “amarillos”, representantes del estamento militar y la aristocracia; los “rojos”, representantes del campesinado y encabezados por la dinastía Shinawatra; y los “naranjas”, cuyas filas son integradas por la burguesía capitalina. De este modo, la crisis con Camboya solo exacerba dichas dinámicas.  

El temor a la reforma que supondría un ascenso al poder de los “naranjas”, llevó a los “amarillos” a pactar con los Shinawatra. Sin embargo, las viejas rencillas siguen aflorando. En una conversación telefónica filtrada entre la primera ministra Paetongtarn Shinawatra y Hun Sen, la mandataria tailandesa criticaba fuertemente a sus fuerzas armadas y llegaba a tildar a ciertos comandantes militares como sus enemigos, al tiempo que imploraba a su contraparte que rebajara las tensiones. 

Fue la gota que colmó el vaso. El gabinete de gobierno se encuentra en pleno proceso de implosión. Mientras la filtración genera una oleada de manifestaciones de corte nacionalista, los Shinawatra mueven ficha con la intención de purgar a aquellos socios de coalición. Thaksin Shinawatra, ex primer ministro y padre de la actual primera ministra, anunció una reestructuración del gobierno. 

Para ampliar: Tailandia (I): Rojos contra amarillos

En el centro de la disputa se encuentra el Ministerio del interior. Actualmente dirigido por el vice primer ministro y líder del partido Bhumjaithai –vinculado a la facción amarilla–, Anutin Charnvirakul, el Pheu Thai de los Shinawatra exigió que les fuera entregado. Una petición que fue interpretada como un acto de guerra al significar la caída en la irrelevancia del Bhumjaithai. Por ello, dicha formación política ha abandonado la coalición de gobierno, llevándose 69 escaños que dejan al ejecutivo en una precaria situación en el legislativo.   

La crisis apunta hacia cotas más elevadas con la actual coyuntura del partido United Thai Nation (UTN). También vinculado a los militares, es la segunda fuerza en importancia en la coalición de gobierno y se encuentra en medio de una feroz guerra interna. Sin su histórico líder, el ex primer ministro Prayut Chan-o-Cha, sus sucesores se están enfrentando entre ellos en una vorágine que amenaza con destruir el partido. 

Por el momento, Paetongtarn ha conseguido estabilizar la coalición. Inesperadamente, las fracturas que llevaron al UTN a amagar con abandonar el gobierno, les han hecho dar un paso atrás. Eso le ha dado a la mandataria el músculo político suficiente como para mantener el apoyo de la media docena de formaciones políticas que integran la alianza.

No obstante, la debilidad del gobierno sigue siendo palpable. Los Shinawatra deberán hacer frente al reto de los Hun con una variedad de socios que van desde el conservadurismo militarista hasta la socialdemocracia.  

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