
Los colores rojo y naranja se están empezando a desteñir de la política de Tailandia para dar paso a un dominio amarillo total. Esa es la principal conclusión de las elecciones del 8 de febrero de 2026. Con un 94% del voto escrutado, el Bhumjaithai (BJT), la formación política del primer ministro Anutin Charnvirakul, ha obtenido 193 escaños en un parlamento de 500.
Los resultados vaticinan un cambio de paradigma. Desde inicios de siglo, la política nacional ha estado marcada por el surgimiento de nuevos actores que ponían en entredicho el orden político heredado del siglo XX. Thaksin Shinawatra y los “rojos” en 2001 y el partido Move Forward en 2023 pusieron reiteradamente en jaque a los conservadores de Tailandia, conocidos como “amarillos”. Hoy, todo eso parece ser cosa del pasado.
Con estos resultados, la suma de los tres principales partidos políticos considerados “amarillos” –el Bhumjaithai, el Partido Demócrata y el Kla Tham– supera holgadamente la mayoría absoluta en el parlamento de Tailandia.
Por contra, los “naranjas” del Partido del Pueblo (PP) han visto evaporarse su control del legislativo al perder 33 escaños. Un descalabro solo superado por el Pheu Thai (PT) de la familia Shinawatra, que ha bajado 67 diputados.
El éxito arrollador del BJT radica en dos claves: el control de los temas de discusión durante la campaña electoral y el uso en su favor del sistema electoral. La carrera por la mansión Phitsanulok –la residencia oficial de los primeros ministros tailandeses– empezó en medio de una contienda bélica.
Mientras el Ejército Real Tailandés (RTA) incursionaba repetidamente en territorio camboyano, el actual mandatario adelantaba los comicios con el fin de aprovechar el momentum nacionalista.
Ha sido este el que ha arrasado narrativamente con la maltrecha oposición. El desaceleramiento económico, la falta de materialización de sus propuestas estrella como la revocación de la ley de lesa majestad, la ausencia de liderazgo definido y el pragmatismo demostrado al haber apoyado en un primer momento el nombramiento de Charnvirakul dejaron al PP en una situación altamente vulnerable.
Peor aún era la coyuntura para el PT. Tras dos décadas de constante enfrentamiento con el conservadurismo tailandés, la conformación de un gobierno junto con ello con el fin de impedir el ascenso de los “naranjas” ha dejado sin un rol político específico a los “rojos”. Pero el golpe de gracia vino con Camboya. La histórica cercanía entre los Shinawatra y Nom Pen ha descalificado completamente a la dinastía política.
Las alianzas de Bhumjaithai
Pero no todo lo ha dirimido el curso del debate político. La territorialidad ha jugado un papel central en los resultados de los comicios. En un intento de contrarrestar la macrocefalia de Bangkok, cuya área metropolitana alcanza los 17 millones de habitantes, el sistema electoral tailandés divide los escaños en 100 escogidos en función del voto popular y 400 adscritos a circunscripciones uninominales.
Es en esos 400 escaños dónde el BJT se ha desenvuelto con mayor soltura. Alejados del foco mediático, el equipo de Charnvirakul ha logrado tejer alianzas con numerosos baan yai –término tailandés para referirse a las dinastías políticas de índole local– que le han permitido ganar en regiones rurales clave como el sur o el nordeste, donde han perdido el voto popular.
El voto popular arroja el retrato de un país profundamente fragmentado políticamente. El PP ha logrado un 47% del voto en la capital y se ha perfilado como la principal fuerza política en las regiones central y oriental.
Una victoria que se torna aún más pírrica con el anuncio de la Comisión Nacional Anticorrupción (NACC) de una prohibición de ejercer cargos públicos de por vida a más de 40 de sus diputados por haber participado en el intento de derogación de la ley de lesa majestad.
Fuera del área de influencia de Bangkok se ha desatado una auténtica batalla política. En el sur, histórico bastión del Partido Demócrata, este ha “resucitado” con fuerza tras las devastadoras inundaciones de noviembre de 2025. Pero la verdadera disputa se ha dado en el norte y el Isan –la región nororiental–.
Antiguas fortalezas del Pheu Thai, el derrumbe de dicho partido ha abierto una grieta en el escenario político. Allí el BJT no ha logrado capitalizar completamente su apuesta bélica. La crítica al militarismo ha sido canalizada por el PP, mientras que el orgullo nacionalista rural parece haber encontrado un nuevo líder: Thamanat Prompow.
Exmilitar, con un historial plagado de controversias que incluyen arrestos por conexiones con asesinatos y tráfico de heroína y profundamente arraigado en el medio rural, Prompow y su partido, el Kla Tham, han logrado irrumpir en el parlamento con 58 diputados gracias al apoyo de las comunidades agrarias septentrionales.
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