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Las inundaciones en el sur de Tailandia dejan más de un centenar de muertos

Las inundaciones en Tailandia dejan 160 muertos, afectan a más de tres millones de personas y desatan críticas por la gestión del gobierno.
Las inundaciones en Tailandia dejan 160 muertos, afectan a más de tres millones de personas y desatan críticas por la gestión del gobierno. Fuente: Jordi Solé Codina

El sur de Tailandia afronta las peores inundaciones en un siglo, que han causado más de 160 fallecidos, 110 de ellos en la provincia de Songkhla. El fenómeno virulento se conoce como “una vez cada 300 años”.

"La situación empezó a ser crítica el 21 de noviembre porque la lluvia no paraba y cada vez era más fuerte", explica Sunisa, una joven residente en la provincia de Hat Yai, la más afectada por la tormenta, con precipitaciones de más de 300 litros en 24 horas.

Las riadas han afectado a más de tres millones de personas y a un millón de hogares. "La gente está muy estresada, muchos lo han perdido todo y ya sólo intentan sobrevivir", comenta, apuntando que su casa ha quedado inundada parcialmente.

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El momento más tenso que vivió Sunisa fue cuando tuvo que llevar a su madre al hospital para hacerse una diálisis. “Era el día 21 por la tarde, y al ver que las calles se estaban inundando, preferí esperarme a que terminaran las pruebas”, relata.

Dos horas después, y aún sin poder salir del hospital por miedo a ser arrastradas por la corriente, el agua empezó a entrar en el centro sanitario y los enfermeros les obligaron a marcharse. "Entonces decidí coger el coche con mi madre e ir hacia Songkhla, donde vive ella", mientras el agua empezaba también a entrar en el vehículo. “Desde ese día no he podido volver a mi casa”.

El día 24 de noviembre, el gobernador de Hat Yai, la mayor ciudad del sur de Tailandia, ordenó evacuar a toda la población porque el nivel del agua seguía subiendo, superando los dos metros. “Pido a la gente que abandone el área al 100%”, declaró Ratthasart Chidchod.

Tailandia moviliza recursos en el sur

A principios de la semana pasada, el primer ministro de Tailandia, Anutin Charnvirakul, decretó el estado de emergencia en la provincia de Songhkla, haciendo referencia a una "gravedad sin precedentes" de las inundaciones. Desde ese día, el gobierno movilizó recursos extraordinarios para hacer frente a la situación. El ejército envió un avión de carga C-130 con medicamentos, alimentos y agua, y la marina una flotilla de 14 barcos.

La excepcionalidad ha sido el despliegue del único portaaviones del país, el HTMS Chakri Naruebet, para que actúe como centro de mando flotante. El portaviones, basado en el español Príncipe de Asturias y construido en Ferrol, salió de la base naval de Sattahip el martes 25 de noviembre por la noche dirección Songkhla equipado con dos helicópteros de rescate, drones, equipos de operaciones especiales, equipos médicos que actúan como un hospital y agua potable.

El buque también está equipado con una cocina donde se pueden preparar hasta 3.000 comidas diarias, que se transportarán, vía aérea, a las zonas más necesitadas. El cuerpo de ingenieros del ejército también se ha movilizado con vehículos especializados y 2.000 miembros de la defensa civil.

La gravedad del desastre ha empezado a traer consecuencias políticas. La más relevante ha sido la destitución del jefe de distrito de Hat Yai, acusado de haber abandonado a la gente y el cargo durante la catástrofe, aunque él lo niega: "Hice todo lo que pude para ayudar a las víctimas de la inundación".

El gobierno de Tailandia también empieza a pagar la gestión de las inundaciones, aunque parece que no acepta cuestionamientos, después de que el ministro de la oficina del primer ministro, Paradorn Prissananantakul, se marchara rápidamente de una rueda de prensa al ser cuestionado sobre si el gobierno subestimó la situación en el sur.

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Las redes sociales también están llenas de comentarios contra la gestión gubernamental. Cabe decir que el primer ministro ha visitado Hat Yai hasta cuatro veces y planea visitar otras zonas cuando el nivel del agua lo permita. 

Lily, atrapada en un templo en las montañas de Songhkla, con su madre, también sufre por sus seres queridos. "No sé cómo están mis familiares, no responden porque no tienen internet ni electricidad. Estamos vivas que es lo más importante, pero no tenemos suficiente comida", explica mientras su casa sigue inundada, y recuerda que "lo hemos perdido todo".

Los residentes afectados por las inundaciones se quejan de lo mismo que Lily: "No tenemos agua ni comida suficiente. La ayuda del gobierno llega tarde y es poco efectiva". Victor, que ha perdido buena parte de la cosecha de caucho y aceite de palma considera que "el gobierno no estaba preparado para un fenómeno como este", y lamenta que "no se nos avisó del riesgo de estas lluvias, aunque nadie se esperaba que fueran tan abundantes".

Las inundaciones afectarán gravemente a la producción de caucho del mayor exportador y productor mundial de esta materia. La autoridad nacional del caucho cree que se perderán cerca de 90.000 toneladas valoradas en 4.500 millones de bahts, unos 120 millones de euros. El agua ha sumergido unas 656.000 hectáreas, afectando a más de 160.000 agricultores, según indicó el presidente de la autoridad del caucho de Tailandia, Perk Lertewangpong, en la agencia Reuters.

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