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Silvio Berlusconi: la historia del incansable magnate y político italiano

Silvio Berlusconi, magnate y político italiano, en diferentes etapas.
Silvio Berlusconi en diferentes etapas | Edición propia a partir de imágenes de archivo

Primer ministro en tres ocasiones y con cuatro gobiernos diferentes que suman casi una década de liderazgo. La mayor fortuna privada de Italia y todo un imperio de la comunicación. Popularidad y conflictividad a partes iguales. Silvio Berlusconi se ha ganado un capítulo en la historia reciente de Italia. 

El excavaliere nació en Milán en el seno de una familia acomodada. Fue el primogénito, por lo que se libró del servicio militar, entonces obligatorio. Su madre, Rossa Bossi, fue secretaria de Pirelli; mientras que su padre, Luigi Berlusconi, alcanzó un puesto importante en Banca Rasini. La educación del joven Berlusconi tuvo lugar en colegios católicos y se licenció summa cum laude en Derecho en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán.

Desde muy pronto, Berlusconi se interesó por dos materias: conectar con las personas y los negocios. De hecho, compatibilizó su educación con la venta de electrodomésticos puerta a puerta y como fotógrafo. Una vez alcanzada la mayoría de edad empezó a animar eventos privados. Al mismo tiempo, se dedicó al negocio inmobiliario. En la década de los sesenta, el político y empresario italiano fundó Edilnord di Silvio Berlusconi & C., una constructora de viviendas y edificios comerciales que fue el inicio de lo que evolucionó hacia todo un conglomerado empresarial. Su socio fue Carlo Rasini, dueño de la Banca Rasini –donde trabajaba su padre–, presunto gestor de las fortunas de las mafias italianas.

Iñigo Domínguez, autor de Crónicas de la Mafia, afirma que sin la ayuda económica de Rasini, Silvio Berlusconi no podría haber pasado de vendedor de electrodomésticos y animador a crear su propia empresa de construcción. El origen de la fortuna de Berlusconi lleva décadas siendo un sujeto de estudio que ni la justicia ha sido capaz de aclarar. Son tantos los escándalos que tratarlos en extensión daría para decenas de piezas periodísticas.

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En la década de los 70, y después de tener importantes contratos para la construcción de barrios residenciales –Brugherio, Milano 2 y Milano 3, etcétera–, Berlusconi continuó sus negocios en el mercado inmobiliario mientras se extendió al sector de la comunicación. Ya como cavalieretítulo al que “renunció” con posterioridad, compró el periódico Il Giornale y, en 1980, lanzó la televisión de difusión nacional y contenido generalista Canale 5. Junto a ella, las empresas Reteitalia y Publitalia 80. En solo diez años, la industria televisiva de Berlusconi creció hasta albergar el mencionado Canale 5 junto a Italia 1 y Rete 4, unidas en Mediaset. Curiosamente, durante estos años, el primer ministro Bettino Craxi facilitó la formación de este imperio mediante los conocidos como “decretos Berlusconi” –1984 y 1985–. Tras la caída del histórico político del Partido Socialista Italiano en la trama de Tangentopoli, fue el propio Berlusconi quien tomó el relevo. 

En 1986, el conglomerado mediático superó las fronteras italianas, con la propiedad o participación de la francesa TF1, la alemana Tele 5 y la española Telecinco –origen de Mediaset España–. Además, en ese mismo año, compró el célebre A. C. Milan, club que presidió durante tres décadas. Durante unos años, Berlusconi controló el 40% de los periódicos italianos y el 55% de toda la publicidad emitida en prensa, radio y televisión.

El salto a la política de Silvio Berlusconi

Como suele ocurrir en estos casos, el éxito sin parangón de Berlusconi fue, entre otras cosas, fruto de un contexto propicio. En 1994 estalló el macroproceso judicial Tangentopoli, conocido popularmente como Manos Limpias, por el que decenas de políticos y empresarios fueron enjuiciados. Los principales damnificados fueron los partidos tradicionales que llevan décadas en el poder. Además, el histórico Partido Socialista Italiano se vio envuelto en varios procesos de divisiones y refundaciones. 

En este momento, un triunfante empresario del sector privado, sin relaciones públicas con la política, se presentó en varios canales de televisión y periódicos como el elegido para “administrar el Estado como se administra una empresa o una familia”. Berlusconi creó Forza Italia con un programa sólido: libertad económica y personal, reducción del déficit público, creación de empleo y lucha contra la corrupción. 

He aquí la clave del éxito. El entonces reconvertido en político logró aunar a todas las fuerza del centroderecha y la derecha italiana en dos coaliciones. Una en el norte junto a la Liga Norte de Bossi –separatista– y otra en el sur junto a Alianza Nacional –heredera del neofascismo– de Fini. El hito no tiene precedentes: independentistas del norte junto a defensores del estatalismo en una misma coalición. Logró una mayoría absoluta con más del 42% de los votos. En solo dos meses, Berlusconi le demostró a Occidente que la vieja política tenía los días contados.

El primer mandato de Berlusconi se puede resumir en la creación de desconfianza en los mercados financieros y el desplome de la lira, el aumento del desempleo y los continuos procesos judiciales contra su propio holding, Fininvest. De hecho, siendo primer ministro tuvo que declarar en Milán como sospechoso de complicidad en un delito de corrupción a un funcionario público. 

Silvio Berlusconi en los años 80.
Silvio Berlusconi en los años 80.

Aprovechando la crisis social que generó, con los sindicatos al borde de una segunda huelga general, la Liga Norte de Bossi anunció una moción de censura. Berlusconi dimitió antes de la votación en 1995. En los siguientes comicios de 1996, las derechas fueron meras espectadoras del triunfo de la coalición de centroizquierda, El Olivo, liderada por Romano Prodi. 

La casa de las libertades

Tras un mandato en la oposición, para las generales de 2001, Silvio Berlusconi lideró la coalición la Casa de las Libertades. De nuevo, en su haber se encontraron todas las fuerzas representantes del catolicismo conservador italiano: la Liga Norte, Alianza Nacional y otros partidos menores. El argumento principal de la campaña electoral fue el mismo: El Olivo mantenía un estado fiscalizador abusivo en contra de las libertades.

Berlusconi, conociendo su necesidad, enterró el acha de guerra con el lider de la Liga Norte, Umberto Bossi, conocido por sus virales declaraciones contra la homosexualidad y la inmigración. En el programa de la coalición se encontraban las propuestas de reducir los impuestos a las empresas, incentivar la creación de empleo, perseguir a las organizaciones criminales, reformar las instituciones y políticas antiinmigración y una muy leve subida de las pensiones mínimas. La Casa de las Libertades alcanzó el 49.5% de lo votos totales. Por primera vez, Fini, como vicepresidente, y Bossi, como ministro para la Reforma Institucional, se sentaron en el Consejo. Contradiciendo lo que es habitual en la política italiana, Berlusconi consiguió agotar la legislatura, no exento de problemas y desencantos. 

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Pese a las promesas de aplicar recetas neoliberales, el gobierno de Berlusconi tuvo la misma protagonista de siempre: la lentitud. Aplazaron el aumento de las pensiones y la bajada de impuestos sobre la renta y aprobaron la suspensión de los impuestos de sucesiones y donaciones. Berlusconi volvió a beneficiarse de sus propias políticas para sus conglomerados mediáticos, ante las denuncias de la oposición. 

Lo más polémico del segundo mandato de Berlusconi fue la aprobación de la Ley Bossi-Fini, por la que se dificultó al acceso a un permiso de residencia y se facilitó la deportación de inmigrantes condenados; la reforma del sistema de pensiones, por las que se elevó la edad de jubilación y los años cotizados necesarios; y la reforma laboral, con la la flexibilización de las normas de contratación y la eliminación de algunos derechos de los trabajadores.

Tampoco apaciguó las aguas del descontento social la ambivalencia del primer ministro sobre la Guerra de Irak. Por un lado, se mantuvo fiel a Estados Unidos y al compromiso previamente alcanzado, pero no dejó que su espacio aéreo se usara para realizar ataques directos. Pese a todo, durante la ocupación de Irak, italia mandó hasta 3.200 tropas de su ejército. Los actos terroristas y las pérdidas humanas supusieron un obstáculo constante para Berlusconi hasta que decidió retirar las tropas. 

El pueblo de la libertad

En 2006, de nuevo Romano Prodi consiguió derrotar al magnate italiano con La Unión, una coalición de hasta catorce partidos de todo el espectro de la centroizquierda. Precisamente, la imposibilidad de llegar a acuerdos entre tantas fuerzas precipitó la caída de Prodi solo dos años después de ocupar el Palacio Chigi. En ese momento, el magnate italiano se presentó junto al eslogan “levántate Italia” en una nueva coalición, El Pueblo de la Libertad (PdL), pero con viejos amigos: derechistas de Alianza Nacional y federalistas de la Liga –solo en el norte de Italia–.

En esta ocasión, el programa electoral contaba con “siete misiones”: seguridad, empleo, salud, educación, familia, medio ambiente e infraestructuras. Entra otras cosas, Berlusconi llegó a pronunciar la famosa frase “las parlamentarias de derechas son más lindas” que las de izquierdas. En las elecciones anticipadas de 2008, el PdL salió triunfante con un 46.7% de los votos y la mayoría absoluta. Berlusconi volvió al Palacio Chigi ante una oposición representada mayoritariamente por un nuevo Partido Democrático con Walter Veltroni, por poco tiempo, a la cabeza. 

En esta ocasión, el mandato entre 2008 y 2011 de Silvio Berlusconi estuvo marcado por la crisis económica y financiera global y por diversas crisis políticas. El ejecutivo italiano aplicó las recetas de austeridad que marcó la Unión Europea: aumento de impuestos a la renta y el consumo, aumento de edad de jubilación, recortes en sanidad y educación y flexibilización del mercado laboral, grosso modo. Una de las normas más polémicas aprobadas durante esta etapa fue la Ley de Seguridad (2009). Principalmente, el texto condenó la inmigración clandestina con multas y expulsiones aceleradas y permitió la formación de patrullas civiles en las ciudades. Algunas asociaciones pro Derechos Humanos como ACNUR mostraron su contundente rechazo. 

La caída de Berlusconi en 2011 vino precedida de dos situaciones excepcionales. En primer lugar, las investigaciones al excavaliere y algunos de sus colaboradores por corrupción –condenado en 2013 y absuelto un año más tarde–. Por otro lado, el conocido como “caso Ruby” por el que Berlusconi fue investigado en 2011 por abuso de poder e incitación a la prostitución de menores. El líder italiano fue condenado en 2011 a siete años de cárcel e inhabilitación de por vida para ejercer un cargo público. Fue absuelto tres años más tarde.  

Breve periodo en la sombra

Tras la dimisión de Berlusconi, el entonces presidente de la República italiana, Napolitano, pidió a Mario Monti la formación de un gobierno tecnócrata. El prestigioso economista llamó a filas a diversos expertos para ocupar los cargos de ministros. El gobierno contó con el apoyo de partidos de centroizquierda y centroderecha y el aval de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. 

Durante esta etapa, Silvio Berlusconi creó un nuevo partido retomando todos los símbolos del anterior. En 2013, la nueva Forza Italia no contó con toda la fuerza del extinto PdL, pues algunos formaron Nuevo Centroderecha liderados por Angelino Alfano. Dicho partido, de ideología liberal, gobernó en coalición junto al Partido Democráticoen los tres gobiernos de la legislatura entre 2013 y 2018. 

Silvio Berlusconi en una comparecencia pública del partido Forza Italia.
Silvio Berlusconi en una comparecencia pública del partido Forza Italia. Fuente: Niccolò Caranti – bajo CC

Los comicios generales de 2018 catapultaron al Movimiento 5 Estrellas y a la Liga al estrellato, materializando el éxito en un gobierno de coalición entre ambos y liderado por Giuseppe Conte. Un año más tarde y tras la pérdida de confianza, los grillinos viraron hacia el Partido Democrático para formar un nuevo gobierno durante un año más. Finalmente, en 2021, el presidente Matarella llamó a Mario Draghi para formar un nuevo gobierno técnico y afrontar la crisis económica consecuencia de la Covid-19 y la guerra en Ucrania.

Durante esta etapa, Berlusconi continuó cosechando éxitos moderados, sentencias y absoluciones, inhabilitaciones y restauraciones de sus derechos políticos… Todo ello, sumado a las complicaciones en la salud del político italiano, que lo llevaron al hospital durante la pandemia y no ha hizo más que agravarse con el paso del tiempo, llegando a ingresar en la UCI en abril de 2023. 

Un nuevo reto para Silvio Berlusconi

Todo cambió en 2022. La derecha más radical desde hacía décadas acudió a los comicios en una gran coalición liderada por Hermanos de Italia (26%) de Gorgia Meloni y seguida por La Liga (8%) de Matteo Salvini y Forza Italia (8%) del propio Berlusconi. Con 86 años, el magnate de la comunicación volvió a ser una pieza fundamental para la formación del gobierno italiano, aunque en esta ocasión no ocupara la silla de ministro, sino la de senador. 

En el gobierno de Giorgia Meloni, el que fue criticado por abusos de poder, las fiestas Bunga Bunga, machismo, clasismo y xenofobia con hasta 36 procesos judiciales ha representado la posición más democrática, centrista y proeuropea –autodefinido por Tajani, segundo del excavaliere–. La tensión y los problemas no resueltos del pasado siguieron ahí. En la primera sesión en el senado, una cámara captó las siguientes anotaciones en la agenda de Berlusconi sobre Giorgia Meloni: “obstinada, matona, arrogante, ofensiva, sin voluntad de cambio…”.

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¿Por qué el excavaliere se enfrentó a este nuevo reto con 86 años y graves problema de salud? La respuesta a esta pregunta solo la podía contestar el propio Berlusconi. En 2013 fue expulsado del senado por sus causas judiciales, una década más tarde volvió a entrar por la puerta del Palazzo Madama, con su moreno y su sonrisa reluciente de siempre para demostrar quién tenía la última palabra.

Berlusconi ha sobrevivido a tres mandatos como primer ministro, treinta y seis procesos judiciales, operaciones, el cáncer, la Covid-19 y en marzo de 2023 tuvo que ingresar en la UCI por problemas respiratorios y cardiovasculares agravados por la leucemia que padecía. Su fortuna está valorada en más de 7 mil millones de dólares, ocupando el puesto 342 del mundo, según la revista Forbes. 

En su carrera política solo hubo una derrota reseñable: no haber sido capaz de lograr presidir la República de Italia, como intentó a finales de 2022. Sin embargo, logró mantenerse como una pieza fundamental para conformar y mantener el gobierno liderado por Giorgia Meloni. Si hay algo que no se le puede negar a Berlusconi es su capacidad para haberse mantenido en primera línea de política durante toda su vida. 

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