
Dos cuestiones han marcado la campaña de las elecciones parlamentarias que se celebraron en Armenia el domingo 7 de junio: la herida abierta de Nagorno Karabaj y las relaciones con la Unión Europea y Rusia. Con los resultados finales ya publicados por la Comisión Electoral Central, el diagnóstico parece claro.
A pesar del descenso del apoyo al presidente Nikol Pashinián y de la campaña de presión por parte de Moscú, el oficialista Contrato Civil continúa disfrutando de un apoyo mayoritario ante una oposición fragmentada. La oposición en bloque ha tildado de “ilegítimo” al gobierno de Pashinián, acusándole de fraude electoral y responsabilizándole de cualquier posible escalada.
Según los resultados finales, el proeuropeo Contrato Civil logró el 49,8% de los votos y 64 escaños, seguido por los rusófilos Armenia Fuerte y Alianza Armenia, con el 23,2% y 9,9% de los sufragios, lo que se traduce en 29 y 12 asientos respectivamente. La conservadora Armenia Prospera se ha quedado a las puertas del parlamento, cosechando el 3,989% de los apoyos, pero sin rebasar el 4% exigido para tener representación.
La ausencia de la agrupación, que ha exigido una repetición electoral en varios colegios electorales con resultados invalidados, otorga al partido de Pashinian una cómoda mayoría que, sin embargo, no llega a asegurarle los dos tercios necesarios para acometer todas las reformas que plantea.
Estos resultados no han supuesto ninguna sorpresa, ya que todas las previsiones indicaban que Pashinián iba a mantener el tipo a pesar de su caída de popularidad tras la derrota militar ante Azerbaiyán.
Además de contar con el respaldo de Donald Trump, artífice del acuerdo de paz que se ha negociado con Bakú –aún pendiente de firma–, y la aprobación implícita de la Unión Europea o los medios oficiales azeríes, la división de la oposición en varios partidos con programas muy similares ha jugado un papel clave para sellar la victoria.
Otro factor que ha contribuido a afianzar el apoyo a Contrato Civil ha sido la imposibilidad de votar desde el extranjero. Armenia constituye una excepción en la región, al no permitir que su diáspora participe en las elecciones nacionales. La inclusión de estos votantes probablemente hubiese permitido a la oposición mejorar su desempeño.
Por otro lado, se han registrado distintas irregularidades, como la detención de figuras opositoras antes de los comicios o un gran número de votos favorables a Contrato Civil en aldeas fronterizas realizados por militares de servicio.
Las agrupaciones opositoras han difundido un documento conjunto en el que señalan que no reconocen la legitimidad de los resultados y han convocado una concentración de protesta frente a la Comisión Electoral Central. Las autoridades armenias han prohibido la salida del país de varios líderes opositores, aunque no han aclarado los motivos.
Victoria de Pashinián: ¿ahora qué?
Aunque de un vistazo rápido se pueda extraer que estas elecciones muestran la victoria del europeísmo ante la presión rusa, el país se enfrenta a una situación política mucho más compleja.
Es innegable que la opción de Pashinián es la más europeísta, tratando de comenzar ahora un proceso de integración en la Unión Europea. No obstante, el propio presidente ha tratado de vender que el acercamiento a Bruselas no implica una completa desconexión de Moscú.
Quizás aleccionado por los casos de Georgia y Ucrania, ha defendido su posición como una política exterior “equilibrada y equilibrante”, describiendo las relaciones bilaterales con el Kremlin como positivas y señalando que están experimentando “una transformación constructiva”.
La dependencia económica hace inviable a corto plazo una desconexión completa, lo que ha sido interpretado por Rusia como una herramienta para condicionar la trayectoria europeísta del país vecino. Moscú ha lanzado varias advertencias, señalando que la integración europea implicaría la desvinculación con el mercado ruso y con la Unión Económica Euroasiática (EAEU).
Ereván sigue dependiendo de las importaciones de gas ruso para abastecer su mercado interno con precios competitivos, a la vez que destina gran parte de sus exportaciones al mercado común.
Durante la campaña electoral, Moscú ha tratado de presionar económicamente, limitando las importaciones armenias y publicando un comunicado conjunto con el resto de miembros de la EAEU. En él instan a Armenia a realizar cuanto antes un referéndum para decidir si se unen a la Unión Europea o se quedan en el bloque económico liderado por Rusia.
El gobierno armenio, por su parte, ha rechazado la posibilidad de realizar una consulta en un futuro próximo, tachándolo de una decisión prematura. Por el momento, los pasos de ingreso en la Unión Europea están siendo lentos y, aunque ha habido gestos públicos de Ereván y Bruselas señalando la intención de que el país se integre en las estructuras comunes, por el momento se enfrenta a cuestiones más urgentes.
El problema principal al que se tiene que enfrentar Pashinián es a la firma del plan de paz con Azerbaiyán. Para lograr sellar el acuerdo, Ereván tiene que cumplir con las exigencias de Bakú, que implican la aprobación de una nueva Constitución para eliminar toda referencia a Nagorno-Karabaj.
Pashinián se ha mostrado favorable a la aprobación de una nueva carta magna, argumentando que la actual, enmendada por última vez el 2015, carece de legitimidad. Aunque la mayoría del 60% lograda en el parlamento le da margen para otras cuestiones, como la aprobación de leyes constitucionales, se queda a las puertas de los dos tercios necesarios para convocar un referéndum constitucional.
Por todo ello, la victoria del partido de Pashinián señala la continuidad del rumbo europeísta que lleva años recorriendo Armenia, aunque la solución a los problemas más inmediatos como la firma de la paz con Bakú y el aumento de las presiones con Rusia continúan sin estar resueltas.
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