
Andy Burnham ha sido una verdadera anomalía política en el marco del declive generalizado del laborismo británico. El candidato del Labour Party en la elección parlamentaria del distrito electoral de Makerfield, convocadas tras la renuncia de Josh Simons, apunta a lograr un resultado notablemente sorprendente. Con él al frente, el laborismo ha rondado el 50% del voto en numerosas encuestas, muy por encima de las expectativas generales de la formación a nivel nacional.
Los comicios han sido por sí mismos un movimiento mucho más relevante para la interna del Partido Laborista que para la Cámara de los Comunes. La renuncia de Simons fue una decisión táctica para presionar al primer ministro Keir Starmer a dimitir y a abrir un proceso de renovación del liderazgo. Antes del anuncio de Simons, casi un centenar de parlamentarios laboristas lo habían solicitado públicamente tras la debacle electoral de mayo.
Quién es Andy Burnham
De esta forma, la convocatoria, a pesar de llamar a urnas a menos de 100.000 ciudadanos, pretendía ensalzar la figura de Andy Burnham. El mensaje que buscaba lanzar el ala izquierda del Partido Laborista era que el desempeño electoral del candidato en Makerfield probaba que el laborismo podía competir con el auge de Reform UK, siempre y cuando diese espacio a líderes que rompieran con la línea de Starmer.
Al declive laborista ha de sumarse el crecimiento de una opción a su izquierda que parece estar canalizando una porción notable del desapego del electorado progresista hacia el Labour Party.
El apoyo de varios sectores a una futura candidatura de Andy Burnham al liderazgo nacional conecta con el miedo laborista a ser desbancados por el Green Party de Zack Polanski.
La decisión de presentarse en Makerfield ha reforzado la percepción de que aspira a desempeñar un papel central en el futuro liderazgo laborista, algo que el propio Andy Burnham ha dejado claro en alguna ocasión.
Burnham ha construido una identidad pública en relación al norte de Inglaterra, con un discurso más cercano a la clase trabajadora británica que el que acostumbran a emplear los principales dirigentes nacionales del Partido Laborista.
Burnham comenzó trabajando como asesor durante la etapa de Tony Blair y posteriormente fue elegido diputado en 2001. Durante los años de gobierno laborista ocupó distintos cargos ministeriales bajo el mandato de Gordon Brown (2007-2010) e intentó en dos ocasiones convertirse en líder del Partido Laborista… Sin éxito, evidentemente.
Su notoriedad nacional aumentó de manera significativa durante la pandemia de COVID-19. En aquel período protagonizó enfrentamientos públicos con el entonces primer ministro Boris Johnson en defensa de mayores ayudas para el norte de Inglaterra. Aquella disputa lo convirtió en una figura reconocida en todo el país y le valió el apodo de “rey del Norte”.
Como alcalde del Gran Mánchester –cargo que ha ocupado desde el año 2017–, Burnham ha criticado la “concentración de poder en Londres” y ha edificado una narrativa que él califica como “manchesterista” que condensa, en última instancia, una moderada crítica al neoliberalismo y un enfoque socialdemócrata con discursos ligeramente obreristas.
¿El “antídoto” contra Reform UK?
La gran pregunta que se desprende de las elecciones de Makerfield no es solo si Andy Burnham puede ganar, sino si puede convertirse en el primer político laborista capaz de frenar el ascenso de Reform UK.
Pocas semanas antes de los comicios, Burnham y el candidato de Reform, Robert Kenyon, aparecían empatados. Al mismo tiempo, Restore Britain, la escisión liderada por Rupert Lowe, está captando parte del voto de Reform poco a poco.
La amenaza de Burnham a la extrema derecha no se explica únicamente por su popularidad personal, sino fundamentalmente en el terreno del debate económico. El candidato laborista propone impuestos progresivos, control de alquileres y una mayor intervención del Estado.
Propuestas históricamente asociadas con la retórica socialdemócrata y que, en el contexto de un gobierno socioliberal, casan bien con la realidad material de una clase trabajadora británica que percibe en el aumento del coste de vida como su principal preocupación.
Lo cierto es que el crecimiento de Burnham da alas a su empeño por conseguir, primero, que Starmer abra un proceso de elección de su sucesor en el partido, y, segundo, por lograr ser él mismo quien se haga con el liderazgo del Labour Party imponiéndose en ese proceso. Pocas semanas después de la hecatombe que el gobierno de Starmer sufrió en las urnas, el apoyo a Burnham parecería confirmar la hipótesis del volantazo interno.
El éxito de esa estrategia estará dictado por una infinidad de factores, muchos de los cuales son exógenos a lo que ocurra en el propio partido. Pero, indudablemente, las elecciones en Makerfield han convencido a una porción considerable del laborismo de cambiar el rumbo de la formación.
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