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La debacle electoral laborista debilita aún más el liderazgo de Keir Starmer

Los malos resultados obtenidos por el Partido Laborista en las elecciones de Reino Unido generan una nueva crisis para Keir Starmer.
Los malos resultados obtenidos por el Partido Laborista en las elecciones de Reino Unido generan una nueva crisis para Keir Starmer. Fuente: Deposiphoto

Desde hace un año el liderazgo de Keir Starmer como jefe del Partido Laborista se ha visto cada vez más cuestionado desde sus propias filas. Carente de un proyecto y con una política de comunicación débil, sus índices de aprobación han caído en picado junto con la intención de voto a los laboristas.

Había temores de ello entre las filas laboristas, de que la formación sufriera una debacle en caso de concurrir a unos comicios. Finalmente, este temor se ha materializado en las recientes elecciones locales y regionales que se han celebrado en Reino Unido, en los cuales el Partido Laborista ha perdido numerosos representantes.

En las regiones de Escocia y Gales también se celebraban elecciones regionales de forma paralela a los comicios parciales de Inglaterra. En Gales los pronósticos apuntan a un crecimiento del nacionalismo galés, principal beneficiario del voto laborista, y un auge de los candidatos del partido Reform UK de Nigel Farage. También en Escocia sería notable la subida de los postulantes de Farage.

Para ampliar: Radiografía de una victoria pírrica del Partido Laborista británico

En realidad, el resultado se perfila como un duro golpe tanto para los laboristas como para los conservadores, que también sufren un importante descalabro. Reform UK y Nigel Farage se perfilan como los grandes beneficiarios de esta debacle de los partidos sistémicos, seguido por los liberales y los verdes.

Cuando todavía no se ha completado el recuento de votos, ya empiezan a oírse las primeras críticas internas a Keir Starmer, al que algunos atribuyen el magro resultado obtenido y al que otros exigen que asuma responsabilidades por lo sucedido.

El primer ministro conoce bien la situación que hay en su propio partido y sabía lo que le esperaba si se materializaban los peores pronósticos electorales. Quizás, por ello, ha sido rápido en aclarar que no tiene ninguna intención de dimitir y que, por ahora, va a plantar cara al sector crítico de los laboristas.

La sombra del caso Mandelson

No es la primera vez que Starmer tiene que hacer frente a peticiones de dimisión desde sus propias filas. Ya estuvo en la cuerda floja hace unos meses, cuando el caso Epstein golpeó de lleno al establishment británico, afectando a diversas figuras del poder e incluso de la Casa Real, como fue el príncipe Andrés.

No es que Starmer tuviera relación con el millonario estadounidense Jeffrey Epstein, pero sí la tuvo, y muy estrecha, Peter Mandelson, una figura notable dentro del Partido Laborista. Esta circunstancia, y su nombramiento en 2025 como embajador en Washington, se convirtieron en una pesada losa para el primer ministro británico.

A medida que la dimensión del caso Mandelson crecía más y más, también lo hicieron las críticas internas. A esto se unieron varias dimisiones de figuras cercanas al primer ministro relacionadas con Mandelson, quizás defenestradas como una suerte de sacrificio para salvar al jefe del gobierno.

Para ampliar: Los escándalos del caso Epstein ponen en la cuerda floja a Keir Starmer

Finalmente, Starmer logró salvar la situación y se impuso orden entre las filas laboristas. Pero fue solo una tregua temporal y no faltaron los que advirtieron de que el conflicto volvería a estallar en cuanto el partido hubiera de hacer frente a nueva crisis. De hecho, el caso Mandelson ha seguido copando titulares en la prensa.

Recientemente, el exsecretario de la Oficina de Asuntos Exteriores, Olly Robbins, declaró en una audiencia parlamentaria que fue presionado para que ejecutase la decisión del gabinete de nombrar a Mandelson como embajador en Estados Unidos, algo a lo que supuestamente habría mostrado sus reservas.

Y es que un informe interno del departamento de Asuntos Exteriores no dio el visto bueno al nombramiento de Mandelson por sus antecedentes. Olly Robbins fue cesado de su cargo después de que la información fuese publicada por el diario The Guardian, añadiéndose su nombre a la lista de cargos que han caído en desgracia por su relación el caso Mandelson. 

Lo ocurrido con Olly Robbins evidencia que el caso Epstein-Mandelson continúa siendo un activo tóxico para el gabinete laborista y que los intentos de establecer un cordón sanitario han fracasado. Ahora, con la debacle electoral del partido, está por ver si Keir Starmer logra en esta ocasión mantener su oficina en el 10 de Downing Street.

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