
Pensilvania es un estado de la región nordeste de Estados Unidos, parte del conocido como Cinturón del Óxido, situado entre Delaware, Maryland, Virginia Occidental, Ohio, Nueva York, Nueva Jersey y el lago Erie, que lo separa de Canadá. Cuenta con una superficie total de 119.283 kilómetros cuadrados y una población de 13 millones de personas, lo que lo convierte en el quinto estado con más habitantes.
Su capital es Harrisburg, pero el mayor núcleo urbano se encuentra en torno a la ciudad de Filadelfia, la sexta más grande del país. Su área metropolitana, conocida como el valle de Delaware, se encuentra también entre las diez más importantes de todo Estados Unidos.
Pensilvania, una de las Trece Colonias originarias, jugó un papel fundamental en el estallido de la revolución que daría lugar a la fundación de los Estados Unidos de América. El 4 de julio de 1776, los miembros del Congreso Continental, reunidos en Filadelfia, aprobaron la Declaración de Independencia. Tras la victoria de las colonias en la guerra contra el Imperio británico, la denominada Convención de Filadelfia alumbró en 1787 la Constitución federal que, tras veintisiete enmiendas y más de dos siglos de historia, aún continúa vigente.
Pensilvania en el siglo XX
Durante la Guerra de Secesión, que enfrentó a los estados septentrionales con los del sur, Pensilvania formó parte de los primeros, en cuya victoria contribuyó decisivamente gracias al triunfo de las tropas unionistas en la batalla de Gettysburg.
A partir del último tercio del siglo XIX, la Revolución industrial impulsó fuertemente el crecimiento económico del estado, centrado en la siderurgia, la producción textil, la minería de carbón y la explotación forestal. Pensilvania fue artífice de algunas de las grandes obras de ingeniería de la época: puentes, rascacielos, etcétera. Gran parte del armamento militar usado en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, en las que lucharon millones de sus ciudadanos, también se fabricó allí.
Sin embargo, a finales del siglo XX, el colapso de la industria pesada y de la minería provocó la pérdida de miles de puestos de trabajo y la subsiguiente emigración de grandes masas de antiguos obreros, muchos de los cuales abandonaron Pensilvania en busca de oportunidades en los estados del Cinturón del Sol. Pittsburgh, denominada “la ciudad del acero” por su papel preponderante en la industria siderúrgica del país, sufrió un período de declive que la ha llevado a perder la mitad de su población desde entonces.
No obstante, en el siglo XXI, Pensilvania ha sido capaz de sobreponerse a las peores consecuencias de la desindustrialización diversificando su economía, que hoy se nutre en buena medida de sectores como el turismo, el transporte o el comercio minorista. Además, el estado concentra algunas de las mejores universidades del país, que le han permitido alcanzar el liderazgo en sanidad o en tecnología. Aunque ha continuado perdiendo habitantes, se ha producido un crecimiento de las áreas suburbanas situadas en torno a los principales núcleos poblacionales.
Pensilvania ha participado en todas las elecciones presidenciales celebradas desde la ratificación de la Constitución en 1788 hasta 2020. A consecuencia del declive demográfico sufrido en las últimas décadas, dispone actualmente de 19 compromisarios en el Colegio Electoral, uno menos que en 2020 y la mitad de los 38 que se le adjudicaron en las elecciones de 1928. A lo largo de su trayectoria, se le ha considerado típicamente un estado bisagra.
Así, tras una larga era de hegemonía del GOP que se extendió desde el fin de la Guerra de Secesión hasta los años 30 del siglo XX, ha ido alternando con regularidad victorias demócratas y republicanas. Ahora bien, en las seis elecciones presidenciales celebradas entre los años 1992 y 2012, votó exclusivamente demócrata, por lo que pasó a identificarse como parte del muro azul que Donald Trump derribó en 2016, cuando se impuso frente a Hillary Clinton por 44.292 votos, un 0,72% de los 6 millones de sufragios emitidos en el estado.
La inesperada derrota demócrata en Pensilvania, análoga a la sufrida en los otros estados del Cinturón del Óxido –Ohio, Míchigan, Wisconsin– fue atribuida a la movilización de los blancos de clase trabajadora –conocidos como left behind–, que, por márgenes muy estrechos, decidieron abandonar a su partido tradicional y entregarle a Trump las llaves de la Casa Blanca. Aunque su peso demográfico se ha reducido en las últimas décadas, los blancos continúan representando más de tres cuartos de la población del estado, seguidos de los negros (12%), los latinos (8%) y los asiáticos (4,5%).
Comportamiento electoral
En 2020, la mayoría de las encuestas auguraron que Biden (natural de Pensilvania) recuperaría su estado natal, aunque no por un margen demasiado amplio (3-4%) en comparación con el que se le atribuía en otros lugares. Finalmente, el candidato demócrata logró vencer por una diferencia de apenas 80.000 sufragios (un 1,17%). No obstante, el crecimiento de la participación –de más 5 puntos–, consecuencia de la movilización a favor y en contra de Trump, llevó al candidato republicano a recibir casi 400.000 votos más que en 2016.
Además, el aumento de la polarización, que hizo disminuir el respaldo electoral a terceros partidos, permitió también que ambos candidatos viesen incrementado su porcentaje de apoyo, que, en el caso de Trump, pasó de un 48,18% a un 48,84%, y, en el de los demócratas, de un 47,46% a un 50,01%. A lo largo de la noche electoral, Trump disfrutó de una sólida ventaja frente al candidato demócrata. El recuento finalizó antes en las áreas rurales, en las que los republicanos mejoraron ampliamente sus márgenes.
Sin embargo, durante los días siguientes, la contabilización de los votos recibidos por correo y de aquellos procedentes de las áreas urbanas y suburbanas de Pittsburgh y Filadelfia –mayoritariamente demócratas– permitió a Biden acabar en cabeza.
El exvicepresidente de Barack Obama mejoró por varios puntos porcentuales los resultados de Clinton en los grandes condados suburbanos de Filadelfia –Bucks, Montgomery, Delaware, Chester, etcétera– y en su localidad natal, Lackawanna. Además, logró recuperar dos de los tres grandes condados posindustriales de los que el GOP se había apoderado en 2016 –Erie y Northampton, mientras que Luzerne se mantuvo del lado republicano, aunque por un margen reducido respecto a cuatro años antes–.

Las acusaciones de fraude por parte de Trump, que aseguró haber ganado las elecciones, desembocaron en el asalto al Capitolio por parte de sus seguidores y el segundo impeachment contra el expresidente. Por otro lado, Josh Shapiro, gobernador de Pensilvania, es una de las figuras con mayor proyección dentro del Partido Demócrata.
Situado en el ala derecha de la formación, estuvo entre los nombres que Kamala Harris barajó como compañero de fórmula. Los demócratas cuentan, además, con mayoría en la Cámara de Representantes estatal, aunque no en el Senado, controlado por los republicanos desde 1994. Por último, los dos senadores que representan al estado en Washington, DC pertenecen también al Partido Demócrata.
El segundo de ellos, John Fetterman, obtuvo su escaño en las elecciones midterm de 2022. Anteriormente, ejerció como vicegobernador de Pensilvania (2019-2023) y alcalde de Braddock (2006-2019), un cementerio industrial de la periferia de Pittsburgh. El senador, cercano a Bernie Sanders y a sus posiciones políticas, obtuvo su escaño gracias a la recuperación del voto de los trabajadores de cuello azul que habían desertado en masa hacia el Partido Republicano en las elecciones presidenciales.
En cualquier caso, pese a la victoria de Biden en 2020, los resultados electorales situaron a Pensilvania ligeramente a la derecha de la media nacional por segunda vez consecutiva. Cuatro años después, la inmensa mayoría de las encuestas publicadas de cara a las elecciones de 2024 proyectan un resultado enormemente ajustado. En los días previos a la jornada electoral, la media de los sondeos otorga a Trump una ventaja de solo unas décimas –entre un 0,2 y un 0,3%–, claramente dentro del margen de error.
A pesar del retroceso demográfico de las últimas décadas, Pensilvania continúa siendo el quinto estado con más peso en el Colegio Electoral –empatado en número de compromisarios con Illinois– y, entre los siete swing states que parece que decidirán estas elecciones –Arizona, Nevada, Georgia, Carolina del Norte, Míchigan, Wisconsin y la propia Pensilvania–, es el de mayor relevancia. De hecho, la mayoría de las simulaciones muestran que las probabilidades de que el ganador en Pensilvania sea también quien se imponga en el resto del país son muy elevadas.
Esto es así no solo porque los 19 compromisarios de Pensilvania podrían ser fundamentales para decantar la balanza del Colegio Electoral en unos de los comicios más ajustados que se recuerdan, sino porque es muy posible que las encuestas, que reflejan una situación de empate técnico en los siete estados bisagra, estén subestimando a uno de los dos candidatos.
De este modo, si Harris o Trump cuentan realmente con una ventaja mayor de la que les atribuyen los sondeos, la probabilidad estadística de que la mayoría de los estados en disputa acabe por inclinarse del mismo lado es mayor de la que cabría esperar. Y Pensilvania cuenta con todas las papeletas de ser el estado que termine por empujar consigo al resto del Cinturón del Óxido… y decidir las elecciones.
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