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El nuevo votante republicano: seguridad, inmigración y clase trabajadora

El nuevo votante republicano de Estados Unidos pone a prueba a Donald Trump ante el descontento por la inmigración y el coste de la vida.
El nuevo votante republicano de Estados Unidos pone a prueba a Donald Trump ante el descontento por la inmigración y el coste de la vida. Fuente: SWinxy - bajo CC BY 4.0

A pocos días de unas elecciones de mitad de mandato que se celebran el 3 de noviembre con el control del Congreso en juego, el Partido Republicano se enfrenta a una pregunta que va más allá de la aritmética de escaños.

¿Aquel votante estadounidense, latino, joven, obrero o desencantado del Partido Demócrata que llevó a Donald Trump de vuelta a la Casa Blanca ha cambiado de bando, o solo le prestó su voto?

La respuesta importa dentro y fuera de Estados Unidos. De ella depende el margen político con el que Washington gestiona la guerra con Irán, los aranceles y la frontera durante los dos años que le quedan a la presidencia.

El estudio de votantes validados del Pew Research Center concluyó que Trump ganó con una coalición más diversa racial y étnicamente que en 2020 o 2016. Entre los hispanos, el republicano llegó casi a la paridad –48% frente al 51% de Kamala Harris– tras haber perdido 61% a 36% contra Joe Biden cuatro años antes.

Entre los votantes negros el porcentaje pasó del 8% al 15%. Entre los asiáticos subió del 30% al 40%. Además venció por la mínima entre los hombres menores de 50 años, un grupo que Biden había ganado por diez puntos en 2020. Pero el mismo estudio introduce un matiz que hoy resulta decisivo.

Una proporción mayor de votantes de Trump de 2020 volvió a las urnas (89%) que de votantes de Biden (85%), y el primero tuvo ventaja entre quienes no habían votado cuatro años antes, un electorado más diverso. En la franja más joven, según recogió la prensa, las ganancias llegaron sobre todo por participación y no por cambio de voto, porque los jóvenes republicanos acudieron y los demócratas se quedaron en casa.

Seguridad e inmigración, de la promesa al reproche

La ofensiva migratoria de la Casa Blanca amenaza con erosionar parte de los avances republicanos entre los votantes latinos. Sin embargo, el giro no implica una vuelta automática al Partido Demócrata, ya que la economía, la seguridad fronteriza y la desconfianza hacia ambos partidos siguen condicionando sus decisiones.

En las elecciones presidenciales de 2024, Trump consiguió ampliar el apoyo republicano entre los votantes latinos, un grupo que durante décadas había constituido una de las bases electorales más importantes del Partido Demócrata.

La inflación, el coste de la vida, la seguridad y el endurecimiento del discurso migratorio contribuyeron a debilitar esa ventaja histórica. El resultado puso en cuestión una interpretación demasiado simple de la política estadounidense: la de un electorado latino necesariamente alineado con los demócratas por su origen o por sus vínculos con la inmigración.

La estrategia republicana no se limitó a movilizar el rechazo a la inmigración irregular. También buscó presentar a Trump como el candidato capaz de recuperar el control de la frontera, reforzar la seguridad y responder al deterioro de las condiciones económicas.

Para ampliar: ¿Han muerto las midterms en Estados Unidos? 

La operación tuvo resultados electorales. Sin embargo, mantener una coalición construida alrededor de esas promesas resulta más complicado cuando las medidas adoptadas por la Administración empiezan a afectar a las comunidades a las que el partido pretende atraer.

El problema para la Casa Blanca es que el apoyo al control fronterizo no equivale necesariamente a un respaldo ilimitado a las deportaciones. Esta distinción aparece en la evolución de la opinión pública latina durante 2026 y constituye una de las principales vulnerabilidades electorales del trumpismo. La inmigración continúa siendo una cuestión central para el electorado latino, pero no existe una posición única sobre cómo debe gestionarse.

Una parte de estos votantes respalda el endurecimiento de los controles fronterizos y la expulsión de quienes se encuentran en el país de manera irregular, mientras rechaza las redadas, las detenciones indiscriminadas o las consecuencias de la política migratoria sobre sus familias y comunidades.

Esta contradicción resulta especialmente relevante porque permite comprender por qué el endurecimiento migratorio puede generar resultados políticos distintos de los que espera la Administración republicana.

La promesa de orden puede atraer a electores preocupados por la seguridad y el control estatal de las fronteras; su aplicación, en cambio, puede provocar rechazo cuando se percibe como desproporcionada o perjudicial para personas cercanas.

En mayo de 2026, Axios informó de que uno de cada cuatro votantes hispanos que había apoyado a Trump en 2024 afirmaba que probablemente o con seguridad no volvería a votarlo si pudiera elegir de nuevo. El dato procedía de una encuesta de UnidosUS, BSP Research y Shaw & Company. La proporción había aumentado desde el 9% registrado en abril de 2025 y el 13% de noviembre de ese mismo año.

Bandera de apoyo a Donald Trump con motivo de las elecciones presidenciales de 2024. El candidato republicano consiguió ampliar su base electoral entre los votantes latinos, jóvenes y sectores de la clase trabajadora, aunque las elecciones de medio mandato de 2026 pondrán a prueba la solidez de esta coalición. Fuente: Deposiphoto

Las elecciones estatales de 2025 ya habían ofrecido indicios de que el desplazamiento hacia Trump registrado en 2024 podía revertirse, al menos parcialmente, en determinadas contiendas.

La victoria de Abigail Spanberger en Virginia, donde obtuvo una ventaja de 15 puntos en el conjunto del estado, mostró la capacidad de los demócratas para reconstruir una coalición amplia en un contexto político desfavorable para los republicanos.

Los análisis postelectorales apuntaron a un importante desplazamiento de los votantes latinos hacia Spanberger respecto de las presidenciales del año anterior. El resultado sugería que una parte del apoyo republicano de 2024 podía ser coyuntural y sensible a la evaluación del Gobierno, en lugar de representar una realineación partidista irreversible.

No obstante, pese a las señales de desgaste, no resulta adecuado interpretar la evolución del voto latino como un rechazo uniforme al Partido Republicano. La coalición electoral de Trump sigue incluyendo a votantes que priorizan el control fronterizo, la delincuencia, la reducción del gasto público o determinadas posiciones culturales. Para algunos de ellos, esas preferencias mantienen más peso que su desacuerdo con aspectos concretos de la política migratoria.

Para los republicanos, el desafío consiste en conservar la promesa de orden sin ampliar el coste político de su aplicación. Para los demócratas, consiste en transformar el rechazo a las políticas de Trump en una alternativa creíble sobre economía, seguridad y servicios públicos. El resultado dependerá de cuál de los dos partidos consiga conectar mejor sus propuestas con las preocupaciones cotidianas de un electorado heterogéneo.

La clase trabajadora y el bolsillo

El segundo pilar es el obrero. Los blancos sin estudios universitarios han supuesto más de la mitad de la coalición de Trump en sus tres campañas. Aquí el desgaste es visible en la aprobación.

Según el seguimiento de Cook Political Report, la aprobación neta de Trump entre este grupo cayó de 13 puntos un año antes a una ventaja de apenas 3,5. El Washington Post describió en junio una caída de su aprobación entre esa base obrera blanca. Cygnal detecta vulnerabilidades en los hombres de clase trabajadora y de más edad. 

El detonante es el precio de las cosas, agravado por un factor geopolítico: la guerra con Irán, iniciada el 28 de febrero, disparó la energía. La gasolina pasó de 2,93 a 3,96 dólares el galón, según la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), y la aprobación de Trump en precios e inflación cayó a un saldo neto de -39.

La inflación subió al 3,8% en abril, su nivel más alto desde 2023. En los promedios de primavera, los demócratas lideraban la papeleta genérica por 6,6 puntos. Para un votante cuya decisión fue sobre todo económica, es la cadena causal que más pesa: guerra, gasolina, bolsillo y voto.

Para ampliar: Cuando llegar a fin de mes decide el voto en Estados Unidos

Pero hay un hallazgo que impide leer estos datos como un vuelco completo. El análisis de FiftyPlusOne subraya que el deterioro de la aprobación de Trump entre blancos sin título universitario no se ha traducido en un deterioro equivalente en la papeleta genérica. Incluso en el sondeo de Marist que mostraba al presidente con saldo negativo en ese grupo, los republicanos le sacaban 17 puntos en la intención de voto al Congreso.

Ese es el patrón que importa. El votante obrero castiga al presidente en las encuestas de aprobación, pero todavía no vota masivamente al otro partido. Es un votante que critica, no uno que ha cambiado de lealtad.

El voto latino parece más volátil. Su apoyo a los republicanos pasó del 28% en 2016 al 36% en 2020 y al 48% en 2024, y una trayectoria tan rápida admite correcciones igual de rápidas. Los datos de 2025 y 2026 sugieren que esa corrección ya está en marcha.

Lo que está en juego el 3 de noviembre

Hay tres razones para la cautela. Primero, Donald Trump no está en la papeleta, y su coalición depende de votantes que históricamente no acuden a las elecciones de mitad de mandato.

Segundo, los sondeos por subgrupos tienen márgenes de error amplios, y los de latinos y jóvenes oscilan mucho entre encuestadoras. Tercero, la guerra de Irán es un shock exógeno. Si los precios de la energía bajan –cosa poco probable de cara a la votación–, parte del castigo podría disiparse, aunque algunos analistas sostienen que el deterioro ya venía de antes del conflicto.

Los análisis de primavera daban a los demócratas ventaja para recuperar la Cámara de Representantes, mientras que el Senado, que se daba por seguro para los republicanos, había entrado en juego.

La lectura más sólida es que el votante republicano de 2024 era una suma de agravios económicos, expectativas de orden y desconfianza hacia el partido en el poder. Esa suma no tiene lealtad automática, y el realineamiento solo será estructural si el Partido Republicano consigue convertir a ese votante prestado en un votante propio. 

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