Mónica Bernabé: “El gobierno nunca ha sido tan débil. Los talibanes solo deben esperar y poner sus condiciones.”

Foto: Francesc Melcion/ARA

Mónica Bernabé (Barcelona, 1972) es periodista, conocida por su trabajo como corresponsal en Afganistán donde vivió más de siete años. Publicó Afganistán, crónica de una ficción (2012), y organizó una exposición junto a Gervasio Sánchez, llamada Mujeres. Afganistán. Ha ganado, entre otros, el Premio Julio Anguita Parrado de Periodismo, en 2010; y el XXIX Premio de Periodismo Cirilo Rodríguez, en 2013.

Para expandir: Entrevista a Gervasio Sánchez

– El Acuerdo de Doha establece que la coalición internacional abandonará Afganistán, ¿consideras que retirarán todas las tropas extranjeras del país, o Estados Unidos dejará un porcentaje sobre el terreno?

Entiendo que dejarán fuerzas especiales o efectivos de inteligencia, algo que no sea muy visible. La salida de la coalición internacional responde a intereses electorales y no a que el país se encuentre en una posición mejor, porque es todo lo contrario. Donald Trump se comprometió en la campaña de 2016 a retirar las tropas de Afganistán, y teniendo en cuenta que a finales de este año se celebrarán elecciones presidenciales en Estados Unidos, le interesa mostrar haber cumplido una de sus promesas electorales.

– Si Estados Unidos dejase un porcentaje de tropas sobre el terreno, ¿sería con el consentimiento de los talibanes y el Gobierno? ¿O una de las dos partes?

No sabría qué respuesta darte. El Gobierno debería tener conocimiento, pero los talibanes no lo sé. De todas formas, dudo que Estados Unidos abandone completamente el país. Eso sí, teniendo siempre presente que sus intereses son los que marcan la agenda política, no los de la población afgana. Ha quedado reflejado en los últimos años.

Foto: El Enviado Especial de Estados Unidos para Afganistán, Zalmay Khalilzad (izq.) y el líder político del grupo talibán, Mullah Abdul Ghani Baradar (der.), firmando el Acuerdo de Doha el pasado 29 febrero 2020. [AP Photo/Hussein Sayed]

– ¿Podrías explicar cómo ha empeorado la situación afgana en los últimos años?

Primero, debemos prestar atención al contexto de seguridad, que no ha estado garantizada ni cuando la coalición internacional tenía desplegados 150.000 militares sobre el terreno. Una de sus obligaciones era la de mantener puestos de vigilancia a lo largo de las carreteras de capitales de provincia junto a la policía y ejército afgano. La salida de las tropas internacionales a partir de 2014 obligó a reducir el número de estos puestos porque las fuerzas afganas no tenían efectivos suficientes como para hacerse cargo de todos. Esto derivó en que los talibanes aprovechasen el vacío de poder y se encargasen de controlar las carreteras, de ahí que la inseguridad se haya incrementado.

El aumento de la inseguridad provoca que las ONG, por ejemplo, se enfrenten a mayores dificultades en sus desplazamientos, o que el número de secuestros a personal extranjero aumentase considerablemente en Kabul. Todo ello derivó en que muchas asociaciones decidiesen abandonar el país, afectando a la situación económica de Afganistán ya que la afluencia de dinero extranjero y ayudas internacionales que llegaba al país es mucho inferior en la actualidad.

No podemos olvidar que la presencia de tropas extranjeras estableció una maquinaria logística en el país que generó muchos puestos de trabajo. Tras la salida de las tropas internacionales, no se creó una alternativa para aquellos que trabajaban en este entramado, por lo que se quedaron sin trabajo. Como consecuencia, se produjo un aumento de la criminalidad (robos, atracos, etc.).

En cuanto a la situación política, podemos decir que es desastrosa. El 28 de septiembre de 2019 se celebraron elecciones presidenciales, y no fue hasta el 18 de febrero de este año cuando se hicieron públicos los resultados. Se proclamó como ganador a Ashraf Ghani (actual presidente con el 50,6% de los votos). Como segundo, quedó Abdullah Abdullah (primer ministro del gobierno de Ashraf Ghani) con el 39% de los votos. Abdullah Abdullah no ha aceptado los resultados, por lo que se han celebrado dos ceremonias de toma de posesión, por lo que actualmente tenemos dos presidentes en Afganistán.

Foto: Ashraf Ghani, presidente de la República Islámica de Afganistán [Rahmat Gul/AP Photo]

– De haber dos presidentes, ¿ante quién responden las autoridades?

De momento, ante Ashraf Ghani (reconocido también por Estados Unidos). En teoría tenían que empezar las negociaciones entre talibanes y el gobierno afgano el 10 de marzo, pero por ahora no han comenzado y no se conoce quién formará parte del equipo negociador por parte del gobierno. Entre otras razones, además, porque Abdullah Abdullah quiere estar en la mesa de negociación.

Nos encontramos ante una situación muy preocupante, nunca había habido una debilidad política tan importante en Afganistán. Ya no es solo que, en teoría, haya dos presidentes, sino que al haber sido proclamados querrán formar sus gobiernos respectivamente.

Quiero creer que Estados Unidos ofrecerá algún cargo importante a Abdullah Abdullah (no sé exactamente cuál) para intentar desactivar ese segundo gobierno. Porque, de no ser así, no sé qué pasará. Nos encaminamos a un escenario similar al de principio de los años 90, que desencadenaría una guerra civil.

La crisis política se ha visto agravada por la baja participación en las elecciones presidenciales del año pasado. En Afganistán hay unos 35 millones de habitantes, no se conoce el número exacto porque no hay censo poblacional. Para votar en las elecciones debes registrarte, y solo lo hicieron unos 9-9,5 millones de personas, de los que solo votaron 1,8 millones de personas. Es decir, un porcentaje ínfimo ha decidido quién es el presidente del país. Entonces, ¿qué aval tiene Ashraf Ghani como presidente? Esta situación límite no hace más que dar fuerza a los talibanes en el momento de sentarse a negociar.

– ¿Se ha contemplado la posibilidad de repetir las elecciones?

De momento no, ni creo que la comunidad internacional lo plantee. Organizar unas elecciones tiene un coste muy alto, además de la inseguridad y muertos que acarrea. De todas formas, aunque volviesen a convocar elecciones presidenciales, creo que la población no iría a votar.


– Has descrito la situación como positiva para los talibanes, visto que la inestabilidad política les da fuerza de cara a la negociación con Estados Unidos y el gobierno afgano. ¿Cómo han reaccionado ante los resultados electorales?

El gobierno nunca ha sido tan débil y, según el Acuerdo de Doha, la coalición internacional abandonará el país por lo que los talibanes están en una posición de fuerza de cara a las negociaciones. Solo deben esperar y poner sus condiciones, siendo una de ellas entrar a formar parte del gobierno. Pinta bastante mal, la verdad.

Estados Unidos se ha puesto de lado de Ashraf Ghani, ya que en su ceremonia de toma de posesión como presidente estaba presente el representante especial de Estados Unidos para Afganistán junto a algunos embajadores. Sin embargo, en la ceremonia de Adbullah Abdullah no hubo, en teoría, ningún representante internacional. Cuenta con el apoyo de algunos señores de la guerra, pero más allá, nada reseñable.

La situación a la que nos enfrentamos no es nueva, pues en 2014 hubo el mismo problema: Ashraf Ghani ganó las elecciones y se proclamó presidente, frente a la derrota de Abdullah Abdullah, quien no aceptó los resultados. Estados Unidos intervino y, para tranquilizar a Abdullah Abdullah, creó el cargo de Primer Ministro, que hasta entonces no existía en Afganistán. Si bien es cierto que las aguas se calmaron durante estos años, las disputas entre presidente y primer ministro han sido constantes.

– Has comentado que, además de Ashraf Ghani, Abdullah Abdullah también quiere estar sentado en la mesa de negociación. ¿Cómo ha respondido Estados Unidos y los talibanes ante esta petición?

En el Acuerdo de Doha se estableció que el equipo negociador debía ser “inclusivo”, es decir, que no incluyese únicamente al gobierno, sino a todas las facciones interesadas (incluyendo a Abdullah Abdullah).

De hecho, los talibanes rechazan sentarse a negociar solo con representantes del gobierno, quieren representantes de las principales facciones militares del país. Abdullah Abdullah cuenta con el apoyo de ciertos militares y milicias, como ocurre con los señores de la guerra.

Foto: Ashraf Ghani (izq.) y Abdullah Abdullah (der.) en la cumbre de la OTAN en 2016 [Jonathan Ernst/Reuters]

– Además de Estados Unidos, el gobierno afgano, Abdullah Abdullah y algunos señores de la guerra, ¿participará alguien más en la negociación?

El gobierno afgano estuvo negociando con Gulbuddin Hekmatyar, que formaba parte de la lista de terroristas de Estados Unidos. Sus milicias cometieron miles de atentados desde la era del régimen de talibán. El gobierno afgano, con el apoyo de Estados Unidos, empezó a negociar con Gulbuddin Hekmatyar.

Gulbuddin Hekmatyar se comprometió a un alto al fuego, y a cambio el gobierno afgano le garantizó su seguridad y la de sus milicias, además de la retirada de la lista de terroristas de Estados Unidos. Aunque presentó su candidatura a las elecciones presidenciales de 2019, no obtuvo buenos resultados. Se ha planteado que Gulbuddin Hekmatyar forme parte del equipo negociador.

Podemos decir que todo el mundo que disponga armas y dinero tendrá cierto peso en el equipo negociador.

– ¿Dentro del Acuerdo de Doha existe alguna mención a retirar a los talibanes de la lista de terroristas elaborada por Estados Unidos?

Hay sanciones de Estados Unidos a determinados miembros talibanes y está la condición de que se retiren las sanciones. No sé en qué consistían, pero imagino que congelación de activos en el extranjero. No sé los detalles, pero estoy segura que incluía la retirada de las sanciones a estos miembros talibanes.


– La salida de Estados Unidos de Afganistán presenta un nuevo escenario en el país, ¿consideras posible que otra potencia aproveche la situación y aumente su presencia en el país? ¿Quizás formando una coalición?

La única potencia que podría hacerlo es Rusia, y no creo que tengan interés en tener presencia en Afganistán. Hombre, seguro que a Irán le gustaría estar involucrado en Afganistán, pero no tengo suficiente información como para dar una respuesta al respecto.

Por ejemplo, en el suroeste de Afganistán, la provincia de Nimroz (hace frontera con Irán por el sur) es una de las puertas más importantes para llegar a Irán, después cruzar a Turquía y, finalmente, a Europa. Allí puedes encontrar una oficina de la Fundación Imam Jomeini, e incluso se llega a pagar con la moneda iraní.

Foto: Ashraf Ghani (izq.) en una visita al presidente iraní, Hassan Rouhani (der.) en abril de 2015 [Meghdad Madadi]

– ¿Consideras que los actores locales respetarán el Acuerdo de Doha, o será una sucesión de choques respecto a cuestiones como la liberación de prisioneros?

Los talibanes, en el Acuerdo de Doha, se comprometieron a un alto el fuego a partir de la firma del mismo, el pasado 29 de febrero. El lunes siguiente puntualizaron que el alto el fuego era solamente afectaba a las tropas internacionales, pero no a los efectivos afganos, por lo que continuamos en la misma situación. El número de bajas de tropas internacionales en Afganistán, en el año 2010, llegó a más de 700 fallecidos, mientras que el año pasado fueron solo siete.

Las tropas internacionales no patrullan por la calle como hacían antes, quien está sobre el terreno es la policía y el Ejército afgano (y quien sufre gran parte de las bajas). El Gobierno afgano se niega a facilitar datos, porque de hacerlo, sería una forma de minar la moral de sus propias tropas, y animaría a los talibanes.

Cuando se planteó la retirada en 2014, la mayoría de tropas internacionales no estaban sobre el terreno. En 2012 se celebró una cumbre de la OTAN en la que llevábamos dos años con un gran número de bajas de todos los países con militares sobre el terreno, incluido España. Electoralmente, ningún gobierno podía aguantar esa situación. Es por eso que considero que la retirada final de las tropas de la coalición internacional responde a intereses electorales.

Por ejemplo, cada vez que un soldado español fallecía en Afganistán, la opinión pública cuestionaba la presencia de nuestras tropas, y eso pasaba factura a los diferentes gobiernos que tuvieron que hacer frente a esta situación. Por ello, la coalición internacional declaró que el gobierno afgano estaba preparado para hacerse cargo del país, y las tropas afganas estaban listas para mantener la seguridad. No es cierto, las fuerzas afganas reciben ataques por parte de los talibanes todos los días y no sale en los medios a no ser que haya una cifra considerable de muertos.

Afganistán ha dejado de estar en la agenda internacional, como ocurrió con la llegada de los talibanes al poder en 1996. No le importó a nadie, aunque hubiesen negado todos los derechos a las mujeres afganas. No fue hasta que el atentado de las Torres Gemelas en Estados Unidos, en septiembre de 2001, cuando la comunidad internacional se dio cuenta de los problemas que acuciaban a Afganistán, al igual que sucedió con Siria en 2011. Esa es la manera de actuar de los gobiernos.


Foto: Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg (izq.), Presidente de Afganistán, Mohammad Ashraf Ghani (centro), y Secretario de Estado de Defensa, Mark Esper (der.)

– Es cierto, pero Afganistán no dejará de ser un problema para la comunidad internacional hasta que no sea un problema para sí mismo. Las consecuencias de dejarlo fuera de la agenda internacional se verán en unos años, ¿no crees?

Sí, sí. Ahora mismo Afganistán no supone una amenaza para otros países de Occidente porque se matan entre ellos, además de ser un agujero sin fondo en cuanto a recibir dinero del extranjero. La verdad es que soy muy pesimista porque la realidad no me invita a pensar nada mejor. Tras ver ambas ceremonias de posesión, lo único que deseo es que no comience otra guerra civil.

Me da mucha pena y rabia que se haya invertido una gran cantidad de dinero y se hayan hecho tan mal las cosas. Si apoyan a criminales de guerra, no se puede esperar un resultado mejor. Durante una temporada, tal vez puedan comportarse como “políticos”, pero no dejan de ser milicias.

– ¿Consideras que el gobierno no funciona porque no tiene capacidad institucional, o porque los talibanes impiden que el Estado cumpla su papel?

Existen diferentes factores, bien por los ataques constantes de los talibanes o el Estado Islámico, por el nivel de corrupción, o por la baja formación de los funcionarios y la población en general. Cuando cubrí las elecciones el pasado mes de septiembre, gestionar el permiso de prensa para poder entrar a los colegios electorales fue una odisea porque me pidieron cuatro veces que enviase la misma información desde España, y cuando llegué allí, no lo encontraban.

– ¿Cuál es la agenda para las negociaciones entre el gobierno afgano, talibanes y Estados Unidos? ¿Confías en que serán fructíferas?

No hay calendario como tal, y el problema es que en el acuerdo tampoco aparece por ninguna parte que las tropas americanas se retirarán cuando se alcance un acuerdo. Ese pequeño matiz es crucial para no saber cuánto durarán las negociaciones.

En cuanto a si las negociaciones serán fructíferas, a Estados Unidos le interesa dar la imagen de que el problema afgano está solucionado, por lo que optarán por vender la imagen de que todos los interesados están sentados en la mesa de negociación.

De todas formas, considero que el problema central es la población, porque nadie está pensando en ellos, ni ahora, ni en los últimos años.

El problema viene de antes, se perdió una oportunidad de oro tras la caída del régimen talibán. La comunidad internacional no adoptó un papel firme para apartar a los criminales de guerra del poder e impedir que entrasen en las instituciones afganas. Es decir, si estás pagando múltiples casas a un señor de la guerra con los fondos aportados por la comunidad internacional, ¿qué no pagarás a los talibanes? Lo que interesa ahora mismo es que haya un alto el fuego, y ya se verá las consecuencias que traerá todo esto.

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Almudena García Perucha

Graduada en Estudios Semíticos e Islámicos por la Universidad Complutense de Madrid, mi gran pasión es la geopolítica y los estudios estratégicos aplicados a Oriente Medio (especialmente Irán, Libia y el conflicto palestino-israelí). Hice prácticas en la Misión de España ante Naciones Unidas en Nueva York. Actualmente estoy estudiando el Máster en Política Internacional: estudios sectoriales y de área, en la Universidad Complutense de Madrid.
Graduada en Estudios Semíticos e Islámicos por la Universidad Complutense de Madrid, mi gran pasión es la geopolítica y los estudios estratégicos aplicados a Oriente Medio (especialmente Irán, Libia y el conflicto palestino-israelí). Hice prácticas en la Misión de España ante Naciones Unidas en Nueva York. Actualmente estoy estudiando el Máster en Política Internacional: estudios sectoriales y de área, en la Universidad Complutense de Madrid.

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