Gervasio Sánchez: “Los periodistas deberíamos ser los vigilantes del poder político y económico”

Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) es un periodista y fotógrafo independiente especializado en la cobertura de conflictos armados. Ha estado informando desde el terreno durante más de tres décadas y es uno de los referentes del fotoperiodismo español. Gervasio estuvo en multitud de conflictos desde la Guerra de los Balcanes a los conflictos del continente africano: Ruanda, Sierra Leona o Mozambique. Ha recibido el Premio Nacional de Fotografía y el Premio Ortega y Gasset de Periodismo.

Gervasio, ¿qué les pasa a las sociedades cuando no hay buen periodismo?

Cuando no hay un buen periodismo las sociedades son más fáciles de manipular y por extensión acaban fracasando. Por ejemplo, en estos momentos estamos ante una super emergencia por el Coronavirus y hay una sobrecarga brutal de información absolutamente reiterativa. Se ha creado un circo mediático en el que han entrado todos los medios de comunicación. Estamos sobresaturados de información, que muchas veces es mala información.

Cuando se da tanta importancia a ciertas cuestiones solo porque los medios quieren tener más audiencia hay una mala situación periodística, pero también es cierto que el propio público está exigiendo esta información. Todos nos quejamos de que hay una sobresaturación pero nadie dice: yo a partir de ahora voy a dejar de ver los telediarios porque no me da la gana de seguir este circo mediático.

¿Hay alguna solución?

La solución es muy clara: la autocrítica periodística. Los periodistas, los medios de comunicación y sus máximos responsables deberían ser autocríticos, darse cuenta de hasta donde estamos llevando al público y como muchas veces estamos actuando sin ningún tipo de criterio. Nos dejamos llevar por la ola mediática del momento y somos incapaces de darle el espacio real a los temas.

Nos dejamos llevar por la ola mediática del momento y somos incapaces de darle el espacio real a los temas”

Hay acontecimientos, como el Coronavirus, que están copando sin contemplaciones los informativos, páginas y páginas de diarios, programas radiofónicos y espacios televisivos. Y en cambio hay otros grandes problemas en la humanidad como las epidemias de hambre, de sarampión y de malaria, a las que jamás les damos espacio. Muy rara vez se habla en profundidad de todo esto.

La única solución es la autocrítica, pero casualmente la autocrítica es la única cualidad que no tenemos la inmensa mayoría de los periodistas.

Alfonso Armada dijo en una ocasión que “…el periodismo internacional, el que cubre los conflictos, esta de capa caída” ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Creo que hay un problema de fondo. Los medios de comunicación son negocios vinculados a intereses estratégicos de empresas, vinculadas a la vez, a intereses estratégicos de grupos políticos y de grandes grupos empresariales. Partiendo de que son poderes mediáticos, poderes políticos y poderes económicos, el periodismo no es lo más importante. Al final lo más importante son los negocios. Ahora todo el mundo se queja de que los medios de comunicación no dan dividendos económicos, pero los medios de comunicación en España han ganado muchísimo dinero, algunas veces cantidades estratosféricas, y en aquellos tiempos tampoco se hacía buen periodismo. Cuando se ganaba mucho dinero se hacía mal periodismo y cuando no se gana dinero también.

Los periodistas deberíamos ser los vigilantes del poder político y económico, esa sería la lógica, pero como somos los amigos del poder político y del poder económico dejamos de ejercer nuestro trabajo. Seguramente la gran mayoría de los reporteros y de los redactores no toman estas decisiones, pero hay un grupo minoritario que las toma y establece las historias que interesan o no.

Al final acabamos obedeciendo una especie de guión establecido en el que todo es importante si no entra en contradicción con los intereses mediáticos del momento. Por este motivo no se invierte en periodismo de investigación, porque este tipo de periodismo nos obligaría a analizar qué hacen nuestros grandes empresarios, qué hacen nuestros políticos favoritos y no solamente aquellos a los que nos oponemos. Hay medios de comunicación que son pro socialistas y solo hablan de la corrupción cuando estos partidos están en la oposición, y hay medios pro conservadores que solo hablan de la corrupción cuando sus amigos están en la oposición, cuando están en el gobierno se callan porque tienen intereses económicos muy vinculantes. No se hace periodismo de investigación porque tendríamos que analizar muchas cosas que ocurren dentro de los propios medios, que a veces establecen relaciones impúdicas con el poder económico y político.

No se hace periodismo internacional porque, evidentemente, si quieres tener una buena sección de internacional significa que es necesario realizar una inversión económica. No se pueden rellenar las páginas de los periódicos, ni los programas de radio y de televisión con refritos, que es lo que suele pasar habitualmente en los medios españoles.

Si tienes una persona en Jerusalén, ese mismo periodista está hablando de lo que pasa en Siria, de lo que pasa en Irán o de lo que pasa en Irak, y si tienes a un corresponsal en México te habla de lo que sucede en Colombia o en Argentina. Pocas veces se envían a los periodistas al terreno, y cuando los mandan lo hacen con muy poco tiempo, por lo que es casi imposible poder hacer historias con profundidad.

Al final la excusa de “no tenemos dinero para invertir” es falsa porque las personas que están en el alto escalafón de los medios cobran cantidades vergonzosas dinero. Además, los medios están repletos de columnistas que analizan las historias y hablan de temas sobre los que el propio diario o la radio han informado muy mal, estas personas son las que se llevan los dividendos más importantes en las redacciones periodísticas.

¿Por qué es importante mantener la figura del corresponsal, de aquellos periodistas que hacen su trabajo desde el terreno?

La única manera de hacer buen periodismo es ir a los sitios, ver lo que está ocurriendo, especializarse en el lugar, hablar con las fuentes directas y poder analizar lo que ocurre con rigurosidad. Es una regla muy simple, si alguien dentro de la estructura periodística no la entiende lo mejor que podría hacer es marcharse.

Cuando yo llegué a la facultad de periodismo hace cuarenta años fue lo que me enseñaron, lo que hay que desarrollar. Si eso que me enseñaron no tiene nada que ver con lo que ocurre, entonces es que algo pasa, algo muy grave.

Kosovo 1999 / Gervasio Sánchez

Actualmente ya no es necesario atravesar una ciudad que está siendo bombardeada, como tu hiciste, para enviar una crónica o una fotografía. ¿De qué manera han cambiado las nuevas tecnologías de la comunicación la forma de cubrir los conflictos?

Ahora hay muchas ventajas. Hoy en día se puede enviar una historia en tiempo real y eso es mucho más ventajoso que si no tienes forma de enviarla. Durante muchísimos años lo importante para mí no era solo hacer la historia, sino tener una manera de poder enviarla. Yo tenía que organizar mi tiempo en función de cuándo y cómo iba a mandar una historia porque no había teléfonos móviles, a veces dependía de grandes empresas que te permitían enviar tu crónica cuando ellos tenían tiempo libre o cuando les daba la gana. Yo he dejado de mandar historias desde muchos puntos del mundo porque no tenía como hacerlo. Hoy puedes estar a un segundo o a un minuto del tiempo límite para enviar una crónica y se puede enviar instantáneamente por vía telefónica, por Whastsapp por Twitter o por Facebook. Esto es muy positivo si se sigue trabajando con la misma rigurosidad que se trabajaba antes de la aparición de las nuevas tecnologías. Pero es muy negativo si lo primero que se hace es enviar y después confirmar. Este es un problema grave. Hay gente que cuando escucha un rumor automáticamente lo envía.

Una de las reglas que teníamos los periodistas en zona de conflicto o en cualquier zona, era que la competencia no supiera en lo que estabas trabajando

Me sorprendo mucho cuando algunos compañeros tienen buenas ideas y en lugar de guardarlas para incluirlas en su historia las cuentan por Twitter. Una de las reglas que teníamos los periodistas en zona de conflicto o en cualquier zona, era que la competencia no supiera en lo que estabas trabajando. Eso era lo interesante de los diarios, cada periódico sacaba una distinta. En cambio, actualmente, parece que hay que hacer la misma historia que el compañero.

¿El fotoperiodismo está más maltrado que otros tipos de periodismo?

En general lo que está maltratado es el periodismo en todas sus vertientes. Los medios de comunicación no hacen distinciones, por eso la mayor parte de los periodistas hoy en día tienen que hacer fotografías, crónicas radiofónicas, escribir… Deben hacer muchas cosas en el poco tiempo del que disponen y muchos de ellos no están preparados.

Por ejemplo en mi caso desde muy joven escribí, hice fotos e incluso hice radio al mismo tiempo. Pero yo podía hacer todo eso porque me levantaba el primero y me acostaba el último, no paraba de trabajar ni un segundo. Otra cosa importante es que yo cobraba cada historia de manera independiente, no como esta tendencia que hay ahora de hacer una propuesta radiofónica, televisiva, fotográfica y literaria por un precio irrisorio.

Los fotoperiodistas tienen que hacer una fuerte inversión en su equipo. Cuando yo empecé a hacer fotografía salía de mi casa habiendo gastado miles y miles de las antiguas pesetas en película fotográfica. Sin haber hecho un solo disparo ya había gastado.

Hoy sigue pasando lo mismo con los fotógrafos si los comparamos con otras especialidades. Los fotoperiodistas tienen que hacer una inversión muy grande en su equipo, con lo cual, el maltrato es todavía mayor.

Sin una buena fotografía desde el terreno ¿se podrían llegar a comprender igual los conflictos armados, las revueltas políticas, las grandes epidemias…? ¿qué tiene el fotoperiodismo que lo hace único para contar historias?

Yo nunca me he creído ciertas frases famosas como que una imagen vale más que mil palabras. A veces hacen falta “mil fotografías” para contar lo que una persona puede transmitir en tres párrafos. Yo no entraría en ese tipo de debates como que sin buen fotoperiodismo las historias son peores. Lo que está clarísimo es que si no hay un buen ejercicio del periodismo estamos totalmente limitados para contar los acontecimientos, sea en televisión, en radio, en un periódico o a través del periodismo fotográfico.

Las grandes facilidades que hay con las nuevas tecnologías para transmitir las historias más rápidamente no funcionan si la base de tu trabajo no es buena. Da igual lo que se haga, hay que tener a personas sobre el terreno que sepan hacer bien su labor.

La fotografía tiene una ventaja: no necesita traducción simultánea. Aunque los sistemas de traducción son muy avanzados hoy en día, siempre va haber que traducir. Una foto hecha por mí en un conflicto africano es entendible en España, en China o en Suecia al mismo tiempo por que la mayor parte de los ciudadanos de estos países han sabido leer antes imágenes que palabras.  

Sarajevo 1994 / Gervasio Sánchez

Sarajevo, año 1992, comienzas a utilizar el blanco y negro, vas más allá de los bombardeos, de los muertos, de los heridos y retratas la vida cotidiana, ¿fue ahí cuándo empezaste a mirar la guerra desde otro ángulo? ¿qué supuso esto para tus trabajos posteriores?

Yo creo que el momento clave es un poco antes, justamente dos años antes. Yo estaba en una localidad llamada Ayacucho, en Perú, y un gran fotógrafo analizó un poco mi trabajo y me hizo una serie de críticas muy duras, con buena onda, pero muy duras en realidad. Me dijo que tenía que buscar mi forma de hacer las cosas, mostrar lo que ocurre sin caer en la trampa de la reiteración. En definitiva, que tenía que buscar mi propia manera de contar los acontecimientos. En aquel momento aquello me sonó a chino mandarín, aunque luego supe claramente lo que quería decir. También me aconsejó que trabajase con blanco y negro, no que me pasase solo al blanco y negro, porque él mismo sabía que el color era lo que te permitía vender las fotos.

Después de esto compré una cámara de segunda mano sin motor, empecé a cargar películas en blanco y negro y comencé a hacer fotos en algunos conflictos de América Latina.

Utilicé también el blanco y negro en la guerra de Croacia del año 91, pero fue realmente en 1992, en Sarajevo, cuando dije: aquí tengo que buscar una forma distinta de hacer las cosas. Ya había entendido lo que significaba aquello.

En Sarajevo hice muchas fotografías en blanco y negro mostrando lo contrario de lo que fotografiaba con color. El color lo dirigía casi siempre a lo más evidente de la guerra -que es lo que le interesa a los medios- los heridos, la violencia, los hospitales, los cementerios… Las fotografías en blanco y negro las utilizaba para retratar la vida cotidiana. A día de hoy, tras más de dos décadas, estoy haciendo un documental en Sarajevo -que voy a presentar este mismo año- a través de las fotografías en blanco y negro tomadas durante aquel período. Esta manera de trabajar ha permitido que mis fotografías hayan tenido mayor recorrido, ya que 28 años después de empezar a hacerlas siguen estando presentes y siguen emocionando a la gente.

Ruinas de la bibliotoca de Sarajevo / Gervasio Sánchez

Algunas veces las fotografías se convierten en iconos de los conflictos, yo creo que la fotografía de la biblioteca de Sarajevo es un icono de la guerra de Bosnia y de todas la guerras. Te voy a poner un ejemplo: un día, entre los años 2005 y 2006, estaba en Bagdad y me encontré con el director de la Biblioteca, él me contaba que había sido asaltada y que habían robado un montón de cosas durante la invasión que propició la caída de Sadam Hussein. Cuando él me empezó a hablar de todo esto le dije que por suerte su biblioteca no había sido destruida y le enseñé la fotografía de la biblioteca de Sarajevo, se puso a llorar y me dijo que tenía razón, por lo menos su biblioteca no había sido destruida.

“La destrucción de los espacios culturales en los conflictos armados simboliza la destrucción de los puentes de convivencia”

La destrucción de los espacios culturales en los conflictos armados simboliza la destrucción de los puentes de convivencia. Para que haya un conflicto armado y se desarrolle una violencia tremenda entre comunidades hay que destruir los puentes de convivencia, y eso fue lo que hicieron los radicales serbios cuando bombardearon la biblioteca de Sarajevo: destruyeron el baúl de la memoria de todas esas comunidades.

El conflicto de los Balcanes ha sido muy cercano para ti y en Ruanda viviste una crisis muy compleja. ¿Cómo fue hacer periodismo allí, en situaciones tan difíciles y extremas? ¿Cómo conseguiste sobrevivir mentalmente?

Los dos conflictos tienen mucho más que ver de lo que parece, en ambos lugares se destruyó la convivencia entre las comunidades. En los Balcanes entre los musulmanes, católicos croatas y serbios ortodoxos, aunque en realidad eran todos de la misma etnia, eran todos eslavos. Cuando se habla de guerra étnica en Bosnia, el concepto está mal utilizado, no fue una guerra étnica. La única y más importante guerra étnica que tuvo lugar en los Balcanes fue en Kósovo, entre albanokosovares y serbios ortodoxos. En Bosnia los que se mataron entre ellos eran eslavos.

Lo primero que se hizo fue crear las condiciones para que los ciudadanos que habían vivido juntos empezasen a odiarse: eso es romper los puentes de convivencia. Se manipuló la historia, se presentaron los acontecimientos en función de los intereses de cada parte, se mintió descaradamente a la población, se hizo una propaganda tan brutal que los ciudadanos ya no tenían ni idea de lo que estaban pensando e incluso acabaron diciendo lo contrario de lo que creían.

Cuando se inicia el genocidio, el clima de odio era tal, que los tutsis ya no eran tutsis, eran cucarachas

Esto fue un poco lo que pasó en Ruanda, allí había un conflicto entre la mayoría hutu y la minoría tutsi. Los tutsis habían sido históricamente beneficiados desde la época de la colonización belga, una vez que los belgas se fueron de allí dejaron a los tutsis en los puestos más importantes. Se creó una especie de situación enfermiza para odiar a esta minoría. En un momento dado, grupos radicales de hutus crearon la atmósfera ideal para empezar la matanza. Cuando se inicia el genocidio, el clima de odio era tal, que los tutsis ya no eran tutsis: eran cucarachas.

Crearon las condiciones para poder deshumanizar al contrario, esto también pasó en los Balcanes. En ambos lugares surgió la idea de que el vecino con el que habías convivido siempre, con el que has celebrado las fiestas, con el que has ido al mercado, ya no es el vecino: es una cucaracha. En apenas un mes la población tutsi había sido diezmada, hubo centenares de miles de muertos. Para entendernos todos, en lo que dura un trimestre escolar fueron asesinados más de 750.000 tutsis y hutus que estaban casados con tutsis. Todo esto ocurrió en un país con seis millones de habitantes y sin muchas armas de fuego, lo que da buena medida de como fue la matanza.

¿Cómo se sobrevive a esto? Pues yo creo que los periodistas debemos hacer bien nuestro trabajo, no estar todo el día hablando de lo que nos pasa a nosotros ya que hacemos un flaco favor. Yo voy a los sitios, hago mi trabajo lo mejor posible y regreso cuando yo quiero, ademas voy voluntariamente, nadie me obliga. Me cansan mucho los periodistas que están todo el día hablando de lo que les pasa a ellos y se creen que la historia es importante por que están ellos. Yo prefiero dedicarme a contar lo que le pasa a la gente.

En tu artículo Bosnia, 20 años depués reflexionas sobre la posguerra, sobre lo que queda tras los acuerdos políticos que se firman en despachos alejados de la realidad que se vive en los conflictos armados. ¿Cuándo “terminan”  los conflictos realmente?

Durante el mes de diciembre de este año se va a conmemorar el 25 aniversario del final de la guerra de Bosnia, podemos hablar del cinismo de los políticos y diplomáticos europeos que durante casi cuatro años no impidieron la matanza en los Balcanes y después se presentaron como artífices de la pacificación. Vamos a tener que hablar también de que los acuerdo de Dayton, firmados en 1995, legalizaron todas las matanzas que se hicieron sobre el terreno y se concedió a cada parte aquellos territorios que habían conquistado matando gente.

En aquel momento las personas decían que era mejor una paz imperfecta que una guerra perfecta. Yo estoy de acuerdo. Pero no ha habido nunca una responsabilidad sobre esto y me temo que en diciembre escucharemos a payasos de la diplomacia y la política europea y a gente como Clinton hablando de lo bien que lo hicieron, cuando 25 años después todavía están presentes las consecuencias de la guerra en Bosnia. Allí hay una situación desastrosa con dobles parlamentos, con dobles gobiernos que hacen que la burocracia se lleve una gran parte del dinero, y todo esto se agravaba debido a la gran corrupción.

Los más jóvenes se están marchando, en 2019 se han marchado casi 100.000 bosnios del país según algunas cifras.

Monrovia 1996 / Gervasio Sánchez

Hace poco que has regresado de Bosnia precisamente, ¿cómo es la actual situación allí? ¿las heridas ya han empezado a cicatrizar?

A principios de enero estaba en Bosnia, de hecho, desde finales del año pasado hasta ahora he ido dos veces a Sarajevo. He pasado casi más tiempo en Bosnia en lo que va de año que en mi casa. A principios de 2020 se festeja la Pascua Ortodoxa, lo serbios la celebraron haciendo disparos al aire, realizando desfiles militares en sus territorios y mostrando la fuerza de su ejército con mucha parafernalia belicista ante la sorpresa de todo el mundo. Esto indica que no se han resuelto las cuestiones del pasado.

No creo que vaya a haber una guerra abierta, pero tensiones sí. Puede ser que en algún momento haya un incidente que provoque un serio disgusto a la población.

La guerra va de la mano de muchas desigualdades, también de las que existen entre los hombres y las mujeres, este es un tema que tratas en tu nueva exposición: ‘Violencia contra las mujeres en conflictos internacionales’. ¿Hay patrones que se repiten en la violencia que sufren las mujeres en los conflictos armados?

En casi todas las guerras que he estado he tenido que documentar la violencia contra las mujeres, porque siempre es peor que la violencia contra los hombres.

Yo les dijo a los más jóvenes que ser un niño soldado es una gran putada, pero ser una niña soldado es todavía peor. Un niño soldado es secuestrado y utilizado como si fuese una máquina de matar, a una niña soldado lo primero que se le hace es violarla y a veces mueren como consecuencia de las violaciones.

“Ser hombre en la guerra es brutal pero ser mujer en la guerra es todavía peor”

Ser hombre en la guerra es brutal pero ser mujer en la guerra es todavía peor. La violación como arma de guerra se utiliza en todos los conflictos y si te cogen, da igual que sea un enemigo brutal o que sean las fuerzas aliadas que acaban con el régimen nazi. En Alemania, por ejemplo, en la primera semana tras el suicidio de Hitler miles de mujeres alemanas fueron violadas por las fuerzas aliadas, que eran soviéticos, americanos, franceses e ingleses. Unos lo hacían por venganza y otros por entretenimiento.

Esta exposición de 40 fotografías se hizo por iniciativa del Instituto de la Mujer de Aragón y durante este año va a recorrer las diferentes localidades de la comunidad. He seleccionado imágenes de 21 conflictos diferentes contando todas las violencias que se producen en la guerra contra las mujeres.

Durante varias décadas has contado muchas guerras desde el terreno, una parte de tu vida está fijada en los negativos. La elección no debe ser fácil pero, ¿cuáles son las fotografías y las historias que te van acompañar siempre?

Todavía trabajo con negativo en algunos proyectos. Ahora estoy haciendo Vidas Minadas 25 años, para presentarlo en noviembre de 2022 y lo estoy realizando con negativos. En otro proyecto sobre las desapariciones en España también utilizo el negativo, y hay otros que los hago en digital.

Yo creo que en la vida de un fotógrafo como yo, que lleva haciendo fotos desde 1980, hay muchos momentos estelares pero algo que me molesta mucho de los fotógrafos es que casi nunca muestran sus primeras fotografías, en general, nos gusta mostrar solo lo mejor de nuestro trabajo.

Cuando gané el Premio Nacional de Fotografía hicimos una muestra antológica de mi trabajo y le pedí a la comisaria que se incluyesen fotografías que había hecho en los años 80 en América Latina. No eran mis mejores fotos, pero mostraban un poco mi evolución. Yo soy muy partidario de que esas imágenes primerizas también se incluyan en el currículum, porque al final si solo exhibimos nuestras mejores fotos es como si no tuviésemos trayectoria. Esto es algo que le digo a los jóvenes: si os mostrara mis primeras fotografías seguramente os daríais cuenta de que todo tiene un inicio y que luego todo evoluciona con trabajo, con intensidad y con autocrítica.

Yo haría una selección de fotografías en las que incluiría fotos de los 80 en América Latina, fotos de los 90 en los Balcanes –especialmente las del cerco de Sarajevo- también de los conflictos africanos que cubrí: Ruanda, Somalia, Sudán, Liberia, Sierra Leona, Congo, Mozambique y Angola. Incluiría otra parte de trabajos que he hecho como viajero, ya que nunca he publicado este tipo de fotos, y tengo bastante material para hacer un libro de fotografías de viajes.

Para acabar también metería fotos de los proyectos fotográficos en los que he trabajado durante los últimos 25 años de mi vida: Vidas Minadas, Desaparecidos o Niños de la Guerra. Este tipo de historias tienen más que ver con temas puntuales que he realizado en varios países distintos, como por ejemplo Desaparecidos.

¿Qué es lo que te queda por ver, Gervasio?

Más que lo que me queda por ver, es lo que me gustaría ver, pero creo que ni yo ni nadie lo verá. Me gustaría que algún día se llegase a la conclusión de que las guerras no sirven para nada y que a partir de ese momento no hubiese conflictos armados. Una especie de acuerdo de paz para siempre. Me gustaría ver que los seres humanos después de 10.000 años de matarnos continuamente –de hecho hay pruebas antropológicas de matanzas ocurridas hace 10.000 años- nos percatásemos de que eso ya no funciona.

Pero esto no va a pasar nunca porque la guerra es un gran negocio, y sin conflictos armados, los empresarios de la muerte, los gobernantes de la muerte y las empresas de la muerte perderían mucho dinero. Cada vez que se empieza una guerra hay políticos tomando decisiones en Estados Unidos, en Rusia y en China, pero también en la Unión Europea, la principal exportadora de armas ligeras del mundo.

La paz impediría que los gobiernos hicieran este tipo de negocios, tanto los conservadores como los progresistas, también habría bancos que perderían los beneficios -cuando digo bancos me refiero al Santander y al BBVA, por ejemplo- que obtienen con el negocio de las armas.

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Miriam Gonzalez Francisco

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