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Mojtaba Jamenei, la apuesta de línea dura como nuevo Líder Supremo de Irán

La República Islámica de Irán selecciona al hijo de Alí Jamenei, Mojtaba, para sucederle como Líder Supremo en una decisión continuista y más pragmática que teológica.
La República Islámica de Irán selecciona al hijo de Alí Jamenei, Mojtaba, para sucederle como Líder Supremo en una decisión continuista y más pragmática que teológica. Fuente: Mehr News Agency - bajo CC BY 4.0

La resiliencia de la República Islámica de Irán ha demostrado ser real. El nombramiento de Mojtaba Jamenei como nuevo Líder Supremo es el culmen de la reorganización interna acometida por Teherán tras la intentona inicial de la coalición israelí-estadounidense de descabezar el liderazgo de los ayatolás y forzar su rendición absoluta al estilo venezolano.

La sucesión de Alí Jamenei por su hijo Mojtaba Jamenei está lejos de poder considerarse una victoria propiamente dicha para Tel Aviv y Washington. El asesinato de la cabeza de Estado no ha provocado un colapso de las estructuras político-militares en Irán. Tampoco lo ha hecho la pérdida de las grandes figuras del alto mando de la Guardia Revolucionaria (IRGC).

Tampoco han logrado provocar un colapso total de las capacidades ofensivas iraníes mediante la destrucción de las lanzaderas de misiles balísticos. La Doctrina de Mosaico aplicada por Irán se ha mostrado, por ahora, notablemente efectiva.

Las bajas y los daños provocados por la superioridad aérea de la coalición israelí-estadounidense han deteriorado gravemente las capacidades militares iraníes y limitado su margen de actuación.

Para ampliar: La guerra de 50 años contra Irán

No obstante, durante el periodo de reorganización de las fuerzas iraníes tras el ataque sorpresa del 28 de febrero, estas –en su actividad autónoma– han logrado no solo resistir y mantener cierta cadencia diaria de lanzamiento de misiles y drones, sino también apuntarse el tanto de socavar lo que puede considerarse la primera línea de defensa de Estados Unidos en la región.

Esta conclusión coincide con un cierre político en el seno de la clase política iraní. La elección del nuevo Líder Supremo por parte de la Asamblea de Expertos posee una doble implicación. A nivel interno, cualquier posible fractura o deserción que pudiera haberse originado tras el primer envite israelí-estadounidense queda prácticamente neutralizada en el corto plazo.

A nivel militar, este nombramiento evidencia la recuperación de una importante centralidad del mando en la figura del Líder Supremo. Fiel reflejo de ello son las oleadas lanzadas el 9 de marzo por la IRGC, que ha enfatizado que estas salvas –cuantitativamente superiores a las de los días anteriores– han sido dirigidas directamente por Jamenei.

Estos elementos ya son suficientes para considerar que la claudicación iraní resulta improbable. Sin embargo, el error de cálculo respecto a los resultados esperados desde Washington es mayor aún. La República Islámica no ha puesto al mando a una figura representante de los sectores más partidarios de la concertación o la tregua incondicional. Todo lo contrario: representa una consolidación de la IRGC en el poder.

Trasfondo de la elección de Mojtaba Jamenei

Históricamente, el hijo de quien fuera el anterior Líder Supremo había sido una figura de escasa presencia pública, limitada a momentos simbólicos ligados a festividades religiosas y nacionales.

No significa ello que estuviese ausente del juego político, sino que su presencia operaba desde las bambalinas de la política iraní y en beneficio de los sectores más intransigentes de la IRGC, incluso en contra de los intereses de los clérigos, cuyas posiciones veían mejor representadas en la figura de Alí Jamenei. De hecho, en un inicio y en condiciones normales, la elección de Mojtaba Jamenei se presentaba como una de las menos probables.

Su vínculo sanguíneo con Alí Jamenei, la ausencia de las credenciales teológicas necesarias para ser considerado como Gran Ayatolá y la correlación de fuerzas entre las facciones políticas que componían la clase dirigente antes de la Guerra de los 12 Días y de la actual contienda –bautizada por Teherán como la Guerra del Ramadán– eran verdaderos obstáculos.

Los dos primeros se explican porque la posibilidad –y finalmente el hecho consumado– de que el hijo de Alí Jamenei suceda a su padre supone una amenaza para la legitimidad de la República Islámica, al proyectar la imagen de una posible transfiguración en una suerte de monarquía islámica hereditaria.

Ali Jamenei, el Líder Supremo de Irán hasta ser asesinado durante los primeros ataques de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero de 2026.
Ali Jamenei, el Líder Supremo de Irán hasta ser asesinado durante los primeros ataques de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero de 2026. Fuente: Khamenei.ir

Esto resulta especialmente sensible en un momento en el que conviene recordar que la mermada base social del sistema iraní se sustenta en gran medida en el celo teológico de una parte de la población religiosa.

Así, la mencionada ausencia de formación teológica constituye una potencial amenaza directa que podría derivar, a largo plazo, en un cuestionamiento de los fundamentos básicos sobre los que se sostiene Irán.

El asalto israelí-estadounidense ha alterado todos estos cálculos. La amenaza militar sobre Irán se ha convertido en toda una amenaza existencial. Los años de negociación y búsqueda de acuerdos con Occidente han sido estériles, lo que ha debilitado notablemente a esos sectores cuyas posturas buscaban ese acercamiento.

Con esta situación, ha sido la IRGC –quien compone el núcleo duro del Estado y, en términos prácticos, lo mantiene unido gracias a su disciplina– el mayor beneficiado, incluso más que el estamento clerical. La elección del nuevo Líder Supremo en un contexto de guerra abierta contra la República Islámica ha ofrecido a la IRGC un margen de presión y maniobra inesperado sobre la decisión de Mojtaba Jamenei.

Para ampliar: Qué hace y quién elige al Líder Supremo de Irán

Esa amenaza existencial se ha corroborado con las declaraciones iniciales de Donald Trump y Benjamin Netanyahu acerca de poner fin al “régimen de los Ayatolás”. Ante este escenario, las consideraciones respecto a las demandas teológicas que un líder en Irán debe reunir han pasado a un segundo plano y se han evaporado para dar paso a cuestiones más pragmáticas.

Los problemas más acuciantes quedan resueltos. Ocurre lo contrario con aquellos que enfrenta Irán en el futuro y que se suman a una crisis de largo recorrido. En los últimos años, numerosos sectores sociales previamente reflejados en los valores republicanos islámicos se han desvinculado de los mismos, generando un vacío entre las instituciones islámicas y las demandas de la sociedad civil.

Aunque parezca que hayan pasado años desde entonces, cabe recordar que en enero de 2026 Irán quedó sacudido por protestas que se extendieron por todo el país. La elección de Mojtaba Jamenei es de todo menos una buena señal para la solución de esos problemas de profundo calado que atraviesa la República Islámica.

Más bien, señala un cierre del Estado sobre sí mismo a costa de, posiblemente, debilitar al completo los vínculos que le une con la sociedad. Sobre todo una vez finalice la guerra, sea cual sea su desenlace, cuando la economía iraní tenga que afrontar los efectos y las repercusiones del conflicto para recuperarse y responder a las necesidades de su población.

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