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Europa activa el mecanismo snapback: ¿nueva guerra contra Irán?

La troika europea ha activado el mecanismo snapback para reimponer las sanciones internacionales a Irán, desatando una grave crisis y elevando el riesgo de una nueva escalada militar.
La troika europea ha activado el mecanismo snapback para reimponer las sanciones internacionales a Irán, desatando una grave crisis y elevando el riesgo de una nueva escalada militar. Fuente: Khamenei.ir - bajo CC BY 4.0

Reino Unido, Francia y Alemania (E3) se reunieron el 28 de agosto y tomaron finalmente la decisión de iniciar el proceso para reimponer las sanciones de las Naciones Unidas a Irán. El también conocido como mecanismo snapback caduca el 18 de octubre de 2025, junto al resto del Acuerdo Nuclear iraní (JCPOA, por sus siglas en inglés) sellado en 2015, por lo que sería la última oportunidad de utilizarlo.

¿Cómo funciona el mecanismo snapback?

Este mecanismo supuso una importante innovación diplomática, llevada a cabo por el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov. La clave de este instrumento jurídico reside en que invierte el funcionamiento normativo del Consejo de Seguridad: las sanciones no necesitan del consenso entre las potencias para su aplicación y, por el contrario, su puesta en marcha no puede ser vetada.

El mecanismo snapback fue fundamental para la aprobación del JCPOA, pues permitió a Estados Unidos levantar las sanciones internacionales sin perder la oportunidad de volver a implementarlas unilateralmente. La única manera de frenar su activación es mediante la aprobación de una resolución, algo poco probable dada la actual composición del Consejo de Seguridad.

Es decir, al invertir la lógica habitual, la resolución 2231 permitió que, una vez activado el mecanismo snapback, el alivio de las sanciones expirara automáticamente, a menos que el Consejo de Seguridad votara expresamente a favor de mantenerlo.

De esta forma, Occidente ha decidido utilizar su mayor carta diplomática para presionar a Irán a que acepte todas sus demandas. El proceso de Naciones Unidas requiere 30 días para restablecer las sanciones, que afectarían especialmente a los sectores financiero, bancario, de hidrocarburos y de defensa de la República Islámica.

Israel y Estados Unidos: ¿nuevo ataque contra Irán?

Por lo tanto, ahora se abre un periodo de tensiones y negociaciones entre bastidores que parece preparar el terreno para una segunda ofensiva israelí-estadounidense contra Irán, que esta vez podría no tener desescalada. La Asamblea General de Naciones Unidas, que se celebrará entre el 9 y el 23 de septiembre, será fundamental, tanto para construir una narrativa que apoye la guerra como para negociar una posible salida diplomática.

El E3 exige que Teherán mantenga negociaciones directas con Estados Unidos y restablezca las inspecciones nucleares de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA). A cambio, ofrece prorrogar la suspensión de las sanciones durante otros seis meses. En otras palabras: las demandas de Occidente suponen pedir a la República Islámica que ignore por completo la agresión israelí-estadounidense de junio y acepte de buena voluntad volver a la mesa de negociación, sin nada que ganar y, además, en una posición más débil.

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Al igual que ocurrió con Irak en 2003, se está utilizando el discurso de las armas de destrucción masiva para tratar de convencer a la comunidad internacional de que Irán es un peligro nuclear, al tiempo que Israel, un Estado con armamento nuclear clandestino, lleva a cabo un genocidio en la Franja de Gaza con total impunidad, mientras bombardea e invade Siria, Yemen y Líbano.

En Tel Aviv tienen claro que la guerra es el único camino a seguir. No está tan claro si esa visión es compartida en su totalidad por la Casa Blanca, donde parece preocupar otro estancamiento en Oriente Medio que obstaculice su famoso pivote asiático y termine de preparar el camino para el ascenso de China como gran potencia.

Mapa de las instalaciones nucleares, yacimientos de hidrocarburos y situación estratégica de Irán.
Mapa de las instalaciones nucleares, yacimientos de hidrocarburos y situación estratégica de Irán.

Rusia y China han presentado un proyecto de resolución ante el Consejo de Seguridad en el que proponen prorrogar por seis meses el acuerdo nuclear de 2015 e instan a todas las partes a reanudar de inmediato las negociaciones. Las dos potencias reconocen como legítimo el mecanismo snapback, del que forman parte, pero consideran que la decisión del E3 “no es constructiva”.

Durante la cumbre de la Organización de la Cooperación de Shanghái (OCS), organizada en Pekín los días 31 de agosto y 1 de septiembre, los dos países han publicado, junto a Pakistán, un comunicado de condena. En concreto, los diplomáticos rusos sostienen que el E3 no siguió de buena fe los pasos de resolución de disputas del JCPOA, lo que, a su juicio, invalida su pretensión de activar el restablecimiento de las sanciones.

Aquí se encuentra otro de los problemas de esta peligrosa escalada nuclear: una vez la disputa ya no se reduzca al litigio entre Teherán y Washington, involucrando al Consejo de Seguridad y sus mecanismos de legitimidad jurídica, la cuestión que pasará a dirimirse será sobre qué orden internacional debe imponerse. Occidente querrá refirmar su sistema, mientras que Rusia y China tratarán de proponer una alternativa. Irán puede convertirse en el mejor escenario para ese enfrentamiento.

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Desde la República Islámica, después de la Guerra de los 12 Días, no confían en unas nuevas negociaciones, ni en revelar a la OIEA el destino de las grandes reservas de uranio enriquecido, que serían uno de los principales objetivos en un nuevo ataque. El viceministro de Relaciones Exteriores de Irán para la Diplomacia Económica declaró en una entrevista para la televisión nacional que Teherán “no reconoce el mecanismo snapback y no acatará sus cláusulas”.

Asimismo, un oficial iraní comentó a Reuters: “Esta medida es una acción contra la diplomacia, no una oportunidad para ella. La diplomacia con Europa continuará”, pero “Irán no cederá ante la presión”.

Otra fuente iraní afirmó que Teherán solo negociaría “si Washington garantiza que no habrá ataques [militares] durante las conversaciones”. Una demanda clave después de Donald Trump rompiese abruptamente las negociaciones para apoyar el gran ataque israelí, uniéndose a la guerra para intentar destruir las infraestructuras nucleares iraníes.

Irán estudia abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear

Irán, por el momento, no ha respondido a esta acción, aunque desde Teherán siempre se ha advertido que una eventual salida del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) sigue sobre la mesa si Occidente decide reactivar las sanciones internacionales.

De hecho, el parlamento iraní ya está discutiendo un proyecto de ley de retirada del TNP. El contenido sería el siguiente: (1) Salida del TNP y su Protocolo Adicional; (2) no negociar bajo ninguna circunstancia con Estados Unidos ni con el E3; y (3) suspensión de la cooperación con el OIEA.

Si se califica de “urgente”, el proyecto de ley podría ser sometido a votación en cuestión de días, con la presencia de los miembros del Consejo de Guardianes para agilizar su revisión y aprobación. La salida del TNP tiene un periodo de transición de tres meses para su implementación, lo que daría espacio para una negociación. Según el artículo 11 del tratado, un país puede retirarse “si decide que acontecimientos extraordinarios [...] han puesto en peligro los intereses supremos de su país”.

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Las actuales circunstancias amenazan la continuidad de la propia República Islámica, por lo que la decisión estaría justificada. De hecho, según información del New York Times, el Estado de Israel trató activamente de matar a la cúpula política del país como parte de su operación de cambio de régimen.

El objetivo era el Consejo Superior de Seguridad Nacional iraní, la máxima autoridad en estas circunstancias, que incluye al presidente Masoud Pezeshkian, el presidente del parlamento, el juez presidente –la máxima autoridad judicial del país– y los ministros de Interior, Asuntos Exteriores e Inteligencia, entre otras figuras de relevancia.

Si Irán abandona este acuerdo, ya no estaría sujeto a sus provisiones y tendría todo el derecho a desarrollar armas nucleares según el derecho internacional. Sin embargo, el presidente reformista Pezeshkian afirmó que Teherán no tiene planes de desarrollar armas nucleares y que sus actividades nucleares siguen centradas en la producción de energía pacífica y la investigación.

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