
El pasado 9 de junio se celebraron elecciones parlamentarias en Osetia del Sur, una república separatista que se escindió de Georgia durante la descomposición de la Unión Soviética. El también denominado como Estado de Alania tan solo es reconocido por Rusia, Venezuela, Nicaragua, Nauru y Siria; el gobierno georgiano lo considera parte de su territorio y ocupado militarmente por Moscú.
Los resultados de los comicios dieron una victoria a los partidos leales al presidente Alan Gagloev, quienes lograron obtener una mayoría absoluta en el parlamento, con 18 de los 34 escaños. La formación Nykhaz ha sido la que más ha crecido, ganando seis diputados y convirtiéndose en el más grande del hemiciclo con 10 representantes. Junto al Partido Popular de Osetia del Sur, que ha mantenido sus cinco escaños, y tres independientes que se unirán al grupo parlamentario de Nykhaz, formarán el próximo gobierno.
Gagloev consolida de esta forma su liderazgo tras su victoria de 2022. El líder surosetio y los partidos que le apoyan representan a un sector más pragmático con Rusia, enfocado sobre todo en la recuperación económica. Su llegada al poder se explica en buena medida por los escándalos del gobierno del entonces presidente Anatoly Bibilov, especialmente el asesinato del disidente y veterano de la guerra de 2008, Inal Djabiev. La campaña de oposición que Gagloev adoptó en 2022 estuvo centrada contra “el gobierno represivo de Bibilov”. Igualmente, el corto mandato en minoría de Gagloev, entre 2022 y 2024, ha estado salpicado de acusaciones de corrupción y nepotismo.
En la oposición se ubica Osetia Unida, del expresidente Anatoly Bibilov, el gran perdedor de los comicios. A pesar de ganar el voto popular, con el 31,75% de los apoyos, la formación pierde siete escaños debido a su derrota en las zonas rurales donde la circunscripciones uninominales han favorecido a Nykhaz.
La debacle de Osetia Unida también se explica por la decisión de Gagloev de eliminar el derecho de los residentes surosetios en Abjasia –la otra república separatista de Georgia– de votar, cerrando su colegio electoral de Sujum por “lo impracticable de su funcionamiento”. Cabe recordar que los residentes surosetios en Abjasia son un bastión de apoyo de Osetia Unida. Unidad del Pueblo, por su parte, también ha salido mal parada, perdiendo sus tres representantes y quedando como partido extraparlamentario.
El resultado es claro. Salen derrotadas las principales fuerzas surosetias que favorecen la unificación con Rusia, en detrimento de los nacionalistas que prefieren no alterar el statu quo. Esto es reflejo de la postura adoptada por Moscú, pues en la actualidad las relaciones con Georgia han mejorado considerablemente. El gobierno de Sueño Georgiano se ha mostrado más conciliador con Rusia en los últimos años, y desde el Kremlin han respondido con reciprocidad con la esperanza de que esto permita una armonización más fácil con Tiflis. Es decir, parece apoyar una Osetia del Sur más blanda y menos rusófila si esto significa una distensión con Georgia.
Esto explica el fracaso del proyecto de Bibilov de anexar Osetia del Sur a Rusia mediante un referéndum. Un intento en vano de ganarse las simpatías en Moscú para no perder las elecciones presidenciales de 2022 frente a Gagloev. Desde el Kremlin ven al actual líder surosetio como un mejor activo para mantener las buenas relaciones con Georgia, ya que no tienen ningún interés en abrir un segundo frente militar. Además, Gagloev ha mantenido el compromiso de Osetia del Sur de apoyar la invasión rusa de Ucrania, respaldando a aquellos "voluntarios" que se han enrolado en la operación militar.
Sin embargo, si Sueño Georgiano pierde las elecciones de octubre de 2024, es probable que el nuevo gobierno en Tiflis se movilice para recuperar el control de sus fronteras, expulsar a Rusia y derrotar a la autoridad separatista de Abjasia y Osetia del Sur. Ante esta eventualidad, la situación cambiaria drásticamente. No obstante, varios altos cargos surosetios han mantenido conversaciones con Moscú sobre la anexión de Osetia del Sur en caso de que Georgia se mueva drásticamente en una dirección prooccidental. Tanto la Unión Europea como Rusia chocan aquí de manera clara en unos comicios que serán decisivos para la orientación del país.
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