La seguridad europea en la encrucijada (I): los riesgos

Este artículo representa las opiniones del autor que no necesariamente concuerdan con las del equipo de Descifrando la Guerra.

Europa se encuentra en crisis. El gobierno de la Federación Rusa ha exigido que se lleve a cabo una reorganización del orden de seguridad europeo y ha advertido en repetidas ocasiones de que en caso de que sus preocupaciones no sean abordadas tomará medidas militares y técnico-militares en respuesta.

En respuesta a esta exigencia, y a la presentación de dos borradores de acuerdo a Estados Unidos y la OTAN, se ha convocado la celebración de una serie de cumbres durante el mes de enero de 2022. Sin embargo, existe un notable escepticismo sobre las posibilidades de éxito estas conversaciones tal y como expresaría el viceministro de exteriores ruso, Sergey Ryabkov, al afirmar que “Creo que estamos cerca de un punto en el que la diplomacia, por crucial y efectiva que sea, jugará un papel subordinado

Para expandir: Análisis de los borradores de acuerdo Rusia – OTAN y Rusia – EEUU

Las opciones de Rusia

Pero ¿qué son exactamente estás posibles medidas militares y técnico-militares? Rusia mantiene un cierto grado de oscurantismo a este respecto y el propio presidente ruso, Vladimir Putin, ha afirmado públicamente que tendrá que elegir entre varias propuestas elaboradas por sus expertos militares. Sin embargo, los acontecimientos de las últimas semanas y meses dejan claro que hay al menos tres áreas que debemos tener en cuenta:

Ucrania

El principal, y más preocupante, de los escenarios en los cuales Rusia podría actuar en caso de que el diálogo con Estados Unidos y la OTAN fracasase es Ucrania. El estancamiento del proceso de Minsk para la resolución del conflicto ucraniano, que Rusia achaca a la incapacidad o falta de voluntad de Alemania y Francia de presionar a Ucrania y a un sabotaje directo por parte de Kiev, es considerado por el gobierno ruso como una fuente de inseguridad permanente.

El abanico de posibilidades de Rusia en Ucrania, en lo que a opciones militares se refiere, es amplio especialmente después de que el ejército ruso haya movilizado más de 120.000 tropas a la frontera con Ucrania. Por si esto no fuera suficiente, y según las estimaciones de la inteligencia occidental, podría haber otras 50.000 en camino. Con una fuerza militar de esas dimensiones, y teniendo en cuenta el alto nivel de preparación del ejército ruso, el escenario de una invasión a gran escala no resulta inconcebible, aunque este no sea más que uno de muchos posibles escenarios.

Por supuesto, una operación de esta magnitud tendría grandes costes, pero existen múltiples indicios de que el Kremlin podría haber tomado la decisión, al menos en principio, de que dichos costes son más soportables que la posibilidad de que Ucrania continúe integrándose progresivamente en las estructuras de defensa occidentales.

La amenaza de una operación militar a gran escala contra Ucrania es real y pende como la hoja de Damocles sobre el proceso diplomático, pero este dista de ser el único ámbito en el cual actuaría el Kremlin en caso de que el diálogo fracasase.

Para expandir: Crisis en el Este de Europa: ¿rumbo hacia una nueva guerra?

Bielorrusia

El gobierno de Bielorrusia, dirigido por Alexander Lukashenko, ha sido uno de los más cercanos a Rusia desde la disolución de la Unión Soviética. Sin embargo, durante las últimas décadas se había mantenido en una postura de cierta ambivalencia entre Rusia y la Unión Europea para obtener concesiones de ambas partes. Esto cambiaría con la crisis de 2020 que provocó un enorme deterioro en las relaciones entre Minsk y la Unión Europea y llevó a Lukashenko a alinearse completamente con el Kremlin.

Para expandir: Lukashenko busca su sexto mandato presidencial en medio del descontento social y las protestas

Patrulla aérea conjunta Rusia – Bielorrusia realizada el 29 de diciembre de 2021. Imagen publicada por el Ministerio de Defensa

Los efectos de este nuevo alineamiento se han hecho notar en muchos aspectos y han provocado que la integración de Rusia y Bielorrusia, un proceso marcadamente lento desde la perspectiva de Moscú, se haya acelerado considerablemente. El aspecto más importante de dicha integración, al menos de cara a la presente crisis, es el incremento en la cooperación en materia de seguridad que se ha visto reflejado especialmente en la realización de patrullas aéreas conjuntas y ejercicios militares. Sin embargo, existe otro importante detalle a tener en cuenta.

La publicación del proyecto de enmiendas a la constitución bielorrusa, publicado hace tan solo unas semanas, presenta una cuestión clave:

“Se cambia también el artículo donde se fijaba que la “República de Bielorrusia tiene como objetivo hacer de su territorio una zona libre de armas nucleares”; esta disposición es remplazada y en la nueva constitución se garantizaría la renuncia de Minsk a llevar a cabo cualquier agresión militar desde su territorio. También se eliminan las cláusulas sobre la “neutralidad” y el “estado no nuclear”

Para expandir: Proyecto de enmiendas a la constitución bielorrusa

Este cambio, que junto con todos los demás deberá aprobarse en un referéndum que se celebrará en febrero de 2022, viene acompañado por las recientes declaraciones de varias figuras del gobierno bielorruso, incluyendo el propio Lukashenko, señalando la disponibilidad de Bielorrusia ha desplegar armas nucleares rusas en su territorio “en respuesta a la amenaza de la OTAN” algo sobre lo que Rusia ha declarado “haber tomado nota”. Pero las armas nucleares no serían el único armamento ruso que podría desplegarse si la diplomacia fracasara.

Despliegue de misiles

Rusia realizaba el pasado 24 de diciembre de 2021 una prueba del misil hipersónico Tsirkon, uno de los sistemas de misiles más avanzados que existen en la actualidad, que entrará formalmente en el arsenal del ejército ruso durante 2022. Esta demostración de capacidades tecnológicas de Rusia, no es baladí y tiene un importante contexto a sus espaldas. La cuestión del despliegue de misiles en Europa, que está en el aire desde la retirada de Estados Unidos del tratado INF, es de gran importancia para Rusia y desde diversas figuras del gobierno se han hecho numerosas referencias a que Rusia actuará con contundencia para evitar una nueva crisis de los misiles.

El presidente ruso, Vladimir Putin, durante su rueda de prensa anual 23.12.2021

Tras la salida estadounidense del tratado INF, Rusia anunció una moratoria unilateral sobre el despliegue de misiles en Europa buscando alcanzar un nuevo acuerdo con Estados Unidos. Sin embargo, y ante la perspectiva de la creciente escala de tensiones, el gobierno de Moscú ya ha señalado que dicha moratoria podría llegar a su fin en el futuro próximo.  

Otras posibilidades

Estas distan, por mucho, de ser las únicas áreas en las cuales Rusia puede actuar. El gobierno ruso, especialmente si la situación se deteriora gravemente, goza de una considerable influencia a nivel global y puede convertirse en un gran disruptor en numerosas áreas de gran interés estratégico para Estados Unidos y las demás potencias occidentales pudiendo sabotear procesos como la renegociación del acuerdo nuclear con Irán.

El riesgo una guerra internacional en Europa

La cuestión que suscita una mayor preocupación, por muchas razones obvias y otras tantas no tan obvias, es la posibilidad de que Rusia inicie una acción militar en Ucrania que provoque el mayor conflicto bélico vivido en el continente europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Narrar todas las posibles consecuencias de dicho conflicto requeriría, como mínimo, un artículo por si mismo y por lo tanto aquí nos centraremos tan solo en argumentar por qué Rusia podría considerar esta opción:

Lo primero, y más importante, es señalar que Rusia no quiere una guerra. Una guerra es un proceso enormemente costoso, plagado de incertidumbres y con consecuencias difíciles de calcular de antemano con precisión. Sin embargo, todo parece indicar que en el Kremlin se ha llegado a la conclusión de que, si fracasa la diplomacia, iniciar una guerra sea mejor que permitir que la situación continúe como hasta ahora o, incluso peor, dejar que otros sean quienes decidan cuando se inicie.

Antes de continuar también debemos incidir en que, aunque desde Occidente sea difícil de comprender en ocasiones, Rusia tiene una serie de preocupaciones reales y actúa en buena medida en base a las mismas. Cuestiones como el avance de la OTAN o la Unión Europea, que desde las instituciones gubernamentales occidentales se ven benignas, son una preocupación real para el gobierno ruso. Independientemente de la validez o legitimidad que se les quiera dar a dichas preocupaciones, y en ningún caso se las debiera tratar a todas por igual, estas existen y deben ser tenidas en cuenta a la hora de encontrar una posible resolución para esta crisis.

Una vez aclarado esto quizá una de las preguntas más importantes que nos podamos hacer sea ¿por qué ahora? Tratemos de crear un listado de los posibles factores que podría haber tenido en cuenta Moscú a la hora de decidir que el riesgo podría merecer la pena:  

Momento geopolítico propicio: Estados Unidos está inmerso en un lento y complicado viraje político hacia Asia para hacer frente a su principal rival internacional: la República Popular China. La necesidad de llevar a cabo este pivote, cada día más imperante, lleva a que Estados Unidos sea proclive a alcanzar acuerdos, como el JCPOA con Irán, o tomar decisiones políticas difíciles, como la retirada de Afganistán. Rusia podría pensar que esto crea una oportunidad para alcanzar un acuerdo favorable que lleve a una reorganización masiva del sistema de seguridad europeo.

Además, también deberíamos señalar la OTAN no pasa por su mejor momento fruto de las diversas fracturas internas, surgidas de cuestiones como la firma del AUKUS, las tensiones con Turquía o la propia retirada de Afganistán, y por lo tanto desde Moscú podría creerse que este es un momento adecuado para tratar de explotar dichas fracturas.

Agotamiento de la vía diplomática tras 8 años de crisis en Ucrania: Rusia ha tratado de resolver la crisis ucraniana mediante la aplicación de los acuerdos de Minsk. Y, por muchas críticas que se le puedan hacer, estos acuerdos son, al menos sobre el papel, la solución respaldada por los principales actores internacionales involucrados para la resolución del conflicto del Donbás. Sin embargo, en Moscú se considera que el gobierno ucraniano está activamente saboteando el proceso y alargándolo todo lo posible, con apoyo de algunos aliados occidentales, para tratar de forzar una resolución militar del conflicto en el futuro cuando, gracias a la considerable inversión que Ucrania está haciendo con apoyo de Occidente para reformar sus fuerzas armadas, el equilibrio militar se incline claramente a su favor.

Un ejemplo reciente y que podría estar influyendo notablemente en la percepción del Kremlin es la Segunda Guerra de Nagorno Karabakh. Este conflicto, que además evoca claramente a Ucrania puesto que muestra a un país exsoviético apoyado por fuerzas de la OTAN (Turquía) contra otro país exsoviético apoyado por Rusia (Armenia), fue provocado por Azerbaiyán tras llevar a cabo un rearme significativo durante las décadas de estancamiento del proceso de resolución diplomática del conflicto y con ayuda de importantes cantidades de equipamiento militar moderno procedente de los arsenales occidentales.

Equilibrio militar favorable, pero no para siempre: Rusia ha llevado a cabo una modernización masiva de sus fuerzas armadas durante las últimas décadas. El ejército ruso que lucho la Segunda Guerra de Chechenia a principios de los 2000, y que posteriormente lucharía la guerra contra Georgia de 2008, se parece en muy poco al ejército ruso que participó en la anexión de la península de Crimea de 2014 e intervino en la guerra de Siria en 2015. Y dicho ejército tenía unas capacidades notablemente inferiores a las que tiene el ejército ruso a comienzos de 2022.

Sin embargo, Ucrania también está llevando a cabo un importante proceso de reforma y rearme que, si bien no permitiría en ningún caso que Ucrania venciese en un conflicto convencional con Rusia, podría permitir a Ucrania incrementar enormemente los costes para Moscú de una intervención directa en caso de que, en algún momento del futuro, Kiev decidiera resolver el conflicto del Donbas por la vía militar.

Situación económica favorable, pero solo de manera temporal: Rusia lleva décadas asimilando las lecciones aprendidas de los errores cometidos, al menos a nivel económico, durante las etapas finales de la Unión Soviética. Si a esto le sumamos toda una serie de decisiones estratégicas tomadas durante los últimos años, especialmente en respuesta al paquete de sanciones occidental tras la anexión de Crimea, podemos ver como se ha generado una enorme resiliencia en la economía rusa, aunque esto no se traduzca en términos de calidad de vida para sus ciudadanos, que hace que sea mucho más difícil que las presiones económicas tengan grandes efectos coercitivos en el proceso de toma de decisiones del gobierno ruso.

Además, los altos precios de los hidrocarburos durante el último año también han incrementado notablemente las reservas financieras al alcance de Moscú que tiene un cierto colchón para paliar, especialmente si cuenta con ayuda de países como China, las peores consecuencias de algunas de las medidas económicas más agresivas a las que podría recurrir Occidente en caso de que se produjera una intervención a gran escala en Ucrania.

Momento político interno: Rusia está en un momento político interno apropiado para llevar a cabo decisiones arriesgadas. La reciente reforma constitucional, la lejanía de las elecciones de 2024 y la represión masiva de la oposición interna llevada a cabo durante el año 2021 han allanado el escenario para que el Kremlin pueda controlar con relativa facilidad una reacción airada contra las consecuencias de decisiones de gran calado.  

Motivación ¿ideológica?: El último punto a mencionar, pero no por ello menos importante, es que probablemente el gobierno ruso considera que se encuentra traicionado, por la ruptura de las promesas verbales realizadas durante la disolución de la Unión Soviética, y entre la espada y la pared, por las sucesivas revueltas liberales contra regímenes aliados del espacio postsoviético. Esta percepción de “fortaleza sitiada” podría llevar a Moscú a pensar que necesita dar un golpe sobre la mesa que revierta la tendencia o, como mínimo, la congele definitivamente en su forma actual.

Hasta ahora hemos visto por qué motivos podría producirse una guerra, por lo tanto en la segunda mitad del artículo, que se publicará algo más adelante, trataremos de discernir ¿cómo podríamos alcanzar una paz duradera?

Continuará en «La seguridad europea en la encrucijada (II): una propuesta para la paz» (Próximamente)


¿Quieres participar en nuestra nueva campaña de Goteo.org?

Ayúdanos a crear un medio independiente. Cualquier aportación será bienvenida.

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Salamanca, Master por la Universidad Complutense y la Universidad Camilo José Cela. Las Relaciones Internacionales han sido desde hace años mi principal campo de interés profesional y personal. Estoy interesado especialmente en las Grandes Potencias y Oriente Medio.

2 Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.