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La lucha de los talibanes por controlar las embajadas afganas

Una de las embajadas afganas, la de París, que se opone a la autoridad de los talibanes.
Embajada afgana en París, Francia. Fuente: Kenyh – bajo CC BY-SA 3.0 DEED

Desde la toma de Kabul hace ya dos años, los talibanes han estado tratando de obtener el reconocimiento de la comunidad internacional sin ningún éxito. Sin embargo, el nuevo Emirato Islámico de Afganistán sí que ha conseguido obtener el control de varias embajadas afganas, una batalla que continúa como el mejor medio de legitimarse de cara al exterior y a la diáspora.

Hasta octubre de 2023 son siete las embajadas que trabajan para el gobierno afgano: las ubicadas en China, Irán, Kazajistán, Pakistán, Turkmenistán y Rusia, que se suman a la de Qatar que ya existía antes de que tomasen el poder. También es el caso de los consulados de India en Bombay y Hyderabad. Por distintos medios han conseguido que estas legaciones diplomáticas reconozcan al Emirato. En la mayoría de los casos se debe a la presión del propio gobierno del país anfitrión, como ocurrió en Rusia, donde diplomáticos denunciaron el cierre de sus cuentas bancarias. Así, en estas embajadas hay representantes acreditados enviados por los talibanes.

Para ampliar: La caída de Kabul

Otras han aceptado colaborar con Kabul ante la presión económica o política. Es el caso de las existentes en Uzbekistán, Arabia Saudí y Turquía. Más recientemente las embajadas afganas en los Países Bajos y España anunciaron su cooperación con el gobierno de facto. Por su parte, la misión diplomática de la India anunció el cese de operaciones ante las luchas internas existentes entre el personal como consecuencia del vacío que ha dejado la salida del embajador y la presión de Nueva Delhi.

Muchas otras legaciones, principalmente en países occidentales, permanecen hostiles al Emirato. Éstas, que continúan izando la bandera de la República Islámica de Afganistán, han tratado de apoyarse para capear la tormenta con la creación de un Consejo de Embajadores. La misión más importante es la ubicada en Tayikistán, que se ha convertido en el centro de la oposición antitalibán.

Kabul continua presionando con una mezcla de amenazas y oportunidades. En octubre anunció que los servicios de las embajadas en Reino Unido y Austria eran inválidos por su postura crítica. Por otro lado, ofrecen pagar los sueldos y gastos de empleados, funcionarios y diplomáticos que acepten la nueva autoridad. La competición por la viabilidad de las embajadas parece estar en los pasaportes y otros servicios que dan estas legaciones a los afganos, el único medio de subsistencia sin otros fondos. Por ejemplo, una imprenta en Lituania firmó un contrato con el anterior gobierno afgano para producir los pasaportes, pero desde la toma de los talibanes se niega a entregarlos debido a que legalmente la entidad contratante ha dejado de existir.

Los embajadores prooccidentales reconocen su frustración y se sienten traicionados por Estados Unidos y sus aliados. El de Bélgica comenta: “Tenemos una sensación total de abandono. Cuando hablo aquí con los ucranianos, les advierto: Ucrania es el Afganistán de los años setenta, cuando nos ponían alfombras rojas allá donde íbamos. Esto es lo que os está pasando”.

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