
Casi dos años después de la ofensiva 1027, la guerra civil en Myanmar parece dar un vuelco. Por primera vez en meses, el Tatmadaw –el ejército birmano– tiene la iniciativa estratégica. El optimismo recorre los despachos de la junta militar birmana.
El gobierno de Min Aung Hlaing ha anunciado el fin del estado de emergencia, instaurado tras el golpe de Estado de febrero de 2021, con la intención declarada de celebrar elecciones en diciembre de 2025, de acuerdo con la legislación emanada de la Constitución de 2008, redactada por militares.
Tras el positivismo de la junta militar, se esconde una significativa mejora de su posición internacional, un hecho que, a su vez, estimula la vigorosidad de sus acciones militares. A finales de 2024, ante la posibilidad de un asalto contra la ciudad de Mandalay, la segunda urbe más importante del país, Pekín forzó la disolución de facto de la Alianza de las Tres Hermandades, la principal coalición opositora.
China, reteniendo en su territorio a la cúpula del Ejército de la Alianza Democrática Nacional de Myanmar (MNDAA), forzó a dicha organización a retirarse de la refriega. Con el MNDAA fuera de juego, el Ejército de Liberación Nacional Ta’ang (TNLA), el otro gran actor rebelde, se está viendo superado en el estado Shan por la combinación de los esfuerzos bélicos del Tatmadaw y el boicot logístico activo del Estado Wa, el principal proxy chino en la región.
La junta militar birmana resiste en Mandalay
Ubicada en las tierras bajas que baña el río Irrawaddy, la batalla por Mandalay se libra a los pies de la colindante meseta de Shan. El frente se despliega en paralelo a la ruta comercial que conecta Muse, en la frontera con China, con la propia Mandalay.
En este contexto, el Tatmadaw ha logrado expulsar al TNLA de la ciudad de Nawnghkio. Una localidad que sirve al mismo tiempo de bisagra entre las regiones norte y sur de Shan y de “frontera natural” entre las tierras bajas birmanas y la meseta Shan.
La intervención de Pekín ha sido suficiente para eliminar toda posibilidad de asalto a Mandalay. Sin embargo, por el momento, esta presión no ha dado resultados en otros frentes. Tanto el Ejército para la Independencia de Kachin (KIA) como el Ejército de Arakan (AA) no han cesado sus hostilidades contra la junta militar.

Pese a ello, especialmente en el caso del KIA, la coyuntura internacional invita a dejar las armas. En un giro de los acontecimientos, la administración norteamericana de Donald Trump ha levantado las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro contra media docena de importantes magnates birmanos con estrechos vínculos comerciales con el Tatmadaw. Una decisión inaudita que, supuestamente, vendría motivada por concesiones mineras en Myanmar en el sector de las tierras raras.
Myanmar es el tercer productor mundial de tierras raras y, por ende, una pieza clave en los planes de diversificación de Washington. Ahora bien, el mercado no es homogéneo. Tres de las principales minas –Hpakant, Pangwa y Chipwi– se encuentran en el estado de Kachin y son en la actualidad escenario de feroces combates entre el Tatmadaw –que protege las operaciones de las compañías mineras chinas que las operan– y el KIA.
El acuerdo con Washington exacerba las hostilidades en Kachin. Las fuerzas del Tatmadaw están arrinconadas alrededor de la capital, Myitkyina, y de los centros mineros que controlan.
Aisladas del resto del país, dichas posiciones militares solo se mantienen mediante el envío de suministros a través de las aguas del río Irrawaddy. Y es en esa coyuntura en la que la ciudad de Bhamo es indispensable para mantener el esfuerzo de guerra de la junta. Por ello, ante la práctica conquista de la urbe por parte del KIA, el ejército está iniciando una contraofensiva en la ciudad.
Los combates se expanden por Myanmar
Pese a que las batallas más estratégicas se están dando en el norte del país, el empuje del Tatmadaw no se limita a esos escenarios. Una batalla igual de sangrienta se está librando en estos momentos en el estado de Rakhine y sus territorios adyacentes. Clave para la conexión entre China y el océano Índico, la región es disputada entre el Ejército de Arakan (AA) y el ejército.
La ofensiva 1027 prácticamente expulsó a la junta militar de Rakhine. Actualmente, el poder de Naipyidó se limita a dos ciudades: Sittwe, la capital regional, y el estratégico puerto de Kyaukpyu. Ambas sometidas a asedio.
En adición, desde inicios de 2025, el AA está realizando exitosas incursiones en las regiones de Magwe, Bago y Ayeyarwady que han conseguido avanzar decenas de kilómetros. Pero todo ello parece tocar a su fin. La supremacía naval del Tatmadaw le está permitiendo tratar de romper sendos asedios, al tiempo que intensifica los esfuerzos militares para suprimir las “cabezas de puente” fuera de Rakhine.

El ímpetu ofensivo de la junta en los teatros septentrionales y occidentales se ha trasladado también a su homólogo oriental. En el estado de Kayin, las fuerzas de la junta están presionando a lo largo de la carretera asiática en dirección al cruce fronterizo con Tailandia de Myawaddy. Pese a que los avances son constantes, la coalición entre el Ejército de Liberación Nacional Karen (KNLA) y el Ejército Mon Ramaya (RMA) siguen impidiendo el avance.
Finalmente, los combates también se están intensificando en Kayah. La ya endeble posición del Tatmadaw en el sur de la región se está viendo debilitada ante la inminente caída de Hpasawng en manos de la Fuerza de Defensa de las Nacionalidades Karenni (KNDF). Una derrota que se intenta contrarrestar desde Naipyidó mediante la creación de un corredor terrestre que una a la capital, Loikaw, con el resto del territorio controlado por la junta.
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