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La dinastía Shinawatra vuelve a ponerse al frente de Tailandia

Paetongtarn Shinawatra, perteneciente a la dinastía Shinawatra y actual primera ministra de Tailandia, rinde tributo al rey Maha Vajiralongkorn.
Paetongtarn Shinawatra, perteneciente a la dinastía Shinawatra y actual primera ministra de Tailandia, rinde tributo al rey Maha Vajiralongkorn. Fuente: redes sociales de Shinawatra

Las tensiones políticas en Tailandia estallan en los tribunales. El Tribunal Constitucional destituyó al primer ministro Srettha Thaviskin tras declarar inconstitucional la inclusión de Pichit Cheunban en el gabinete –como ministro de la Oficina del Primer Ministro– por haber estado encarcelado por sobornos. La decisión sacude todo el panorama político tailandés. 

Las cortes constitucionales, consideradas como un bastión de la facción “amarilla” –una alianza de monarquía, aristocracia, budismo político y la célula militar Wongthewan– han procesado sistemáticamente a los miembros de las facciones rivales. “Rojos”, calificativo aplicado a la burguesía Sino-Thai, y “naranjas”, los líderes de las manifestaciones organizadas en 2020-2021, se hallan en la mira de los sectores conservadores. Dos semanas han sido suficientes para golpear a ambas. 

Para ampliar: Oleada de juicios políticos en Tailandia

Move Forward, la principal fuerza de la naciente “facción naranja” ha sido ilegalizado tan sólo para ser reconstituido en el “Partido del Pueblo”. Y Thaviskin pagaba con su cargo tanto su lealtad a Thaskin Shinawatra, histórico líder de la facción roja, y sus pretensiones reformistas.    

Con la caída del primer ministro, se rompe definitivamente el precario equilibrio de poderes que había aflorado de las elecciones de 2023. En este, el Pheu Thai de la dinastía Shinawatra, encabezado por Thaviskin, había logrado un complejo encaje con tres formaciones de carácter ultraconservador vinculadas con Prayut Chan-o-cha –el autor material del golpe de Estado de 2014 contra Yingluck Shinawatra– a cambio de realizar un “cordón sanitario” en verso de Move Forward.  

El golpe ha venido de la frágil alianza, ya que la denuncia ha provenido de la bancada del Palang Pracharat. Las reformas liberales en materia social y los amagos de perfilar una postura internacional rupturista con la tradicional alineación con Occidente y la cercanía con la junta militar birmana han dejado al Pheu Thai en una posición débil. De una parte, su arraigo en las instituciones les impide competir electoralmente con el Partido del Pueblo –sucesor del Move Forward–, mientras que sus recientes acciones en el gobierno acrecientan la sensación de amenaza en los sectores conservadores.  

Calibrando la coyuntura, desde el Pheu Thai se ha realizado una apuesta por jugar su mayor baza política: la popularidad del legado de Thaskin Shinawatra. Por ello, Paetongtarn Shinawatra, hija del patriarca, ha sido elegida por el partido para ser candidata a primera ministra por encima del experimentado ministro de Justicia Chaikasem Nitisiri. El movimiento se entendió entre socios y opositores como un intento por mantener la estabilidad, mensaje que fue respondido con el apoyo unánime de la coalición de gobierno y parte de la oposición. 

Así, Paetongtarn Shinawatra se ha convertido en la primera ministra de Tailandia –siendo la persona más joven en ocupar ese puesto–, con la única impugnación del Partido del Pueblo. Con el obligatorio beneplácito del monarca Rama X, la heredera de la dinastía Shinawatra enfrenta los retos simultáneos de blindarse ante eventuales juicios políticos y equilibrar la compleja red de alianzas que la ha aupado al poder.    

Para ampliar: Tailandia (I): Rojos contra amarillos

Con el pretexto de mantener libre de corrupción el nuevo gabinete, se empiezan a reportar movimientos encaminados a reforzar la posición de Paetongtarn y castigar a quienes facilitaron la crisis política. De este modo, destacan tres figuras que han quedado fuera de las nominaciones a los ministerios: Thammanat Prompao, Chada Thaised y Patcharawat Wongsuwan. Todos miembros del aparato político del ala militar Buraphapayak, la misma que efectuó el golpe de Estado de 2014. 

Entre acusaciones de vínculos con el narcotráfico y exigencias de limitar la influencia de Prawit Wongsuwan –líder de los Buraphayak y del Palang Pracharat Party, además de ser considerado el arquitecto del golpe de 2014–, los Shinawatra tratan de instrumentalizar las normativas anticorrupción en su favor y evitar una repetición de la historia. 

Sin embargo, hay un elemento que esta estrategia pone involuntariamente en marcha de manera exacerbada: la competencia por los cargos políticos dentro del Pheu Thai. La nueva situación empuja a los miembros del antiguo gabinete a pugnar por el mantenimiento de sus cuotas de influencia, al tiempo que los perfiles que habían quedado relegados en la administración de Srettha Thaviskin forcejean por recuperar su posición. 

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