La revuelta que desbordó Kazajistán

Edificio gubernamental en Alma Ata. Fuente: Orda.kz.

Por Alejandro López.

La ciudad de Alma Ata, antigua capital de Kazajistán hasta 1997, está fuera del control del gobierno de Nur Sultán. Es importante entender quién es Nursultán. El nombre de la capital tras ser trasladada desde Alma Ata a la ciudad de Astana, fue cambiado a Nur Sultán en honor al líder kazajo más importante desde la fundación de la nueva república post-soviética en 1991: Nursultán Nazarbáyev.

La salida de Nazarbayev en marzo de 2019 quedó como un hito en la historia de Kazajistán. La primera transición de su época post-socialista se completaba con las elecciones que aupaban a su sucesor en el partido Nur Otan: Kassym-Jomart Tokayev. Sin embargo, Nazarbáyev mantendría amplios poderes a través del control del Consejo de Seguridad Nacional, que presidía desde 1991 y seguiría ostentando tras su renuncia de manera vitalicia. Entre sus atribuciones se incluye la asistencia al Presidente, la función consultiva y cierto control sobre las Fuerzas Armadas. El nuevo líder no gozó de la misma popularidad y mantuvo cuitas internas con otros sectores del entorno del expresidente, como su hija Dariga Nazarbayeva. Pero el apoyo de Nazarbáyev garantizó la sucesión. Tokayev ganaba las elecciones con más de un 70% de los votos, un resultado potente pero lejano al 90% que alcanzaba Nazarbáyev.

El grave problema con el gas

El 2 de enero de 2022 estallaban las protestas ante un problema que se venía advirtiendo con anterioridad y cuya gestión devino en un encarecimiento que sería determinante. Según el Ministerio de Energía, Kazajistán ha aumentado en más de un 90% el consumo interno de gas en la última década, mientras que su producción solo ha crecido a un ritmo del 4%. La cuestión de que la producción pueda no ser suficiente para satisfacer el mercado interno en una o dos décadas es aún más acuciante teniendo en cuenta la política gubernamental favorable a una diversificación exterior: es importante el comercio de gas con China y Occidente. El balanceo de intereses entre los dos lados del globo ha ido reduciendo durante décadas la influencia de Rusia en favor de una posición que busque acuerdos con ambos sectores, pero dentro de las alianzas económicas (Unión Económica Euroasiática, UEEA) y militar (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, CSTO) de Rusia, por lo que seguía siendo uno de los socios más confiables de Moscú.

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Campo petrolífero de Tengiz, Kazajistán. Fuente: Hydrocarbons Technology.

El estratégico sector energético kazajo ha ido privatizándose y pasando a manos extranjeras hasta el punto de que se concretó un consorcio empresarial para la explotación de los campos petrolíferos de Tengiz y Korolev –al norte del Mar Caspio- donde las empresas estadounidenses Chevron y ExxonMobil controlan el 50% y el 25% del accionariado, respectivamente. La parte rusa del consorcio era, a su vez, compartida entre la rusa Lukoil y la norteamericana Arco, pero fue comprada completamente por la parte rusa, controlando un 5% de la explotación de los campos. El otro 20% pertenece a KazMunayGas, la empresa estatal kazaja. Este equilibrio ha hecho depender a Kazajistán de un mercado de las exportaciones, incluso buscando ampliar ciertos contratos con China o pidiendo a Moscú que el Power of Siberia 2 pasase por Kazajistán –finalmente pasará por Mongolia en su tránsito hacia China-. De hecho, más del 65% de la extracción de materias primas como los hidrocarburos en Kazajistán está bajo el control occidental y el 70% de su petróleo sigue yendo hacia la Unión Europea. Se preveía un parón en el tránsito hacia China en enero para satisfacer la demanda interna, al menos desde las regiones orientales de Kazajistán, pero las autoridades han priorizado durante años la exportación frente al mercado interno debido a su muy superior rentabilidad y los beneficios consiguientes que se pueden repartir las élites asociadas a la industria extractivista.

El gobierno kazajo tenía que afrontar las dificultades para mantener el mercado interno, la estabilidad de precios y las exportaciones, especialmente sin controlar la parte mayoritaria de algunos de sus activos estratégicos. Además, parte de estas reservas, incluyendo las de Tengiz, se estarían agotando, lo cual dificultaría mucho la gestión energética si durante la próxima década Kazajistán necesitara pasar a ser importador neto. Ante estas dificultades, las empresas occidentales decidieron reducir costes despidiendo a unos 40.000 trabajadores, produciéndose las primeras protestas en la región de Mangystau, donde se encuentra el campo de Tengiz. Las protestas por el creciente desempleo y el desmantelamiento de la industria desde la caída de la Unión Soviética son la tónica en las áreas que vivían de ello. La represión sobre las huelgas será determinante en el incendio de ciertos movimientos político-sociales.

Revuelta masiva

Las primeras protestas estallaron en Janaozen y Aktau, las dos ciudades en Mangystau, al este del Mar Caspio. Las protestas de Alma Ata, ciudad al sureste del país, crecieron mucho más rápido que las demás ya que es la principal ciudad del país –en torno a 2 millones de habitantes frente a la capital administrativa, Nur Sultán, que tiene 1,1 millones- y tiene un relevante historial como ciudad contestataria con el gobierno tras las protestas de 2019 que precedieron a la salida de Nazarbáyev. Las protestas con Alma Ata de epicentro se extendieron en un rango de intensidad variable entre 2018 y marzo de 2020, pero con mayor fuerza en febrero de 2019. De hecho, en Janaozen se conmemoraban 10 años de la masacre que las fuerzas de seguridad perpetraron contra 14 personas en el contexto de la represión contra una huelga en diciembre de 2011.

Pronto se buscó la capitalización de las protestas por parte de los líderes opositores: Mukhtar Ablyazov, oligarca del opositor Opción Democrática (QDT) desde Kiev, Zhanbolat Mamay, del Partido Democrático desde Alma Ata –no registrado y extraparlamentario-, así como otros sectores liberales desde Alma Ata. La oposición parlamentaria servía como contrapunto constructivo o sectorial con el gobierno, por lo que la verdadera oposición sería extraparlamentaria, especialmente en enmiendas al modelo de régimen político y al quebranto del contrato social tras décadas de privatización y liberalización de sectores. Algunos grupos poblacionales movilizados de manera relevante fueron los kazajos retornados del extranjero, que habían tenido un modo de vida alejado del Kazajistán soviético y rusófono –la proporción de rusos étnicos en Kazajistán han ido cayendo desde casi un 40% hasta algo menos del 19% en datos de 2020-.

Hasta el día 4 de enero fueron creciendo las manifestaciones debido a las consecuencias de la liberalización del sector energético, el paso a la venta electrónica del LPG –el 1 de enero tras 2 años de proceso, salvo para el sector petroquímico- y el paulatino fin de los subsidios, lo que condujo a un rapidísimo aumento del precio del gas licuado del petróleo que llegó a duplicarlo desde 60 tengues (0’14$) a 120 tengues (0’28$) por litro. Este producto se emplea mucho como combustible alternativo a la gasolina, sobre todo en las regiones al este del Mar Caspio como Mangystau. El tono de las protestas había ido superando la cuestión hacia una petición de aumentos de salarios del 100% e incluso de cambios gubernamentales que podían ir desde reclamos económicos hasta el propio cambio del régimen presidencial por una república parlamentaria.

El gobierno trató de tomar medidas como la reducción del precio del gas licuado del petróleo (0’11$ por litro), pero siguieron los llamados para tomar edificios oficiales, instituciones políticas y militares. Tokayev salió a ofrecer diálogo, condenando los asaltos a dichos edificios y asegurando que el gobierno no caería. Pero ante los disturbios generalizados, con epicentro en Alma Ata, se declaró el Estado de emergencia en la región de Mangystau y la ciudad de Alma Ata –con toque de queda- hasta el 19 de enero, pero esa misma noche se conocía la caída del gobierno con anuncio previsto para la mañana del 5 de enero.

Disturbios y asalto a la sede gubernamental de Alma Ata. Fuente: TASS/Valery Sharifullin.

Caída del gobierno

Efectivamente el gobierno dimitía el día 5, siendo la primera vez que ocurría desde febrero de 2019, un mes antes de la salida de Nazarbáyev. Pero las sedes del gobierno comenzarían a ser asaltadas e incendiadas en las ciudades de Alma Ata, con fallecidos; Atyrau, al norte del Caspio y también con fallecidos; Aktobe, ciudad al norte del país; y Aktau, capital de Mangystau. Todas ellas serían recuperadas posteriormente salvo la sede de Alma Ata, ciudad donde el gobierno no pudo mantener el control de la mayor parte de la urbe. A la toma en la práctica de Alma Ata por los manifestantes armados se unió la adquisición de material y vehículos militares kazajos.

Durante el día seguirían escalando los combates en las ciudades mencionadas, especialmente Alma Ata, Aktobe y Atyrau; no solo sobre sedes de gobierno sino contra el partido oficialista Nur Otan. Se procede primero a declarar el Estado de emergencia en la capital, Nur Sultán, pero posteriormente se extendería a todo el país. La caída completa de internet impediría la comunicación por esta vía desde ese día, ampliando los cierres parciales, interrumpiéndose también las emisiones de televisiones como NTK, First Channel Eurasia, KTK –de la Fundación Nazabáyev- y tomándose la sede de la televisión Mir24 en Alma Ata. Se confirmarían en un solo día al menos 10 muertes en las fuerzas de seguridad sin concretar localización ni autoría, aunque las protestas seguirían siendo importantes en al menos una veintena de ciudades y no se conocía el dato de víctimas civiles.

Tokayev trataría de mostrar la fortaleza del gobierno, que contaba con la ventaja intrínseca de que Nur Sultán por su conformación urbanística no era una ciudad dada a protestas importantes, asegurando que se mantendría en la capital, sofocaría las protestas –clave para evitar la ruptura política y/o social con el tejido de Alma Ata- y se establecería como figura política central: Tokayev pasaría a ser el Presidente del Consejo de Seguridad Nacional, lo cual implicaba que Nazarbáyev renunciaba al cargo, ya que desde 2019 lo ejercía de manera vitalicia. Esto le terminaba de otorgar a Tokayev los grandes poderes del país. En su primera reunión del Consejo se relevó a las grandes figuras de inteligencia (Comité de Seguridad Nacional), así como al núcleo duro del entorno de Nazarbáyev entre los altos estamentos de seguridad.

Demandas de la oposición

En ningún caso se puede hablar de una oposición organizada, dadas las particularidades locales de cada movimiento y su espontaneidad en torno al Mar Caspio. Las élites liberales de Alma Ata, como se ha señalado, mantienen una mayor organización en su experiencia con protestas anteriores. Pero más allá de la cuestión del gas licuado del petróleo, con especial incidencia en Mangystau, no existe ni coordinación ni mucho menos demandas unificadas. Ninguno de los siguientes ejemplos deberá ser tomado como representativo de la oposición kazaja pero sí supone un acercamiento a las tendencias de los distintos grupos ideológicos y geográficos. Varios de ellos muestran un marcado ánimo regeneracionista.

Entre el caos de demandas liberales, nacionalistas, islamistas y mixtas surgieron algunos movimientos de incierta relevancia como el liberal Oyan Qazaqstan (“Despierta Kazajistán”) con centro en Alma Ata y una declaración de 9 puntos que podrían orientar un giro hacia una democracia liberal: garantías de libertades de expresión, pluralismo, derechos humanos, separación de poderes, autogobiernos locales, reforma electoral, Estado de derecho y cambio de régimen a una república parlamentaria con reducción de poderes presidenciales.

Otros comunicados de entornos nacionalistas llevan el cambio de régimen a un entorno rupturista con Moscú pero no tanto con el entramado económico, aunque sí con el político: declaración del kazajo como única lengua oficial (fuerte influencia nacionalista), disolución del partido Nur Otan, retirada de los cargos judiciales contra el oligarca opositor Mukhtar Ablyazov, incremento del poder adquisitivo y reducción del coste general de la vida, legalización de la poligamia y apuesta por la endogamia nacional (influencia islamista), salida de la UEEA, independencia de Mangystau y redistribución de los ingresos petroleros en la región (influencia local). En otros foros se hacía hincapié de nuevo en la ruptura de todas las alianzas con Rusia, la condena de las acciones de Rusia con respecto a Ucrania y del periodo soviético, la liberación de presos políticos y la renuncia de Gobierno, Presidente, Parlamento y Presidente del Consejo de Seguridad Nacional para dar paso a un nuevo régimen transitorio hacia una democracia de corte potencialmente liberal.

El cariz antirruso de estas últimas demandas, que podrían ser minoritarias o no serlo, habría supuesto un riesgo para introducir a Kazajistán en un conflicto al estilo ucraniano por la importantísima proporción y regionalización de la población rusa étnica en el norte, cerca de Nur Sultán, frente al sur de Alma Ata. La diferencia geográfica que precisamente sirve al gobierno para no caer en el caos durante una revuelta, evadiendo el escenario de Kirguistán en 2021, podría haber facilitado la conformación de polos si las revueltas hubieran triunfado y adoptado ese tono.

Una fuerte reacción

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Reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Kazajistán. Fuente: CSN.

La escalada seguía siendo grave en Alma Ata con tiroteos, pillaje, asaltos a comisarías y otros edificios de las fuerzas de seguridad o la toma del aeropuerto de la ciudad, incluyendo 5 aviones. Los vuelos con Alma Ata fueron suspendidos pero el aeropuerto sería recuperado por el gobierno horas después, según anunció el vicealcalde, tras una operación contra elementos “terroristas”. El control de la ciudad más grande de Kazajistán y las formas en que se produjera el prometido reordenamiento de la paz social por parte del gobierno de Nur Sultán serán los siguientes pasos a estudiar.

La primera de las grandes voces que llamó a la entrada extranjera fue un ex general de la Fuerza Aérea de Kazajistán, quien habló en televisión sobre la posibilidad de que la alianza militar que Kazajistán mantiene con Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kirguistán y Tayikistán (CSTO) interviniera en el país. Pronto Tokayev consideraría la posibilidad “apropiada y oportuna”, además de considerar la revuelta de Alma Ata como un acto de “terrorismo” y “agresión” por individuos “entrenados en el extranjero”. La batalla por el control de Alma Ata sería la gran pieza en el camino pero la CSTO, con el PM armenio Nikol Pashinyan a la cabeza, inició las consultas entre sus líderes para una posible intervención rápida en Kazajistán. Uno de los puntos de inflexión para esta velocidad y dureza en las declaraciones fue la llamada que Tokayev mantuvo por un lado con Aleksandr Lukashenko, tras hablar éste con Putin, y con Nikol Pashinyan por otro lado.

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Reunión por videoconferencia de los líderes de Rusia, Tayikistán, Kazajistán, Armenia, Kirguistán y Bielorrusia en diciembre de 2020. Fuente: CSTO.

Los siguientes grandes acontecimientos en la escalada de la revuelta en Kazajistán pasarían por el desarrollo de las operaciones del gobierno para retomar Alma Ata tras la recuperación del aeropuerto y los tiempos y formas que manejasen los líderes de la CSTO para la intervención rápida. Al menos el primero de los puntos dejaría decenas de muertos en Alma Ata, la ciudad que, de hecho, ya era un escenario de guerra. Por lo pronto, Tokayev se garantizaba que la purga de elementos cercanos a Nazarbáyev y la consolidación de todos los grandes poderes en su figura no implicasen ninguna ruptura con la órbita rusa sino, todo lo contrario, un fortalecimiento de los lazos de las alianzas euroasiáticas y una demostración de fuerza a nivel exterior para todo el espacio post-soviético, con especial énfasis en Uzbekistán, país que ha abandonado la CSTO en dos ocasiones. Por lo pronto Uzbekistán ha decidido cambiar su política de exportaciones para asegurar que no hay problemas en el mercado interno. El devenir de la revuelta masiva sería una tendencia interna que, si el ritmo seguía en el nivel de escala del momento, no tardaría en volver a la normalidad, aunque las cifras de muertos civiles y en las fuerzas de seguridad serían aún mayores en las horas y días siguientes.


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Antropólogo, profesor y biólogo especializado en gestión de socioecosistemas. Ahora me dedico al análisis de política internacional.

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