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Israel rechaza el plan árabe para Gaza

Cumbre celebrada en El Cairo, Egipto, para presentar el plan árabe para la reconstrucción de la Franja de Gaza.
Cumbre celebrada en El Cairo, Egipto, para presentar el plan árabe para la reconstrucción de la Franja de Gaza. Fuente: The Royal Hashemite Court

Desde que Donald Trump, en la rueda de prensa del 6 de febrero posterior a su encuentro con Benjamin Netanyahu, mencionara por primera vez, de manera aparentemente inesperada, su intención de “poseer Gaza” como parte de un potencial plan de rehabilitación, la pelota parecía estar en el tejado de los países árabes. Tras el prácticamente unánime rechazo de los Estados de la región a la propuesta estadounidense y asumiendo que esta representaba un llamativo movimiento de apertura en el contexto de un proceso alargado de negociaciones, ahora recaía en ellos la posible contestación. 

Los más afectados eran Jordania y Egipto, países mencionados explícitamente en el plan de Trump como receptores de los habitantes trasladados desde la Franja de Gaza para facilitar la construcción de una nueva “riviera” en Oriente Medio. Preguntado por si el rechazo de ambos países a acoger tal cantidad de migrantes palestinos representaba un obstáculo en el potencial desarrollo del plan, Trump respondió que acabarían aceptándolos, acompañando su declaración con la amenaza de retirar la ayuda estadounidense.

Para ampliar: Alto al fuego en Gaza: Palestina resiste y Trump fuerza a Israel

Sin embargo, mientras el rey Abdalá II de Jordania se mostró cortés y cordial en su subsecuente visita a la Casa Blanca, anunciando que acogería en su país a 2.000 niños palestinos con necesidades sanitarias y pareciendo apaciguar así la retórica de la administración estadounidense, Egipto decidió tomar una ruta de acción diferente.

Tras haber expresado a principios de febrero su confianza en que la administración Trump “marcase el comienzo de una era dorada de paz en Oriente Medio”, Abdelfatah al-Sisi, presidente egipcio, rechazó una invitación abierta a la Casa Blanca mientras el “plan de desplazamiento” estadounidense continuase en la agenda. En su lugar, Egipto se centró en estructurar una visión alternativa que gozase de aprobación entre los países árabes de la región. 

Así pues, se convocó en El Cairo una cumbre de emergencia de la Liga Árabe el 4 de marzo para tratar la problemática de Palestina. En específico, la cumbre valoró la propuesta alternativa egipcia al plan de Trump para la reconstrucción y rehabilitación de la Franja de Gaza y fue atendida por líderes de los Estados árabes de Oriente Próximo y el Magreb, incluyendo a Ahmed al-Sharaa, presidente del recién formado nuevo Estado sirio, y otras figuras internacionales.

Una cumbre en un contexto complicado

En la cumbre del 4 de marzo, los Estados árabes se posicionaron una vez más en contra del potencial desplazamiento de la población palestina de la Franja de Gaza como elemento de cualquier propuesta de reconstrucción factible. Alternativamente, los actores participantes adoptaron un plan egipcio de reconstrucción cuyo coste ascendería a los 53.000 millones de dólares.

La declaración final mencionó la necesidad de encontrar una “alternativa realista” al desplazamiento de la población palestina, además de condenar las “políticas de inanición” llevadas a cabo por Israel. Del mismo modo, se subrayó la importancia del avanzar hacia la segunda y tercera fase del alto al fuego sellado entre el Estado hebreo y Hamás.

La cumbre se organizó en un contexto de inestabilidad en lo que respecta al alto al fuego en la Franja de Gaza. Israel había anunciado unos días antes, de manera unilateral, su suscripción a lo que denominaba como “el plan Witkoff”, el enviado especial a Oriente Medio de la administración Trump. Según este enfoque, el alto al fuego se extendería temporalmente durante el Ramadán siempre que Hamás procediese a la entrega de la mitad de los rehenes en su poder, dejando la liberación del resto supeditada a un acuerdo sobre una tregua permanente.

La propuesta israelí salía de los parámetros del acuerdo original y dejaba de lado cualquier mención sobre las condiciones de desmilitarización de Gaza establecidas en la segunda fase, provocando así un rápido rechazo por parte de Hamás y un tenso impasse en la región. Tel Aviv decidió extender el alto al fuego hasta la próxima visita de Steve Witkoff, pero numerosas infracciones del mismo han sido documentadas desde entonces, incluida la decisión de pausar el acceso de ayuda humanitaria y provisiones como método de presión.

El plan árabe para Gaza

En este tenso contexto, la cumbre árabe de emergencia se posicionó a favor de un plan de reconstrucción egipcio que dista sustancialmente de lo propuesto por Donald Trump. El plan en cuestión, que no contempla el traslado de la población palestina de Gaza, consta de un horizonte temporal de cinco años y un compromiso financiero de alrededor de 50.000 millones de dólares.

La propuesta consiste en la formación de un comité de gobierno transicional, de carácter tecnocrático e independiente, que asuma temporalmente la gestión de la Franja de Gaza, preparando la incorporación gradual al gobierno de la Autoridad Palestina. Así pues, Hamás se vería requerido a dar un paso atrás y proceder a la renuncia de su autoridad política y administrativa sobre la zona.

Egipto y Jordania entrenarían a personal policial perteneciente a la Autoridad Palestina de cara a su despliegue en el enclave. Además, durante un primer periodo de seis meses de recuperación inicial, se eliminarían los escombros, se instalarían viviendas temporales y se restaurarían 60.000 edificios.

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Tras estos primeros meses, se procedería a una fase de reconstrucción, dividida en dos periodos de dos y tres años, en la que se dispondría a la construcción de 400.000 unidades de vivienda, las cuales vendrían acompañadas de la edificación de un puerto comercial y un aeropuerto. Asimismo, este periodo estaría destinado a actividades de reparación de infraestructura, sistemas de electricidad, comunicaciones y redes de distribución de agua. 

El plan para Gaza deja abierta la posibilidad de coordinar con el Consejo de Seguridad el despliegue de fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Asimismo, aboga por el establecimiento de un alto al fuego a medio plazo en todos los territorios palestinos entre Israel y la Autoridad Palestina, cesando así las actividades israelíes en Cisjordania. Con respecto al desarme de la resistencia armada en la Franja de Gaza, se establece que este sería posible mediante un proceso político creíble que eliminase las causas originarias de las diferentes facciones.

Israel y Estados Unidos, en contra

Tras la declaración que concluía la cumbre en El Cairo y la propuesta de los países árabes de convocar una conferencia internacional en la capital egipcia “lo más pronto posible” para “apoyar la reconstrucción y recuperación de Gaza”, las respuestas internacionales se sucedían con esperada rapidez.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, expresó su apoyo al plan y declaró que la ONU está “lista para cooperar totalmente con este esfuerzo”. Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, presente en la cumbre, reiteró la necesidad de implementar el plan de manera conjunta entre la Unión Europea, el mundo árabe y la comunidad internacional, haciendo hincapié en el rechazo de Bruselas a cualquier forma de cambio demográfico o territorial. Asimismo, Hamás, por su parte, recibió positivamente la adopción del plan, caracterizándola como un importante “paso adelante” en el apoyo árabe por la causa palestina. 

Soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel en la Franja de Gaza.
Soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel en la Franja de Gaza. Fuente: IDF

Sin embargo, no todos reaccionaron con la misma conformidad. El Ministerio de Exterior israelí declaró que el plan fallaba a la hora de “abordar la realidad de la situación tras el 7 de octubre de 2023”. En su lugar, Israel hizo referencia a la “idea” original de Trump, la cual proveía a los habitantes de Gaza de “una oportunidad para tener derecho a elegir en base a su libre albedrío”, criticando asimismo las “acusaciones infundadas” dirigidas hacia Tel Aviv por los Estados participantes en la cumbre. 

Estados Unidos, por su parte, no tardó mucho en unirse al coro de voces críticas con la propuesta egipcia. Brian Hughes, portavoz de la Casa Blanca en materia de seguridad nacional, subrayó que el plan árabe “no abordaba la realidad de que Gaza es actualmente inhabitable y sus residentes no pueden vivir humanamente en un territorio cubierto de escombros y artillería sin explotar”.

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Trump, según Hughes, se mantiene firmemente del lado de su propuesta original. Sin embargo, Steve Witkoff mencionó el 6 de marzo, en lo que representa un cambio de sentido del discurso de la administración estadounidense, que, tras leer el plan árabe para Gaza, había encontrado en este “muchos elementos atractivos” y que representaba “un primer paso de buena fe por parte de los egipcios”.

Un día después de la cumbre, la administración Trump admitió estar manteniendo negociaciones secretas con Hamás acerca de la liberación de rehenes y posibilidades de futuro en la región. La información salía a la luz no mucho antes de que Trump acogiese en el Despacho Oval a un grupo de rehenes israelíes que habían sido liberados por el grupo palestino.

Tras esta reunión, el presidente estadounidense se dirigió a su público en Truth Social para trasladar una “última emergencia” a Hamás: “Liberad a todos los rehenes ahora, no más tarde, y devolved inmediatamente los cuerpos de las personas que asesinasteis, o SE ACABÓ para vosotros [...] A los líderes [de Hamás], ahora es el momento de abandonar Gaza, mientras aún tenéis una oportunidad”.

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