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Israel elimina a la cúpula de las fuerzas Radwan de Hezbolá

Miembros de Hezbolá abatidos por Israel en los ataques del 20 de septiembre contra Dahiya, suburbio ubicado en Beirut, la capital de Líbano.
Miembros de Hezbolá abatidos por Israel en los ataques del 20 de septiembre contra Dahiya, suburbio ubicado en Beirut, la capital de Líbano.

La cadena de mando de Hezbolá continúa siendo duramente golpeada por los bombardeos y ataques israelíes. Después de que Tel Aviv detonase los explosivos implantados en los buscapersonas comprados por la organización libanesa el 17 de septiembre e hiciese explotar varios dispositivos electrónicos al día siguiente, el 20 de septiembre realizaba un ataque aéreo contra un edificio en Dahiya, suburbio libanés y feudo de Hezbolá.

Israel se apresuraba a confirmar que más de una decena de militantes de Hezbolá habían sido “neutralizados” en el ataque. Entre ellos, cuadros de suma importancia, destacando especialmente la figura de Ibrahim Aqil, un veterano militante de la organización chií. Aqil era el reemplazo de Fuad Shukr –también asesinado por el ejército israelí– y fue el autor intelectual del bombardeo a la embajada estadounidense en Beirut en 1983, donde murieron 241 personas.

Para ampliar: Israel entra en una nueva fase en la guerra con Hezbolá

Según anunció Hezbolá poco después –confirmando las declaraciones de Tel Aviv–, los militantes que fueron abatidos en el ataque formaban parte de la cadena de mando de las fuerzas Radwan, una unidad militar de élite al cargo de la realización de infiltraciones y ataques dentro de territorio israelí.

La tarde siguiente al ataque, Hasán Nasralá, secretario general de Hezbolá, ofreció un discurso cargado de denuncias contra la "agresión israelí". Sus palabras, sin embargo, siguieron la misma línea que parece haberse impuesto en los últimos meses dentro de Hezbolá: una retórica agresiva, pero carente de acciones concretas o sustanciales que la respalden.

Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) lanzaban unas de las operaciones aéreas más grandes contra Hezbolá, en la que murieron al menos 50 de sus militantes. Esta ofensiva hizo que una de cada diez bajas de la organización chií desde el 7 de octubre de 2023 –cuando se produjeron los ataques de Hamás– ocurriera en tan solo 24 horas.

Hezbolá se desangra y sus acciones de respuesta apenas sirven para responder y mantener una capacidad disuasoria que ya está absolutamente quebrada. Bien sea porque los objetivos de sus represalias están muy por debajo de los daños causados por las IDF, bien porque Tel Aviv logra adelantarse para desbaratar esos ataques antes de que se ejecuten.

Porque Israel ni quiere ni tampoco se está viendo forzado a rebajar la intensidad sobre sus operaciones. La invasión de Líbano parece inminente, y algunas de las figuras más irredentistas dentro del ejecutivo israelí se atreven incluso a hacer públicos sus deseos más extremos, fantaseando con la posibilidad de llevar a cabo una limpieza étnica en el sur de Líbano –como ocurre en la Franja de Gaza– y establecer allí nuevos asentamientos ilegales. Esta política israelí es fruto de la incapacidad o falta de voluntad por parte de Hezbolá de mantener la disuasión militar.

Para ampliar: Mapa de la invasión israelí del Líbano

Desde que Israel eliminó a la cúpula de las fuerzas Radwan y aumentó sus bombardeos sobre diferentes posiciones de Hezbolá en todo Líbano, la organización chií ha respondido lanzando cientos de cohetes. Mientras muchos de los proyectiles han sido interceptados por las baterías antiaéreas israelíes o han impactado en suelo abierto, en la últimas horas algunos de ellos han logrado alcanzar sus objetivos. Pero pese a todo, las acciones israelíes están totalmente por encima de las de Hezbolá en efectos y consecuencias.

Hasan Nasralá, en su discurso, prometió que la respuesta a Israel sería mucho más contundente, calificando los ataques del 17 y 18 de octubre como una declaración de guerra. Han pasado ya más de 48 horas, pero Hezbolá no ha conseguido recuperar la iniciativa militar y no se atreve a adelantar una guerra abierta que Israel parece buscar mientras asegura mejores condiciones estratégicas.

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